ログインSophia no se fue después de escuchar esas palabras. No gritó. No tiró nada. No lo cacheteó. No hizo una escena como las que a menudo veía en las películas.
En cambio, simplemente se quedó allí en silencio mientras la verdad consumía lentamente la poca esperanza que le quedaba.
"Ya no sé si te amo".
Las palabras resonaban en su mente una y otra vez como un disco rayado. Como una maldición que se negaba a dejarla ir.
Miró a Adrian. El hombre que una vez prometió amarla para siempre. El hombre que una vez juró que nunca la lastimaría. El hombre que una vez la trató como si fuera su mundo entero.
Era casi gracioso porque ahora, ella no parecía más que una extraña en sus ojos. Una risa suave escapó de sus labios. Negó un poco con la cabeza. Fue entonces cuando Adrian frunció el ceño.
"Sophia—"
"No."
Él se quedó en silencio de inmediato. Probablemente era la primera vez en todo su matrimonio que ella no lo dejaba hablar y tal vez él no lo esperaba. Ella agarró el borde del escritorio, no porque fuera débil, sino porque sentía que sus rodillas podían fallar en cualquier momento. Sentía como si toda su fuerza hubiera desaparecido.
Le dolía el pecho y lo sentía apretado y pesado. Como si pudiera caerse en cualquier segundo.
"¿Cuánto tiempo llevas intentando dejarme?" preguntó directamente.
La pregunta claramente tomó a Adrian por sorpresa. Su expresión se congeló y no respondió de inmediato, y eso fue suficiente.
Ella ya sabía que había pasado mucho tiempo. Él quería salir de su matrimonio desde hace mucho tiempo. Quería ser libre de ella desde hace mucho tiempo.
Ella era la única que aguantaba. La única que peleaba. La única que todavía estaba enamorada. Mientras que Adrian ya se había rendido.
Dejó escapar un respiro lento y asintió para sí misma. Como si finalmente estuviera aceptando algo que había estado evitando por años.
Se mordió el labio.
"Está bien".
Los ojos de Adrian se abrieron un poco.
"¿Está bien?" repitió él.
Ella asintió. ¿Qué más podía hacer?
"Está bien".
Y por primera vez en mucho tiempo, sintió una extraña sensación de paz. Dolía terriblemente, pero al menos finalmente sabía la verdad. Sentía que se había estado ahogando por años y solo ahora había logrado respirar.
"Sabes", dijo suavemente, "solía pensar que había algo mal en mí".
Adrian se quedó en silencio. Simplemente la miraba. Sin palabras, ni emoción, ni siquiera lástima.
"De verdad creía eso". Una sonrisa triste apareció en su cara. "Pensé que ya no era lo suficientemente bonita. Pensé que no era suficiente. Pensé que me faltaba algo".
Las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas. Cada palabra se sentía como un peso que se levantaba de su pecho.
Adrian bajó la mirada y ni siquiera podía mirarla bien, pero a ella ya no le importaba.
Ya no le importaría y no era fácil.
Todavía lo amaba, pero si ese amor ya no era suficiente, no había nada más que pudiera hacer.
"Por eso seguía llorando. Por eso seguía culpándome. Por eso, sin importar lo que hiciera, nunca volviste a mí".
Ella respiró profundo.
"Porque el problema nunca fui yo".
El silencio llenó la habitación una vez más y, por primera vez desde que descubrió la infidelidad, sintió que una parte de ella regresaba.
La parte de Sophia que había perdido mientras intentaba salvar un matrimonio que estaba muerto desde hace mucho tiempo.
"Tienes razón".
Adrian la miró y frunció un poco el ceño.
"¿Sobre qué?"
Ella lo miró a los ojos. Lo miró por varios momentos largos antes de darle una sonrisa. Probablemente era la sonrisa más triste que Adrian había visto en ella.
"Tal vez de verdad ya no me amas".
Por un momento, parecía que quería decir algo, pero ella no lo dejó.
"No te preocupes".
Su voz era suave, aunque hizo su mejor esfuerzo para sonar más fuerte.
"Ya no te voy a obligar".
Y finalmente, dijo las palabras que debió haber dicho hace mucho tiempo.
Esa noche, Sophia durmió sin lágrimas por primera vez. No porque estuviera feliz y no porque estuviera bien. Sino porque simplemente estaba demasiado agotada para seguir llorando.
Se sentó en el borde de la cama, mirando una foto de ella y Adrian. Era su foto de bodas. Fue tomada hace siete años.
Estaban sonriendo en la foto y cualquiera podía ver lo felices que habían sido. Lo llenos de sueños que estaban.
Tocó suavemente el marco. Como si tuviera miedo de romperlo. Justo como Adrian los había roto a ellos. Una sola lágrima rodó por su mejilla y tal vez sería la última lágrima que derramaría por él.
"Adiós".
La palabra salió como un susurro. Apenas se escuchaba. Pero lo suficientemente fuerte para que su propio corazón la escuchara. Luego volvió a poner la foto en el cajón y lo cerró.
Como cerrar un capítulo de su vida.
A la mañana siguiente, Sophia despertó con una decisión. No rogaría. Ya no lo perseguiría. No preguntaría por qué. Y nunca le rogaría a nadie que la amara otra vez. Había terminado de darle más oportunidades a Adrian.
Después de bañarse y vestirse, agarró su teléfono. Había un número que había guardado por mucho tiempo.
Un número que esperaba no necesitar nunca, pero ese día finalmente había llegado. Presionó el botón de llamar. Después de sonar unas veces, alguien respondió.
"¿Hola?"
Sophia respiró profundo. Tal vez este era el momento que había estado esperando. El momento en que finalmente se eligió a sí misma. No había nada malo en eso.
"¿Abogado Reyes?"
"¿Sí?"
Ella cerró los ojos un momento. Sabía que lo que estaba a punto de hacer sería difícil, pero también sabía que era necesario.
"Me gustaría empezar los trámites de divorcio".
Hubo un breve silencio. Luego escuchó la voz profesional del abogado.
"Por supuesto, señora Gonzaga. Podemos agendar una reunión hoy".
Sophia asintió, aunque el abogado no podía verla.
"Gracias".
Después de terminar la llamada, se quedó de pie junto a la ventana. No lloró y no tembló. Y no cambió de opinión.
Solo sabía una cosa. Por primera vez en años, estaba haciendo algo por sí misma. Y a pesar del dolor, sintió algo que no había sentido en mucho tiempo.
Libertad.
Al otro lado de la ciudad, Adrian no tenía idea de que su esposa acababa de llamar a un abogado. No tenía idea de que Sophia ya había empezado el proceso para terminar su matrimonio. No sabía que ella había dejado de elegirlo, porque al fin había aprendido a elegirse a sí misma.
Y para cuando Adrian se diera cuenta... tal vez ya sería demasiado tarde.
Si alguien le hubiera dicho a Sophia antes que llegaría el día en que Adrian casi se desmayaría en la sala de partos mientras era ella quien estaba dando a luz... Se habría reído y habría dicho que era imposible, pero aquí estaban y de alguna manera...Eso era exactamente lo que estaba pasando. La verdad, Adrian se veía más estresado que ella."A-Adrian..."Sophia se agarró el estómago cuando otra fuerte contracción la golpeó. Cerró los ojos con fuerza y se apoyó en la barra de la cocina, obligándose a respirar. Ya había contado hasta diez varias veces como el doctor le había dicho.No ayudó en nada. Si acaso, el dolor solo empeoró."Oh, Dios...", exclamó. "Duele muchísimo..."Ella misma estaba casi lista para desmayarse. Un ruido fuerte resonó de repente en la cocina. Sophia abrió los ojos rápido. Se dio vuelta y vio el vaso que Adrian había estado sosteniendo tirado en el piso en pedazos.Se había roto. En cuanto a su esposo, se veía más pálido que un fantasma. Incluso a través del
A veces...La felicidad llega cuando dejas de buscarla. Llega cuando ya no la estás esperando. Llega cuando menos te lo esperas. Y quisieras admitirlo o no, Sophia quería darle una lección a su versión más joven por no haber entendido eso antes.Por tantos años, sintió que había pasado toda su vida peleando. Peleó por su amor. Peleó por su confianza. Peleó por su matrimonio. Peleó por su familia.Sobre todo, peleó por Adrian. Había peleado por él tantas veces que ya había perdido la cuenta.A veces hasta bromeaba con ella misma diciendo que su esposo tenía una suscripción ilimitada a los problemas, y que ella nunca podía dejar de pelear por él. Hubo días en los que creyó que nada bueno pasaría después de todo lo que habían sufrido. Hubo noches en las que lloró hasta quedarse dormida, preguntándose si alguna vez sería suficiente.Preguntándose si algún día llegaría el momento en que pudieran ser felices juntos de verdad. Preguntándose si alguna vez se convertirían en una familia comple
Sophia no sabía cuánto tiempo se quedó ahí, mirando a Adrian. Los dos miraron hacia abajo a los papeles de divorcio. El único sonido que ella podía escuchar era el latido rápido de su propio corazón. Cada vez que sus ojos caían en los papeles, el enojo crecía dentro de ella.No quería nada más que quemarlos. El pensamiento de que todo entre ellos podría terminar con una sola firma... No podía soportarlo. Sentía que iba a perder la cabeza. Adrian se quedó de pie en silencio frente a ella. No dijo ni una sola palabra.Lentamente, una pequeña sonrisa apareció en los labios de Sophia. No.No iba a dejar que unos pedazos de papel destruyeran su matrimonio. Levantó los documentos lentamente y movió la cabeza."Sophia..." llamó Adrian en voz baja.Pero ella no lo dejó terminar. Con manos temblorosas, tomó la primera página. Luego la segunda. Luego la última.Antes de que Adrian pudiera entender lo que estaba haciendo... rompió los papeles por la mitad. Los ojos de Adrian se abrieron mucho."
Sophia no pudo responder de inmediato. Se quedó parada en medio de la sala, todavía sosteniendo los papeles de divorcio. Ni siquiera sabía si quería romperlos o seguir aferrándose a ellos.A unos pasos de ella, Adrian estaba en silencio. No dijo ni una palabra más después de sacar todo lo que pesaba en su corazón. Ninguno de los dos habló. Pero el silencio entre ellos era más fuerte que cualquier discusión.Era el tipo de silencio que nadie querría vivir. La mente de Sophia estaba llena de muchísimos pensamientos. Quería rogarle. Quería decirle que peleara por su matrimonio. Quería decirle que no la dejara ir. Quería que él la abrazara y le dijera que el divorcio no era la respuesta a todo el dolor por el que habían pasado.Sí, ella había sido muy lastimada antes y tal vez ella también había cometido errores. Tal vez debió haber peleado más por su matrimonio en lugar de rendirse. Tal vez no debió haber pasado algo tan doloroso para que ellos encontraran el camino de regreso al otro.T
Adrian no habló de inmediato. Se quedó de pie cerca de la puerta principal, en silencio y sin moverse. Era como si estuviera aterrorizado de que una palabra equivocada destruyera por completo lo que quedaba entre ellos.Sophia se quedó en el sofá. Los papeles de divorcio todavía descansaban en sus piernas. Sus manos todavía temblaban. Por más que intentaba calmarse, no podía. Sentía como si la vida a la que se había acostumbrado se estuviera escapando poco a poco de sus manos.Por fin, Adrian tomó un respiro profundo y asintió un poco. Parecía que se estaba obligando a aceptar algo. Como si estuviera intentando tragar un dolor que no quería irse."¿Ya los firmaste?", preguntó en voz baja, con una voz vacía y sin vida.Sophia no respondió y solo lo miró. No había ni una pequeña sonrisa en su cara. Sus ojos no tenían calor ni emoción, pero de alguna manera, eso dolía aún más.Ella conocía a Adrian. Y sabía que siempre que él hablaba así, significaba que estaba escondiendo sus verdaderos
Ya era mediodía ese día, y toda la casa estaba en silencio.Sophia estaba sentada en la sala con un libro de bolsillo en las manos. Estaba abierto, pero no había pasado ni una sola página por casi diez minutos. Sus ojos se quedaban en la misma línea una y otra vez, sin poder avanzar.No podía concentrarse. Su mente estaba inquieta, llena de demasiados pensamientos que ya no podía entender.Unos momentos después, su teléfono sonó.Miró la pantalla, y por alguna razón, el sonido hizo que su corazón saltara. Lo contestó y vio que el mensaje era de la secretaria de Adrian.Buenas tardes, Ma'am Sophia. Sir Adrian me pidió que le entregue algo en persona.Sophia frunció el ceño. ¿Entregar algo? ¿Por qué Adrian no se lo dio él mismo?Antes de poder responder, sonó el timbre. Su corazón latió un poco más rápido. No sabía por qué, pero un escalofrío extraño bajó lentamente por su cuello.Se levantó despacio y caminó hacia la puerta principal. Cuando la abrió, la secretaria de Adrian estaba afu







