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Capítulo 5

작가: Anatory
last update 게시일: 2026-10-01 06:23:25

«Debería haberlo matado hace mucho, a ese hijo de puta. Dejarlo pudrirse como los demás. Joder, si llega a tocar uno solo de tus cabellos...» Se detiene en seco, tirando la chaqueta sobre el sillón con una violencia que hace temblar el escritorio. Luego, sus ojos verdes por fin se posan en mí, y algo cambia. La furia se atenúa ligeramente, sustituida por una calma forzada. Exhala largo, apoyándose contra su escritorio.

«Amanda», dice con voz más suave, casi sorprendido. «No es nada. Solo una... altercado.» Rebuscа en un cajón lateral, saca un botiquín de primeros auxilios gastado  vendas, desinfectante, gasas . Pero antes de que tenga tiempo de abrirlo, me acerco, movida por un instinto que ni yo misma entiendo. Siempre he sido así: servicial, empática, incluso con quienes no lo merecen. Mis compañeras de piso me lo reprochan a menudo «Amanda, deja de arreglar a todo el mundo», pero aquí es más fuerte que yo.

«Déjeme ver», digo tendiéndole la mano hacia el botiquín. Él arquea una ceja, pero me deja cogerlo. En vez de devolvérselo, lo abro sobre el escritorio y saco un algodón empapado en desinfectante. «Siéntese. Podría infectarse.»

Duda, luego se sienta en el borde de su escritorio, dejándome acercarme. Empiezo por la sien, tamponando la herida con suavidad. La sangre seca se borra, revelando un corte limpio ¿cuchillo? ¿puño?. No me atrevo a preguntar. Cameron me mira hacer, en silencio, con su aliento cálido rozándome la muñeca. Luego, con voz baja, casi susurrada:

«No deberías preocuparte por mí, Amanda. Si no, podría pensar que te gusto... y permitirme cosas que ni siquiera imaginas.»

Las palabras me dejan helada en el sitio. Una sensación eléctrica me recorre el cuerpo, como una corriente cálida que parte de mi nuca y baja a lo largo de la espina dorsal. Sus ojos verdes se hunden en los míos, intensos, posesivos, como si ya me estuviera desnudando con la mirada. Siento las mejillas encenderse, avergonzada, expuesta. No es deseo todavía no, sino una confusión ardiente que me aprieta el estómago. Intento cambiar de tema, rápido, para romper el momento. «Yo... tengo que desinfectarle las manos también. Si no, podría empeorar.»

Me arrodillo ligeramente para alcanzar sus manos, apoyadas sobre las rodillas, tamponando los nudillos despellejados. El contacto es clínico, pero íntimo sus dedos fuertes, callosos, contrastando con mi piel suave. Me deja hacer un instante, luego su mano libre se posa bajo mi mentón, alzándome la cara con suavidad hacia él. «Mírame, Amanda.»

Obedezco, atrapada por su mirada. «¿Qué ves? ¿Un vulgar matón de poca monta? ¿Un hombre que se pelea en callejones oscuros para sobrevivir?»

Su voz es ronca, cargada de una vulnerabilidad fugaz bajo la fachada dura. Dudo, con la garganta apretada. «Eh... no. No exactamente.»

Sonríe, una sonrisa fría pero teñida de diversión. «¿Crees que estos arañazos pueden aniquilarme? ¿Que soy débil porque sangro?»

«No», murmuro, sincera a pesar de mí. Es todo menos débil.

«Entonces, ¿qué buscas, Amanda?» Sus dedos rozan mi mejilla, un gesto casi tierno que hace saltar mi corazón. No sé por qué ¿miedo? ¿curiosidad? ¿algo más primitivo?. Siento mi pulso acelerarse, un calor difuso subiéndome por dentro, pero no tengo tiempo de analizarlo.

La puerta se abre en ese preciso instante. Elena entra, con una carpeta gruesa bajo el brazo. «Señor Black, aquí están los documentos que pidió. Y hay una urgencia: lo reclaman en el club inmediatamente.» Deposita la carpeta sobre el escritorio, lanzándome una mirada discreta pero curiosa sigo de rodillas con las vendas en la mano. Luego se va, cerrando la puerta sin una palabra más.

El momento se rompe. Cameron se levanta de un salto, agarrando su chaqueta. «Tengo que irme.» Me mira una última vez, intenso, antes de salir como una exhalación.

Me quedo sola, todavía de rodillas, con el corazón latiéndome. Poco a poco, me incorporo, guardando el botiquín. Mi mirada cae sobre la carpeta que Elena ha dejado: etiquetada «CONFIDENCIAL» en letras rojas mayúsculas. Está ahí, abierta sobre el escritorio, con páginas visibles nombres, cifras, direcciones que parecen anodinas a primera vista, pero que podrían esconder más. Una idea o más bien un impulso me atraviesa la mente. ¿Y si fisgoneara? Después de todo, estoy sola en el despacho. El contenido de esos documentos podría darme más información sobre la situación. Acepté este contrato por miedo, pero no soy tonta. Sé que cuanto más sepa, más posibilidades tengo de salir de esto. De entender qué pasa realmente en Black Industries. De encontrar quizá una salida.

Pero el riesgo es enorme. Cameron podría volver en cualquier momento. Elena también. ¿Y si me sorprenden?

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