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Capítulo 58

Autor: Ranacien
last update Data de publicação: 2022-04-21 11:17:25

Peter manejaba su camioneta negra mate rumbo a  La Nave, cuando recibió una llamada.

Contestó, tocando la pantalla de su teléfono celular sin mirarla. El móvil en cuestión se encontraba conectado en el cargador de su tablero.

Activó el altavoz.

—Hable.

—Peter, te habla Lenis.

—¿Sucedió algo? —quiso saber el agente, extrañado por la llamada.

—No. Solo quiero conversar un asunto contigo.

—Ok. Tú dirás.

—Tía Carmen es religiosa. Asiste todos los domingos a la capilla de San Pedro y siempre es la última en irse. —Lenis hablaba en un tono bajo, bastante comedido—. Esperaré que termine el servicio para acercarme a ella. Es un lugar público, no podrá botarme y es un sitio que respeta mucho, no armará un escándalo. Es perfecto, mejor que hacerle una visita a su casa.

Peter entrecerró los ojos.

—¿Quieres comenzar mañana mismo?

—Sí. Quiero que todo esto termine de una buena vez. —Ella hizo una pausa—. Ayudaré en todo lo que pueda, Ferit ya tiene que estar encerrado.

—Pensé que lo que más querías era encontrar a tu madre.

—No desde hoy.

—No estamos seguros que las palabras de Cindy D’Vigo sean ciertas, Lenis.

—No importa quién envió a esa mujer para hacernos daño, si fue Jefferson o nuestro padrastro. Lo importante es que la existencia de ese señor en nuestra vida es insostenible.

Peter asintió.

—Dímelo a mí. Ok. Si estás segura que enfrentar a tu tía en la iglesia es buena idea, te la compro, pero nos hace falta un documento que debes mostrarle. George quedó en conseguirlo. No sé si podrá hacerlo de hoy mismo. Menos mañana.

—¿Qué documento?

—Es una falsificación de bienes.

Peter escuchó bufar a Lenis a través de la línea telefónica.

—Pensé que solo teníamos mi palabra para convencerla… A parte de la idea que te di para atraer a mamá.

El agente se estacionó a un lado de la carretera y así poder hablar mejor.

—¿Estás segura que eso es lo que quieres? —le preguntó, hablándole sobre algo en específico que Lenis le había pedido durante la conversación que sostuvieron en la sala del apartamento de George.

—Sí, estoy segura. Si mi madre aún tiene algo dentro de su pecho, funcionará lo que te pedí hacer. —Peter suspiró. —Te pido que aún no le cuentes nada a George, yo misma se lo diré. Ahora, cuéntame de qué trata esa falsificación de bienes que debo llevar ante mi tía.

***

Eran las siete de la noche. Lenis se miraba en el espejo con todo su atuendo colocado. Zapatos con tacones que le otorgaron una altura significativa, un maquillaje adecuado, cabello arreglado y un vestido a la medida.

Tomó el frasco de fragancia y se echó un poco de su escencia. Tomó su bolso de mano de color plateado claro, revisó las cosas dentro de él y se alejó un poco para poder revisar su vestimenta de mejor forma a través del espejo del baño.

Salió del tocador, luego de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Ella no había visto a George desde la tarde, posterior a lo que había ocurrido. No quiso estar al pendiente de él, pero pudo escucharlo trajinar entre el despacho y su cuarto, y también escuchó bulla en la sala, imaginando que algo de eso tenía que ver con la terrible escena vivida fuera del piso.

Cuando salió y vio que la puerta de vidrio que George había estillado con la taza, estaba intacta, supo que la gente que había visitado el piso se encargó de reemplazar el desastre, dejando todo impoluto. Ella se sorprendió por lo rápido que actuaron.

—Pensé que aún no estabas lista. Te busqué en la habitación, pero… —Las palabras de George, quien venía concentrado acomodándose los gemelos en las mangas de su camisa, quedaron congeladas.

Lenis volteó y al mirarlo, sintió una fuerte corriente recorrerle el cuerpo.

Los poros de su piel se expandieron, como flor en primavera, al detallar a ese hombre detenido bajo el umbral del pasillo de habitaciones, con una mano sosteniendo la manga de la otra.

El traje negro de tres piezas y pajarita del mismo color le sentaba de maravilla y más allá de eso, aseguraba ella con su corazón desbocado.

El cabello negro lo tenía bien peinado y le había hecho figura a la barba de varios días, encerrando su hermoso rostro en una especie de candado que le hacía ver más joven y misterioso.

Los ojos miel de George parecían brillar por sí solos, detallándola con intensidad y deseo…, y con esa mirada dura y aguzada, dirigiéndola —como lanzas— a cualquier parte que apuntara. Parecía comérsela con el mayor de los apetitos.

La miel estaba echada sobre ella, George parecía haber lanzado una red encima de aquella mujer vestida con un espectacular atuendo dividido en dos preciosas partes de fina tela.

Del cuello a la cadera, una transparencia con mangas largas y rayas colo blanco perla, junto a pequeñísimos diamantes dentro de ellas; líneas paralelas en horizontal que al llegar a los senos, se unían para poder cubrirlos y no dejar cabos sueltos u espacios soeses o depravados.

Con un diseño pegado al cuerpo, esas rayas de tela viajaban a través de las curvas de Lenis Evans, regalándole sensualidad y lujo al mismo tiempo.

Pero no todo terminaba allí.

De la cintura para abajo, una falda pegada al cuerpo, del mismo color de las rayas, uniéndose a ellas, junto a con un corte en V que que iba desde la mitad del muslo izquierdo hasta abajo, permitiendo que Lenis pudiese mostrar tan solo una de sus espectaculares piernas, unas que George conocía muy bien.

Las sandalias eran plateadas, así como los brillosos trozos dentro de las rayas de tela blanca en la parte superior y el bolso de mano con sus aretes. Pero lo mejor de todo ese atuendo, era su cabello.

La secretaria se había alisado el pelo negro, lo llevaba extra liso, impresionando muchísimo al abogado. Al mismo tiempo, era sencillo, parecía poder pasarse los dedos entre las cerdas y no estropear nada, echándoselo para atrás, sin llevar un peinado espectacular. Simplemente, Lenis lo alisó, sin meras pretensiones de algo más.

George pudo ver cómo el cabello así la hacía ver más sensual, confiriendo picor y provocando, de alguna forma sencillamente mística, que el gris de sus ojos fulgurara como sal marina bajo el sol.

Lenis y George reaccionaron poco a poco y caminaron a su encuentro, donde el abogado se detuvo por temor a estropearla y ella, por sentir demasiada emoción recorriendo su cuerpo.

—Estás… —Él cayó. No sabía cómo explicar lo que veía, parecía que un simple halago no le hacía justicia.

A ella le pasó igual, con la diferencia de saber que si no se lo decía, tendría que demostrárselo.

—Estás muy guapo esta noche, J. Miller —le dijo en un hilo de voz y lo miró a los ojos, pensando en todo lo que habían vivido ese día, sin poder evitar demostrar algo de sus malestares y temores a través de sus muecas.

—Hey nena, ¿qué pasó? —susurró él con preocupación, atravesando sus prudencias para poder rodearla con sus brazos.

Ese abrazo les sentó tan bien… Ambos exhalaron mucho aire, dejándose hacer con las manos, cerrando momentáneamente los ojos, percibiendo los exquisitos aromas de sus escencias corporales en gozo absoluto, porque estaban allí, juntos.

—Toparme con esa mujer me hizo tener muchas dudas sobre ti —confesó ella, separándose y mirando el rostro del abogado—. No pensé que ella…

—Sshh… —Volvió a abrazarla y a mirarla nuevamente—. Por eso estabas tan extraña. —Ella asintió y él negó con la cabeza ligeramente, con una especie de sonrisa triste y ladeada.

Lenis miró el suelo, por lo que él levantó su barbilla con un dedo.

—Mírame bien… —Ella lo hizo—. Estoy profundamente enamorado de ti, Lenis. —Ella sintió cómo su corazón dio un salto—. Si quieres que te cuente sobre Cindy, lo haré. Pero antes, dime algo: ¿estás segura de ir a esa celebración? Lo que hoy vivimos acá…

—Sí, estoy segura. —Asintió con su cabeza para remarcar su firmeza en asistir—. Tengo que contarte algunas cosas también, pero… —ella buscó el reloj de muñeca escondido bajo la manga del traje de George— debemos irnos, ya es tarde y no me quiero perder de nada. El motivo de todo esto es importante, quiero ser parte. Además, también es el cumpleaños de la madre de mi jefe. No puedo hacerle ese desaire.

Él sonrió con sus labios cerrados, feliz de verla bien, de que ambos estaban bien, a pesar de la experiencia.

La tomó de la mano y salieron de esa forma del apartamento. Sus dedos se entrelazaron y no se soltaron en el asensor mientras bajaban.

T.C ya los estaba esperando en el estacionamiento, con una camioneta preparada, la cual iría detrás del Aston Martin del abogado.

Lenis notó, sin hacer ningún tipo de comentarios, una actividad extra de seguridad. Esta vez T.C no iba solo y divisó un tercer vehículo de color negro también preparado para seguirles, todos aún dentro del estacionamiento privado, por lo que cada placa debía estar incluída en la data de seguridad del complejo.

Lenis miró sus alrededores, como intentando comprender si aquel sitio era propiedad de la agencia de Peter Embert, ya que la misma estaba a cargo absoluto de todo lo concerniente a seguridad. Ella pensó que el agente debía estar molesto con lo ocurrido, aunque no lo notase de ese modo cuando aquel intentaba calmar a George dentro del despacho.

En cuestión de minutos, todos arrancaron: la camioneta de T.C detrás, manteniendo las distancias y delante de ellos, un carro del año que también los escoltaba.

Lenis y George volvieron a entrelazar sus manos en varias ocasiones mientras se detenían en algún semáforo. También compartieron unos besos que encendieron sus ganas de tocarse con más profundidad, teniendo que frenarse para no liderar todo un penoso espectáculo, además, la casa de la señora Seda Bastidas no quedaba demasiado lejos.

—Lenis, Peter me llamó luego de irse del apartamento. Me pidió el documento que usaremos para mostrarle a tu tía. Me lo pidió para mañana —le dijo George, abriendo ese tema importante que ella quería comentarle, sabiendo él que se trataba de eso.

Lenis miró un momento por la ventana antes de hablar.

—Sí, de eso te quería hablar… Mañana empezaremos con esa… operación, o como Peter y su gente deseen llamarlo. —George seguía mirando hacia adelante, pero fruncía su ceño ante lo que escuchaba. No hubo cabida para la eterna cara de Póker, él claramente estaba intentando lidear con todo eso—. Ya tenemos cuadrado un buen trozo del plan, solo hace falta ese documento, que yo lo lea y… —ella bufó— y así pueda entender bien lo que le diré a tía Carmen.

George no dijo nada de inmediato.

—¿Eso quiere decir que de mí depende de que eso se dé o no se dé mañana?

Ella lo miró con curiosidad.

—Sí.

Él hizo claras muecas que evidenciaban no sentirse convencido con nada.

—George, has gastado años en buscar a Turgut, ¿por qué ahora parece que no quieres que eso suceda?

Él sonrió sin gracia y negó con la cabeza.

—No, Lenis, no es eso. Es que no quiero que te pase nada malo. —Ella lo miró—. Eso es todo. Es un riesgo que no quiero que corras.

Ella miró al frente y suspiró.

—Detente aquí.

—¿Qué? —preguntó él.

—Detente aquí. Es solo un momento.

George, extrañado, cumplió con su petición, orillando el vehículo a un lado, haciendo que el vehículo más adelante también se detuviera y T.C también lo hiciera, manteniendo siempre las distancias, pero nunca abandonándolos.

Ella se acomodó en el asiento, él giró su cabeza para enfrentarla, con la curiosidad marcada en su cara.

—Hoy me di cuenta todo lo que te ha afectado la existencia de Ferit. —Ella exhaló—. No quiero verte así nunca más. —Él miró hacia abajo, mordiéndose la parte interna de los labios, escuchándola atentamente—. Te saliste de tus cabales cuando esa mujer dijo el nombre de nuestro padrastro…

—Ex padrastro —lanzó él, apretando la mandíbula.

—Como sea. Me acabas de dar la razón. ¿Te parece que todo esto es un riesgo? He corrido peores riesgos en la vida, George. Eso que haré mañana… no es nada. Sin embargo, si la tía Carmen no cae, Peter y yo tenemos un plan B que posiblemente podría funcionar. Parece algo tonto, tal vez no te guste…

—¿Cuál es ese plan? —interrumpió, para que ella fuese al grano.

—Le pedí a Peter falsificar otro documento. Es algo que le había pedido a Sias, pero nunca lo hizo.

George arrugó las cejas, sospechando que, efectivamente no le iba a gustar lo que ella le diría.

—Una falsificación de mi acta de defunción. —George abrió mucho los ojos al escucharla—. Pero no de Lenis Evans, por supuesto que no. —Ella mordió su labio inferior—. Le he pedido a Peter que mate a Lisa Díaz.

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