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Capítulo 24

Author: Victoria
last update publish date: 2026-10-12 07:43:15

Manuela descubrió a la mañana siguiente que existía una diferencia considerable entre compartir la cama con un hombre al que apenas conocía y despertarse entre los brazos de ese mismo hombre después de haber pasado buena parte de la noche besándolo, riéndose con él y escuchándolo confesar que le gustaba muchísimo más de lo que estaba dispuesto a reconocer. La diferencia era que ahora no tenía absolutamente ninguna duda de que Angel quería besarla. Lo sabía porque se lo había dicho, porque lo h
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  • “Entre firmar y secretos “   Capítulo 25

    La mañana comenzó con Manuela enfadada. No demasiado, porque resultaba bastante complicado enfadarse de verdad con un hombre que la había despertado diez minutos antes acariciándole el cabello y dándole besos en la frente, pero sí lo suficiente como para plantarse delante del armario, cruzarse de brazos y dedicarle una mirada que dejaba bastante claro que aquella conversación no iba a terminar como él pretendía.—Te he dicho que estoy perfectamente, cariño. No sé cuántas veces más necesitas escucharlo.—Y yo te he dicho que me da exactamente igual lo perfectamente que tú creas estar. Hoy tienes una revisión médica, te van a quitar los puntos y pienso asegurarme de que no salgas de esa consulta sin que te examinen como es debido. Así que puedes ahorrarte esa expresión de empresario importantísimo al que le están haciendo perder el tiempo, porque no me impresiona lo más mínimo.Angel , sentado en el borde de la cama, levantó lentamente la mirada hacia ella. Llevaba unos pantalones de pi

  • “Entre firmar y secretos “   Capítulo 24

    Manuela descubrió a la mañana siguiente que existía una diferencia considerable entre compartir la cama con un hombre al que apenas conocía y despertarse entre los brazos de ese mismo hombre después de haber pasado buena parte de la noche besándolo, riéndose con él y escuchándolo confesar que le gustaba muchísimo más de lo que estaba dispuesto a reconocer. La diferencia era que ahora no tenía absolutamente ninguna duda de que Angel quería besarla. Lo sabía porque se lo había dicho, porque lo había hecho y porque, antes de quedarse dormidos, había tenido la desfachatez de asegurarle que sus labios deberían venir acompañados de una advertencia de peligro. Y aquello, lejos de simplificar las cosas, las complicaba de una manera extraordinariamente deliciosa.Abrió los ojos poco después de las siete de la mañana, cuando la claridad madrileña comenzaba a filtrarse a través de las cortinas. Durante unos segundos permaneció inmóvil, disfrutando de una sensación de calor y tranquilidad que no

  • “Entre firmar y secretos “   Capítulo 23

    Angel despertó antes que Manuela. Durante unos segundos no recordó dónde estaba. Abrió los ojos lentamente, observó el techo de la habitación y sintió un peso cálido sobre la mano. Bajó la mirada y entonces todo regresó de golpe. La película, Manuela dormida sobre su hombro, haberla llevado hasta la cama, aquella mano sujetándole la muñeca cuando intentó marcharse y una sola palabra pronunciada entre sueños que había conseguido hacerle más daño a sus defensas que cualquier discusión. «Quédate».Manuela seguía dormida a su lado. Durante la noche la prudente distancia que Angel había dejado entre ambos prácticamente había desaparecido. No estaban abrazados ni había nada especialmente comprometedor en la posición, pero Manuela se había acercado lo suficiente para que su cabeza descansara a pocos centímetros de su hombro y sus manos continuaban juntas sobre el colchón. Sus dedos seguían entrelazados. Angel los observó. Podía soltarla, de hecho, probablemente debería hacerlo. No lo hizo

  • “Entre firmar y secretos “   Capítulo 22

    Los días siguientes transcurrieron de una manera peligrosamente normal y quizá precisamente por eso resultJuan tan importantes. No hubo grandes discusiones, amenazas, llamadas inesperadas ni secretos familiares apareciendo de pronto para recordarles que su matrimonio había comenzado como una negociación entre dos hombres que creían tener derecho a decidir por ellos. Por primera vez desde que Manuela había llegado a aquella casa, la vida pareció concederles unos cuantos días sin ruido. Angel continuaba recuperándose del golpe, aunque el moratón alrededor del ojo izquierdo seguía siendo imposible de disimular y los puntos de la ceja le daban un aspecto ligeramente más intimidante de lo habitual. Manuela seguía vigilando que tomara la medicación a sus horas, preguntándole si le dolía la cabeza y mirándolo con esa expresión que conseguía que él supiera, sin necesidad de escuchar una sola palabra, que no iba a permitirle hacerse el fuerte más de la cuenta.Pero algo había cambiado. Ya no

  • “Entre firmar y secretos “   Capítulo 21

    La primera sensación que tuvo Angel al despertar fue dolor. No era insoportable, pero sí lo bastante intenso como para obligarlo a permanecer inmóvil durante unos segundos mientras intentaba recordar por qué le dolía la cabeza de aquella manera. Después llegó la sensación tirante de los puntos sobre la ceja, el peso alrededor del ojo izquierdo y, finalmente, los recuerdos del día anterior regresJuan todos a la vez: el despacho, las carpetas sobre la mesa, la discusión con su padre, aquellas palabras que todavía dolían mucho más que el puñetazo, el golpe contra el suelo, el hospital, Juan sentado a su lado con una pierna escayolada mientras intentaba bromear para que no pensara demasiado y después, Manuela.Manuela ayudándolo a subir las escaleras, Manuela preparando el baño, Manuela limpiando con una delicadeza casi absurda la sangre seca de su rostro. Manuela diciéndole que quería cuidarlo y él pidiéndole que no se marchara. Angel abrió lentamente el ojo derecho.La habitación esta

  • “Entre firmar y secretos “    Capítulo 20

    En casa de los Davila Fonalledas, el baño de Angel terminó bastante después de lo que Manuela había imaginado. Angel parecía más relajado, aunque el cansancio seguía marcado en su rostro y el hematoma alrededor del ojo comenzaba a adquirir un tono mucho más oscuro. Cuando estuvo listo para salir, Manuela acercó una toalla y se colocó a su lado por si volvía a marearse. Él intentó incorporarse sin ayuda por puro instinto, pero en cuanto apoyó mal un pie y tuvo que agarrarse al borde de la bañera, ella le lanzó una mirada que bastó para detener cualquier intento de hacerse el fuerte.—Ni se te ocurra.Angel levantó una ceja.—Puedo salir solo.—Hace unas horas te dieron cuatro puntos, tienes medio ojo cerrado y te has llevado un golpe en la cabeza. Hoy puedes permitirte no demostrar absolutamente nada.Él la observó unos segundos antes de rendirse.—Qué mandona te estás volviendo.—Y lo que te queda.Manuela le ofreció el brazo y lo ayudó a salir con calma. Procuró darle toda la int

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