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Desechada por anticuada, vi caer a la mafia
Desechada por anticuada, vi caer a la mafia
مؤلف: Jelly Pudding

Capítulo 1

مؤلف: Jelly Pudding
Los comentarios comenzaron a aparecer en la pantalla a tal velocidad que apenas podía leerlos todos.

«Ahora que ya no estás en la Familia, ¿por qué no te vienes con nosotros? Te ofrezco el triple de lo que ganabas allí ».

«¿El triple? ¿A eso le llamas una oferta? Iris, vente conmigo y tendrás todo el territorio y todos los hombres que quieras».

Entre tantos mensajes, también apareció uno de Soren, un traficante de armas con el que había trabajado en varias ocasiones.

«Iris, si apenas la semana pasada cerramos un trato, ¿cómo es que ya estás fuera de la familia?».

Le respondí sin darle demasiadas vueltas:

«Lo siento. La Familia me ha expulsado. A partir de ahora, otra persona se encargará de tu cuenta».

Soren tardó medio minuto en contestar. Cuando por fin llegó su respuesta, resultaba evidente que todavía no se lo creía.

«Iris, ¿te han echado? ¿La Familia Vincent perdió la cabeza o quiere arruinarse?».

No me molesté en responder. Al poco tiempo recibí otro mensaje de su parte.

«Si tú ya no estás, olvídate del trato».

Al ver cómo los mensajes se acumulaban en la pantalla, sentí que el malestar que me había dejado la expulsión se desvanecía poco a poco. Al final, no pude evitar sonreír.

Llevaba diez años moviéndome en el mundo del hampa. Durante ese tiempo, había construido una red de contactos, controlado numerosos negocios y establecido relaciones con personas de distintos sectores.

Por eso, las ofertas para reclutarme nunca habían faltado. A lo largo de los años, más de uno había intentado convencerme de que abandonara a la Familia Vincent. Cada propuesta era mejor que la anterior, pero ninguna había conseguido hacerme cambiar de opinión.

Y todo por la historia que me unía a Vincent.

Años atrás, durante una disputa interna, don Vincent había quedado acorralado en los muelles. Sus enemigos lo habían rodeado y, por aquel entonces, parecía que su vida pendía de un hilo.

Yo fui sola.

Movilicé hombres y armas, me abrí paso hasta los muelles y conseguí darle la vuelta a la situación. Cuando todo terminó, Vincent seguía vivo y la Familia había logrado superar una de las crisis más graves de su historia.

Después de aquello, frente a todos los miembros de la vieja guardia, don Vincent hizo una declaración que nadie olvidaría: la mitad de la Familia me pertenecía.

Por eso había decidido quedarme.

Durante los años siguientes, abrí nuevas rutas de abastecimiento para la Familia, conquisté territorios y conseguí mantener a raya incluso a los policías más difíciles de manejar. Bajo mi mando, los negocios prosperaron y los hombres que trabajaban conmigo ganaban cada año más que el anterior.

Sin embargo, en algún momento, todo empezó a cambiar.

Una semana antes, Kelly había asumido el control de los negocios del puerto. En su afán por demostrar que podía manejarlo todo, se había olvidado de pagar los sobornos en la aduana y aquello terminó provocando que las autoridades incautaran toda la carga de un buque. El error estuvo a punto de costarle decenas de millones a la Familia.

Cuando señalé su equivocación y le exigí que se hiciera responsable, Aiden, , me buscó aquella misma noche. En lugar de reconocer que tenía razón, me reprochó por haberla dejado en ridículo y, como castigo, retuvo la parte de las ganancias que me correspondía en uno de los negocios.

Tres días después de aquello, Kelly volvió a demostrar lo poco que entendía de aquel mundo. En nombre de unas condiciones de trabajo más humanas, ordenó que todos abandonaran sus puestos en cuanto terminaran sus turnos, sin importarle las consecuencias de dejar los almacenes desprotegidos durante la noche.

Nuestros rivales no tardaron en aprovechar la oportunidad. Esa misma noche, atacaron y destrozaron tres de nuestros almacenes.

Tuve que salir a toda prisa con mis hombres en plena noche para controlar los daños y evitar que la situación empeorara. Sin embargo, en lugar de recibir agradecimientos por haber resuelto el problema, me acusaron de ser inflexible y mezquina. Según ellos, mis métodos anticuados solo servían para perjudicar a los recién llegados.

Poco después, apareció un comunicado de la cúpula en el chat grupal de la Familia:

«Con efecto inmediato, Kelly queda al mando de las operaciones centrales de la Familia, con plena autoridad sobre todos sus negocios.»

Apenas se publicó el anuncio, el chat se llenó de felicitaciones y elogios. Algunos de los que ahora se apresuraban a celebrar el nombramiento de Kelly eran hombres a los que yo misma había formado y ayudado a ascender.

Leí sus mensajes en silencio. No sentí rabia ni sorpresa, solo una claridad que hasta entonces me había faltado.

Por fin comprendí que llevaba mucho tiempo sobrando en aquel lugar.

—¿Ya estás guardando tus cosas para marcharte, Iris?

La voz de Kelly me sacó de mis pensamientos. Entró en la oficina con paso decidido, haciendo resonar sus tacones contra el suelo. Aiden venía justo detrás de ella.

Al ver los documentos que todavía tenía sobre el escritorio, Kelly arrugó la nariz con desprecio.

—Termina de recogerlo todo y, de paso, deja el resto de la oficina en orden. Después de todo, será lo último que hagas por la Familia.

No me molesté en contestar, sino que me limité a seguir guardando mis pertenencias, como si ni siquiera la hubiera oído.

Mi indiferencia pareció irritarla. Se acercó y me dio un fuerte empujón.

—¿Qué pasa? ¿Ahora también pondrás mala cara? ¿Y qué si llevas diez años en la vieja guardia? Si te digo que te largues, te largas.

Solté una risa fría y, por fin, alcé la vista hacia ella.

—Ah, ¿sí? ¿Tu tío Vincent sabe que me has expulsado? ¿O has tomado esa decisión por tu cuenta?

Vincent llevaba varios días en el extranjero, resolviendo una disputa entre bandas. Antes de marcharse, había ordenado que nadie lo molestara a menos que se tratara de un asunto de vida o muerte.

Estaba casi segura de que ni siquiera sabía lo que había ocurrido.

Al fin y al cabo, ningún don expulsa en su sano juicio expulsaría por voluntad propia a una veterana que había ayudado a construir la mitad de su imperio y que todavía tenía bajo su control una parte fundamental de la Familia.

Una sombra de culpa cruzó la mirada de Kelly, pero enseguida levantó la barbilla, decidida a no dejar que yo notara su inseguridad.

—Mi tío me adora. ¡Si te he expulsado, él me respaldará! ¡Estoy segura de que nadie te quiere fuera de aquí y por eso sigues intentando asustarme para que cambie de opinión!

Aiden, que hasta entonces había permanecido a su lado, intervino con un tono helado.

—¡Ya basta! Ahora Kelly está al mando de la Familia. ¡Muéstrale un poco de respeto, Iris! Vete con algo de dignidad y no me obligues a sacarte de aquí por la fuerza.

Los miré a ambos y sonreí. Resultaba casi divertido ver con la seguridad con la que hablaban.

—Aiden, tú has elegido este camino. No vengas a suplicarme después. Aunque, ahora que lo pienso, ¿de verdad estás tan seguro de que Kelly será capaz de mantenerse en ese puesto?

Kelly frunció el ceño y abrió la boca para replicar, pero me le adelanté.

—¿Conoces las claves de contacto de cada uno de los negocios de la Familia? ¿Sabes qué saca de quicio al jefe de cada distrito y cómo tratar con ellos? Ese sillón no es un juguete para que te diviertas dando órdenes, señorita. Basta con echar un vistazo a tus supuestas reformas para darse cuenta de que son un chiste. Más te vale rezar para que nada salga mal, porque, si las cosas se tuercen, podrías terminar llorando y rogándome que vuelva.

Dicho esto, cerré mi maletín, lo tomé por el asa y me dirigí hacia la puerta sin intención de seguir perdiendo tiempo con ellos.

—¿Rogarte que vuelvas? ¡Ni en tus sueños! —me gritó Kelly, completamente fuera de sí—. ¡Entrégame todos los archivos de los clientes y el acceso a todas tus redes!

No me detuve ni me molesté en volver la cabeza, sino que me limité a señalar los documentos que había dejado sobre el escritorio.

—Está todo ahí. A partir de ahora te toca arreglártelas sola.

Con esas palabras, abandoné el edificio.

Detrás de mí, la sede de la Familia quedó sumida en un silencio absoluto. Nadie salió a detenerme ni hubo una sola persona que intentara hacerme cambiar de opinión.

Pero no estaba triste. Si acaso, me invadía una extraña curiosidad.

Durante años, había sido yo quien resolvía todos los problemas, negociaba con los socios difíciles y reparaba los errores que amenazaban con costarle millones a la Familia. Ahora que ya no estaba allí para hacerlo, quería ver cuánto tardarían en descubrir lo que realmente habían perdido.

¿Podrían seguir repartiéndose las ganancias y viviendo tan cómodamente como siempre sin alguien que recogiera los pedazos cada vez que todo se venía abajo?

Y, sobre todo, ¿qué rumbo tomaría la Familia Vincent ahora que me habían apartado de ella?
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