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Verdades no dichas

Penulis: Ana Ohan
last update Tanggal publikasi: 2026-01-04 20:21:20

¿¿Como qué? ¿Presentar a Amanda como qué? —preguntó Rowán.

—Como tu novia, por supuesto —respondió Jacob como si estuviera haciendo una pregunta de la que ya tenía la respuesta.

—Pero ella no es mi novia —exclamó Rowán.

—Entonces hazla una —dijo Johnny.

—O pídele que actúe como una. Es así de simple —añadió Jacob.

—¿Y el embarazo? —preguntó Rowán, insistiendo.

Johnny y Jacob intercambiaron miradas. —Creo que ahí dije algo que no debía —susurró Johnny. Ambos permanecieron en silencio. —Ahora no van a hablar —suspiró Rowán con frustración.

—Si vas a pedirle que finja ser tu novia, también puedes pedirle que finja estar embarazada —explicó Jacob.

—¡Exacto! Es así de fácil —afirmó Johnny—, pero antes de pedirle que haga eso por ti, por favor discúlpate por lo que hiciste.

—Yo estoy de acuerdo con eso —dijo Jacob, levantando la mano.

Rowán asintió en señal de acuerdo. —Veamos cómo funciona eso.

—Ahora al negocio del día. Es viernes y vamos a festejar a lo grande —dijo Jacob, balanceándose al ritmo de sus palabras.

Rowán puso los ojos en blanco. —No hay manera de que salga de esta casa.

—Oh, venimos preparados. No tienes que salir —Johnny sacó botellas de dos vinos diferentes de una bolsa de papel que había estado junto a sus piernas todo el tiempo—. Lo que falta son las luces multicolores —añadió en broma.

Rowán se unió a las risas. —Puedo ayudarlos con eso. —Todos rieron.

---

Al día siguiente, Amanda esperaba al conductor de Rowán. No tenía la intención de ir al trabajo en su coche después de lo que había dicho el día anterior, enojada. Pero de algún modo esperaba que el conductor apareciera.

El conductor no apareció hasta que ella salió de la casa rumbo al trabajo. «Probablemente no esperaba que viniera a trabajar después de lo que pasó ayer», pensó Amanda.

Cuando llegó a la oficina, había un murmullo de susurros y miradas de reojo mientras Amanda entraba.

—Soy todo un tema de conversación —murmuró. Ya estaba acostumbrada a que la gente chismeara sobre ella desde que trabajaba en el hotel.

Ignorando las miradas persistentes y los susurros, Amanda caminó directo a su oficina. Cuando Rowán llegó, actuó como si no hubiera pasado nada.

—Hola, Amanda. No esperaba verte en el trabajo hoy —dijo, sonriendo con timidez.

Amanda estaba a punto de responder cuando él volvió a hablar. —Ya que estás aquí, por favor envíame mi agenda de hoy. —No esperó a escuchar su respuesta antes de entrar a su oficina.

Eso solo sirvió para alimentar la ira de Amanda. Al menos había esperado una conversación o un intento de abordar lo ocurrido la noche anterior.

—¿Por qué estoy siquiera enojada? —se preguntó Amanda, con la voz audible.

—¿Enojada por qué? —preguntó Belinda. Amanda estaba tan perdida en sus pensamientos que no notó cuando entró.

—Enojada porque entraste a mi oficina sin tocar —le espetó Amanda a Belinda.

Esta puso los ojos en blanco. —No estoy aquí por ti. Voy a la oficina de Rowán —respondió Belinda.

—Entonces, por favor, ocúpate de tus asuntos —replicó Amanda y se concentró en su portátil. Belinda bufó y se fue hacia la oficina de Rowán. En poco tiempo, salió. Amanda la vio, pero apartó la mirada de inmediato.

—Sabes —comenzó Belinda—, si esto es por lo que pasó ayer, no creo que debas estar enojada.

—¿Y por qué no debería estarlo? —preguntó Amanda, con los ojos aún fijos en la pantalla de su portátil.

—Ya quedaste reivindicada y yo recibí el castigo por ello —replicó Belinda.

—Recibiste el castigo por lo que hiciste —replicó Amanda también.

—¿Por lo que hice? —Belinda volvió a poner los ojos en blanco—. ¡Fue un error! —continuó casi de inmediato.

—¿Entonces debería decirte gracias por intentar hacer que ese error pareciera mío? —Belinda no respondió, así que Amanda continuó—. Disculpa, por favor, tengo cosas mejores que hacer con mi tiempo. —Belinda captó la indirecta. Salió de la oficina sin decir una palabra más.

La jornada laboral finalmente llegó a su fin. Todo parecía normal, excepto la química de siempre, que estaba ausente.

En casa, Amanda solo se estaba quejando con su madre sobre lo que había pasado con Rowán. No mencionó que él se enfadó porque ella no lo dejó entrar, pero sí permitió que Wills entrara en su casa. Estaba cansada por todo lo que había pasado durante el día y simplemente se durmió.

—¿Por qué no lo dejaste entrar? Dijo que quería saludarme. Además, pensé que dijiste que te gustaba —preguntó la señora Roberts.

—Nunca dije que me gustara —protestó Amanda.

—¿Entonces no te gusta? —insistió su madre.

—Claro que sí. Me gusta mucho, pero nunca te dije que me gustara —se aclaró Amanda.

—Bueno, ahora ya lo has dicho. Así que volvamos a lo que estábamos hablando. ¿Por qué no lo dejaste entrar? —continuó la señora Roberts.

La mirada de Amanda se fijó en su madre como si esperara que dijera algo. —Mamá, ¿me preguntas porque no lo sabes? Si lo dejo entrar, ¿no verá a los niños? Definitivamente hará preguntas. ¿Qué le diré entonces?

La señora Roberts pareció sorprendida. —¿Él no sabe de los niños? —preguntó.

—¡Mamá! ¿No me dijiste que no mencionara que tengo hijos cuando quería postularme para el trabajo? ¿Cómo iba a saberlo? Nadie en el trabajo lo sabe —replicó Amanda.

—Sí, recuerdo que dije eso. Pero ustedes dos se acercaron y han estado muy cerca por cuánto tiempo ya, ¿tres años? ¿Y nunca lo mencionaste? —dijo su madre, preocupada.

Amanda suspiró. —Como dije, mamá, nadie en el trabajo, incluido Rowán, sabe que tengo hijos. Cuatro hijos.

La señora Roberts también suspiró. —Es lo que es. ¿Qué quieres hacer ahora?

—Mamá, sinceramente no lo sé. Ni siquiera me está diciendo nada. Actuó como si nada de eso hubiera pasado y cada vez que nuestra conversación se desvía del trabajo, rápidamente me vuelve a encarrilar.

El silencio se apoderó del ambiente por casi un minuto antes de que Amanda volviera a hablar. —Estoy pensando en una forma de evitar que venga aquí de todos modos.

—Eso no parece una buena idea —respondió su madre. Su voz era tenue.

—¿Entonces qué sugieres que haga? —preguntó Amanda, frustrada.

—¿Por qué no hablas con él? Cuéntale sobre tus hijos. Así sabrás qué pasa después, o ¿qué piensas? —sugirió la señora Roberts.

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