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El implacable CEO se niega a darme el divorcio
El implacable CEO se niega a darme el divorcio
作者: Svaqq16

Capítulo 1

作者: Svaqq16
last update 公開日: 2026-09-10 12:00:37

—Entonces eso soy para ti, Daniel, mercancía, un objeto que puedes usar para pagar tus deudas —Abigail encaró a su hermano y apretó los puños con rabia contenida.

Daniel Loreto sonrió con burla.

—¿De verdad, Abigail? —la miró de arriba abajo con evidente desdén—. ¿En serio me vas a decir que no te hice un favor al ofrecerte en matrimonio con Lucas? Todos nuestros conocidos saben de tu tonta obsesión por él.

—¿Obsesión? No sé de qué hablas —ella se aclaró la garganta, con un nudo amargo en las cuerdas vocales. ¿Tan obvia fue todo este tiempo?

—Por favor, hermanita, soy tu hermano mayor. A mí no me puedes ocultar que te morías por una pizca de atención de Lucas.

—Pero… esa no era la manera. ¡Que me entregaras como a un trozo de carne!

—Ya, Abigail, no finjas conmigo. ¿Crees que no sé que cuando se trata de Lucas Rinaldi vas por ahí con tu carita de mosca muerta, dispuesta a besarle los zapatos… y otras cosas? —Daniel arrugó la nariz en un gesto desagradable.

Abigail, harta y exhausta de su hermano mayor, no lo dudó más y le propinó una bofetada rotunda, tan fuerte que la palma de la mano le quedó caliente y adolorida. El hombre que juró protegerla en el lecho de muerte de su padre ahora la había vendido a Lucas Rinaldi para saldar sus deudas de juego.

Daniel se masajeó la mejilla enrojecida. Y sin pensarlo dos veces, le devolvió la bofetada con furia.

—¡Soy tu hermano mayor, respétame!

Abigail aspiró el aire frío por la boca, con la cara ardiendo por el impacto.

—Si mi padre te viera, estarías avergonzado de ti.

—Y de ti, una estúpida sin dignidad, de seguro estaría muy contento —gruñó Daniel con desprecio.

Abigail dio media vuelta y abandonó esa casa de inmediato. El lugar que durante muchos años significó un refugio cálido, ahora solo representaba un puñado de recuerdos vacíos.

Sin más, Abigail se subió al auto de lujo conducido por el chófer de Lucas Rinaldi. Mejor dicho, de su esposo.

Aquella persona a quien conoció cuando ella apenas tenía doce años, el mejor amigo de su hermano. El mismo hombre por quien, al cumplir los quince, supo que se había enamorado profundamente.

Un amor trágico, destinado al fracaso desde el inicio.

Había logrado casarse con él, ¿pero a qué costo?

Lucas Rinaldi era un empresario prominente, heredero de un enorme imperio y dueño de una mirada esmeralda e impenetrable. Para la gente a su alrededor, resultaba un hombre tan frío que hacía temblar a cualquiera con su sola presencia.

Pero ella sabía que Lucas Rinaldi era mucho más que esa fachada. No era un demonio de las finanzas, como muchos lo llamaban. En el pasado se mostró gentil, respetuoso, un hombre paciente que sabía escuchar. Le apasionaba montar a caballo y proteger al más débil.

Y sobre todo, continuaba perdidamente enamorado de su exnovia, la despampanante modelo Sofía Arzate.

Esa misma mujer que le fue infiel con uno de sus socios más cercanos.

«Tú eres la sustituta de esa mujer», se recordó Abigail con amargura en el pecho.

Tal como se lo gritó el propio Lucas Rinaldi la noche anterior, en la sala de su casa, tras aceptar unir sus vidas frente al altar.

También se lo refregó en la cara Sofía Arzate a las afueras de la recepción de la boda, ataviada con un hermoso vestido blanco bien entallado que marcaba sus curvas, y con su sedoso cabello rubio recogido en una trenza impecable.

—Eres una estúpida, Abigail. Lucas me ama a mí. ¡Él es mío! —le había dicho con veneno.

Y ante tales verdades, Abigail quedó petrificada en el sitio. Al menos Lucas Rinaldi le dio su lugar en ese instante y corrió a esa mujer de la celebración.

Una acción de la que seguramente él se arrepentía en este momento.

Porque cuando él la llevó a su mansión y la presentó ante el personal como su legítima esposa, Abigail albergó la pequeña esperanza de compartir la alcoba, como naturalmente hacen los recién casados.

Sin embargo, la espantosa noticia no tardó en llegar.

Sofía Arzate sufrió un aparatoso accidente de coche.

—Usted aparece como el contacto de emergencia en su cartilla médica. Es urgente. La señorita Arzate está muy mal —informó la voz al otro lado de la línea.

Esas palabras del personal del hospital bastaron para que Lucas Rinaldi saliera a toda prisa en busca de su primer amor.

Y Abigail, aferrada a la ilusión de que algún día podría obtener un poco de su afecto, le suplicó entre lágrimas que no se fuera.

—Lucas… no, esto es… Nosotros nos acabamos de casar. Tú…

—Sofía está internada por un accidente de coche y tú piensas en esta miserable noche de bodas. De verdad, ya veo que Daniel y tú son igual de egoístas —escupió él con una mezcla de rabia y desprecio—. Entiende una cosa: yo no te amo. Si me casé contigo fue únicamente porque necesitaba una esposa sumisa y tu hermano necesitaba pagarme una deuda millonaria.

Abigail abrió la boca, en shock absoluto, incapaz de dar crédito a las palabras tan crueles que salían de la boca de Lucas Rinaldi, su flamante esposo.

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    Al día siguiente, Abigail asistió a su turno en el hospital con el cuerpo adolorido y la mente sumergida en una marea de pensamientos confusos. La noche anterior permanecía viva en su memoria, un recordatorio constante de la debilidad de su carne ante Lucas Rinaldi. Frente al espejo del vestidor, a la hora de arreglarse antes de iniciar la jornada, tomó el corrector y la base de maquillaje para cubrir con minucioso cuidado las sombras moradas en su cuello, las marcas intensas que su marido le dejó durante aquella entrega salvaje. No iba a permitir que sus compañeras notaran esos rastros de pasión desenfrenada. Se peinó el cabello lacio con pulcritud, acomodó el cuello de su filipina azul para asegurar la cobertura total y caminó hacia los pasillos del nosocomio. La jornada transcurrió entre el flujo constante de enfermos, la toma de presión y la revisión de expedientes. Cerca del mediodía, mientras escribía algunas notas de los pacientes sobre una tabla médica, caminó a paso rápido

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