로그인~EMILIANO~ Valentina me miró entre confundida e intrigada, probablemente intentando adivinar qué asunto podía ser tan importante como para que quisiera consultarlo con ella. Se acomodó frente a mí y parpadeó, antes de decir: —A ver, cuéntame qué es eso que has estado pensando y que tiene que ver con nuestro futuro. Me tomé unos segundos para observarla. Había algo que necesitaba preguntarle antes de hablar de mis planes, algo que llevaba tiempo dando vueltas en mi cabeza y que, aunque quizá no debería necesitar confirmación, significaba mucho para mí. —¿Recuerdas lo que me dijiste hace unos días? Cuando empezamos a aclarar las cosas entre nosotros y me aseguraste que me habrías amado incluso si hubiera seguido siendo solamente un piloto de carreras. Su expresión cambió ligeramente y asintió. —Claro que lo recuerdo. —Quiero saber si realmente piensas así o tienes alguna duda al respecto. Valentina frunció el ceño, como si mi pregunta le pareciera innecesaria. —Emiliano, ¿por
~VALENTINA~ —Por favor, Emiliano, no puedo soportarlo más —supliqué, mientras él seguía comiéndose mi coño. Lo había estado haciendo por lo que parecían horas y ya había perdido la cuenta de cuántas veces me había corrido. Joder. Emiliano y yo llevábamos encerrados en el departamento tres días desde que el doctor nos había dado luz verde para el sexo. Lo hacíamos a cada rato y en cualquier parte, donde nos entraran las ganas, como si nunca tuviéramos suficiente el uno del otro. Nadie nos había ido a visitar ni nos habían llamado por teléfono, porque les habíamos dado la orden de no molestarnos y todos entendieron. Creo que sabían que estábamos recuperando el tiempo que habíamos perdido en esos siete años que estuvimos separados gracias a las mentiras de Kate. Emiliano se bebió mi orgasmo y ya estaba intentando obtener otro. Miré hacia él entre mis muslos. Tenía una mirada hambrienta y todavía parecía no tener suficiente. Carajo. ¿Acaso quería matarme haciéndome ven
~EMILIANO~ Me reí y agarré su cadera, empujándola hacia un lado antes de agarrar su pierna y tirar de ella hacia arriba, colocándome entre ellas a horcajadas sobre una pierna y con la otra sobre mi hombro. Agarré la base de mi polla y la deslicé por su coño, cubriéndome con ella antes de introducir la cabeza en su cuerpo. Valentina puso los ojos en blanco y los cerró. —Mírame cuando te folle, Valentina —exigí, con la voz ronca por el deseo. Sus ojos se abrieron y se entrecerraron, mirándome, pero entonces la empujé, la estiré y la llené. Sus ojos se agrandaron y su boca se abrió en un grito silencioso. —¡Mía! —exclamé, mirando hacia abajo, donde estaba enterrado en su cuerpo—. Eres mía. Mía para follar. Mía para complacerte. No me contestó, no como yo esperaba, pero no me quitó los ojos de encima, observando cómo me la follaba. Mirando cómo la poseía. Empujé dentro de ella antes de volver a movernos, ayudándola a bajar la pierna y colocarse boca arriba. Mi cuerpo se aco
~EMILIANO~Para mí el cuerpo de Valentina siempre fue como una obra de arte, tan cuidadosamente construido que quien la creó no descuidó ni una sola parte.Era devastadoramente impresionante, desde sus astutos ojos felinos hasta sus infartantes curvas. Para mí ella era la perfección en forma humana, un festín para mis ojos y una delicia para mi lengua. Mis manos deslizaron el agua jabonosa por su suave piel y por sus pechos, mientras su cabeza se apoyaba en mi hombro. El agua corrió sobre ella y el vapor llenó el cuarto de baño. Valentina gimió cuando moví mi mano entre sus piernas. —Qué cosita tan necesitada eres —musité con orgullo—. Mi esposa está tan desesperada como yo. Murmuró algo inaudible cuando mis dedos la separaron, moviéndose por su calor resbaladizo.Todavía estaba hinchada y probablemente dolorida, pero no se quejó cuando deslicé mis dedos en su interior. La estreché contra mí y empecé a introducirle los dedos, uno, luego dos, hasta llegar a su clítoris con el
~VALENTINA~ Se rio, pero no de diversión, sino de promesas violentas. —Pon las manos en la pared —demandó. Con el pecho agitado y el corazón latiéndome con fuerza, extendí los brazos y apoyé las palmas en la pared, teniendo que inclinarme ligeramente para poder hacerlo. —Buena chica —me elogió— Ahora da un paso atrás, inclínate para mí. Pasé las manos por la pared mientras me inclinaba, ajustando los pies al mismo tiempo. Quedé tal y como él quería: inclinada, vulnerable, y nunca me había sentido más viva. Recibí otra palmada rápida y fuerte en una nalga que me hizo jadear y levantarme, pero su mano voló hasta mi nuca y me obligó a volver a mi sitio. —Quédate quieta. Me escocía el culo por la palmada y me palpitaba el coño, con algo caliente y pesado enroscándose dentro de mí. Quería otra y él cumplió. Su palmada resonó en toda la habitación, uniéndose al crepitar del fuego en mis venas, mientras la piel de mi nalga ardía con la misma intensidad. Un jadeo salió d
~VALENTINA~—Ya casi —susurró cuando entramos al ascensor. Traté de no jadear cuando su cálido aliento sopló contra el lado de mi cuello. Fue un sonido pequeño, pero él lo escuchó y me atrajo con fuerza contra él; mi espalda contra su pecho, sus manos en mis caderas. Las puertas del ascensor se cerraron tras nosotros y el vestíbulo del edificio desapareció, luego el segundo piso, después el tercero. Ya no podía esperar más. Atraje su rostro al mío y lo besé con una intensidad desbordante. Pero, pese a eso, sentía que no tenía suficiente. Quería más y él me dio más, levantándome contra sí mismo, devorándome, saboreando el lado de mi cuello, justo donde sabía que me volvería loca. Mis piernas se envolvieron a su alrededor, apretadas. Sus manos se enredaron en mi cabello y yo ya estaba perdiendo la cabeza. Me presioné contra él y pensé que podría morir. Había deseado demasiado ese momento y finalmente iba a tenerlo. Él no tenía ni la menor idea de lo mucho que lo había es







