Share

Capítulo 2

Author: Cece Walken
last update publish date: 2026-09-30 11:08:08

Ninguno de los dos había pronunciado una palabra desde que abandonaron el hotel.

Ava permanecía sentada en el asiento trasero, con las piernas cruzadas y la mirada fija en las luces de la ciudad que desfilaban al otro lado de la ventana. Damian estaba a su lado, demasiado cerca para que pudiera ignorar su presencia y demasiado callado para que ella encontrara una excusa que justificara mirarlo. El aroma a madera y tabaco de su loción se mezclaba con el cuero del automóvil, mientras el suave rugido del motor llenaba el espacio entre ambos.

De vez en cuando, Ava observaba su perfil bajo las luces intermitentes de las avenidas. Sus ojos claros permanecían fijos al frente, como si estuviera tan concentrado en mantener el control como ella en fingir que lo tenía.

La tensión que había nacido en la terraza del hotel seguía ahí, creciendo con cada minuto de silencio.

El vehículo se detuvo finalmente frente a la imponente estructura de la torre residencial. El chofer abrió la puerta en silencio y ambos avanzaron hacia el vestíbulo de mármol sin cruzar palabra. El ascensor privado los llevó directamente al penthouse.

Al abrirse las puertas, la penumbra de la propiedad los envolvió. Líneas rectas, paredes de concreto pulido y enormes ventanales dominaban el espacio, dejando la ciudad extendida frente a ellos.

Sin detenerse en la sala, Damian tomó la mano de Ava y la guio hacia el pasillo que conducía a la habitación principal. Caminaron con una prisa contenida que se desató en cuanto cruzaron el umbral del dormitorio.

Damian se despojó del saco del esmoquin y lo dejó caer al suelo con una despreocupación que delataba su estatus. Luego se giró hacia ella.

Ava no retrocedió. Se plantó al borde de la enorme cama de sábanas oscuras, con los brazos cruzados y esa expresión seria que solía alejar a la gente, pero que en Damian parecía provocar el efecto contrario.

—No vine aquí a perder el tiempo con juegos —dijo ella, sosteniéndole la mirada.

—Me encanta que no uses rodeos, Ava —murmuró él, acortando la distancia con pasos lentos. Se detuvo tan cerca que Ava pudo sentir el calor de su cuerpo—. En la terraza parecías una jueza a punto de condenarme, pero tus ojos dicen otra cosa. Te estás quemando tanto como yo.

Ava no respondió.

Lo tomó por las solapas de la camisa y tiró de él hacia abajo.

El primer beso fue directo, una colisión de labios que dejó claro que ninguno había llegado allí para hablar. Damian intentó marcar el ritmo con la seguridad de quien estaba acostumbrado a tener el control, pero Ava le rodeó la nuca con una mano y mordió suavemente su labio inferior.

Un gemido bajo y ronco escapó de la garganta de él.

Ava disfrutó de la reacción. Le gustaba descubrir que, detrás de aquella fachada de playboy que parecía tener respuestas para todo, también podía perder el control.

Las manos de Damian bajaron por la espalda de Ava hasta encontrar el cierre del vestido. El satén se deslizó lentamente por sus curvas hasta caer al suelo. Ella se deshizo de la camisa blanca de él, empujándola fuera de sus hombros y recorriendo con los dedos la firmeza de su torso.

La necesidad entre ambos crecía sin darle espacio a ningún pensamiento que no tuviera que ver con lo que estaba ocurriendo. Aun así, la mente de Ava permanecía despierta, registrando cada textura, cada respiración, cada reacción.

Damian la recostó sobre el colchón y se colocó sobre ella, apoyando el peso en sus antebrazos. La observó con intensidad bajo la penumbra de la habitación, mientras las luces de la ciudad se filtraban por los enormes ventanales.

Cuando la proximidad se volvió insoportable y el deseo exigió el paso definitivo, Damian se detuvo un instante y estiró el brazo hacia el cajón de la mesa de noche.

—Espera —susurró él, con la respiración entrecortada, buscando protección.

Ava le sujetó la muñeca.

—No hace falta. Tomo la píldora, todo está bajo control —aseguró ella. Su rutina diaria era lo único perfecto en su vida caótica; su alarma jamás fallaba.

Damian la estudió durante unos segundos, buscando alguna duda en su rostro. No encontró ninguna. Entonces dejó caer la mano y regresó junto a ella.

Cuando él entró en ella, el tiempo pareció detenerse en la habitación.

Ava arqueó la espalda y ahogó un jadeo contra su cuello, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. Damian no cerró los ojos. La miraba fijamente con aquellos ojos claros, como si intentara descifrar qué había detrás de la armadura de hielo que ella insistía en llevar.

Ese contacto visual resultó más íntimo que cualquier palabra.

Damian se movió con un ritmo constante, pesado y deliberado, desgastando poco a poco la resistencia de Ava hasta que ella se aferró a sus hombros. Durante unos minutos, dejó de pensar en su madre, en el dinero, en el apartamento y en todo lo que la esperaba al regresar.

Solo existían ellos dos y aquel momento.

                                                                                     ***

El amanecer trajo una luz grisácea que se coló por los cristales. Ava abrió los ojos y encontró a Damian dormido a su lado. Se veía extrañamente pacífico, desprovisto de la arrogancia que utilizaba como escudo ante el mundo. No hizo ruido al levantarse. No sentía culpa ni arrepentimiento. Había conseguido exactamente lo que buscaba: un escape perfecto, una noche de placer mutuo y sin condiciones.

Se vistió rápidamente, se calzó los zapatos y no dejó ninguna nota. Cuando salió del penthouse, estaba convencida de que sus caminos no volverían a cruzarse.

Treinta minutos después, la cerradura de su apartamento cedió. Ava apenas tuvo tiempo de abrir la puerta cuando el desorden de la pequeña sala llamó su atención. Tres maletas grandes permanecían abiertas, rodeadas de ropa y zapatos esparcidos por el suelo. Viviana estaba sentada en el sofá, con los ojos hinchados por el llanto y un cigarrillo entre los dedos. El olor del tabaco golpeó a Ava apenas entró y le provocó un ligero mareo.

—¿Dónde demonios estabas? —saltó Viviana, levantándose de inmediato—. Te llamé diez veces. ¡Diez veces, Ava!

—Apaga eso, mamá —replicó ella, conteniendo el fastidio—. Tengo veintiséis años, no tengo que darte explicaciones de mi noche. ¿Qué es este desastre?

—¡Es un desastre financiero! —gritó Viviana, agitando el cigarrillo—. El dueño del apartamento de abajo me amenazó con una demanda por la filtración de agua del mes pasado. Dice que si no le pago tres mil dólares esta semana, nos echará a la calle. ¡Y tú pasando la noche vete a saber dónde mientras yo me muero de angustia!

Ava sintió que el cansancio desaparecía de golpe.

—Esa filtración fue porque dejaste el grifo abierto toda la noche, Viviana. Es tu deuda, no la mía.

Cruzó los brazos para ocultar el temblor de sus manos.

—¡Soy tu madre! —bramó Viviana—. ¡Tienes la obligación de salvarme! Dejé mi juventud para criarte en este agujero. Eres una egoísta, una fría que prefiere ver a su madre arruinada antes que ayudarla. ¡Consigue el dinero, Ava! ¡Haz lo que sea, pero soluciónalo!

Un pitido agudo comenzó a sonar desde el interior del bolso de Ava. Eran las ocho de la mañana, la hora programada para tomar su píldora anticonceptiva. Durante un segundo, Ava se quedó inmóvil. El sonido se mezcló con la voz de Viviana, que continuaba elevándose frente a ella, y con el dolor de cabeza que comenzaba a formarse detrás de sus ojos.

Metió la mano en el bolso, sacó el teléfono y, casi a ciegas, deslizó el dedo por la pantalla hasta silenciar la alarma.

—¡Basta ya, mamá!

Guardó el teléfono y entró en su habitación, cerrando la puerta de golpe. La cifra de tres mil dólares ocupó toda su mente. Necesitaba conseguir el dinero y encontrar un nuevo trabajo, pero en medio de aquella desesperación dejó atrás algo mucho más pequeño y fácil de olvidar: la píldora que permanecía en el fondo de su bolso.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 5

    Ava había aprendido a esconder muy bien aquello que no quería que nadie descubriera. Sin embargo, nunca imaginó que tendría que ocultar algo tan grande en el fondo de su bolso. Caminó por el pasillo de ejecutivos de Vanguardia Group, manteniendo un paso firme para no delatar la agitación que le oprimía el pecho. Dentro del bolso llevaba el empaque rectangular que había comprado en la farmacia de la esquina hacía veinte minutos.Entró al baño de empleados del ala este, un espacio de mármol gris que a esa hora se encontraba desierto. Una punzada de asco le subió por la garganta. Ava avanzó hacia el último cubículo, atrancó el cerrojo y se apoyó contra la puerta. El nudo que llevaba sintiendo en el estómago desde hacía horas ya no podía confundirse con una simple molestia. Las náuseas habían pasado de ser una sospecha incómoda a convertirse en una certeza que amenazaba su habitual compostura.Con dedos trémulos, rompió el cartón de la caja. Sacó el dispositivo de plástico blanco y repasó

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 4

    El reporte impreso de las proyecciones del trimestre pesaba más de lo normal entre las manos de Ava. Se obligó a mantener la vista sobre las cifras de su computadora, intentando concentrarse en las cuentas para ignorar las náuseas que le revolvían el estómago desde que había llegado a la oficina a las ocho de la mañana. Llevaba una semana entera tratando de convencerse de que el retraso de su período era consecuencia de los veintiún días de estrés, las noches sin dormir y la preocupación constante de adaptarse a su nuevo puesto como Directora de Proyectos en Vanguardia Group. Había estado bajo demasiada presión. Eso debía ser todo. Era lo único que se repetía una y otra vez para no pensar en la posibilidad que llevaba días intentando apartar de su cabeza.—Señorita Vega, el Director Ejecutivo la espera en la oficina presidencial de inmediato. Solicita el desglose de los costos de infraestructura —anunció la secretaria a través del intercomunicador, interrumpiendo sus pensamientos.Tra

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 3

    El sonido de los tacones de Ava contra el mármol pulido del vestíbulo de Vanguardia Group era lo único que ocupaba su cabeza aquella mañana. Habían pasado exactamente tres semanas desde la noche del penthouse y la desastrosa mañana que le siguió. Tres semanas en las que apenas había dormido, dedicando cada minuto libre a enviar currículums y a esquivar las constantes peticiones de dinero de Viviana, quien, de manera casi milagrosa, había conseguido una prórroga para su supuesta deuda después de derramar unas cuantas lágrimas frente al casero.Ava se había jurado que aquel nuevo empleo como Directora de Proyectos Financieros sería su boleto de salida definitivo de aquel apartamento. Su armadura estaba más rígida que nunca. Vestía un traje de sastre gris oscuro perfectamente entallado, llevaba el cabello recogido en un moño impecable y mantenía una expresión de absoluta indiferencia que apenas conseguía esconder el nudo de nervios que tenía en el estómago.—La junta de bienvenida para l

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 2

    Ninguno de los dos había pronunciado una palabra desde que abandonaron el hotel.Ava permanecía sentada en el asiento trasero, con las piernas cruzadas y la mirada fija en las luces de la ciudad que desfilaban al otro lado de la ventana. Damian estaba a su lado, demasiado cerca para que pudiera ignorar su presencia y demasiado callado para que ella encontrara una excusa que justificara mirarlo. El aroma a madera y tabaco de su loción se mezclaba con el cuero del automóvil, mientras el suave rugido del motor llenaba el espacio entre ambos.De vez en cuando, Ava observaba su perfil bajo las luces intermitentes de las avenidas. Sus ojos claros permanecían fijos al frente, como si estuviera tan concentrado en mantener el control como ella en fingir que lo tenía.La tensión que había nacido en la terraza del hotel seguía ahí, creciendo con cada minuto de silencio.El vehículo se detuvo finalmente frente a la imponente estructura de la torre residencial. El chofer abrió la puerta en silenci

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 1

    El reloj de la pared de la cocina no solo marcaba las ocho de la noche; parecía contar los segundos que le quedaban de paciencia. Ava Vega apretó los dientes, manteniendo la vista fija en la taza de café frío que reposaba sobre la mesa de formica gastada. A su lado, el tintineo constante de unas uñas postizas contra el cristal de un teléfono celular se le clavaba directamente en los oídos.—Solo te estoy pidiendo un adelanto, Ava. No es para tanto —dijo Viviana Vega, sin apartar los ojos de la pantalla de su teléfono, donde deslizaba el dedo por un catálogo de ropa de marca—. Además, es una inversión. Si voy bien vestida a la cena de mañana, el señor Martínez se llevará una mejor impresión de mí. Y si a mí me va bien, a ti te irá mejor.Ava soltó una risa seca, sin una pizca de gracia. Se enderezó en la silla de madera y cruzó los brazos sobre el pecho. Tenía veintiséis años, un título universitario en administración que le había costado sudor y lágrimas, y una cuenta bancaria que tem

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status