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last update Tanggal publikasi: 2026-09-14 05:00:39

Sus ojos todavía estaban cargados con los vestigios de un sueño profundo, como si todo su cuerpo acabara de emerger del fondo de un mar profundo que se resistía a dejarla salir a la superficie.

El aire cálido que había dejado el baño no había conseguido expulsar por completo aquel peso invisible de su pecho, pero al menos le había devuelto algo de la sensación de seguir habitando su propio cuerpo, y no ser simplemente una sombra que se movía lentamente entre la cama y la realidad.

Regresó a la
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  • Embarazada de su heredero   27

    Asia se sentó en la silla de plástico pegada a la fría pared blanca, abrazando su pequeño bolso contra el pecho con ambos brazos. La sala de espera estaba casi vacía. Una mujer sentada al otro extremo de la sala miraba su teléfono, mientras una enfermera cruzaba de vez en cuando cargando algunos expedientes. Asia miró el reloj colgado sobre la puerta por una cantidad de veces que ya había perdido la cuenta. Pasaron apenas unos minutos. Pero le parecieron mucho más largos. Tenía los labios secos, así que los humedeció inconscientemente con la punta de la lengua. Luego volvió a mirar el suelo. Después, la puerta. Y finalmente, su teléfono, apagado dentro del bolso, que dudó en sacar. Desde que había salido de casa, había intentado no pensar. No quería pensar en ningún resultado ni en ninguna posibilidad. Solo quería seguir moviéndose. Hacer lo que había decidido. Llegar hasta allí. Terminar con aquello. Pero el problema era que el camino había terminado. Y ya no hab

  • Embarazada de su heredero   26

    .—Asia ha ido a abortar al bebé... a tu nieto.Mazen la miró con una furia tan intensa que casi parecía capaz de atravesarla con los ojos.—¿Estás loca?... ¿Y qué tenemos nosotros que ver con ella?Salma levantó directamente la cabeza hacia él, sin vacilar.—Porque es tu hijo.Mazen exhaló con fastidio.Las mismas palabras otra vez.¿Qué hijo?Fatima volvió la mirada entre ambos, completamente atónita. Sus ojos iban de un rostro al otro, incapaz de comprender lo que estaba sucediendo.—¿Qué estás diciendo?... Mazen, cálmate.Pero Salma no retrocedió.Sabía que el tiempo no estaba de su lado. Cada minuto que pasara podía hacer más difícil encontrar a Asia.Por eso habló rápidamente, con insistencia:—Señora... Asia está embarazada de su hijo. No estaba mintiendo. La inseminación se realizó por error, incluso sin que ella lo supiera... y ahora quiere deshacerse de él.Terminó de hablar respirando audiblemente.Pero el silencio que siguió fue más pesado que cualquier palabra.Mazen perm

  • Embarazada de su heredero   25

    Aquellas palabras no llegaron a sus oídos como una propuesta pasajera que pudiera ignorar o posponer para más adelante. Se instalaron dentro de él de una manera que lo desconcertó.Era como si su madre hubiera abierto de repente una puerta que ni siquiera existía en sus planes.Durante los últimos días, había visto todo aquello como una acusación, un problema y un dolor de cabeza del que no quería acercarse. Pero la idea del niño en sí... nunca le había dado un espacio real dentro de su mente.En cambio, Fatima parecía contemplar el asunto desde una perspectiva completamente diferente.Bajó ligeramente la mirada y sus ojos se perdieron por un instante en un punto lejano.—¿Sabes cuántas veces he imaginado que hay un niño pequeño en esta casa?No esperó su respuesta.Las palabras salían de ella con calma, como si no estuviera hablándole únicamente a él, sino también a sí misma.Su voz se elevó ligeramente mientras continuaba:—¿Cuántas veces he comprado ropa de bebé solo para los hijos

  • Embarazada de su heredero   24

    ❈-❈-❈Momentos después, una empleada entró llevando un vaso de zumo frío y lo colocó frente a la madre de Mazen, sobre la pequeña mesa situada frente a su escritorio.Hizo una ligera reverencia y se retiró con la misma tranquilidad con la que había entrado.La mujer le agradeció con una cálida sonrisa.Mientras tanto, Mazen se recostó en su sillón, frente a ella, se remangó y apoyó los antebrazos sobre el escritorio.La habitación estaba iluminada por una suave luz de oficina que se filtraba desde una ventana de cristal situada detrás de él. El silencio entre ambos llenaba el espacio con una familiaridad tranquila, interrumpida únicamente por los lentos sorbos que ella daba a su zumo.—¿No vas a decirme cuál es el motivo de esta visita, mamá?—Hijo, respeta a tu madre... Solo estaba haciéndome algunos análisis para controlar el azúcar y me encontré cerca de aquí.Ella dio otro pequeño sorbo de su zumo.Él permaneció en silencio, observándola.Ella parecía querer hablar, pero se detení

  • Embarazada de su heredero   23

    Salma estaba de pie frente a la puerta del apartamento de la tía de Asia, después de haberle pedido la dirección a su madre. Llamó a la puerta varias veces, y la preocupación había comenzado a apoderarse de ella desde el momento en que llegó al edificio. Durante todo el trayecto había intentado mostrarse racional y encontrar decenas de explicaciones lógicas que no dieran motivos para preocuparse. Quizá se había quedado dormida. Quizá había salido por alguna razón importante. Pero el problema era que su corazón no se creía ninguna de ellas. Conocía muy bien a Asia. Conocía su carácter y sabía cómo reaccionaba. La puerta se abrió y su tía la recibió llevando un pequeño paño de cocina en una mano. Sonrió al verla. —Hola, Salma. Salma le devolvió el saludo rápidamente, pero sus ojos se adelantaron a sus palabras y recorrieron el interior del apartamento de manera automática. Preguntó directamente: —¿Asia ha vuelto? La mujer frunció sus pobladas cejas, y la confusión apareció en

  • Embarazada de su heredero   22

    A la mañana siguiente, los pálidos rayos del sol inundaron la habitación casi vacía, dejando al descubierto la magnitud del cambio que había ocurrido en ella durante los últimos días. La mayor parte de los muebles que Asia estaba acostumbrada a ver en sus lugares había desaparecido. Solo quedaban algunas cajas apiladas junto a una de las paredes y una pequeña mesa en medio del amplio espacio, que ahora resultaba extrañamente vacío. Asia estaba de pie frente a un pequeño espejo que había colocado sobre el extremo de la mesa, contemplando su reflejo con el ceño ligeramente fruncido. Por tercera vez aproximadamente, intentó bajarse la blusa, pero la tela se detuvo a la altura de su abdomen ligeramente abultado, negándose a acomodarse como lo había hecho antes. Suspiró con fastidio mientras se miraba. Luego volvió a tirar del borde de la blusa con obstinación, como si intentara convencer a la tela de cambiar de opinión. Sin éxito. —Genial... murmuró con sarcasmo. —Hasta la ropa

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