تسجيل الدخولCuatro años después.—Adrian… Adrian.Abrió los ojos al escuchar la voz de una mujer y, por un segundo roto, creyó que por fin había vuelto a uno de esos sueños.Se giró hacia ella y hundió el rostro en su cuello.—Scarlett —susurró, el nombre deshaciéndosele en la boca.La mujer a su lado se quedó inmóvil un instante antes de relajarse.Luego, un brazo marcado por cicatrices rodeó su espalda y lo acarició una, dos veces, como si calmara a un niño y no a un hombre mucho más peligroso.Era Vivian.Después de Chicago, Adrian nunca logró dejarla del todo.La tenía en un apartamento que él pagaba, rodeada de seguridad que él llamaba protección, aunque cualquiera lo habría llamado encierro.Bebía ahí, dormía ahí, la usaba cuando estaba demasiado borracho, demasiado drogado o demasiado desesperado para pasar la noche solo con sus propios pensamientos.Casi siempre la llamaba Scarlett.Al principio, Vivian se resistió. Después intentó adaptarse. Al final, entendió lo que mujeres c
—Scarlett, lo siento —dijo Vivian de pronto, girándose hacia mí con lágrimas en los ojos—. Por favor, no culpes a Adrian por todo. Yo fui la que insistió. Después de que te fuiste, bebía todas las noches. No podía dejar de hablar de ti. Él...—Basta —dije.Ella se quedó paralizada.—Lo que haya pasado entre ustedes dos —dije— no fue un accidente, y tampoco fue un malentendido. Nadie los obligó a meterse en la cama a punta de pistola.Me di la vuelta para irme.Adrian dio un paso tras de mí.—Scarlett, hace meses que no tengo nada con ella. No sabía que vendría aquí. No le pedí que me siguiera.No había terminado de decirlo cuando Vivian se dobló de repente por el dolor.—Adrian… —se llevó las manos al vientre y tuvo una arcada tan fuerte que se le llenaron los ojos de lágrimas—. Tengo un retraso de dos meses. Creo… creo que podría estar embarazada.Adrian se quedó inmóvil.Luego su rostro se endureció, feo y furioso.—Cuida lo que dices —dijo—. Ese bebé no es mío.Vivian l
Lo vi apenas salí del vestíbulo.Parecía haber envejecido demasiado en solo un año. Más delgado, más tosco, con el rostro mas desuidado. El viento le había enrojecido la piel, y la nieve se acumulaba sobre su abrigo oscuro y sus pestañas.Pero nada de eso me conmovió como lo habría hecho antes.—Di lo que viniste a decir —le dije—. Y rápido. No necesito una disculpa. Tengo cosas que hacer.Un destello de inseguridad pasó por sus ojos.—Vine para pedirte que regreses —dijo—. No sabía que Vivian te estaba enviando esas cosas. Las fotos, los mensajes, la grabación. Te lo juro, Scarlett, no lo sabía.Lo miré un momento.—Que lo supieras o no no cambia lo que hiciste.Entonces fruncí el ceño.—¿Por qué sonríes?Porque estaba sonriendo.Una sonrisa real, rota en los bordes, pero con un alivio imposible de ocultar.—Porque me estás hablando —dijo—. ¿Sabes lo que significa? Que todavía te importo lo suficiente como para que te enojes.Casi me reí.—Adrian, organicé un funeral en
Un año después.El asistente de Adrian tocó tres veces antes de intentar abrir la puerta.No hubo respuesta.El asunto era bastante urgente, así que entró de todos modos.Lo primero que percibió fue el olor.Whisky, sudor, sexo rancio y un olor metálico a sangre que no pudo ubicar de inmediato.Dio un paso dentro del dormitorio del penthouse, vio lo que pasaba en la cama y giró el rostro bruscamente hacia la pared.Adrian estaba medio borracho y medio desnudo, inclinado sobre Vivian con los ojos cerrados, una mano enredada en su cabello.—Scarlett —murmuró contra su cuello—. Scarlett… te amo.La piel de Vivian tenía marcas moradas y azules donde él la había agarrado. Al ver al asistente la rabia se le notó en la cara, pero aun así intentó mantener la compostura.—¿Qué ocurre?El asistente tragó saliva.—Señor… la encontramos.Eso lo hizo reaccionar más rápido que cualquier bofetada.Se levantó tan de golpe que Vivian soltó un quejido de dolor debajo de él.—¿Dónde?Solo e
Cuando lograron controlar el fuego, la mansión de la boda no era más que una estructura quemada.Primero encontraron los restos de la decoración. Candelabros derretidos. Hierros retorcidos. Lirios quemados pegados al mármol como huesos.Luego, medio enterrado bajo las cenizas cerca de la parte alta de la escalera, Adrian vio un trozo de papel que, de alguna manera, había sobrevivido.Se agachó y lo recogió con los dedos temblorosos.Era solo una esquina, quemada por dos lados. Pero reconoció la letra de inmediato.La primera carta que le había escrito a Scarlett.Recordó habérsela dado años atrás, antes del dinero, antes del poder, antes de que la gente empezara a verlo como un hombre peligroso. Ella se había reído al recibirla y le había dicho que la escondería en un lugar que solo ella conocería.—Y si algún día te dejo verla de nuevo, Adrian, significará que ya no te amo.En ese momento, él la besó y le dijo que ese día nunca llegaría.Ahora estaba de pie entre las ruinas d
A las cuatro de la tarde, una fila de autos de boda negros se detuvo frente a la mansión. Adrian fue el primero en bajar, con un traje negro a medida, impecable, con el escudo plateado de los DeLuca en el pecho.Vivian bajó a su lado, con el vestido que debía ser mío, con una emoción que apenas podía disimular.Adrian había elegido esa propiedad él mismo. Una villa de piedra con vista al Hudson, lo bastante grande para impresionar a la vieja élite y lo bastante costosa para hacer que medio Manhattan sintiera envidia.Pero en cuanto levantó la mirada, algo no encajaba.No había música.No había personal esperando en la entrada.Ningún florista moviéndose de un lado a otro. Ningún organizador de bodas con una carpeta en la mano. No había voces. No había movimiento.Toda la mansión estaba envuelta en un silencio tan profundo que parecía intencional.Desde donde estaba, al pie de las escaleras, Adrian podía ver las telas negras colgando dentro del vestíbulo a través de las puertas







