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Capítulo 59 segunda parte

Autor: Ranacien
last update Fecha de publicación: 2022-04-24 00:58:36

Un carraspeo de garganta interrumpió algunas risas compartidas entre Lenis y George sobre la pista de baile. No se habían despegado durante media hora, casi sin sentir molestia en las piernas por el tiempo transcurrido allí de pie, solo disfrutándose mutuamente como nunca antes lo habían hecho, al menos, no en público. Aquello era todo un acontecimiento para ambos.

La pareja miró a quien había osado con acercarse a ellos. Maximiliano Bastidas los miraba a uno y a otro, con muecas resignadas por tener que acercarse, mucho más por interrumpir, pero sin sentirlo demasiado incorrecto tampoco. El CEO pudo haber admirado la belleza de su secretaria esa noche en la casa de su madre, pudo haber sentido una punzada de celos al ver cómo ella y George se miraban, pero lo cierto era que, a medida que las horas pasaban —sobre todo durante el baile—. pudo entender que aquella mujer no podía estar en mejores manos que esas, en mejores brazos que esos y de cierto modo, se alegraba por los dos.

—Maximiliano, no te habíamos visto durante toda la velada —comentó Lenis—, aunque hemos llegado un poco tarde —agregó, ruborizándose y mirando hacia sus pies por la pena que sentía, ya que ella se creía culpable por dicha realidad.

—¿Qué sucede? —preguntó George, al notar su preocupación.

El hijo de la anfitriona de la gala bufó y asintió, concordando con la lectura que su amigo había arrojado sobre su semblante.

—Tienen que salir de aquí —anunció Maximiliano, frunciendo el ceño en concentración y de nuevo preocupación, alertando los rostros de la pareja—. Jefferson logró burlar los sensores de rastreo y el hombre a cargo de vigilarle en la capital ha desaparecido por completo, no hay rastros de él. Peter supone que fue descubierto. —Lenis sintió el corazón detenerse tras aquella información—. Peter está convencido que Smith se dirige hacia acá; si no es que ya está aquí, que es lo más probable, yo también lo creo. T.C ya tiene el Aston y su camioneta peraradas para arrancar, junto a un hombre adicional; así como llegaron acá. Peter se encuentra reforzando la seguridad de la casa. Él espera que yo mismo logre sacarlos a los dos de acá. Ah… (y es mejor así), manejemos esto bajo perfil, ¿está bien?

George y Lenis se miraron.

—Ok, está bien —dijo el abogado a Max—. Vamos —agregó luego, comenzando su caminata, tomando la mano de Lenis, pero ella se quedó atascada en el suelo, por lo que George se detuvo y se giró para mirarla—. ¿Qué sucede?

—No, George. —Él frunció mucho el ceño, al igual que Max lo hizo. Ella se soltó de su agarre—. No podemos salir corriendo de esa manera. Vine hasta acá para disfrutar de la gala y del cumpleaños, vine para hablar con la señora Seda y también para ser parte de la organización de esta fiesta…

—Lenis —gruñó George, quitándole de la boca la advertencia, con ese mismo nombre, a Maximiliano.

—No, George. Está bien, sí nos vamos a ir, pero si Peter está reforzando la seguridad, estaremos más seguros acá adentro que afuera. Además, en cuestión de minutos, ya teníamos un muerto al lado de nuestro apartamento, que se supone es uno de los más seguro de toda la ciudad…

—Lenis… —George la mencionó fuerte, provocando que otras parejas le mirasen.

Se acercó a ella para que nadie le escuchase y para que Lenis lograra oírlo por encima de la música.

—Lenis, escucha bien. Jefferson no logró hacer nada allá —habló entre dientes, acercándose a ella mucho más para que escuchara mejor y muy bien sus próximas palabras, sobre todo por encima del tema musical que la banda en vivo comenzaba a entonar en ese preciso instante—. Ellos de seguro querían llevarte ante Jefferson, querían distraerme a mí, llegar hasta ti y obligarte a salir del edificio bajo amenaza para que nadie sospechara que algo malo pasaba. Eso querían hacer y no lo lograron, precisamente porque el edificio es seguro —gruñó—. Pero si esta vez el mismo Jefferson en persona logró burlarse de los sensores de rastreo, entonces es él mismo quien estará acá esperando alguna debilidad de nuestra parte para atacar. Vámonos, Lenis. No me contradigas de nuevo.

La pareja se miró a los ojos, retadora, mientras Max los observaba, alzando un poco las cejas y apartando la mirada de vez en cuando para no sentirse incómodo por andar pendiente de un tema entre dos.

—Está bien —accedió ella—, ¿pero al menos podría despedirme de Seda? Por favor…

George no quería claudicar ante esa mirada borrega que Lenis sacó a relucir para convencerlo.

—Lenis —dijo George, chasqueando con la lengua en lamento, porque ella ya lo había convencido.

—Yo la acompaño —intervino Max—. Ve con T.C hasta el Aston y espera allí dentro, listo para arrancar. La seguridad te rodeará, todo saldrá bien, quédate tranquilo.

El abogado suspiró profundamente y asintió, soltando la mano de Lenis, una que había vuelto a agarrar tras su discurso de convencimiento, con claras dudas de tener que hacerlo o no.

Los tres se atravesaron el umbral entre el salón de baile y el comedor con la tarima, cruzando en diagonal hacia la izquierda, donde se encontraba la entrada principal de la gala, la cual dirigía al interior de la casa a través de un camino de grava.

Antes de George pisar dicho camino, Lenis le detuvo, agarrándolo de la muñeca y atrayéndolo súbitamente hacia sí, sorprendiéndolo con un beso de ojos cerrados, demostrando anhelo y regalándole la tranquilidad que él necesitaba.

—Te esperaré en el auto —susurró él bien cerca del rostro de Lenis, intentando sonreír, batallando con la ansiedad que la situación generaba, la cual amenazaba con convertirlo en alguien verdaderamente nervioso.

Tal parecía que lo sucedido en su edificio no se drenaba de su sistema y lo que acontecía en ese instante podía desesperarlo más de lo debido de un momento a otro.

Ella asintió, mirándolo a los ojos y se separaron por completo.

Max didirigó a Lenis hacia el costado izquierdo del escenario y esperaron a que Seda se desocupara.

Pero, para poder llegar a dicho destino, tuvieron que pasar al lado de alguna de las mesas adornadas con manteles. Y Lenis, aprovechando que se encontraba detrás de su jefe y que una de las mesas se encontraba vacía, miró rápidamente a los lados, inspeccionando que nadie la viera, y tomó algo del mantel, escondiéndolo con su brazo y así como pudo, lo guardó luego en su bolso de mano color plateado.

Seda Bastidas ya no estaba dirigiendo la velada, pero seguía encima de las tablas, sonriendo, en compañía de dirigentes de las organizaciones que colaboraban con la causa.

Max intentó que lo viera, colocándose en su campo de visión hasta lograrlo.

La hermosa Seda, con su cabello rojo lleno de suaves rulos que llegaban hasta su cintura, un maquillaje apoteósico y un vestido dorado con gargantilla, una sola manga larga  de talle largo, disimuladamente y pidiendo permiso a sus acompañantes con miradas y asentimientos de cabeza, logró separarse del grupo y bajar la tarima para dirigirse hasta su hijo.

—Max, querido, veo que es urgente… —Las palabras se detuvieron al ver a Lenis a su lado—. Querida, me alegra mucho que hayas venido.

Lenis suspiró y sonrió, resignada, porque el momento de enfrentarse a ella había llegado.

—Feliz cumpleaños, Señora Seda. No tuve antes la oportunidad de acercarme.

—Muchas gracias.

—Vengo a saludarle y a despedirme. Me hubiese encantado quedarme más rato, pero mañana tengo un compromiso importante bien temprano al cual no puedo faltar.

Max y ella se miraron de reojo: él intentando no fruncir el ceño, imaginando también que aquella fue una inteligente excusa para no decir la verdadera razón por la que se iba.

—Entiendo. Sé que nos debemos una conversación, pero en adelanto, ya que somos mujeres ocupadas, quiero disculparme contigo. —Lenis apretó los dientes al escucharla, mirándola fijamente, sintiendo sus poros abrirse al recordar de súbito lo que sintió al enterarse de toda la verdad y de todo lo que le ocultaban—. Sé que tal vez te cueste perdonarme, Lenis, pero prometo explicarte cómo fue mi participación en el… en el plan… y contarte también todo lo que desees saber.

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