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Capítulo 6

last update Data de publicação: 2022-11-24 00:57:29

Gonzalo respiró profundo y se volvió a mirar a las chicas una a una. Sonrió ampliamente y fue hasta su hija, quien estaba más cerca de él, le dio un beso al rostro inmóvil de Lucía y la saludó con afecto, pero su hija no le correspondió. Luego fue hasta Sofía y la besó muy brevemente en los labios, para sorpresa de ambas.

— ¡Qué bonita sorpresa encontrarlas a ambas aquí! — colocó su maleta en un rincón y se volvió a mirarlas. —Me alegra que se hayan conocido.  Cariño... —miró a Sofía— estoy feliz de verte por fin. ¡Fue una semana muy larga! — fue hasta el bar y se sirvió un trago y les ofreció algo de tomar a las mujeres, a lo cual ambas declinaron, mirándolo sin saber qué hacer al verlo a él tan sereno ante la incómoda situación. Fue Lucía quien rompió el silencio.

— ¿Papá, puedes explicarme que significa esto?- le preguntó evidentemente molesta con la actitud natural de Gonzalo.

—¿Qué debo explicarte, cariño?— le preguntó con tono conciliador — Creo que todo está claro.

— ¿Cómo te atreves a decir eso? ¡Llego a casa y encuentro a esta...—la miró con desprecio—   esta señorita... aquí, en estas fachas! Y se supone que es lo normal.— reclamó casi histérica.

— Sí, es normal que Sofía esté aquí, tenemos una relación y...

— ¡Eso es evidente!—exclamó señalando a Sofía—¡¿Pero por qué la traes a casa?! —chilló- ¡Eso es una falta de respeto con tu familia!

— Habrás querido decir "a mi casa". Escúchame bien, Lucía, necesito que entiendas que esta es mi casa y aquí vendrá quien yo decida,  además de que, como te dije...— se acercó a Sofía y pasó su brazo sobre sus hombros— Sofía y yo tenemos una relación y lo lógico es que venga a casa,  en la cual todos podemos llevarnos bien.

No pudo seguir hablando porque Lucía chilló furiosa.

— ¿Llevarnos bien? ¡¡¡¿¿Con tu ramera??!!!— le gritó a su padre y fue justo cuando Sofía consideró que debía dejarlos solos y se fue a la habitación a vestirse. Miró a Gonzalo sin hablar y se fue. Era preferible que lo discutieran a solas.

Cuando salía escuchó a Gonzalo reprender a su hija.

— ¡Lucía, no voy a tolerar faltas de respeto hacia Sofía. Mi intención es que se conozcan y traten de congeniar, pero no permitiré que vuelvas a hablarle de esa manera. Espero que lo comprendas y te disculpes con ella por esa expresión tan soez y vulgar!— le reclamó con voz firme y calmada

— ¿Congeniar? ¿Cómo crees, papá? ¿No te das cuenta del ridículo que estás haciendo? ¡Estás loco si piensas que voy a disculparme! ¡Primero muerta! Jamás habías traído a casa a una mujer, y menos a una tan joven! ¡Esa tía puede ser tu hija! ¿No te das cuenta?— le gritó enfurecida— ¿Qué te pasa, papá? ¡Obsérvate! Ni en mil años habría podido imaginar que caerías tan bajo.

— Basta, Lucía,  no voy a permitir que me hables de esa manera. Te recuerdo que soy tu padre y te exijo un mínimo de respeto por eso y porque estás ofendiendo a otra persona. La relación que existe entre Sofía y yo no es de la incumbencia de nadie más. Como mi hija, y porque te amo, espero que me comprendas pero debes saber que no necesito tu aprobación,  preferiría sin duda que pudiéramos tener al menos respeto entre nosotros, porque todos forman parte de mi vida, pero el que tú no la aceptes, no tiene que afectar nuestra relación. Sofía es ahora parte de los que me importan, aún nos estamos conociendo, pero está en mi vida y espero que sea para quedarse.  Si a alguien no le parece, quisiera que tengan presente que es mi decisión y que esto sólo terminaría si Sofía o yo lo decidimos así. Por supuesto que si no hubiera conflictos sería mucho mejor, pero eso no va a influir para que renuncie a mi felicidad, si Sofía es quien me va a dar esa felicidad, ni tu opinión ni la de nadie más me va a importar.

— ¿Es decir que escoges a esa mujer por encima de tu familia?— reclamó airada

—No estoy escogiendo a nadie,  sólo estoy dejando claro lo que significa cada uno para mí.

Sofía volvió a la sala completamente vestida y se detuvo a cierta distancia, pero Gonzalo se acercó a ella y la tomó de la mano.

— Lucía, estoy enamorado de Sofía, y quisiera que si no les gusta la relación entre nosotros y no están dispuestos a tratar de vivir en armonía, cuando menos mantengan el respeto que siempre les inculcamos su madre y yo.  Esta siempre será tu casa y eres bienvenida cuando lo desees, pero deberás aceptar que Sofía estará aquí también, con todo el derecho que le da nuestra relación.  Quizás poco a poco, al conocerse, descubran que tienen cosas en común.

—¿ Como la edad, por ejemplo?— le espetó insolente Lucía deseando molestarlos a ambos, sin embargo, Gonzalo mantuvo la calma.

—Sí, por ejemplo. Eso podría hacer que se entiendan mejor,  no tiene por qué ser motivo de discusión pero depende de ti si vas a contribuir con mi felicidad o si vas a ser un obstáculo. Piénsalo y toma una decisión,  lo que decidas, te prometo respetarlo y no espero menos de ti porque te conozco y sé que te levantamos con principios y valores de respeto hacia los demás y a ti misma.

— Papá ¿Me estás pidiendo que vea como algo normal que salgas con chicas de mi edad? ¿Te das cuenta de lo que eso significa? ¿Qué le voy a decir a la gente? "Sé que parecemos hermanas, pero es la novia de mi papá"... es absurdo.

—Nadie debe opinar en lo que hago con mi vida, sin embargo, lo que ustedes mi familia inmediata,  siente, me afecta, mas no va a influir en nuestra relación. Lo que le dirás a quienes se entrometan en lo que no les incumbe  dependerá exclusivamente de ti. Por ahora, necesito refrescarme, estoy cansado. Sofía y yo vamos a comer algo, sería grato que nos acompañases.

— No, gracias, papá, debo procesar esto.  Voy a casa.

—Entonces serás bienvenida cuando lo desees—se acercó a ella, besó su frente y la abrazó. Lucía aún se resistía a aceptar esa locura de su padre, pero recibió el afecto de Gonzalo y lo abrazó.

—No estoy de acuerdo con esto, papá— acotó.

— Es tu derecho, sé que esto afecta a todos de alguna manera y comprendo su renuencia pero eso no va a cambiar lo que siento por Sofía. Y  si no logramos conciliar nuestras vidas, pues las viviremos por separado. Ustedes son mis hijos y son, como le dije a Sofía, lo que más amo,  pero son afectos diferentes que tanto ustedes como Sofía deberán aceptar y si les importa mi felicidad, respetarán el lugar de cada uno en mi vida. Ojalá alguna vez logren al menos congeniar y aceptarse.

— ¿Y qué hay de mamá? ¿Cómo queda ella?

— No entiendo por qué lo preguntas. Estamos divorciados, somos personas adultas y nos respetamos mucho, somos sus padres  y siempre estaremos en contacto no sólo porque vosotros existís sino porque entre vuestra madre y yo existe aún un genuino afecto de amigos.

—¿Qué va a pensar ella cuando sepa de "esto"?

— Ya lo sabe. - respondió con toda calma Gonzalo y la respuesta tomó por sorpresa a ambas mujeres y las dos lo miraron azoradas— Estela sabe de mi relación con Sofía,  estuvimos hablando en casa.

— ¿Y cómo lo tomó?— interrogó incrédula la hija.

— Mucho mejor que tú. Puedes hablar con ella cuando lo desees, por ahora, voy a darme una ducha. Te amo, hija,  insisto en que serás más que bienvenida a quedarte.

— En otro momento, papá— aún no salía de su asombro con lo último que dijo su padre— Me voy— miró las llaves en su mano y se las ofreció a su padre— Supongo que ya no debo tener esto.

 —Consérvalas, aquí puedes venir cuando lo desees, sólo que ya no estaré solo y sería estupendo que por cortesía con Sofía nos avises cuando decidas venir, pero te aseguro que siempre nos va a agradar tenerte aquí y a tu hermano.

Lucía se dio la vuelta para dirigirse al ascensor y Gonzalo le habló afectuoso:

— Nadie va a ocupar tu lugar,  sabes lo importante que eres para mí.

Lucía se detuvo al escucharlo y se volvió a mirarlo

— Te amo, papá.— se acercó al hombre y poniéndose de puntillas le dio un beso a su padre— pero no puedo con esto, no por ahora.

— Cuando desees hablarlo, sabes que siempre voy a escucharte. Aquí sigues teniendo tu habitación cuando la quieras. Que estés bien—la besó en ambas mejillas— Saluda a tu madre,  dile a tu hermano que espero verlo pronto.

La chica se volvió hacia Sofía y tras una última mirada se marchó.

Tan pronto se cerró el ascensor, Sofía se sentó en el sofá. Sus piernas temblaban. Había demasiadas emociones en su mente en ese instante. Sentía un remolino en su cabeza y Gonzalo se sentó a su lado al verla turbada.

— No temas nada, preciosa, todo saldrá bien.

— Cariño, por nada del mundo hubiera querido que esto ocurriese de esta manera, no quiero ser la causa de problemas con tu familia.

— Todos deben entender que ahora eres parte de mi vida.

—¿Lo soy?—le preguntó ansiosa— ¿Qué soy para ti, Gonzalo?

— Eres un hermoso regalo que me está dando la vida, mi amor. Quiero que seas parte de mi vida siempre. Estoy perdidamente enamorado de ti, Sofía.

— Yo también me enamoré de ti, cariño,  como una colegiala. Me produces una sensación tan especial. ¡Y  pensar que se supone que íbamos a conocernos,  a ver qué ocurre... !

— Nos estamos conociendo, y esto apenas comienza, ambos sabemos que no va a ser sencillo.

— ¿Crees que lograremos hacer que funcione?

- No lo sé,  sólo puedo asegurarte que todo lo que sea necesario, lo voy a hacer. Estoy apostándolo todo a esta relación.

— ¡Gonzalo, eres tan maravilloso! —lo abrazó y lo besó apasionadamente —lucharemos juntos por esto,  porque no se trata sólo de los demás, sino de nosotros mismos. Hay tanto por aprender uno del otro.

— Así va a ser, preciosa. Lo lograremos,  y si no, al menos nos divertiremos mucho en el intento— sonrió tranquilo y besó los labios entreabiertos de la chica— Por favor, permíteme ir a refrescarme un poco, el día ha sido infinito.

—Anda...mientras veré qué hay en el refrigerador y prepararé algo para comer. No prometo nada gourmet,  hago excelentes suturas, pero no llego muy lejos en la cocina. Mi especialidad es la pizza, soy una experta pidiéndolas a domicilio.

—Haz lo que prefieras, amor mío, pide algo si lo deseas. No es necesario que cocines si no quieres,  en el cajón hay varios menús, pide lo que más te apetezca. A mí me da igual lo que escojas— se levantó y se fue a su habitación.

Sofía se fue a la cocina, y revisó la nevera y alacena. No había mucho dónde escoger pero si vio vegetales y algunos filetes de pescado, y se decidió por una ensalada ligera con pescado. Se puso a trabajar y cuando Gonzalo regresó vestido con un vaquero y camiseta ya tenía la mesa servida. Al volverse y verlo tan informal y fresco, sintió una puntada de deseo en el pecho.

— Espero que te guste lo que hice. No es mucho, pero mal no quedó del todo.

Se sentaron a la mesa y comieron conversando animados. Al terminar Gonzalo puso la cafetera a funcionar y Sofía sacó algo de fruta fresca y quesos. Tomaron el postre con vino y luego se sirvieron café y se llevaron las tazas al salón. Se acurrucaron en el sofá. Gonzalo puso a sonar un disco y se dedicaron a escuchar la música abrazados en silencio.

— Me gusta esto, Gonzalo, realmente me gusta. Me siento tan bien contigo, amor.

—Y yo contigo, princesa, creo que el proceso de adaptarnos va muy bien.

— Pero falta mucho aún.—suspiró preocupada— Hay tanto por enfrentar, tenemos muchas pruebas por superar.

— Lo haremos, mi amor, no te preocupes.

— Me preocupa que la relación con tu hija se vea afectada.

— Como dije, todo dependerá de ella.— tomó el rostro de Sofía entre sus manos. —voy a defender esto que nace entre nosotros,  por encima de quien sea. Lo último que podría desear sería tener conflictos con mis hijos,  pero si es necesario...

—Ni lo digas, por favor, no podría perdonarme ser la culpable de que pierdas esa relación tan fabulosa que tienes con tu hija. Noté el respeto y la confianza con la que se hablan.  Mi padre es juez, y en casa todo se ha tratado siempre como si fuera su corte,  nos queremos, es cierto, pero no tenemos la confianza para hablar con franqueza sin sentir que nos van a acusar de desacato— bajó la mirada a sus pies — Amo a mis padres, pero ser tan diferente a todos ellos, me ha traído más de un conflicto, son todos tan formales. Toda mi vida he tenido la sensación de que requería un abogado defensor hasta cuando me daban las calificaciones del colegio,  se nos ha exigido ser perfectos siempre. Soy la única que toma a la ligera la actitud de mi familia, fue necesario que aprendiera a estar firme en mis decisiones,  de no ser así, ya hace rato que habría sufrido un episodio psicótico. Cariño... ¿esto se va a poner feo, verdad?

— Yo voy a estar para apoyarte siempre, mi amor, saldremos adelante.

— No quiero, pero debo irme. Tú también debes estar agotado. Ya querrás irte a dormir.

— Sí, lo estoy,  déjame que te lleve a tu casa.

Sofía se acurrucó en los brazos de Gonzalo.

—Me siento tan cómoda en tus brazos. No quiero salir de ellos—se quejó haciendo pucheros.

—No tienes que hacerlo,  podemos dormir abrazados.

— Yo... Gonzalo... no sé...— titubeó buscando las palabras

— No, por favor, no confundas mi ofrecimiento. En serio sólo hablo de dormir, te dije que nunca voy a presionarte para nada y lo cumpliré.

—Quiero quedarme, no quiero que salgas tan tarde y cansado como estás. Yo podría dormir en el sofá,  igual, mañana no tengo guardia.

— Mi amor, no podría permitir que duermas en el sofá. Hay más habitaciones aquí. Podrías usar las de mis hijos, o podrías dormir en mi cama conmigo,  te aseguro que puedo controlarme perfectamente por mucho que te desee. También me gustaría pasar la noche entre tus brazos pero no te sientas obligada a nada. Y podría dejarte en tu casa cuando vaya a la tienda.

— Voy a dormir contigo, amor. Bueno,  dormir,  sólo eso— balbuceó — Aún no me siento preparada para nada más ¿Puedes comprenderme, verdad, Gonzalo?— preguntó suplicante—No soy una mojigata ni santurrona, sólo no quiero cruzar ese límite aún.

—Seré un perfecto caballero— le sonrió y le pellizcó la nariz — Vamos a buscarte algo para ponerte.

Se fueron abrazados hasta la habitación.

—En la habitación de Lucía debe haber algo que te vaya bien para dormir.

— No, por piedad —se estremeció— No quisiera abusar, cualquier camiseta tuya servirá.

Gonzalo le señaló un armario con el dedo.

—Allí encontrarás lo que necesites. ¿te gustaría un té caliente?

— Eso suena delicioso.

Gonzalo salió para permitir que se cambiara de ropa y fue a la cocina. Al volver, ya Sofía vestía una camiseta que le iba enorme, pero se sentía comodísima y se encontraba sentada en la cama. Gonzalo traía dos tazas humeantes y le entregó una a la joven. Colocó la suya sobre la mesilla de noche y entró al servicio. Unos minutos después, salió con el pantalón de un pijama.

La miró disculpándose por no llevar la parte superior y revolvió un cajón buscando el resto del pijama.

— Lo siento,  sólo acostumbro usar el pantalón y no tenía ningún pijama completo en el baño.

Sofía quiso responderle algo, pero sentía un nudo en la garganta al ver su cuerpo en todo su esplendor. Sus brazos, que eran fuertes aunque no musculosos, su pecho firme con poco vello, su vientre plano, marcado, su trasero tan bien formado y sexy, la dejaron sin palabras. El corazón de la chica comenzó a latir acelerado y comenzó a preguntarse si habría cometido un error al quedarse.

"¡Dios mío! Ese no es el cuerpo de alguien de su edad... Cómo voy a dormir junto a él sin desear tocarlo...si ese pecho está simplemente hecho para dormir sobre él. "—se preguntaba ansiosa.

— No te preocupes por eso. No me importa que no lo uses.

—¿Segura? En verdad odio dormir con pijama completo pero...

— Ven aquí, Gonzalo, toma tu té y vamos a dormir— apartó las sábanas para que se acostara. —     ¿Qué lado usas normalmente?

— Escoge tú, mi amor.

—No seas condescendiente, es tu cama y debes estar acostumbrado a un lado. A mí me da por completo igual, después de años de guardias nocturnas, durmiendo donde sea que quepa, soy capaz de dormir hasta de pie. Dime dónde duermes y yo caeré muerta al lado. Según parece no suelo roncar, así que no debería molestarte mucho.

Gonzalo se subió a la cama por el lado derecho y la miró sonriente mientras la veía entrar por el lado contrario y meterse bajo las sábanas.

—No existe posibilidad de que me molestes, tenerte justo aquí es como un sueño hecho realidad. Ven aquí —  tiró de su cuerpo y la estrechó contra su pecho y sintió que la chica se estremecía.

— Abrázame fuerte, Gonzalo, no me sueltes nunca más— le rogó sintiendo nuevamente que estaba justo donde pertenecía — No me apartes de tu pecho jamás.

—Jamás te soltaré — estiró su brazo y apagó la luz desde la mesita y volvió a abrazarla, se cubrieron con las sábanas y guardaron silencio. Sólo se escuchaban sus respiraciones y así se quedaron dormidos.

La mañana los encontró abrazados, y fue el roce de los labios de Gonzalo en su frente, lo que despertó a Sofía. Abrió los ojos y encontró los de Gonzalo mirándola embelesado.

— Estoy en el paraíso,  no tengo dudas — la besó de nuevo en la frente— Morí y fui al cielo,  sólo así puedo despertar con un ángel entre mis brazos.— la estrechó de nuevo y se volvió a acomodar en la cama.

—Pero hay que levantarse, no queda de otra.

— No quiero, soy el dueño de la tienda y puedo llegar cuando quiera.

— Pero yo si tengo cosas pendientes. Mañana es la fiesta de mis padres y me toca terminar de organizar todo. Hay un millón de cosas por hacer aún.

— Ya la entrega de tu regalo está arreglada.

— Gonzalo...— comenzó a decir Sofía — ¿Crees que podrías venir a la fiesta conmigo? —preguntó sin saber si debería.

— No lo creo,  me gustaría estar contigo siempre, pero considero que una celebración familiar merece respeto y sabemos lo que va a ocurrir si me aparezco allí. Además de que si fuera mi hija quien estuviera en la situación que tenemos, esperaría que ese caballero tuviera, al menos, la decencia de hablar conmigo antes de dejar caer una bomba así en público.

—Tienes razón,  no debí pedírtelo.

— Tú puedes pedir lo que quieras, mi amor,  pero echar a perder la fiesta de tus padres no es la mejor forma de comenzar una relación con tu familia. Creo que deberías hablar con ellos antes de que me conozcan para apaciguar las llamas antes de que caiga el combustible.

—Tienes razón. Siempre la tienes. ¡Ahora, a levantarse! Hay que salir de la cama— la chica saltó de la cama y comenzó a tirar de Gonzalo para que saliera de entre las sábanas.

— Usa el baño primero, preciosa... yo iré luego— se levantó y fue a la cocina donde puso a funcionar la cafetera. También sacó pan de la alacena y preparó pan tostado, colocó en una bandeja algunas mermeladas y quesos suaves, un par de tazas de café, leche y azúcar, servilletas y llevó todo a la habitación. Entró justo cuando Sofía salía del baño completamente vestida.

— ¡Definitivamente eres perfecta! Te arreglas rápidamente y además tienes el raro don de la puntualidad— ambos se sentaron en la cama como unos chiquillos y comieron entre risas.

— ¿Podría acostumbrarme a esto, sabes?— bromeó Sofía.

— Generalmente no soy muy agradable por las mañanas. Odio levantarme temprano y tener que salir inmediatamente,  pero la vida me obligó a luchar duro desde muy joven. Así que ahora ya es un hábito — le pasó a Sofía un pan tostado untado —Pero amanecer contigo en mis brazos sí que hizo una diferencia — se levantó de la cama — Voy a vestirme para llevarte a casa— le dio un ligero beso en los labios y se fue al servicio. Sofía tomó la bandeja y la llevó a la cocina. Lavó los platos mientras Gonzalo salía.

— No tienes que hacer eso, mi amor—dijo a sus espaldas cuando llegó por fin, completamente vestido con un traje azul impecable — Ahora viene Emma, quien se encarga de todo aquí, luego la conocerás.

—No es nada ¿Estás listo? Yo sí lo estoy.

Lo miró en su elegancia y se preguntaba cómo había ocurrido todo eso que le estaba cambiando la vida...

— Vamos, entonces— cogió la mochila de Sofía y se fueron abrazados hasta el ascensor.

Cuando iban en el coche, Sofía guió a Gonzalo hasta su casa, que resultó una imponente mansión moderna, un poco exagerada para el gusto de la chica. Sofía abrió el portón principal con el mando que traía en su mochila y Gonzalo entró por el sendero que llevaba directo a la entrada principal. Allí detuvo el coche y se iba a bajar para ayudar a Sofía a hacerlo, pero la chica lo atajó.

—No hace falta, ve a tu trabajo a ganar el pan, o el vino, en tu caso —bromeó — Hoy trataré de hablar con mis padres sobre nosotros, no quiero andar ocultándome como si estuviera haciendo algo indebido.

— Indebido como tal no lo es,  pero tampoco es lo más adecuado—suspiró Gonzalo—trato de pensar en lo que yo sentiría si se tratase de Lucía y no me gusta lo que se me viene a la cabeza.

—Pero les guste o no, lo tendrán que aceptar.

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Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Estibali
Me encanta Gonzalo y Sofía como manejan su relación
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