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Capítulo 06

Autor: Leydis Ochoa
last update Data de publicação: 2026-10-28 21:24:05

IV. EL PRESENTE: LA BIBLIOTECA DE CRISTAL

La luz del mediodía se filtraba a través de los altos ventanales de la biblioteca central de Saint Jude, iluminando las estanterías de roble centenario que guardaban incunables y tratados jurídicos del siglo XVII. Era el santuario del silencio en el campus, el lugar donde los herederos de las dinastías más ricas del continente fingían ser eruditos mientras sus escoltas vigilaban desde las esquinas del claustro.

Damien estaba sentado en una mesa del segundo piso, con un tomo de Derecho Internacional Privado abierto frente a él. No leía una sola línea. Sus ojos ámbar estaban clavados en la planta baja, donde Liam Vancourt conversaba con un grupo de omegas y betas de la alta sociedad.

Liam llevaba hoy un jersey de cuello alto en tono crema y un abrigo gris marengo que le daba un aire de absoluta vulnerabilidad y pureza. Su cabello rubio ceniza caía en ondas suaves sobre su frente, y reía con una espontaneidad tan calculada que resultaba casi hipnótica. Sostenía una taza de café humeante con ambas manos, como si buscara calentarse los dedos, mientras asentía ante el comentario trivial de una de las hijas de un magnate petrolero.

—Es un actor magnífico, ¿verdad? —susurró una voz detrás de Damien.

Era Viktor Kozlov, primo segundo de Damien y uno de los pocos miembros de la Bratva con los que Damien toleraba cruzar más de tres palabras al día. Viktor era un beta alto, de modales refinados y sonrisa cínica, encargado de coordinar la logística de seguridad de los Petrov en el campus.

Damien no giró la cabeza.

—¿Qué sabes de la seguridad de los Vancourt esta semana? —preguntó Damien, con un tono neutro que no revelaba ninguna de las tempestades que hervían bajo su piel.

Viktor se sentó en la silla frente a Damien, tamborileando los dedos sobre la madera pulida.

—Están histéricos. Lucian Vancourt ha triplicado el personal perimetral alrededor del campus desde hace tres días. Parece que interceptaron un cargamento sospechoso en los muelles que venía con un sello que no reconocen... una especie de marca hexagonal. Dicen que el viejo Vancourt está movilizando a sus sicarios en el sur. Creen que alguien está intentando revivir viejas deudas.

*La marca hexagonal.* La Colmena. La organización que los Petrov creían haber borrado de la faz de la tierra en los Urales, pero cuyos tentáculos principales siempre estuvieron podridos mucho más hondo.

—Lucian no sabe nada —murmuró Damien, sin apartar los ojos de Liam.

—Nadie sabe nada, Damien. Esos bastardos de la mafia italiana son paranoicos por naturaleza. Tienen a ese chico, a Liam, bajo una campana de cristal. Los gemelos Ares y Eros están apostados en el estacionamiento sur; Dante está revisando las listas de invitados para el baile de la academia, y Silas... bueno, Silas casi le rompe la mandíbula ayer a un alfa de segundo año solo porque miró a Liam demasiado tiempo en el comedor.

—Silas es un imbécil impulsivo —sentenció Damien con desprecio—. Protegen una cáscara vacía. Creen que el chico es porcelana que se romperá si el viento sopla fuerte.

—¿Y no lo es? —Viktor enarcó una ceja, siguiendo la mirada de Damien hacia el omega rubio—. Míralo. Es el prototipo del omega de linaje: sumiso cuando debe serlo, educado, delicado. Si ese chico entra en celo sin un protector cerca, cualquier manada de hienas se lo merendaría en diez minutos.

Damien dejó escapar una exhalación seca que sonó casi como un bufido burlón.

"Si supieras, Viktor. Si supieras que ese 'omega delicado' se abrió el antebrazo ayer como quien corta una manzana, solo para mantener la mente cuerda, y que la herida desapareció ante mis ojos en menos de ciento veinte segundos".

—Déjanos —ordenó Damien de pronto.

—¿Qué? Pero Damien, tenemos que repasar la entrega de armamento para...

—He dicho que te vayas, Viktor.

La voz de Damien bajó un semitono, pero la vibración de su timbre de alfa dominante hizo que el vello de los brazos de Viktor se erizara de golpe. El beta palideció, tragó saliva y asintió de inmediato, levantándose de la mesa sin atreverse a discutir una sola palabra. Sabía mejor que nadie que cuando la mirada ámbar de Damien se oscurecía de ese modo, la línea entre el primo civilizado y el carnicero de los muelles desaparecía por completo.

Damien se quedó solo en la balconada del segundo piso.

Abajo, como si hubiera sentido el peso de la amenaza en su nuca, Liam detuvo su risa en seco. La chica con la que hablaba siguió gesticulando, pero Liam ya no la escuchaba. Lentamente, con una precisión milimétrica guiada por ese instinto biológico subterráneo que los ataba a pesar del odio, el omega levantó la cabeza hacia el piso superior.

Sus miradas colisionaron en el espacio vacío de la biblioteca.

Azul hielo contra ámbar fundido.

Por una fracción de segundo, la sonrisa de Liam se evaporó. Su rostro se desnudó ante Damien: los labios se tensaron en una línea delgada y letal, y sus ojos se abrieron con una frialdad tan profunda que parecía capaz de congelar el mármol del edificio. No había miedo. Había desafío. Había un aviso explícito de muerte.

Liam levantó sutilmente su mano derecha, la misma con la que sostenía la taza de café, y pasó el dedo índice por su garganta en un gesto fugaz, casi invisible para cualquiera que no fuera un tirador entrenado.

*Te mataré si hablas.* Ese era el mensaje.

Damien no se inmutó. En respuesta, Damien levantó el vaso de agua que tenía en la mesa, lo sostuvo en alto en un brindis silencioso y luego, con una calma aterradora, cerró su mano con fuerza suficiente para que el cristal fino se agrietara con un sonido sordo, permitiendo que unas gotas de agua se derramaran sobre la madera.

*Inténtalo, ratita de laboratorio.*

Liam cortó el contacto visual de inmediato, volvió a componer su sonrisa angelical y respondió con dulzura al comentario de su acompañante, como si nada hubiera ocurrido. Pero Damien no se perdió el temblor casi imperceptible en los hombros del omega mientras se daba la vuelta para marcharse hacia las mesas de lectura privadas del ala este.

El juego no había hecho más que empezar.

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