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El vinculo prohibido
El vinculo prohibido
Author: Teenspirit

capitulo 1: primera luna

Author: Teenspirit
last update publish date: 2026-10-06 17:19:56

La primera vez que escuché a mi lobo pensé que estaba muriendo. No fue exactamente una voz, sino un rugido profundo que nació en algún lugar debajo de mis costillas y recorrió todo mi cuerpo hasta hacerme temblar. Mis dedos se clavaron en la tierra húmeda mientras intentaba respirar, aunque cada bocanada de aire parecía insuficiente. Sobre mí, la luna llena brillaba con una intensidad casi insoportable, enorme y blanca, iluminando el bosque que me rodeaba.

—Elián.

La voz de mi madre llegó desde algún lugar detrás de los árboles, pero no respondí. No podía. Tenía dieciocho años y aquella noche debía ser especial. En nuestra manada, cumplir los dieciocho significaba dejar atrás la infancia y despertar completamente al lobo que todos llevábamos dentro. Era una tradición antigua, una noche que los Alfas celebraban con orgullo y que los Omegas vivíamos de una forma mucho más discreta. Yo, en cambio, llevaba semanas deseando que simplemente terminara.

Desde pequeño había escuchado las mismas palabras una y otra vez: los Omegas necesitan protección, los Omegas no deben enfrentarse a un Alfa, los Omegas no pueden luchar, los Omegas deben conocer su lugar. Las odiaba. Quizá por eso, cuando sentí que algo dentro de mí comenzaba a despertar, no tuve miedo. Sentí rabia.

—Vamos —susurré.

El rugido volvió a resonar dentro de mí y esta vez no dolió. Me atravesó por completo. Mi espalda se arqueó mientras mis manos se hundían en la tierra y sentí cada hueso de mi cuerpo cambiar, cada músculo tensarse y cada respiración convertirse en algo diferente. Durante unos segundos solo pude escuchar mi propio corazón, cada vez más rápido, hasta que de repente todo quedó en silencio.

Abrí los ojos.

Ya no veía el mundo como antes. Podía escuchar el movimiento de las hojas a decenas de metros, el corazón de un conejo escondido entre los arbustos y el agua corriendo por el pequeño río al otro lado del bosque. Podía sentir el olor de la tierra, de los árboles, de la humedad que anunciaba una lluvia que todavía no había llegado. Pero debajo de todos aquellos aromas había uno diferente. Uno que no conocía y que, sin embargo, hizo que mi cuerpo entero se quedara inmóvil.

Hierro. Pino. Humo. Y algo parecido a una tormenta.

El olor venía del norte.

Mi lobo se puso alerta. No sabía quién estaba allí ni por qué aquella presencia hacía que algo dentro de mí quisiera acercarse, pero había una certeza extraña en mi cabeza que no necesitaba explicación. Tenía que seguirlo.

Empecé a correr.

Las patas golpeaban el suelo húmedo con una facilidad que nunca había experimentado. El bosque pasaba a mi alrededor convertido en sombras y luces plateadas mientras avanzaba cada vez más lejos de mi territorio. No estaba huyendo ni estaba perdido. Estaba siguiendo algo. A alguien.

Cuanto más avanzaba hacia el norte, más fuerte se hacía aquel olor, hasta que mi lobo se detuvo de golpe al llegar al borde de un claro. Al otro lado había un hombre. Era alto, estaba completamente vestido de negro y permanecía inmóvil bajo la luz de la luna. Parte de su rostro quedaba oculto entre las sombras, pero pude distinguir unos ojos oscuros clavados directamente en mí.

No sabía quién era.

Pero mi lobo sí.

Un calor extraño recorrió mi pecho y mi respiración se cortó. Durante unos segundos el resto del mundo pareció desaparecer; solo existía él, aquel olor y una certeza imposible que apareció en mi cabeza sin que nadie tuviera que explicármela.

Él.

Mi pareja.

Mi vínculo.

Mi Alfa.

El hombre dio un paso hacia mí y sus ojos cambiaron. Durante un instante fueron humanos, pero después brillaron con un tono dorado que hizo que un escalofrío recorriera mi espalda. Un gruñido escapó de su garganta, aunque no sonaba como una amenaza. Sonaba como reconocimiento.

Mi corazón golpeó con tanta fuerza que pensé que iba a romperme las costillas.

El hombre se quedó quieto, observándome como si tampoco pudiera comprender lo que estaba ocurriendo. Finalmente, su voz rompió el silencio.

—¿Cómo te llamas?

Tardé unos segundos en responder.

—Elián.

Sus labios se separaron ligeramente, como si aquel nombre confirmara algo que llevaba mucho tiempo intentando evitar.

—Elián...

Su voz era grave y fría, pero escucharla hizo que mi cuerpo volviera a estremecerse. No sabía qué estaba pasando, pero cada instinto dentro de mí me decía que aquel hombre era importante.

—¿Y tú?

Durante unos segundos no respondió. El viento movió las ramas sobre nuestras cabezas y una sombra cruzó su rostro antes de que finalmente hablara.

—Darian.

Mi lobo se estremeció.

Darian.

El nombre que había escuchado cientos de veces en mi manada. El Alfa de la Manada del Norte. El hombre del que todos hablaban en voz baja. El Alfa que, según las historias que había escuchado desde niño, podía hacer arrodillarse a otro lobo con una sola mirada.

Mi corazón volvió a acelerarse.

Darian me observó durante varios segundos hasta que su mirada descendió lentamente hacia mi cuello. Entonces su expresión cambió. Palideció ligeramente y dio un paso atrás.

—No puede ser.

—¿Qué?

No respondió.

—¿Por qué sabes quién soy?

Su mandíbula se tensó.

—Tienes que volver a casa.

Fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Ahora, Elián.

—No.

Darian levantó la mirada hacia mí y durante un instante pude sentir la fuerza de su presencia. Cualquier otro Omega probablemente habría retrocedido, pero yo llevaba toda mi vida odiando que me dijeran qué hacer.

—¿Por qué me estás dando órdenes?

Él permaneció en silencio.

—¿Me conoces? —pregunté.

Nada.

Di un paso hacia él.

—¿Por qué sabes mi nombre?

Darian cerró los ojos durante unos segundos, como si estuviera luchando contra algo dentro de sí. Cuando volvió a mirarme, la expresión de su rostro había cambiado. Ya no parecía enfadado. Parecía desesperado.

—Porque tú eres mi Omega.

El mundo dejó de girar.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones y, desde lo más profundo de mi pecho, mi lobo respondió con una sola palabra.

Mate.

Pareja.

Darian apartó la mirada como si acabara de escuchar una sentencia de muerte.

—Y eso significa que tenemos un problema.

La luna continuó brillando sobre nosotros, completamente ajena a lo que acababa de ocurrir. Yo todavía no sabía que aquella noche cambiaría mi vida para siempre, ni que el hombre que tenía delante sería la persona que más llegaría a amar y, al mismo tiempo, la que más dolor me causaría.

Solo sabía una cosa.

Mi lobo lo había elegido.

Y Darian parecía decidido a rechazarme.

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