Share

Capítulo 4

Author: Blanca Estelar
María llegó a su departamento y, sin tiempo siquiera para beber un trago de agua, se puso a devolver las llamadas de los clientes que le habían dejado mensajes.

Tras saltar entre cuatro idiomas distintos, terminó desplomada en el sofá, agotada.

Actualmente era la jefa de ventas del Walker Hill, un reconocido hotel de lujo en la ciudad.

Su día a día consiste en tratar con una gran cantidad de clientes nacionales y extranjeros; además de los huéspedes individuales, se encarga de organizar numerosos eventos corporativos.

Se frotó el entrecejo y, justo cuando iba a soltar el celular, vio un mensaje de su directora.

"¿De verdad vas a renunciar al ascenso para volver a ser el ama de casa de ese amante clandestino cuyo nombre ni siquiera se puede mencionar?"

"¡María, no olvides por qué decidiste seguirme en aquel entonces!"

"¡Estoy realmente decepcionada de ti!"

La directora no solo era su jefa, sino también su mentora.

Fue ella quien ayudó a María, una joven de la alta sociedad caída en desgracia, a ganarse un lugar paso a paso en el complejo entorno del Walker Hill.

Ayer mismo se había esforzado especialmente por conseguirle una oportunidad de ascenso que solo se presenta cada cinco años.

Y María la había rechazado.

Todo porque David esperaba que, tras hacer pública su relación, ella centrara toda su atención en él y en la familia García.

María aún recordaba la mirada de asombro y decepción de su jefa.

Al volver en sí, abrió el formulario de solicitud, lo llenó y se lo envió a la directora.

"Para renunciar no hace falta llenar formularios", respondió ella de inmediato.

"¿Quién dijo que voy a renunciar?"

Unos minutos después, le llegó un mensaje de voz de la directora.

—¿Estás segura?

—Segura y confirmada. Gracias, jefa; no volveré a decepcionarla.

—Está bien.

Aunque fue solo una frase corta, el tono de la directora había mejorado considerablemente.

En ese instante, María sintió un gran alivio.

Se había quedado sin hombre, pero al menos le quedaba su carrera.

Dejó el celular, se levantó y buscó una caja para guardar todo lo que David había dejado ahí.

Al terminar de empacar, se dio cuenta de que, aparte de lo que ella misma le había preparado, las cosas que él dejó por voluntad propia eran pocas e insignificantes.

En ese momento recordó que a David no le gustaba ir a su departamento.

Decía que no soportaba verla "encerrada" en un espacio tan pequeño y que no quería insultar su orgullo.

La realidad era que simplemente le parecía un lugar demasiado chico.

Lo irónico es que, en su momento, María se sintió conmovida.

Esbozó una sonrisa de autodesprecio y cerró la caja; mañana la tiraría a la basura.

Sonó el celular.

María miró el número: era Lucía, su mejor amiga y colega.

—María, me pasé todo el día esperando el anuncio oficial tuyo y de David, ¿cómo es eso de que ahora él y Laura son los oficiales?

Lucía era la única amiga en la que María confiaba plenamente, y la única en el hotel que sabía de su relación con David.

—Terminamos —dijo María con calma.

—¿Ah? ¿Y ahora qué clase de berrinche nuevo es este? Mañana paso al mercado por verduras frescas; me dijiste que a David le encanta tu cocina, ¿no?

El tono de Lucía era normal.

Ni siquiera se molestó en preguntar por qué David estaba haciendo un berrinche; ya estaba acostumbrada.

Total, mañana con una buena cena y un poco de mimos, seguro volvían a estar bien.

—Lucía, esta vez va en serio. Tuve un accidente de carro y el golpe me sacó lo tonta. Él...

María le contó lo sucedido casi en tono de broma.

—¿Amnesia falsa? ¡Eso es pasarse de la raya! ¿Qué se cree que eres?

Al otro lado de la línea, la respiración de Lucía se aceleró por la indignación. Luego, pasó a la preocupación:

—María, ¿estás muy herida? ¿Quieres que vaya a acompañarte?

Al escucharla, María sintió un calorcito en el corazón. Al menos Lucía siempre se preocupaba por ella.

—No hace falta. Mañana voy a una revisión y ya podré volver a trabajar normal.

—Entonces descansa. Oye... no irás a ser tan tonta de intentar ayudar a David a recuperar su "memoria", ¿verdad?

Lucía todavía no terminaba de creérselo. María hizo una mueca:

—Imposible.

***

En la villa.

David despertó y vio que Laura ya no estaba en la cama. Se puso una bata y bajó las escaleras; Dolores se le acercó de inmediato.

—Señor, la señorita Laura se levantó tempranito para prepararle el desayuno.

—Está bien.

David miró hacia la cocina con una sonrisa. Laura definitivamente era la mujer ideal para él: refinada en los eventos sociales, hacendosa en la cocina y atrevida en la cama.

Lo más importante era que su estatus estaba a su nivel.

No como... María.

Al pensar en ella, David frunció el ceño.

Vaya que se estaba portando bien; no lo había molestado en toda la noche.

En eso, Laura salió con un plato.

—David, ya despertaste. Siéntate a desayunar.

—Sí.

David tomó asiento y esperó a que Laura le sirviera.

Pero lo que apareció frente a él fue pan tostado con jamón a la plancha y una taza de café helado.

Se le frunció apenas el ceño.

Laura dejó la taza sobre la mesa.

—¿Qué pasa?

David no tocó el café. Se sirvió él mismo un vaso de agua tibia.

—Creo que ya te había dicho que no me gustan este tipo de desayunos.

Laura lo abrazó del cuello y le habló con voz mimosa:

—Es que yo no sé preparar lo que a ti te gusta.

David respondió, sin mucho gesto:

—Si no sabes, puedes aprender. Ma...

¿Acaso María no había pasado de ser una señorita que no movía un dedo en casa a aprender, poco a poco, todo lo necesario para atenderlo?

Cada vez que él quería algo, ella esa misma noche se ponía a averiguar cómo hacerlo.

Y al día siguiente, ya lo tenía listo frente a él.

Pero cuando el nombre llegó a sus labios, se detuvo.

Al final improvisó otra explicación.

—Normalmente, solo dejo mis comidas en manos de la gente más cercana a mí.

—Está bien, iré aprendiendo poco a poco. Por hoy, quédate con esto, ¿sí?

Laura fingió no haber escuchado el nombre de María. En el rostro seguía teniendo una sonrisa suave.

Pero en el fondo de los ojos solo había frialdad.

David no respondió. Solo le hizo una seña a Dolores.

—Prepárame algo ligero.

—Eso... señor David, lo que usted suele pedir yo no sé hacerlo. Solo la señorita María sabía prepararlo —dijo Dolores, negando con la cabeza, incómoda.

Aunque pareciera algo sencillo, en realidad tenía su chiste.

Había que cuidar el orden, el tiempo y hasta los detalles más mínimos.

Si uno se equivocaba, el resultado ya no era el mismo.

Y por una sola comida, ¿quién iba a tomarse tantas molestias en aprender?

Nadie, excepto María.

—¿No dejó nada apuntado cuando vino por sus cosas? —preguntó David, molesto.

María conocía perfectamente sus gustos.

Antes, cuando se enojaba con él, incluso antes de irse le dejaba listo todo lo que sabía que él iba a necesitar.

Hasta lo más mínimo lo resolvía ella personalmente.

Y cuando aquello se terminaba, María volvía, dócil, a disculparse y a buscar cómo contentarlo.

Siempre había sido así.

Dolores se quedó quieta, apretando los labios.

—No.

David dejó el vaso sobre la mesa con fuerza.

Muy bien.

Así que las mañas de María eran cada vez más refinadas.

Soltó una risa fría y le indicó a Laura que siguiera desayunando.

Luego se levantó, fue a la sala, sacó el celular y escribió.

Quería ver con qué nueva jugada pensaba seguir aferrándose a él.

"Dolores dice que antes te encargabas de mis comidas. ¿Qué era lo que me preparabas?"

Un signo de exclamación en la pantalla.

María también lo había bloqueado.

David soltó una risa desdeñosa y arrojó el celular al sofá.

Nada mal la actuación.

Ojalá siguiera así hasta el final.

Que luego no regresara arrastrándose a suplicarle.

Al ver eso, Laura apretó el puño con fuerza para que la expresión torcida que le subía a la cara no se le notara.

En cuanto volvió a la habitación, sacó el celular y llamó a uno de sus guardaespaldas.

—Hazme un favor. Quiero que te encargues de algo.

—Sí, señorita.

***

Cuando María despertó, miró la hora en la mesita de noche por pura costumbre.

¡Ya eran las ocho!

Se incorporó de golpe, sobresaltada.

Pero al bajar de la cama recordó que había terminado con David.

Ya no tenía que salir corriendo para ir a ocuparse de él desde temprano.

Las costumbres daban miedo.

María volvió a dejarse caer sobre la cama, se estiró y jaló el cobertor con el pie para taparse otra vez.

Pero crear una costumbre nueva tampoco tomaba tanto: veintiocho días bastaban.

Era fin de semana, y rara vez podía darse el lujo de dormir hasta tarde.

Por la tarde fue al hospital para la revisión.

Pero el clima no ayudaba. La lluvia otoñal caía fina y constante, envuelta en un viento frío que parecía metérsele bajo la piel.

María encogió el cuello, bajó un poco más el paraguas y siguió caminando hacia el hospital.

No había dado muchos pasos cuando una mano le cubrió la boca y la nariz desde atrás. Amparándose en el paraguas para ocultarlo todo, la arrastraron hacia un callejón oscuro que seguía en remodelación.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • El precio de abandonarme   Capítulo 100

    Como segundo joven formado por la familia García, representante destacado de finanzas en una universidad extranjera, rodeado de compañeros que eran herederos de familias poderosas.Su aire libre y despreocupado nunca había sido más que una fachada.En el fondo, él también era un hombre de negocios.¿Cómo iba a permitir que Laura sacara a la luz la filtración en Walker Hill y armara un escándalo?Además de amar a Laura, lo más importante era sabotear la cooperación entre Héctor y la señora Roel.Después buscaría a alguien que cargara con la culpa.María era la mejor candidata.Al fin y al cabo, su relación se había roto y había fracasado en el ascenso. Bastaba tomar cualquiera de esas cosas, ampliarla y sumarle celos, para que la filtración pareciera razonable.Laura podría salir intacta.Y él, como ahora, aparecería en nombre de la familia García para renegociar la cooperación con la señora Roel.Por el momento, si la señora Roel no cooperaba con Héctor, el mejor candidato que le queda

  • El precio de abandonarme   Capítulo 99

    María apretó la jarra de agua por instinto.Cuando levantó la cabeza, Héctor ya había llevado a los demás hasta los asientos principales.—Siéntense.Se acomodó el frente del saco. El gesto parecía casual, pero dejaba ver una autoridad fuerte de alguien acostumbrado a mandar.Al ver que todos se sentaban, María se sintió algo incómoda.A poca distancia, Verónica movió los labios sin sonido: Siéntate.María sintió alivio y volvió rápido a su lugar.Pero parecía que alguien sufría más que ella.Junto al asiento de Laura había un hombre.Era uno de los subordinados de Héctor, con un cargo de bastante peso.Según la distribución de la mesa, ese hombre debía sentarse allí.Pero fue David quien había sentado a Laura en ese lugar. Si se levantaba, parecería que estaba por debajo de otros.Con tantas personas mirando, seguro no quería hacerlo.Laura no se movió. Pensó que Héctor, por ser ella la novia de David, no se pondría quisquilloso con esas cosas.—Héctor...Se mordió el labio, con una v

  • El precio de abandonarme   Capítulo 98

    Sala de reuniones.Era una reunión de altos mandos. Con un cargo intermedio como el de María, ella solo podía asistir como oyente; no tenía voz en la mesa.Ella y los demás se sentaron en las sillas de la periferia de la mesa.Apenas abrió la libreta sobre las piernas, David llegó con Laura.Él hizo que Laura se sentara a su lado, en un lugar de privilegio evidente.Al ver aquello, varias personas alrededor comentaron en voz baja.—Esto sí parece una novela de magnates hecha realidad. ¡El señor David es guapísimo! ¡Qué dulzura!—No solo es guapo, también consiente muchísimo a su novia. Escuché que ayer la señorita Laura se asustó, y él llamó directamente a tres especialistas para revisarla.—Yo también lo vi. Me muero de envidia. María, tú y la señorita Laura están en el mismo departamento. ¿Todos los días te toca presenciar tanto romance?Al escucharlo, la mano de María, que abría la tapa de la pluma, se detuvo apenas.Parecía que David, por Laura, había bloqueado todo lo ocurrido aye

  • El precio de abandonarme   Capítulo 97

    —Señor David.Al ver que David se acercaba a María, Laura aprovechó la oportunidad para sujetarlo del brazo y, fingiendo magnanimidad, dijo:—Creo que la señorita Lucía tampoco lo ha tenido fácil. Será mejor darle otra oportunidad. Yo también estoy dispuesta a aceptar el castigo que imponga Walker Hill.Con esas palabras, Laura no solo había quedado como una persona comprensiva, sino que además había salvado perfectamente las apariencias.David apartó la mirada y, con un gesto de la mano, dijo:—Ya que es así, dejémoslo pasar.Al verlo, uno de los policías intervino:—Entonces nos llevaremos a la detenida.Cuando Diana se dio cuenta de que ella era la única que iba a ser arrestada, su instinto de supervivencia terminó imponiéndose al miedo. Ignorando a los policías que intentaban detenerla, se abalanzó de repente sobre María.—¡Señora María, no quiero ir a prisión! Se lo ruego...Antes de que se acercara, María pareció recibir un empujón y cayó hacia la isla de la cocina.—¡No te acerq

  • El precio de abandonarme   Capítulo 96

    Era Diana.Como parte del departamento de habitaciones, conocía los puntos ciegos de las cámaras y también los pasos de limpieza.Se aprovechó de eso para golpear a Lucía y dejarla inconsciente mientras aspiraba la alfombra.Después de fotografiar los documentos, se los envió a Ximena, y Ximena avisó a Laura para que fueran a atrapar a las culpables.Diana creyó que, si atrapaban a María y a Lucía en el acto, nadie revisaría las cámaras exteriores.Así, nadie descubriría que ella había entrado y salido de la villa usando el punto ciego.Pero María y Lucía las habían ido guiando paso a paso hasta que se delataron.Diana miró a Laura y a Ximena, pidiendo ayuda.Las dos guardaron silencio.Al pensar que podía terminar en prisión, Diana empezó a temblar de miedo.De inmediato señaló a Laura y a Ximena.—¡Fueron ellas quienes me pidieron hacerlo! ¡Ellas querían deshacerse de María!—Tú...Laura reaccionó rápido y lloró con una fragilidad impecable.—Admito que en mi habitación me quejé algu

  • El precio de abandonarme   Capítulo 95

    Al darse cuenta de que la situación no iba bien, Laura volvió a desplegar su actuación.—María, hace rato solo me preocupaba que, si se difundía la filtración de secretos de clientes, la reputación de Walker Hill quedara destruida.Quería usar a Walker Hill para lavarse las sospechas.María notó que David estaba a punto de intervenir otra vez y lo cortó de inmediato:—Entonces, ¿quiere decir que no tiene ninguna prueba y que todo lo que dijo hace rato eran conjeturas suyas? ¿Acusar falsamente a una compañera y dejar libre al verdadero ladrón sí le daría buena imagen a Walker Hill?Al escucharlo, el rostro de Laura se puso lívido, pero no encontró cómo responder.El agente dijo con seriedad:—Señorita Laura, hablar así no solo es irresponsable, también puede perjudicar a otros.Laura siempre había estado rodeada de halagos. Era la primera vez que alguien la reprendía en público de esa manera, y los músculos de su rostro casi se retorcieron.María no quiso seguir mirándola. Continuó:—Xi

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status