Teilen

Capítulo 5

last update Veröffentlichungsdatum: 19.11.2021 07:21:36

—La del bar de hace unas noches, eres tú— desvío la mirada hacia el recipiente con agua. Qué acento tan más extraño, su voz sonaba muy… sexy. 

—No sé de qué habla señor— noto su confusión y siento la mano de Orestes en mi cintura.

—Vanessa, necesitan un poco de agua— ni siquiera miro al hombre de intensos ojos y me dirijo hacia Orestes. 

—Ya voy Doctor—lleno un par de vasos y trato de pasar por dónde está aquel hombre—. Con permiso.

Levanto la vista y en su rostro puedo leer… ¿molestia?, le entrego un par de vasos con agua al Director Técnico y otros jugadores más.

—¿Tienes mucho tiempo trabajando aquí?— me sorprende la pregunta del hombre canoso.

—Soy voluntaria, cumpliré ya casi un año— él asiente interesado.

—Es muy admirable que estés aquí voluntariamente, te felicito— dice con una sonrisa. 

Al alzar la mirada me percato que todos nos habían escuchado, incluso Dihmes y su acompañante. 

Carraspeo y le dedico una sonrisa para después retirarme un tanto incomoda. 

Llego de nuevo hacía donde las enfermeras y Ramona me abordan de inmediato.

—No pareces muy interesada, Vane— lleva una galleta a su boca.

—Lo estoy, me parece muy buen gesto de ellos— me ofrece una galleta y recuerdo que no he desayunado nada, así que la acepto 

—Y son muy atractivos— dice con mirada picarona y golpeando levemente mi hombro, yo solo sonrío—. ¿Me vas a decir que te paso en la cara?

—Ya te lo he dicho, tuve un accidente en el trabajo— sonrío con nerviosismo y tomo mis costillas que duelen cada vez que mastico. 

●●●●●

Después de varias horas de trabajo me dirijo hacia el lugar donde quedó mi ropa. Los futbolistas aún siguen con los niños pero yo ya me he despedido. 

Los medicamentos por fin hicieron lo suyo así que vestirme no representa un trabajo tan difícil. Vuelvo hacia mi casillero cuando me encuentro con Orestes.

—¿Ya te vas Vane? —asiento—. Espero que a la próxima tengas más cuidado en el trabajo…

Su tono no es muy convincente, la verdad es que prefiero engañarme y decir que me ha creído. Vuelvo a asentir y él me abraza tomándome por sorpresa, siento dolor pero no puedo quejarme. Me reincorporo lo más rápido que puedo para irme.

—Nos vemos el próximo Domingo— digo saliendo del lugar y al cruzar las puertas del hospital me encuentro con el Director Técnico del equipo de nuevo. El clima es frío afuera y parece que en poco tiempo comenzará a llover. 

—Un gusto conocerla señorita Carballo —sonrío y estrecho su mano.

—Igualmente —doy media vuelta, y justo me encuentro frente a frente con Dihmes de nuevo, solo que con menos porcentaje de alcohol en su sangre. Y claro su extraño acompañante. 

Los esquivo por completo y continuó mi camino. 

—¿No quieres que te lleve?—escuchar su voz me hace estremecer.

—No, gracias— digo sin volverme y sigo caminando lo más rápido que puedo. Agradezco que no hayan seguido insistiendo. 

Pronto llego a la estación del metro y después de un largo viaje por fin camino hacía casa. Mis piernas ya no pueden más, estoy muy cansada. 

Abro la puerta y arrastro mis cosas, camino lo más rápido que puedo a la ducha y abro la llave del agua caliente. 

Necesito relajarme, así que tomo un largo baño hasta que todas mis ansiedades se evaporan. 

●●●●●

Mis ojos se abren como platos, no sé en que momento he llegado a la cama pero he dormido muy bien, debe de ser los medicamentos. De hecho he dormido tan bien que no he escuchado la alarma y hoy tengo que ir a trabajar. 

Me apresuro a colocarme el uniforme con trabajo, maquillo un poco mi rostro y desgraciadamente el morete es aún más visible. Hago mi mejor trabajo para difuminarlo y termino desayunando algo rápido. 

Tomo mis cosas y me encamino al lugar. Son las 6:00 am y me toca abrir el café. 

El sol apenas comienza a salir. Camino un par de calles y llego al lugar, me pongo en cuclillas y quito el seguro para después arrastrar la puerta de metal que cubre los cristales y hago lo mismo en las otras dos paredes. 

—Buen día… —mi jefe llega minutos después que yo, me mira pero no dice nada sobre el morete que invade mi rostro y se lo agradezco, le contesto el saludo y continúo sacando mesas y sillas del establecimiento. 

Seco una de las mesas mojadas que están fuera del local y siento una extraña sensación, levantando la mirada, no sé porque tengo la sensación de que soy vigilada. Niego varias veces, solo de pensarlo me estremezco. 

El primer cliente llega y tengo que acostumbrarme al hecho de que todos me miraran con cara de horror por la marca, qué más da. 

Escucho la puerta de nuevo y dejo la máquina de café a un lado, acomodo uno par de vasos y limpio mis manos en el delantal para atender al cliente.

—Buenos días ¿Qué desea?— miro al cliente y pestañeo varias veces al darme cuenta de que es Bruno.

—Quiero un americano con azúcar y tres donas de chocolate por favor— tecleo casi por inercia y trato de concentrarme en lo que hago, nunca lo había visto aquí. 

—¿Sería para comer aquí? —asiente y veo que no viene con nadie más—. ¿Me dijo 3 donas de chocolate?

Vuelve a asentir con una pequeña sonrisa, creo que tiene hambre. 

Le cobro y digo con una falsa sonrisa que en un momento le llevo su pedido. 

Dándole la espalda me permito tomar aire y componerme antes de preparar el café. 

Todo está listo, solo hace falta entregarlo pero no hay nadie más que se lo lleve, mis compañeros no han llegado, es demasiado temprano. Así que tendré que ir yo. Me armo de valor y tomo los platos en mis manos. 

—Aquí tiene, provecho— dejo el pedido con cuidado y doy media vuelta cuando me detiene.

—Vanessa, ¿verdad?— tengo que volverme hacia él. 

—Si— digo tratando de parecer natural.

—Eres tú, ya lo sé— ruedo los ojos y niego.

—Buen provecho señor— pero esta vez se pone de pie para detenerme 

—¿Por qué me tratas así?, ¿no te intereso? — lo miro con cara extrañada.

—¿A qué se refiere con eso?— pregunto de mala gana  

—¿Por qué me tratas mal?, ¿Hice algo aquella noche? —niego—. Entonces, ¿Qué es?, ¿Por qué me rechazas?

—No entiendo lo que quiere decir, y ahora si me disculpa, tengo trabajo que hacer— pero me toma del brazo haciendo que me queje.

—No me vuelvas a hablar así ¿entendiste?— hago una mueca de dolor y me libera—. Lo siento yo… ¿te lastimé?

Por su voz parece que se ha asustado, lo miro molesta y casi corro detrás del mostrador. Desde lejos puedo ver su frustración, como se toma el cabello y pasa sus manos una y otra vez en señal de desesperación. 

Arrebata las tres donas como si fueran un pequeño bocadillo y tiempo después me dedica una mirada para después salir del local.

Fue hasta entonces que me sentí más tranquila.

●●●●●

El día en el trabajo se ha terminado, estoy muerta de cansancio, hemos tenido muchos pedidos y gente llegando por montones. Ahora voy camino a mi casa, son las 4 pm y mi móvil se ilumina anunciando una llamada de Lucía. 

—¿Cómo estás?— suspiro 

—Mi padre vino— ella maldice un par de veces 

—¿Te hizo daño? —no contesto—. Te golpeo ¿verdad Vanessa?,  ¿Por qué no me llamaste?, no debes de estar sola con ese loco suelto.

Trato de tranquilizarla, ya habíamos tenido esta conversación antes, pero yo insistí en quedarme en casa, mi amiga sigue sermoneándome de la mala decisión que he tomado. Tomo las llaves y libero el seguro de la puerta. 

—Está bien, te hablare cualquier cosa—termino la llamada y me dispongo a preparar algo de cena, algo de fruta tal vez. El club sándwich que he comido en el trabajo me ha llenado demasiado.

La noche estaba muy tranquila, hojeo un par de revistas de arte que ya me las sé de memoria, hasta que un golpe en la puerta me pone alerta y vuelven a golpear ligeramente. Voy de puntitas a asomarme por la mirilla y veo un ramo de rosas rojas, abro la puerta de inmediato y un repartidor me dice amablemente.

—¿Señorita Vanessa Carballo? —asiento sin responder—. Son para usted.

Me quedo sorprendida, nunca, nadie me había mandado flores. 

El hombre me entrega el ramo y extiende un papel pidiendo que lo firme, se retira y yo aún no puedo aceptar lo que estoy viendo. Y tiene una tarjeta escrita a mano:

Lo siento por lo de hoy.

-Bruno

Mi boca cae al piso, ¿y este loco qué?...

Lies dieses Buch weiterhin kostenlos
Code scannen, um die App herunterzuladen

Aktuellstes Kapitel

  • EN SUS OJOS   Epílogo

    —Adivina quien tiene hambre— sonrío, mientras Bruno toma entre sus enormes brazos a nuestro pequeño bebé —. Nuestro hijo.Dice emocionado, y hace mil y un voces diferentes al hablar con él mientras se acerca a la cama.—¿Verdad Asad?— rio, tomando a nuestro pequeño en brazos, tiene los ojos café verdosos como su padre y la piel tostada, su nariz y sus labios… exacto, no se parece nada a mí.—Eres igual de comelón que tu abuelo, por eso elegimos ese nombre para ti— una carcajada me invade.—No le digas eso— golpeo suavemente su brazo. Bruno nos acurruca a los dos en su regazo y comienza a tararear una canción.—Vanessa…—¿Si?— puedo sentir su respiración mientras con delicadeza inclino el biberón en su pequeña boca. Siento como me acaricia la frente y sé

  • EN SUS OJOS   Capítulo 63

    1 Mes Después.—Vamos, se nos hará tarde —grita Jimena, Nora termina de colocarme una pequeña y delicada flor en mi hermoso peinado.—¡Chicas, las quiero fuera! —dice Toño entrando con su exquisito traje color morado.—Estoy casi lista —le digo colocándome un poco de labial en mis labios, suspiro y me miro al espejo. El delicado vestido color beige adornado con encaje cae por mi cuerpo, el escote es en “V” y los tirantes son tomados por pequeños diamantes, se pega hasta mi cintura y luego cae por mis piernas.—Te vez hermosa mi niña —dice besándome las dos mejillas—Gracias Toño, ¿cómo se ve todo afuera? —suspira—Perfecto y tu futuro esposo está de un humor —rueda los ojos—. Tiene a todos vueltos locos, creo que ya es hora de que aparezcas.&

  • EN SUS OJOS   Capítulo 62

    Corro y corro hasta dar con la calle, miro a todos lados y la gente luce tan tranquila y normal. Tengo que buscar un hospital, sigo corriendo, choco con varias personas y justo antes de doblar en una esquina visualizo una cruz roja en un pequeño letrero. Debajo de ella letras escritas en árabe, mierda…Camino lentamente hasta esa pequeña casa, llamo a la puerta y una campana suena. El lugar está completamente solo, un hombre con bata blanca, con cabello canoso y piel morena me recibe con una sonrisa pero el verme este se transforma.Dice unas palabras en árabe pero yo niego.—No sé hablar árabe —digo y luego abre los ojos.—Tú eres… la mujer de Bruno Dihmes —dice con un español bastante forzado, mis ojos se abren como platos y mi sistema de alarma se activa de inmediato, puede conocer a Mustafá—. No, no, yo soy amigo, soy…&mdash

  • EN SUS OJOS   Capítulo 61

    Todo es negro, escucho como hablan en árabe. Abro mis ojos pero me tardo tiempo acostumbrarme, estoy aun en movimiento, tal vez en la camioneta que vi.—¡Basta!, arruinarás el plan del jefe— un golpe se hunde en mis costillas cuando trato de moverme, escucho que se reprochan unos a otros.Después las puertas de la camioneta se abren y me sientan toscamente. Veo entrar a un hombre moreno, de facciones toscas y cabello largo.—Hasta que la conozco señorita— sonríe—. Soy Mustafá, quiero que sepa que este no es un problema con usted, es su maldito esposo el que me ha colmado la paciencia.Mis ojos se abren como platos y miro a mi alrededor, estoy rodeada de gente. El respirar comienza a ser un problema pues lo hago con dificultada. Niego varias veces, tengo que salir de aquí, esto debe de ser una pesadilla.—Pero acabaré con él y usted me va a

  • EN SUS OJOS   Capítulo 60

    Escucho ruidos y gritos y golpes—¡Encuéntrala!— es Bruno, estiro cada parte de mi cuerpo, he dormido sensacional. Me siento en la cama y miro la hermosa vista que deja la gran ventana frente a mi cama cuando alguien brinca al balcón y yo grito, tomo la lámpara portátil y me pongo de pie en la cama.—Aquí esta H24T— dice el hombre. Bruno entra por la puerta de madera haciéndola pedazos. Eso me hace brincar aun más y caer de la cama.—¡Vanessa!—me recupero y comienzo a reír.—Yo puedo—me pongo de pie y está furioso.—¿Te has hecho daño?— niego y no dejo de reír cuando Tomás entra—Te lo dije que estaba aquí— Bruno se abalanza contra él.—¡Largo!— suspiro un vez más, ¿Cuándo se va a tranquilizar?

  • EN SUS OJOS   Capítulo 59

    Abro la puerta lentamente y me encuentro con un hombre alto, de unos 80 años, cabello oscuro y tez morena, lleva un smoking color negro y un velo que cubre una parte de su cabello, arriba en la cabeza un lazo negro. Lo miro muy discretamente, me vuelto a cerrar la puerta y trago saliva.—Buenas noches— digo sin saber exactamente que hacer—Buenas noches— contesta y rodea el escritorio. Indica que puedo tomar asiento lo cual agradezco inmensamente.—Soy Vanessa Carballo—él asiente—Soy Asad, el abuelo de Bruno— mi mirada sigue pegada al suelo—Mucho gusto— le digo y aprieto mis manos hasta casi encajar mis uñas.—Eres de España ¿no?, como Jimena y Nora— asiento—Sí, señor—toma asiento a mi lado.—A ver señorita Vanessa— su acento es extraño pero habla bien el españo

Weitere Kapitel
Entdecke und lies gute Romane kostenlos
Kostenloser Zugriff auf zahlreiche Romane in der GoodNovel-App. Lade deine Lieblingsbücher herunter und lies jederzeit und überall.
Bücher in der App kostenlos lesen
CODE SCANNEN, UM IN DER APP ZU LESEN
DMCA.com Protection Status