تسجيل الدخولEl olor estéril a antiséptico se aferraba a la ropa de Evander cuando entró al penthouse. El sol ya se había puesto, y la brisa fresca de la tarde barrió su cuerpo exhausto, refrescándolo durante el breve instante que duró. Su mente ya estaba vaciada por las horas que había pasado sentado junto a la cama de hospital de Eleanor Laurent. Los médicos ya la habían estabilizado, pero verla en ese estado, tan pálida, conectada a máquinas, había movido algo enorme dentro de él. Ella era la única persona que lo había tratado bien, como una verdadera madre desde que se casó con Rosalie.
Empujó las puertas de cristal y entró en la sala. Necesitaba decírselo a Rosalie: a pesar de que los papeles del divorcio ya estaban firmados y de la frialdad con la que ella lo trataba desde que llegó Bryan, tenía derecho a saber que su madre estaba en coma.
Caminó unos pasos por la sala antes de encontrarla yendo de un lado a otro, con el teléfono apenas presionado contra la oreja y una expresión preocupada. Todavía llevaba la ropa del aeropuerto y tenía el cabello ligeramente desordenado.
—¡No, Linda, no me importa lo que digan los inversionistas! —espetó Rosalie al teléfono, con la voz vibrando de pánico y furia—. ¡Diles que no pueden retirarse! ¡Tenemos contratos! ¡Esta es LA casa de moda Laurent, por el amor de Dios!
Evander se acercó despacio, con el cansancio pesándole en los hombros.
—Rosalie.
Ella levantó un dedo cortante, silenciándolo sin siquiera mirarlo.
—Estoy hablando por teléfono, Evan.
—Rosalie, escúchame —insistió él, con la voz baja pero urgente—. Se trata de mamá. Ella tuvo un…
—¡No tengo tiempo para tus teatros ahora mismo! —Rosalie se giró, con los ojos ardiendo de una ira frenética y fuera de lugar—. ¡Toda mi empresa se está derrumbando! ¡Estoy a punto de perder todo lo que construí con mis propias manos, y tú quieres hablar de tu madre!
Evander se quedó helado.
¿Tu madre?
Las palabras lo golpearon como un golpe físico. Abrió la boca para corregirla, para gritarle que era SU propia madre la que yacía en una cama de hospital, pero la mirada fría y desdeñosa de ella lo detuvo en seco. Por suerte, él tenía algunas conexiones y se había asegurado de que la atendieran muy bien en el hospital.
—¡Tengo demasiados problemas que resolver! —continuó Rosalie, dándole la espalda y levantando de nuevo el teléfono hacia su oreja—. Si quieres ser útil, vuelve al hospital y cuídala —se llevó una mano a la frente—. Solo no me molestes con eso ahora.
Evander se quedó de pie en medio de la sala, con el corazón congelándosele lentamente hasta volverse un bloque de hielo.
Él conocía la terquedad de Rosalie, su ambición y la forma en que podía aislarse de todo lo que la rodeaba cuando su empresa estaba en juego. Pero nunca había imaginado que un día se convertiría en un problema más que ella quisiera silenciar.
Su mirada se desplazó lentamente más allá de Rosalie, hacia donde Bryan estaba recostado en el marco de la puerta de la cocina.
Bryan observaba el intercambio con una leve sonrisa burlona. Sostenía una taza de café, luciendo demasiado cómodo en la casa de Evander, bebiendo de las tazas de Evander. Cuando Evander le sostuvo la mirada, la sonrisa de Bryan se ensanchó, una burla silenciosa y triunfante.
«Me eligió a mí».
Evander guardó silencio. No se molestó en explicarle nada a Rosalie, en corregirla y decirle: «En realidad era tu PROPIA madre, no la mía». Pero la actitud de ella hablaba por sí sola. Si se tratara de la madre de él, ¿así se iba a comportar?
La idea resultaba casi risible, pero al menos él había terminado con esta mujer. Ella podía tener la vida de ensueño que deseaba con Bryan; él no iba a molestarlos.
Simplemente tomó su abrigo, se dio la vuelta y caminó hacia su habitación, y el suave clic de la puerta resonó en el silencio tenso.
Durante las siguientes dos horas, Rosalie estuvo al teléfono, quemando sus últimos contactos, tratando de encontrar la manera de salvar a la casa de moda Laurent de la bancarrota. Bryan rondaba cerca, interpretando el papel de pareja devota, masajeándole los hombros y murmurando falsas muestras de compasión.
—Lo arreglarás, cariño —ronroneó Bryan—. Eres un genio. Pero necesitamos deshacernos de la carga inútil. Ese esposo tuyo… es una mala imagen. Ya no pertenece a tu mundo, y menos ahora que estás pasando por esto… ni siquiera te apoya. Se ha pasado todo el día parloteando sobre su madre, sin importarle siquiera si tu empresa sobrevive a este golpe o no.
Rosalie se pellizcó el puente de la nariz, con un dolor de cabeza agudo floreciendo detrás de los ojos.
—Estoy tratando de salvar mi empresa, Bryan. No tengo tiempo para añadir a Evander a esa lista ahora mismo.
Revisó su teléfono y volvió a marcar a su asistente, Linda.
—Linda, escúchame con atención. Necesito que me consigas una reunión con el presidente del Imperio Blackthorne. No me importa si tienes que acampar frente a su oficina. No me importa lo misterioso que sea. Dile que aceptaré cualquier condición, cualquier término, siempre que se reúna conmigo.
Evan iba camino a la cocina por un poco de agua cuando la voz de Rosalie llegó por el pasillo.
Una sonrisa fría apareció en sus labios mientras se apoyaba contra la pared, escuchando. Oyó sus exigencias frenéticas, su desesperación por llegar al poderoso e intocable presidente del Imperio Blackthorne.
Una diversión oscura y amarga titiló en su pecho. Miró sus manos, las manos que le habían cocinado sus comidas, lavado su ropa, sostenido a ella cuando lloraba. Se preguntó cómo reaccionaría Rosalie cuando por fin se diera cuenta de que el hombre al que había desechado era el mismo con quien intentaba desesperadamente conseguir una reunión.
Se separó de la pared y entró en la sala.
Rosalie colgó el teléfono, respirando con dificultad. Levantó la vista y se sobresaltó al verlo con una carpeta en la mano.
—Ya que quieres estar con Bryan —dijo Evander, con la voz desprovista de toda emoción, plana como un lago congelado—, ya no me interpondré en tu camino. He firmado los papeles finales del divorcio. Están en la carpeta.
A Rosalie se le atascó el aliento en la garganta. Un repentino y brusco pico de pánico le atravesó el pecho. Lo miró, lo miró de verdad, y vio a un hombre al que no reconocía. No había calidez en sus ojos, ni súplica. Solo una resolución fría y dura, y por un momento tuvo miedo de que Evan realmente estuviera pidiendo el divorcio y de que no fueran solo celos hablando.
—Evan… —empezó, con la voz temblándole ligeramente—. ¿Qué piensas hacer? ¿Ya firmé los papeles que trajiste antes? ¿Para qué son estos? —dijo, tratando de ocultar el pánico en su voz—. ¿Estás tramando alguna clase de truco contra mí? ¿O intentas aprovecharte de las dificultades de mi empresa?
Evander la miró fijamente. El peso de las palabras de ella se asentó sobre él. Incluso ahora, después de tres años de absoluta devoción, después de renunciar a su imperio para ser su sombra, ella seguía pensando lo peor de él.
—Sí, Rosalie, eso es lo que intenta hacer —intervino Bryan, colocándole a Rosalie un mechón de cabello detrás de la oreja, fingiendo amor frente a Evander, pero este no se inmutó en absoluto—. Estaba tratando de sacar provecho del divorcio. Ya no tiene ninguna oportunidad contigo, así que decidió que, con ella o sin ella, debía sacar alguna ganancia de este matrimonio.
Evander le lanzó a Bryan una mirada dura, y Bryan cerró la boca al instante.
—Piensa lo que quieras —dijo con tono plano—. No me interesa tu empresa. Solo firma esto y quedarás completamente libre de este matrimonio.
Sacó los papeles y se los entregó junto con un bolígrafo.
Rosalie miró los papeles por un momento, y la garganta se le sintió increíblemente apretada.
¿Y si de verdad estaba pidiendo el divorcio?
¿Y si no estaba fanfarroneando?
¿Y si de verdad la dejaba?
—Fírmalo, Rosie —la instó Bryan con suavidad, sacándola de sus pensamientos, y le quitó el papel a Evander.
Pero ella recordó lo que Vivienne le había contado sobre Evan: recordó el video, las palabras exactas que él había dicho, y el hecho de que estaba usando este matrimonio como un trampolín para arruinarla por completo.
Ella quería pedir el divorcio primero y ganarle en su propio juego, pero él lo hizo antes, lo que la hizo cuestionar lo que Vivienne le había dicho y el video que había grabado unas semanas atrás.
Aturdida, Rosalie firmó los papeles, sin saber qué quería realmente Evan.
Cuando terminó, se los devolvió a él, con la mente ya decidida.
«Obviamente eran celos hablando», se convenció. «¿Podría Vivienne estar equivocada sobre lo que vio? Si eso fuera realmente lo que él quería, no pediría el divorcio justo ahora. Obviamente no puede vivir sin mí. Quizás solo está molesto. Durante tres años estuvo a mi lado en las buenas y en las malas; este problema menor no lo haría rendirse conmigo. Él me ama tanto como yo…».
«¿Yo lo amo?».
—Adiós, Rosalie —el suave susurro de Evan la hizo salir de su cabeza, y levantó la vista.
La expresión en el rostro de él le encogió el corazón dolorosamente dentro del pecho, pero la callada tranquilidad que se repetía a sí misma la calmó un poco.
—Evan… —murmuró suavemente, pero él no se molestó en mirar atrás. Simplemente entró en su habitación y cerró la puerta con un golpe seco.
—Vamos a la cama, cariño —dijo Bryan, con el rostro radiante.
Ella se puso de pie y parpadeó para ahuyentar las lágrimas que le ardían en el fondo de los ojos.
—Toma la habitación de huéspedes, Bryan —tomó su teléfono y se arregló el cabello—. Todavía no podemos dormir en la misma habitación.
Luego se marchó, dejando a Bryan allí solo, apretando los puños.
Su plan de pasar la noche con Rosalie acababa de arruinarse.
Rosalie miró fijamente a Evander, con los ojos muy abiertos y el nombre muriéndosele en los labios.—Evander…—Es evidente que usted no ha venido por negocios —la interrumpió él antes de que pudiera decir otra palabra. Su voz estaba despojada de toda calidez, una hoja de puro hielo—. Y no aprecio el comportamiento poco profesional en mi oficina. Tengo trabajo que hacer, y no voy a pasar el resto de la mañana discutiendo un matrimonio que ya terminó.Rosalie se quedó inmóvil, con la respiración entrecortada. Había esperado ira. Había esperado gritos, quizás incluso acusaciones. Nunca había imaginado que él la miraría como si fuera una visitante indeseada que dejaba huellas de lodo sobre sus impecables suelos.Dio un paso vacilante y tembloroso hacia el escritorio de él.—Por favor, solo mírame.Él no se movió. Su mirada permaneció fija en los documentos que tenía delante.—Evander, sé que estás herido. Sé que tienes todas las razones para estar enojado conmigo, pero por favor no me exc
—Señorita Laurent, el presidente está listo para recibirla.Rosalie respiró hondo en silencio y se arregló la chaqueta antes de ponerse de pie. Había pasado los últimos minutos esperando en el salón de recepción, tratando de calmar la inquietud que se le había instalado en el estómago desde que llegó al Imperio Blackthorne. La condición inusual de esta reunión todavía la perturbaba, pero la casa de moda Laurent se estaba quedando sin opciones, y no podía permitir que su incomodidad personal se interpusiera en una posible oportunidad de negocio.—Hemos llegado, señorita Laurent.La mujer se detuvo frente a unas imponentes puertas dobles y abrió una de ellas.Rosalie asintió en señal de agradecimiento antes de entrar.Lo primero que notó fue la vista impresionante más allá de los ventanales que iban del suelo al techo. La ciudad se extendía bajo la oficina, con sus edificios pareciendo casi insignificantes desde semejante altura. La sala era espaciosa y estaba amueblada con buen gusto,
Durante las últimas tres horas, Rosalie no había podido concentrarse en nada que no fuera la reunión. La casa de moda Laurent se estaba quedando sin opciones, y el Imperio Blackthorne seguía siendo su mejor oportunidad de conseguir el apoyo que necesitaba desesperadamente. Había esperado que la reunión fuera difícil, pero estaba preparada para enfrentar cualquier pregunta que el presidente pudiera hacer sobre su empresa.Lo que no había esperado era la expresión de Linda cuando cruzó la puerta.—¿Pasa algo? —preguntó Rosalie, levantando la vista de los documentos esparcidos sobre su escritorio.Linda dudó antes de acercarse.—He recibido una respuesta de la oficina del presidente del Imperio Blackthorne.Rosalie se enderezó de inmediato.—¿Y?—Están dispuestos a seguir adelante con la reunión, pero hay una condición.La expresión esperanzada de Rosalie se desvaneció ligeramente.—¿Qué condición?Linda miró el mensaje en su tableta antes de responder.—El presidente quiere saber si ust
Por un momento, Rosalie no dijo nada.La grabación la había inquietado desde que Vivienne se la mostró. Recordaba las palabras, la manera en que Vivienne las había explicado y la conclusión a la que había llegado a partir de lo que vio. En ese momento, todo había parecido encajar, sobre todo con el comportamiento cada vez más distante de Evan.Pero ahora, al intentar conciliar esas acusaciones con el hombre con el que había vivido durante tres años, empezaron a surgirle dudas.Evan había estado ahí cuando el negocio de ella atravesaba dificultades. La había apoyado en los días difíciles, se había quedado a su lado cuando estaba agotada y la había animado cuando pensaba que ya no podía seguir.—¿Y si malinterpretaste lo que viste? —preguntó Rosalie en voz baja.—¿Qué acabas de decir?—No estoy diciendo que mientas. Estoy diciendo que quizás malinterpretaste la grabación. No conozco el contexto completo de lo que Evan estaba hablando, y no creo que deba suponer lo peor sin saberlo todo.
A la mañana siguiente, Rosalie despertó con un dolor de cabeza punzante, y la luz del sol que se derramaba por las ventanas no le hacía ningún bien.Se incorporó, frotándose las sienes, y las últimas palabras de Evan resonaron en su cabeza.«Adiós, Rosalie».Su corazón dio un pequeño vuelco al recordar la manera tranquila en que él lo había dicho, sin ira ni un intento desesperado de hacerla cambiar de opinión.Apartó las sábanas y balanceó las piernas fuera de la cama. Seguramente Evan todavía estaba molesto por el regreso de Bryan. Siempre había sido un poco sensible en lo que se refería a Bryan, y quizás la discusión de ayer por fin lo había llevado demasiado lejos. Se calmaría con el tiempo; siempre lo hacía.Siguió tranquilizándose en silencio mientras se levantaba de la cama, se aseaba y se dirigía a la sala.Normalmente, a esa hora Evan ya andaría moviéndose por la casa, poniendo la mesa del desayuno o avisándole en voz alta que se le hacía tarde. Otros días lo encontraba en la
El olor estéril a antiséptico se aferraba a la ropa de Evander cuando entró al penthouse. El sol ya se había puesto, y la brisa fresca de la tarde barrió su cuerpo exhausto, refrescándolo durante el breve instante que duró. Su mente ya estaba vaciada por las horas que había pasado sentado junto a la cama de hospital de Eleanor Laurent. Los médicos ya la habían estabilizado, pero verla en ese estado, tan pálida, conectada a máquinas, había movido algo enorme dentro de él. Ella era la única persona que lo había tratado bien, como una verdadera madre desde que se casó con Rosalie.Empujó las puertas de cristal y entró en la sala. Necesitaba decírselo a Rosalie: a pesar de que los papeles del divorcio ya estaban firmados y de la frialdad con la que ella lo trataba desde que llegó Bryan, tenía derecho a saber que su madre estaba en coma.Caminó unos pasos por la sala antes de encontrarla yendo de un lado a otro, con el teléfono apenas presionado contra la oreja y una expresión preocupada.







