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Capítulo 16

last update publish date: 2026-11-02 22:00:26

La mansión de los Montalvo, que antaño irradiaba una atmósfera de opulencia inquebrantable y poder intocable, se había convertido en una tumba silenciosa y helada. La luz de la tarde apenas lograba filtrarse a través de los pesados ventanales de la sala principal, donde el eco de los pasos parecía resonar con una advertencia ominosa.

Lucas Montalvo entró a la casa como un autómata, con el abrigo desabotonado, la corbata completamente floja y el rostro descompuesto por el terror y la rabia contenida. El rechazo definitivo del crédito por parte del comité de Valcárcel Group había sido el golpe de gracia para la empresa; los bancos acreedores ya habían iniciado los procedimientos legales para embargar las cuentas operativas y reclamar garantías sobre los bienes inmuebles de la familia.

En el salón principal lo esperaba Eugenia, sentada en el sillón de terciopelo burdeos con la espalda tan recta como una hoja de acero, sosteniendo una copa de brandy que ni siquiera había probado. Su expresión era un mapa de furia helada.

—¿Es verdad, Lucas? —preguntó la matriarca sin rodeos, con una voz cortante que parecía cortar el aire—. Los analistas de la prensa económica ya están especulando en los portales digitales sobre la inminente suspensión de pagos de Maison Montalvo. ¿Nos han negado el financiamiento de forma definitiva?

Lucas se dejó caer pesadamente en uno de los sillones individuales frente a su madre, pasándose las manos temblorosas por el cabello revuelto. —Fue Mateo Valcárcel en persona... Me humilló frente a todo el comité corporativo —confesó Lucas con un hilo de voz, sintiendo que su orgullo masculino terminaba de hacerse añicos contra el suelo—. Dijo que nuestros diseños eran mediocres y que la empresa ya no cumple con los estándares del mercado. Estamos acabados,madre. Sin ese dinero, los bancos tomarán el control de las fábricas antes del fin de semana.

Eugenia cerró los ojos un instante, sintiendo que los cimientos de su vida entera se desmoronaban por culpa de una cadena de decisiones desastrosas. —Todo esto comenzó el día en que permitiste que esa ambiciosa de Ariadna se marchara llevándose consigo el alma creativa de la casa —espetó la matriarca con veneno en las palabras, abriendo los ojos para fulminarlo con la mirada—. Y lo empeoraste al poner a Regina a jugar a la empresaria en un taller que le quedaba mil veces grande.

En ese momento, Regina bajaba lentamente las escaleras del vestíbulo, escuchando la conversación con el rostro pálido y los ojos abiertos por el pánico. Al verse acorralada y notar que ya no quedaba dinero ni poder que la respaldara, su instinto de supervivencia entró en acción.

—¡Tía Eugenia, no se atreva a culparme a mí! —chilló Regina desde el pie de la escalera, avanzando con pasos rápidos y la voz quebrada por un llanto fingido—. ¡Yo hice todo lo que pude para ayudar a Lucas! ¡Traté de salvar la producción con las ideas que él mismo me aprobó! ¡Si la empresa cae, es porque la administración de esta familia ya estaba rota desde antes de que yo llegara!

Lucas levantó la vista hacia ella, sintiendo una mezcla de desconcierto y repulsión que jamás había experimentado. —Regina... baja la voz —murmuró él con amargura, levantándose lentamente del sillón—. En este momento lo único que importa es averiguar cómo proteger nuestro patrimonio personal antes de que los embargos lleguen a esta casa.

—¿Patrimonio personal? ¡No me digas que ahora no tenemos ni para mantener nuestro estilo de vida! —gritó Regina,perdiendo por completo la compostura y revelando la verdadera naturaleza calculadora de sus intereses—. ¡Yo estoy esperando un hijo tuyo, Lucas! ¡No puedo vivir en la miseria ni cargar con las deudas de una empresa en quiebra! ¡Si tu familia no puede sostenernos, tendré que ver por mí misma!

Las palabras cayeron como un jarro de agua fría sobre la cabeza de Lucas. Se quedó petrificado, mirando a la mujer por la que había arriesgado su matrimonio, su empresa y su honor, descubriendo de la manera más dolorosa posible que el amor incondicional que tanto presumía no era más que una transacción mercantil basada en el lujo y la comodidad.

Eugenia soltó una risa amarga, seca y despreciativa desde su asiento, observando la escena con una lucidez implacable. —Ahí tienes el fruto de tus decisiones, Lucas —dijo la matriarca con desprecio, levantándose y caminando hacia su despacho sin mirar atrás—. Te casaste con un espejismo y destruiste un imperio real por un capricho de sábanas. Ahora disfruten las cenizas de lo que ustedes mismos construyeron.

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