FAZER LOGIN— Hola, amor... — se acercó a ella y la besó— ¿me extrañaste?
— Con desesperación — puso sus brazos alrededor del cuello de Gonzalo—pensé que te habrías olvidado de mí.
—Nunca, preciosa, nunca.
— ¿Hablaste con tu familia?
— Sí y quieren conocerte.
— ¿Quieren o les exigiste?— le preguntó preocupada— no quiero imponerme ante nadie. En realidad, creo que podrías darles tiempo para...
— Para nada...—le detuvo—van a conocerse y si funciona bien, fenomenal, si no, ya veremos cómo lo resolvemos en el camino. Tendremos una comida familiar y tu estarás allí. Voy a organizarlo todo. Quiero presumirte delante de mi gente.
— ¡Ay, por Dios! ¿No crees que sería mejor uno a uno?— replicó intimidada por lo que podría significar.
— Todos de una vez. ¡No te preocupes por nada! Te van a amar tanto como yo.
— ¡Sí, suéñalo!— suspiró sabiendo que nada iba a ser tan fácil como él sugería.
— Preciosa, no sé tú, pero yo estoy exhausto. Quisiera tomar un baño y cenar algo... ¿te apetece una pizza?
— ¡Me encanta esa idea! Una ducha y pizza...— lo miró sugestiva—¿podríamos compartir ambos.?
— ¡Me encanta cómo funciona tu mente! — la besó apasionadamente y Sofía comenzó a desabotonarle la camisa mientras la guiaba hacia la habitación presuroso.
Sofía se encontraba en su guardia, realmente agotada, porque la emergencia había estado atestada de pacientes. En varias ocasiones quiso tomar un descanso para ir a por un café, pero algo ocurría y no lo lograba. Por enésima vez, le sucedió. Cuando salía de la Emergencia con Ana, las llamaron para que se regresaran, porque llegaban pacientes accidentados.
Las ambulancias llegaron y bajaron a toda prisa a los pacientes, mientras daban la data del reporte a los médicos.
— Accidente automovilístico, dos víctimas, ambos estabilizados —explicaba el paramédico a Sofía— pacientes hombre y mujer, con politraumatismos, la mujer conducía un coche y fue embestida por el hombre en otro vehículo. El hombre, tiene fractura de fémur estabilizada. En la mujer no se observan heridas graves, pero permanece inconsciente. Posible contusión. Hay identificación del hombre. No se encontró en el lugar ningún documento de identidad de la mujer.
— Muy bien. Ana, encárgate del hombre, yo de la mujer — Sofía tomó el reporte que le extendía el paramédico, lo firmó y se lo regresó, mientras los camilleros trasladaban a la paciente a una sala.
Sofía se dirigió allí, y las enfermeras se apartaron para dejarle paso. Al acercarse a la camilla, Sofía daba órdenes a las enfermeras para exámenes y estudios, y luego se volvió a mirar a la paciente. Al principio, no observó su rostro, sino que se concentró en su condición. Le suministró la atención necesaria, y cuando hubo tomado las medidas inmediatas, observó a la joven. Fue cuando se dio cuenta de quién era la chica, y palideció.
— ¡No lo puedo creer... es Lucía! — trató de reponerse de la impresión y fue con Ana María, quien atendía al hombre, y ordenaba que lo llevaran a traumatología para atender la fractura.
— ¡¡¡An!!! ¡Que la chica es la hija de Gonzalo! Sigue inconsciente. Ya ordené una tomografía para descartar daño cerebral. ¡Iré con ella!
— ¡Claro! Yo te cubro.
— Voy a llamar a Gonzalo tan pronto tenga los resultados para tener alguna información para darle. ¡La acompañaré! — llamó a la enfermera— sé quién es la paciente. Su nombre es Lucía Márquez, llamaré a su familia. Voy con ella a Tomografías.
Subió al ascensor junto con los camilleros que llevaban a la paciente. Se ocupó personalmente de que le practicaran todos los exámenes y pudo percatarse de que la chica no había sufrido daños permanentes. La inconsciencia se debía a la contusión. La llevó de nuevo a Urgencias y de allí la condujeron a un cubículo. Fue entonces cuando se dedicó a llamar a Gonzalo.
—Hola Gonzalo... — no sabía cómo comenzar.
— Hola, amor... —la saludó él feliz de escucharla— que raro que llames a esta hora.
— Gonzalo, necesito decirte algo. Antes que todo, no te preocupes, ya todo está bien...
— ¿Qué ocurre, Sofía?
— Se trata de Lucía. Sufrió un accidente y está aquí en Urgencias, pero está bien. Aún está inconsciente. Sufrió una contusión. No debes preocuparte. Estoy con ella y se encuentra fuera de peligro.
— ¡Dios mío! ¡Voy inmediatamente!!
— Muy bien. No te angusties. Por favor, ten cuidado. Te aseguro que no corre ningún riesgo.
— Ya mismo voy a verla— y colgó.
Sofía acercó una silla hasta la cama de Lucía y se sentó. Tomó su muñeca y comprobó el pulso... verificó sus pupilas y esperó. Unos minutos después, la jovencita comenzó a moverse. Sofía se detuvo a su lado y tomó su mano.
— Lucía... —llamó en voz baja y firme— ¿Puedes oírme?— volvió a llamarla— Lucía, trata de abrir los ojos.
La joven intentó abrirlos, pero volvió a cerrarlos por la luz que le molestaba.
— Duele, la cabeza...— pudo decir apenas — ¿Dónde estoy? — susurró
— Estás en el hospital. Sufriste un accidente en tu coche, pero aparte de algunos golpes y un esguince en tu tobillo derecho, no hay nada grave. Tuviste mucha suerte.
Lucía luchó por abrir los ojos pese al intenso dolor de cabeza y miró a Sofía confundida.
— ¿Quién eres tú?— observó a Sofía con los ojos entreabiertos— te conozco...
— Sí, soy Sofía. Conozco a tu padre. Ya le he llamado y está de camino. Trata de descansar. Todo estará bien.
Lucía volvió a cerrar los ojos y Sofía se sentó de nuevo a su lado. Allí permaneció hasta que poco después llegaron Gonzalo y Estela, con los rostros preocupados.
— Todo está bien. No sufrió daños graves. Va a tener dolor de cabeza por unos días y su tobillo deberá permanecer vendado al menos una o dos semanas, pero estará bien... — le explicó Sofía sobria y profesional a los angustiados padres. — Ya se le practicaron todos los estudios necesarios. Sugiero que se quede durante una noche para hacerle seguimiento.
— Gracias, Sofía... fue un susto tremendo. Te lo agradezco mucho— le dijo Gonzalo aún con el rostro pálido.
Estela se apartó un momento del lado de su hija y se acercó a Sofía.
— ¿Doctora, está segura de que mi niña está bien? Sigue dormida.
— Le dimos analgésicos y la contusión puede producir somnolencia, pero puedo asegurarle que se encuentra completamente fuera de peligro. No debe preocuparse. Estará normal en un par de días.
— Muchas gracias, doctora.— su faz se veía sin color y llorosa.
— Estela... — miró a Sofía por un instante sin saber cómo presentarlas— Quiero que conozcas a Sofía. Ella reconoció a Lucía y me llamó.
— Doña Estela... — comenzó diciendo la joven y Estela la detuvo con rostro de sorpresa.
— Llámame Estela. Me alegra conocerte. Lamento que sea en estas circunstancias. No puedo decirte lo agradecida que estoy.
— No hay por qué. Hice mi trabajo— la joven miró a Gonzalo sin saber qué otra cosa decir.
— Es nuestra pequeña. No quiero imaginar lo que habría pasado si nadie la hubiera identificado y estando inconsciente— Estela tomó la mano de Sofía entre las suyas— Gracias, Sofía, gracias.
Lucía movió su cabeza y se quejó, y todos se acercaron a ella. Estela pasó su mano por el rostro de su hija y le habló amorosa.
— Aquí estamos, hijita. Papá y mamá estamos contigo... ¿Cómo te sientes?— Gonzalo la tomó de la mano y también le habló.
— Hola hija. Menudo susto nos has dado... ¡Gracias a Dios estás bien!
Sofía se retiró y salió del cubículo. Fue a la enfermería y dio la orden de trasladar a Lucía a una habitación. Luego se fue con Ana, quien ya había enviado a su paciente a hospitalización.
— Vaya, Sofí, qué manera de conocer a la familia de tu noviosaurio. Tú sí que haces las cosas en grande— pasó su brazo sobre el hombro de Sofía.
— ¡Qué cruel eres, An! – sonrió Sofía y la golpeó en un brazo — ¡Vamos a por un café, por favor!
Dos semanas después, Gonzalo conducía su coche con Sofía a su lado y veía el semblante preocupado de la joven, tomó su mano y le sonrió.
Los jardines de la residencia de Amanda de Márquez, la anciana madre de Gonzalo, se encontraban llenos de familia debido a la invitación de Gonzalo a una recepción informal esa tarde, con la intención de presentarle a Sofía. Sus dos hermanos y sus familias, sus hijos, su ex esposa y su madre, esperaban ansiosos la llegada de Gonzalo y su pareja. Realmente fue una sorpresa para todos el saber que finalmente Gonzalo presentaría a alguien, ya que desde su divorcio, nunca le habían visto con nadie, llevaba una vida privada muy discreta y jamás había llevado a alguien a algún evento familiar.
Al llegar, Gonzalo vio en los ojos de Sofía la aprensión y quiso tranquilizarla cuando entraban al jardín.
— No estés nerviosa, preciosa. Te van a adorar. ¡Estoy seguro!
Sofía suspiró resignada, sabía que no sería tan fácil, pero lo enfrentaría por él.
Al llegar, todos los ojos se volvieron hacia ella. Sofía dibujó en sus labios su mejor sonrisa, se aferró al brazo de Gonzalo y levantó su mentón. La hora de ver de qué estaba hecha, había llegado.
Gonzalo, con rostro orgulloso y sonriente llevó a Sofía hasta el lugar donde se encontraba de pie, con un bastón en su mano, su madre, Amanda. Besó la mejilla de la anciana y le presentó a Sofía.
— Una chica muy joven, Gonzalo— comentó Amanda como único saludo mirando a su hijo.
— Y yo que pensé que no lo notarías sin tus gafas, mamá! — bromeó Gonzalo.
— ¡No seas irrespetuoso... recuerda que soy vieja, pero mi vista está mejor que la tuya, pesado!
— Lo sé, mamá... eres todo un lince.
— Ven aquí, cariño —señaló a Sofía con un dedo— ayúdame a sentarme.
— Mamá, debo presentar a Sofía...
— ¡Tú cállate! Ya la conocerán luego — se volvió hacia Sofía— Lo primero que tienes que aprender es a mantener callado a este pesado. ¡Siempre ha sido un malcriado! — se tomó del brazo de Sofía y la guió a una mesa con sombrilla y se sentaron a la sombra — ¡Oye, alguno de vosotros, traed algo de tomar para nosotras! — gritó. — y bien, cari... háblame de ti —ordenó la anciana que la miraba con ojos que le perforaban el rostro.
— Soy médico residente en prácticas para mi especialidad. Sí, como se ha dado cuenta soy mucho más joven que Gonzalo, tengo 26 años, soltera y amo a su hijo. Lo conocí en su tienda cuando fui a comprar un regalo para mis padres. —Habló resuelta y sin sentirse intimidada por la difícil señora quien hacía preguntas muy personales en cuanto a la relación de su hijo con Sofía manifestando su incredulidad ante la misma.
— Eres una chiquilla muy joven, pero me gustas. Como ya te habrá dicho mi hijo, no estuve de acuerdo con su divorcio. Antes los matrimonios eran verdaderamente hasta que la muerte nos separara aunque tuviésemos que matar a nuestros maridos para salir de ellos, pero ahora las cosas son muy modernas... — carraspeó desdeñosa — Así que se han divorciado y además son los mejores amigos! ¿¡Te lo puedes creer!?— exclamó molesta— de modo que Estela forma parte de esta familia y te guste o no, así seguirá siendo.
— No veo por qué debería molestarme eso. Si funciona para ellos...— se encogió de hombros— ¿Para algo debe servir ser una joven moderna, no lo cree? Igual, yo no tuve nada que ver con ese divorcio.— sonrió la chica.
— Bien, veremos cómo van las cosas. Yo que tú no apostaría todas mis monedas porque Gonzalo no es ninguna mansedumbre.
— No espero que lo sea. Probablemente eso sea lo que más amo de él. Además, creo que usted crio un perfecto caballero.
— Sí, lo es... — miró a su hijo a unos pasos de allí, con mirada de orgullo.— Es mi hijo menor, pero siempre ha sido dueño de sus actos y nada lo ha detenido.
— Pues, mejor para mí — sonrió. Continuaron hablando unos minutos hasta que Gonzalo llegó a su rescate.
— Lo siento, mamá. Los demás también quieren conocer a Sofía. No puedes monopolizarla y quitarles el placer de opinar y meterse en lo que no les importa— sonrió Gonzalo a su madre y tomó a Sofía de la mano.— Vamos amor, todos quieren conocerte.
La llevó al grupo y fue presentándola uno a uno. Para la joven fue un mar de rostros, de los cuales pudo apenas retener algunos nombres. Estaban los dos hermanos mayores de Gonzalo, que eran réplicas de él con algunos años más, las esposas de éstos y los hijos de ambas parejas, y sólo pudo ver que sumaban seis en total, y algunos que ya eran casados, estaban con sus respectivas parejas. Todos le daban la bienvenida, sonrientes y curiosos. Así mismo, la miraban silenciosos y sin darle ninguna bienvenida, Estela y sus hijos, hasta que Gonzalo la llevó hasta ellos y la presentó.
— Sofía, esta es mi familia. Ya conociste a Estela y a Lucía. Él es Armando, mi hijo mayor.
— Hola a todos. Es un placer. ¡Sois una familia enorme! — miró a su alrededor— ¡Que grato veros reunidos!
— Un gusto volver a verte, Sofía. —se adelantó Estela— Espero que no sea incómodo para ti la forma como nos llevamos Gonzalo y yo.
— Oh no, para nada. Es agradable ver que las personas pueden ser civilizadas, para variar en un mundo tan incomprensivo.
—¿Por casualidad habrás visto a mi padre por ahí? Porque este joven presentando a su novia se le parece, pero tengo mis dudas — le tendió una mano amistoso Armando— Os deseo mucha felicidad.
— Eres muy amable — le sonrió Sofía agradecida y apretó la mano de Gonzalo que sostenía la suya.
— Lucía, quisiera disculparme por la forma en que nos conocimos en casa de tu padre.
—¿Querrías caminar conmigo unos minutos? — dijo Lucía— Por favor,— miró a su padre — Sólo te la robaré dos minutos, te lo prometo.
— ¡Dos minutos!— advirtió Gonzalo a su hija con una sonrisa— No se valen mordiscos ni puntapiés.
— ¡Que aburrido eres, papá, y yo pensando que podría divertirme! — le mostró la lengua cariñosa—Tranquilo... hoy vengo con bandera blanca. Ven conmigo, Sofía.
Las chicas caminaron por el enorme jardín lleno de flores, caminerías y sillas de jardín y se alejaron un poco de los demás.
— Sofía, yo también te pido que me disculpes y quiero agradecer lo que has hecho por mí en el hospital. Fui muy torpe el día que te conocí. De verdad no me molestaste tú específicamente sino verte allí. Me sentí muy rara. Mi padre jamás llevó a alguien a casa. A su casa, quiero decir...
— ¿Jamás? ¿Estás segura? Porque yo conocí al menos una persona que me dejó claro que tenía algo con él.
— Evidentemente mi padre tiene una vida privada — hizo un gesto de escalofrío — Pero siempre la mantuvo aparte de nosotros y nunca trajo a alguien con toda la familia. Eso me demuestra que eres alguien importante para él. Verás, no es fácil para mí asumir a mi padre enamorado, pero si él es feliz, es lo más importante. Estoy dispuesta a darte una oportunidad. No quiero ver a mi padre con alguien más, pero no puedo evitarlo.
— Creo que sería lo mejor intentar llevar esto en sana paz. Mi intención no es interferir en vuestra relación y si pudiésemos al menos sobrellevar esto, sería lo mejor. Oye, tampoco es que quiera que me vean como una segunda madre ni nada por el estilo, pero no hay necesidad de estar batallando y me harías mucho más sencillo esto, que no es nada fácil de por sí, porque ya he levantado mucho polvo. Creo que podemos llevarnos bien si lo intentamos.
— Como te he dicho, no es que me caigas mal. Verás, no te estoy extendiendo un cheque en blanco, pero podemos intentarlo. — Lucía sonrió a medias y miró a su padre, que hablaba con sus hermanos — Si papá sufre por tu culpa, no voy a ser buena contigo. Eso lo puedes asegurar.
— Créeme, no tengo la menor intención de que eso suceda. Amo a tu padre, aunque todos consideren esto un error y la más asustada aquí soy yo.
— Y con razón. Ese hombre no es nada fácil de complacer. Volvamos con los demás. ¡Se mueren por saber todo sobre quien logró mover el mundo perfecto de Gonzalo Márquez!
Regresaron a la reunión y momentos después Sofía tenía una copa de vino en las manos y las mujeres la rodeaban preguntando todas a la vez sobre Gonzalo.
La tarde transcurrió y Sofía se descubrió disfrutando las charlas con todos. Eran amables y desenfadados, y lo pasó muy bien, a pensar de las preguntas tan personales que le hacían.
Llegó la noche y cuando fue hora de irse, se despidió de todos con agrado. Se fueron a casa de Gonzalo, pese a que hacía días que estaba en casa de Ana María.
Al llegar, Sofía le contó a Gonzalo que su padre la había llamado porque deseaba hablar con ella.
—Me parece lo correcto. Así como quise que mi familia te conociera, espero que en algún momento, la tuya me acepte. No veo forma de que esto sea aceptado si no me das la oportunidad.
— Creo que mi familia es un poco menos entusiasta que la tuya. En serio, no los veo en franca tertulia sobre esto.
— Pues, habrá que intentarlo — la miró a los ojos y le habló serio— Amor, necesito que tú le des a esto la seriedad que corresponde. Recuerda siempre que yo no quiero una aventura contigo. Quiero que seas mi esposa y por los vientos que soplan, eso se ve lejano en tu mente.
— Gonzalo, amor, debo ser sincera. Siento que el matrimonio es un paso muy serio y no sé si esté preparada para eso. Te amo, pero me da terror pensar en echarlo todo a perder porque no sepa ser una buena esposa.
— ¿Cómo podrías no serlo? Eres perfecta para mí. Sólo soy exigente en cuestiones de fidelidad y lealtad. Es muy importante para mí confiar en la persona que amo. Por lo demás, dime que más podría pedirle a la vida. No espero que seas un ama de casa convencional. No te necesito ni para cocinar, ni asear. Ya tengo quien haga eso para mí. Eres una profesional y espero que mantengas el ritmo de vida que llevas, sólo que sin citas con otros hombres —sonrió y le besó la punta de la nariz — quiero que en esta relación estemos comprometidos al cien por ciento.
— ¿Tanto?— exclamó con actitud horrorizada.
— ¿Esperas menos que eso? — el rostro de Gonzalo se endureció.— Sofía...
— ¡Estoy bromeando, no seas tonto!— se rio y lo abrazó— claro que creo firmemente en la fidelidad. Por eso precisamente me quito de encima a mis compañeros y amigos, porque piensan que todo se vale.
Gonzalo la estrechó contra su cuerpo y se recostó en el sofá. Ambos se quedaron pensativos descansando en un largo abrazo.
Reunidos todos para celebrar el cumpleaños de Gonzalo, en aquel hermoso lugar donde tiempo atrás sorprendieran a Sofía para el suyo, la joven notó en su novio una actitud distante.A pesar de que durante la fiesta él trataba de mostrarse alegre, su mirada no era la de siempre. Tomaba un trago conversando con su hijo, pero miraba a Sofía que saltaba de grupo en grupo, riendo y bromeando con todos. Miraba a la gente a su alrededor y aquello se podría considerar su sueño, pero algo le estaba molestando y tuvo que aceptar que coleccionar otro año, no le resultaba particularmente agradable. Sin embargo, tenía que aceptar que esa preciosa jovencita lo amaba aunque le doblara la edad y debía sentirse feliz y agradecido con la vida por ello. Verla con aquel lindo vestido color perla, sonriendo a todos y de vez en cuando, volteando a verlo con aquellos ojos brillantes le infundía nueva vida a Gonzalo.La observaba con una sonrisa cuando la vió dirigirse al escenario donde tocaba la banda.
Aquel día de diciembre, Sofía caminaba por el boulevard haciendo sus compras navideñas. La nochebuena y la venida de Los Reyes estaban muy cerca y tenía que conseguir los regalos para su familia. Miraba algunas vitrinas sin mucho interés, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, protegiéndolas del frío mientras sus pensamientos divagaban. Cuando levantó la mirada de aquel reloj que le pareció un buen regalo para su hermano Roberto, por un momento pensó que su mente le jugaba una mala pasada al ver reflejada en el cristal la alta figura de pie detrás de ella. Cerró los ojos por un instante y los abrió de nuevo, pero la imagen seguía allí. Con miedo de que fuera su imaginación, se dio la vuelta y se convenció de que era real. Allí, frente a ella, estaba Gonzalo viéndola con aquellos ojos profundos, pero sin el brillo que impactó a Sofía al conocerlo. Estaba tan guapo y elegante como siempre, sin embargo su rostro era una máscara, y unas leves ojeras marcaban sus ojos. — G
Aún le costaba creer que había perdido a Gonzalo, pero la vida debía continuar. Muchas veces se sintió tentada a buscarlo, pero aún no podía aceptar las condiciones que le exigía, de modo que contenía la tentación y los deseos de verlo y seguía adelante.Pese a las protestas de sus padres, tomó la decisión de mudarse sola. Alquiló un pequeño piso no lejos del hospital, que era lo que podía permitirse con su sueldo, porque había comenzado su máster en Neurología y los gastos eran mayores, y aunque sus padres habían ofrecido pagar por algo mejor al darse cuenta de que su mudanza era inminente, ella se negó a aceptarlo. Su independencia comenzaba allí.Era un lugar muy agradable, con una vista no muy ancha pero hermosa, hacia un gran parque. Sólo constaba de una habitación con baño y un espacio que juntaba salón, comedor y cocina, pero para ella eso era más que suficiente. Le gustaba llegar allí cuando venía cansada del trabajo, y encerrarse en su escondite del mundo, como lo llamaba Ana
Los meses pasaban y Sofía llegó a sentir que vivía más tiempo con Gonzalo que en su casa.— ¡Buenas noches, preciosa! Le sonrió Gonzalo al verla llegar arrastrando su maletín, exhausta.— ¡Por favor, dime que sigo en el mundo de los vivos!— se abrazó al pecho de Gonzalo.— Sí, amor, sigues aquí, con nosotros.¿Qué te parece si tomas un baño caliente, te llevo una copa de vino, y te doy un delicioso masaje?— Uhmmmm! eso suena como el paraíso. Te tomo la palabra, te espero en el jacuzzi...— dijo con voz provocativa y caminó hacia la habitación.Más tarde, esa noche, abrazados en la cama, Sofía le comentó a Gonzalo que debía ir a su casa a por más ropa y cosas que estaba necesitando.— ¿Y si te lo traes todo y mudas conmigo? Además, le darás un gusto a tus padres de verte formalizar aún más nuestra relación.— No voy a hacer algo sólo por darle gusto a nadie. Así estamos muy bien.— Si esa es tu decisión, te apoyo. No te niego que me gustaría que vivieras conmigo.— Ya lo veremos un poc
Sofía miró el anillo que le ofrecía Gonzalo y las palabras no salían de su boca. Sentía un nudo en su garganta que no le permitía hablar. Un torbellino de emociones se agolpaba en su pecho, y no le dejaban respirar.— Sofía... ¿vas a darme una respuesta? — preguntó angustiado ante la actitud de la joven, hasta que finalmente Sofía logró articular palabras.— Gonzalo... no me esperaba esto. Es tan repentino. — decía ofuscada.— ¿Y cuál es tu respuesta, Sofía?Sofía levantó sus grandes ojos con una mirada desesperada y miró a Gonzalo.— Cariño, te amo, no tengo duda de eso, pero...— Pero, no quieres casarte conmigo... ¿Sofía, por qué te cuesta tanto aceptar? Si estás segura de lo que sientes y hemos luchado para estar juntos.— Y podemos estar juntos, pero no hace falta que estemos casados para eso... no quiero presiones en mi vida.— Pero yo necesito que te comprometas en esta relación.— No hace falta estar casados para estar comprometidos. Yo te amo, Gonzalo, pero no quiero sentirme
— Señorita Montemayor — dijo la voz de Adolfo como único saludo cuando Sofía atendió su teléfono.— Su Señoría— dijo Sofía sin inmutarse ante el tono formal de su padre.— ¿Serías tan amable de comer conmigo esta noche?— recordó Adolfo la sugerencia de Gonzalo y decidió dejar la ceremonia a un lado.— ¿Es una invitación normal o me estás llevando con engaños a mi juicio?— Quiero verte, hija. Necesitamos hablar sobre lo que ocurre — dijo con calma.— Papá —se sintió confundida con el tono conciliador de su padre —Me encantará verte, pero...— Prometo escucharte sin juzgarte, hija.— En ese caso, cuando quieras.— ¿Te parece esta noche? Puedo pasar por ti al hospital.— Me parece perfecto, te espero cuando termine mi jornada.— Entonces, es una cita.— Si, papá, una cita ¡Te espero! ¡Ah, papá!— lo detuvo antes de que cortara la llamada —Te quiero mucho.— Y yo a ti, Sofía—la chica no pudo ver la sonrisa de afecto que cubrió el rostro de su padre.Al terminar de hablar con Adolfo, le







