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El error de elegir a la equivocada
El error de elegir a la equivocada
Author: Asteria

Capítulo 1

Author: Asteria
No fue hasta tres días antes de la boda que Giovanni y Carina finalmente regresaron a Suiza. Su primo y algunos amigos se habían reunido en la mansión para darles una pequeña bienvenida.

Al llegar a la mansión, Carina entró cargando una maleta llena de regalos. Casi todos recibieron algo: puros premium, vino tinto añejado, relojes de bolsillo de edición limitada...

Sí, todos recibieron algo. Todos… menos yo.

—Estos son los pendientes con gemas rosas que Giovanni eligió para mí —dijo con una sonrisa mientras desempacaba—. Son increíbles.

Me lanzó una mirada presumida antes de tomar un collar de perlas.

—Y este también. Dijo que las perlas me hacen ver muy elegante.

Luego sacó con cuidado una camiseta firmada por Messi, y sus ojos brillaron de felicidad.

—Giovanni movió cielo y tierra para conseguirme su autógrafo. Sin él, jamás en la vida habría podido estar tan cerca de mi ídolo.

Eso me recordó que, el año anterior, le había pedido a Giovanni que me consiguiera una invitación para una exposición de arte patrocinada por un tío lejano suyo. Tenía un asunto importante que resolver allí. Sin embargo, él me dijo que las entradas estaban agotadas y que no podía hacer nada para ayudarme.

—No te preocupes —dijo mientras me acariciaba la cabeza—. Solo es una exposición de arte. No es nada importante.

Comparada con Messi, aquella exposición no era nada. Así que, sencillamente, no había estado dispuesto a esforzarse por mí.

—Por cierto, Giovanni, ¿no trajiste nada para Bianca? —intervino en ese momento el primo de Giovanni, con una sonrisa.

—A Bianca nunca le han gustado esas baratijas. No tiene sentido desperdiciar el dinero —respondió Giovanni con naturalidad, sin el menor rastro de incomodidad.

Bajé la mirada y solté una risita. Así que… comprarme un regalo era desperdiciar el dinero.

—Es cierto —asintió su primo. Sus palabras eran una indirecta clara indirecta—. Bianca siempre ha sido así, como si nada le gustara de verdad. En cambio, a Carina siempre le han encantado esas cosas nuevas y divertidas desde pequeña.

La familia y los amigos de Giovanni nunca me habían aceptado del todo. Pensaban que era demasiado fría y que no sabía cómo ganármelos. Para ellos, no era como Carina, que había crecido con ellos, que sabía hacerse la adorable y hablaba con una dulzura digna de un ruiseñor.

Pero, sobre todo, me consideraban ¡una inútil!

De no haber sido por nuestro romance universitario, una chica común como yo jamás habría llegado a comprometerse con él.

Giovanni era el heredero italoamericano de la poderosa y cada vez más influyente familia criminal Vitale, y también era uno de los candidatos más fuertes para convertirse en el próximo Don.

Solo me habían tolerado porque él había insistido.

—No perteneces a esta familia mafiosa. Te devorarán viva, con huesos y todo. Así que compórtate —solía decirme Carina en privado.

Sin embargo, pese a sus amenazas privadas, delante de los demás siempre se mostraba delicada y digna de lástima. Por eso, cada vez que ella y yo teníamos un conflicto, todos me miraban con impaciencia, como si estuvieran a un segundo de arrojarme a los tiburones.

Al principio, Giovanni siempre estaba de mi lado. Cuando me trataban de manera injusta, alzaba la voz por mí y me defendía frente a todos. Incluso, era capaz de atravesar media Europa solo para comprar una pieza artesanal de vidrio que yo hubiera mencionado de pasada, o regalarme el gatito que había criado durante tres años.

—Bianca, fui yo quien te arrastró a nuestro mundo, así que haré todo lo que esté en mis manos para protegerte —me dijo una vez, tomándome de la mano.

En aquel entonces, de verdad me ponía por encima de todo. Por eso, sin importar cuántos prejuicios y burlas tuviera que soportar, permanecí firmemente a su lado.

Pero, en algún momento, comenzó a ver como algo normal que Carina se comportara de manera coqueta con él y comenzó a aceptar los prejuicios de su familia contra mí, así como también aceptó que, cada vez que alguien debía salir herido, esa persona fuera yo.

Todos alzaron sus copas entre risas, como si yo fuera una extraña que estuviera allí por error.

—Giovanni, sobre la boda dentro de tres días, hay algo que quiero... —comencé a decir.

Sin embargo, Carina gritó de repente, interrumpiéndome.

—¡Giovanni!

Se había pinchado la yema de un dedo con un broche, mientras desenvolvía uno de los regalos, y una diminuta gota de sangre roja y brillante brotó de su piel.

—No te muevas —repuso Giovanni, corriendo hacia ella sin pensarlo.

Le tomó la mano y examinó la herida con cuidado, mientras los sirvientes se apresuraban a buscar el botiquín de primeros auxilios.

—Rápido, detengan el sangrado.

En un instante, todos se agolparon a su alrededor para desinfectarle la herida y consolarla, como si hubiera sufrido una grave lesión.

Y, una vez más, me volví invisible.
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