Share

El Heredero Del Magnate
El Heredero Del Magnate
Author: Cece Walken

Capítulo 1

Author: Cece Walken
last update publish date: 2026-09-30 10:52:23

El reloj de la pared de la cocina no solo marcaba las ocho de la noche; parecía contar los segundos que le quedaban de paciencia. Ava Vega apretó los dientes, manteniendo la vista fija en la taza de café frío que reposaba sobre la mesa de formica gastada. A su lado, el tintineo constante de unas uñas postizas contra el cristal de un teléfono celular se le clavaba directamente en los oídos.

—Solo te estoy pidiendo un adelanto, Ava. No es para tanto —dijo Viviana Vega, sin apartar los ojos de la pantalla de su teléfono, donde deslizaba el dedo por un catálogo de ropa de marca—. Además, es una inversión. Si voy bien vestida a la cena de mañana, el señor Martínez se llevará una mejor impresión de mí. Y si a mí me va bien, a ti te irá mejor.

Ava soltó una risa seca, sin una pizca de gracia. Se enderezó en la silla de madera y cruzó los brazos sobre el pecho. Tenía veintiséis años, un título universitario en administración que le había costado sudor y lágrimas, y una cuenta bancaria que temblaba cada vez que su madre abría la boca.

—¿El señor Martínez? ¿El hombre casado que te prometió un apartamento el mes pasado y luego desapareció? —preguntó Ava, con esa voz monótona y cortante que usaba como escudo—. No te voy a dar más dinero, mamá. Ya pagué la luz, el gas y la mitad de la renta que tú debiste cubrir con la pensión. No me queda nada.

Viviana dejó el teléfono sobre la mesa con un golpe seco. Su rostro, cuidado con cremas caras que Ava terminaba pagando, se transformó en una expresión de indignación.

—¡Qué hija tan desagradecida! —exclamó, alzando la voz lo suficiente para que resonara en todo el pequeño apartamento—. Olvidas todo lo que sacrifiqué por ti. Dejé mi juventud para criarte sola en este agujero. Podría haberme casado con un hombre rico cuando era joven, pero preferí quedarme contigo. ¿Y así me pagas? ¿Negándome unos miserables billetes?

Ese era el golpe bajo de siempre. El mismo discurso que Viviana repetía cada vez que el agua le llegaba al cuello por sus malas decisiones financieras. Ava sintió una opresión en el pecho, una mezcla de rabia y asfixia que amenazaba con romper su habitual compostura. Detestaba el drama. Detestaba la manipulación. Pero, sobre todo, detestaba seguir atrapada en aquella casa por culpa de la falta de dinero.

Sin decir una palabra, Ava se levantó de la silla. Sus movimientos fueron lentos y calculados. Caminó hacia el pequeño pasillo, ignorando los gritos de su madre que continuaban a su espalda, acusándola de egoísta y fría. Entró a su habitación, cerró la puerta con seguro y apoyó la espalda contra la madera, cerrando los ojos para respirar hondo.

Necesitaba salir. De inmediato.

Su mirada se posó sobre la cama, donde descansaba un sobre negro con letras plateadas. Era una invitación VIP para la gala anual de la Fundación Helios, un evento exclusivo de la alta sociedad al que había accedido gracias a un pase de cortesía que le había dado un exprofesor de la universidad. En un principio no planeaba ir; odiaba los ambientes pretenciosos, llenos de personas que medían el valor de los demás por el tamaño de sus billeteras. Pero esa noche, cualquier lugar era mejor que su propia realidad.

Treinta minutos después, Ava se contemplaba en el espejo de cuerpo entero. Llevaba un vestido de satén negro, de corte sencillo, pero que se ajustaba con precisión a sus curvas, un escote cuadrado y el cabello castaño recogido en un moño bajo y desenfadado. No llevaba joyas caras, solo su reloj de acero y unos pendientes pequeños. Su maquillaje era sobrio, destacando sus ojos oscuros y su expresión perpetuamente seria. Ella no iba a impresionar a nadie; iba a sobrevivir a la noche.

Salió del apartamento en silencio, esquivando a su madre, que ahora se encontraba encerrada en su propio cuarto de mal humor, y tomó un taxi hacia el distrito financiero de la ciudad.

El hotel Grand Lumine brillaba como una joya de cristal bajo las luces de la noche. El salón principal estaba abarrotado de trajes hechos a la medida, vestidos de diseñador y risas ensayadas que flotaban en el aire junto al aroma del champán costoso. Ava caminó entre la multitud con paso firme, sosteniendo una copa de vino blanco que apenas había probado. Observaba el espectáculo con su habitual escepticismo. Todo allí era una fachada de estatus.

Agobiada por el exceso de perfumes y la música de cámara, decidió buscar un respiro. Siguió un pasillo alfombrado que conducía hacia la terraza este del edificio, un lugar apartado y rodeado de plantas altas que amortiguaban el bullicio del evento.

Al salir, el aire fresco de la noche la recibió como un bálsamo. Se acercó al barandal de cristal, contemplando las luces de los rascacielos que se extendían como un mapa luminoso. Dio un sorbo a su copa, permitiéndose finalmente relajar los hombros.

—Es una vista impresionante, ¿verdad? Aunque un poco monótona si la miras demasiado tiempo.

La voz, profunda, arrastrada y con un toque innegable de picardía, hizo que Ava se tensara de inmediato. Se dio la vuelta con lentitud, recuperando su máscara de indiferencia.

A unos pasos de ella, apoyado contra una columna de mármol, se encontraba un hombre. Era alto, de espaldas anchas que llenaban a la perfección un esmoquin oscuro sin corbata, con el cuello de la camisa ligeramente abierto. Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás de forma un tanto rebelde, y unos ojos claros la observaban con una fijeza que a cualquiera le habría resultado intimidante. Tenía una sonrisa perezosa y una copa de whisky en la mano. Parecía el tipo de hombre que sabía exactamente el efecto que causaba en los demás y disfrutaba cada segundo de ello.

Ava lo recorrió con la mirada, captando al instante el peligro. Era guapo, jodidamente guapo, pero también emanaba el aura de un depredador social. El tipo de hombre que su madre adoraría pescar, lo que automáticamente lo convertía en alguien a quien ella debía evitar.

—A mí me parece una vista bastante funcional —respondió Ava, con voz plana—. Muestra la ciudad tal como es: fría y llena de gente que intenta estar por encima de los demás.

El hombre soltó una carcajada baja, un sonido genuino que contrastaba con las risas falsas del salón. Dio un paso hacia ella, acortando la distancia con una confianza descarada.

—Vaya. Una crítica social en medio de una gala benéfica de millones de dólares. Eso sí que es refrescante —dijo él, deteniéndose a un metro de distancia. La miró de arriba abajo, sin ocultar su apreciación por lo que veía—. Soy Damian, por cierto. Damian Callahan.

El apellido resonó en la mente de Ava. Los Callahan eran los dueños de uno de los conglomerados inmobiliarios y corporativos más poderosos del país. Este hombre era el heredero, el centro de los tabloides de chismes, conocido tanto por su brillantez en los negocios como por su alergia crónica al compromiso y su fama de mujeriego incorregible.

—Ava Vega —se limitó a decir ella, manteniendo la distancia física y emocional.

—Mucho gusto, Ava. ¿Y qué hace una mujer con una mirada tan severa en un lugar tan... hipócrita, según tus propias palabras? —preguntó Damian, ladeando la cabeza con diversión. Le atraía la absoluta falta de interés que ella mostraba. Normalmente, las mujeres en esa fiesta se tropezaban entre sí para llamar su atención, pero Ava lo miraba como si fuera un estorbo en su camino.

—Huía del ruido —respondió ella, mirando de reojo su copa—. Y de las conversaciones triviales.

—Entonces estamos en el mismo bando —dijo Damian, dando un paso más, quedando tan cerca que Ava pudo percibir el aroma a madera y tabaco de su loción—. Mi madre lleva dos horas intentando presentarme a la hija de un banquero para ver si «siento cabeza». Cree que un anillo va a cambiar mi estilo de vida. Y la verdad, prefiero donar la mitad de mis acciones antes que meterme en esa jaula. Los niños y los matrimonios no están en mi contrato de vida.

Ava arqueó una ceja, sintiendo un extraño destello de simpatía ante esa declaración, aunque su rostro permaneció serio.

—Al menos eres honesto con tu egoísmo —comentó ella, con un tono mordaz que a Damian pareció encantarle.

—Siempre. La vida es demasiado corta para vivir bajo las reglas de los demás —Damian bajó la voz, fijando sus ojos claros en los labios de Ava. La tensión entre ambos creció en un segundo, transformándose en una corriente eléctrica que el aire fresco de la noche no lograba enfriar. Habían bebido con moderación, lo suficiente para aflojar las inhibiciones, pero manteniendo el control absoluto de sus sentidos. La atracción era real, cruda y mutua.

Damian dejó su copa sobre una mesa cercana, sin apartar la vista de ella. Se inclinó ligeramente, invadiendo el espacio personal de Ava de una manera que la hizo contener el aliento, aunque se obligó a no retroceder.

—Tú tampoco quieres un compromiso esta noche, ¿verdad, Ava? —preguntó él, con esa sonrisa pícara que prometía de todo menos estabilidad.

Ava lo miró fijamente. Pensó en su madre, en los gritos, en las cuentas, en la asfixia de su rutina diaria. Deseaba un escape. Un momento donde ella fuera la dueña de sus decisiones, sin consecuencias futuras, con un hombre que buscaba exactamente lo mismo: nada.

—No —respondió Ava, con una firmeza que sorprendió incluso a Damian—. No busco promesas, Callahan.

La sonrisa de Damian se ensanchó, volviéndose más intensa, más peligrosa. Extendió una mano hacia ella, invitándola a romper las reglas por una noche.

—Perfecto. Entonces dejemos las palabras y salgamos de aquí.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 5

    Ava había aprendido a esconder muy bien aquello que no quería que nadie descubriera. Sin embargo, nunca imaginó que tendría que ocultar algo tan grande en el fondo de su bolso. Caminó por el pasillo de ejecutivos de Vanguardia Group, manteniendo un paso firme para no delatar la agitación que le oprimía el pecho. Dentro del bolso llevaba el empaque rectangular que había comprado en la farmacia de la esquina hacía veinte minutos.Entró al baño de empleados del ala este, un espacio de mármol gris que a esa hora se encontraba desierto. Una punzada de asco le subió por la garganta. Ava avanzó hacia el último cubículo, atrancó el cerrojo y se apoyó contra la puerta. El nudo que llevaba sintiendo en el estómago desde hacía horas ya no podía confundirse con una simple molestia. Las náuseas habían pasado de ser una sospecha incómoda a convertirse en una certeza que amenazaba su habitual compostura.Con dedos trémulos, rompió el cartón de la caja. Sacó el dispositivo de plástico blanco y repasó

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 4

    El reporte impreso de las proyecciones del trimestre pesaba más de lo normal entre las manos de Ava. Se obligó a mantener la vista sobre las cifras de su computadora, intentando concentrarse en las cuentas para ignorar las náuseas que le revolvían el estómago desde que había llegado a la oficina a las ocho de la mañana. Llevaba una semana entera tratando de convencerse de que el retraso de su período era consecuencia de los veintiún días de estrés, las noches sin dormir y la preocupación constante de adaptarse a su nuevo puesto como Directora de Proyectos en Vanguardia Group. Había estado bajo demasiada presión. Eso debía ser todo. Era lo único que se repetía una y otra vez para no pensar en la posibilidad que llevaba días intentando apartar de su cabeza.—Señorita Vega, el Director Ejecutivo la espera en la oficina presidencial de inmediato. Solicita el desglose de los costos de infraestructura —anunció la secretaria a través del intercomunicador, interrumpiendo sus pensamientos.Tra

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 3

    El sonido de los tacones de Ava contra el mármol pulido del vestíbulo de Vanguardia Group era lo único que ocupaba su cabeza aquella mañana. Habían pasado exactamente tres semanas desde la noche del penthouse y la desastrosa mañana que le siguió. Tres semanas en las que apenas había dormido, dedicando cada minuto libre a enviar currículums y a esquivar las constantes peticiones de dinero de Viviana, quien, de manera casi milagrosa, había conseguido una prórroga para su supuesta deuda después de derramar unas cuantas lágrimas frente al casero.Ava se había jurado que aquel nuevo empleo como Directora de Proyectos Financieros sería su boleto de salida definitivo de aquel apartamento. Su armadura estaba más rígida que nunca. Vestía un traje de sastre gris oscuro perfectamente entallado, llevaba el cabello recogido en un moño impecable y mantenía una expresión de absoluta indiferencia que apenas conseguía esconder el nudo de nervios que tenía en el estómago.—La junta de bienvenida para l

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 2

    Ninguno de los dos había pronunciado una palabra desde que abandonaron el hotel.Ava permanecía sentada en el asiento trasero, con las piernas cruzadas y la mirada fija en las luces de la ciudad que desfilaban al otro lado de la ventana. Damian estaba a su lado, demasiado cerca para que pudiera ignorar su presencia y demasiado callado para que ella encontrara una excusa que justificara mirarlo. El aroma a madera y tabaco de su loción se mezclaba con el cuero del automóvil, mientras el suave rugido del motor llenaba el espacio entre ambos.De vez en cuando, Ava observaba su perfil bajo las luces intermitentes de las avenidas. Sus ojos claros permanecían fijos al frente, como si estuviera tan concentrado en mantener el control como ella en fingir que lo tenía.La tensión que había nacido en la terraza del hotel seguía ahí, creciendo con cada minuto de silencio.El vehículo se detuvo finalmente frente a la imponente estructura de la torre residencial. El chofer abrió la puerta en silenci

  • El Heredero Del Magnate   Capítulo 1

    El reloj de la pared de la cocina no solo marcaba las ocho de la noche; parecía contar los segundos que le quedaban de paciencia. Ava Vega apretó los dientes, manteniendo la vista fija en la taza de café frío que reposaba sobre la mesa de formica gastada. A su lado, el tintineo constante de unas uñas postizas contra el cristal de un teléfono celular se le clavaba directamente en los oídos.—Solo te estoy pidiendo un adelanto, Ava. No es para tanto —dijo Viviana Vega, sin apartar los ojos de la pantalla de su teléfono, donde deslizaba el dedo por un catálogo de ropa de marca—. Además, es una inversión. Si voy bien vestida a la cena de mañana, el señor Martínez se llevará una mejor impresión de mí. Y si a mí me va bien, a ti te irá mejor.Ava soltó una risa seca, sin una pizca de gracia. Se enderezó en la silla de madera y cruzó los brazos sobre el pecho. Tenía veintiséis años, un título universitario en administración que le había costado sudor y lágrimas, y una cuenta bancaria que tem

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status