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LA LUNA QUE RECHAZÓ AL ALFA
LA LUNA QUE RECHAZÓ AL ALFA
Author: Alfa🥰🥰

Capítulo 1: La ceremonia

Author: Alfa🥰🥰
last update publish date: 2026-09-28 17:42:21

Ivara sabía que la manada entera la estaba mirando.

No tenía que voltear para saberlo. Lo sentía en la espalda. Cientos de ojos encima.

La chica sin lobo. La huérfana que la Luna se equivocó al elegir.

Apretó la tela del vestido blanco hasta que los nudillos se le pusieron blancos y levantó la barbilla. No iba a temblar. No hoy.

El claro del Colmillo de Plata estaba lleno de antorchas. En el centro estaba la piedra de la marca y frente a ella estaba él.

Dorian Valcourt. Alfa del Colmillo de Plata.

Alto, hombros anchos, pelo negro caído en la frente. Con una mirada que hacía que hasta los guerreros viejos se callaran. Esa noche no miraba a nadie. Miraba el suelo.

Mírame. Por favor mírame.

Diecinueve años viviendo a la sombra de todos. Sin lobo. Sin garras, sin velocidad, sin voz adentro. Solo ella Pero el día que cumplió veinte, el vínculo despertó.

Fue un tirón caliente en la nuca. Y una palabra que le explotó en la cabeza.

Mía.

Era su voz. La del Alfa. Su pareja.

Por primera vez Ivara pensó que la Luna no se había equivocado.

—Ivara Roen —dijo el anciano—. Has sido reconocida por el vínculo. Acércate a la piedra.

Caminó. Cada paso le pesaba como si llevara piedras en los zapatos. Al pasar escuchó una risita a su izquierda. Giró sin querer.

Kaela. Su hermana adoptiva. En primera fila, con vestido rojo, manos entrelazadas. Sonriendo. No como quien celebra. Como quien espera a que se acabe la función.

Se le encogió el estómago.

—Alfa Dorian —siguió el anciano—. Pronuncia las palabras.

Dorian levantó la vista. Ojos gris oscuro. Se clavaron en los de ella.

Y estaban vacíos. Cerrados por dentro.

Algo se le rompió a Ivara antes de que él abriera la boca.

—Yo, Dorian Valcourt, Alfa del Colmillo de Plata —dijo con una voz que no era la suya—, ante la Luna y ante mi manada...

La pausa más larga de su vida.

—Rechazo a Ivara Roen como mi compañera.

El viento se detuvo

Ivara dejó de escuchar. Las antorchas seguían ahí pero ya no oía . Solo un zumbido agudo adentro de la cabeza.

—No... —le salió solo—. Dorian, tú lo sentiste. Yo sé que lo sentiste.

—Ni la Luna ni yo necesitamos a una Luna sin lobo —contestó él sin mirarla—. Una Alfa no puede ser débil. La manada merece algo mejor.

Las palabras le cayeron como piedras. Alguien se rió nervioso entre la gente. Después otro. Después un murmullo que se fue regando.

Lo sabía. Lo sabía.

—Por favor —dijo Ivara. Odió como le tembló la voz—. Por favor, no.

El anciano suspiró y levantó la mano.

—El rechazo ha sido pronunciado. Que el vínculo se rompa.

Y ahí llegó el dolor.

No fue dolor normal. Fue como si le arrancaran algo del hombro con la mano. Ivara gritó. Cayó de rodillas en la hierba , con los dedos clavados en la piel, mientras un calor blanco le cruzaba la espalda y se le quedaba ardiendo en el hombro derecho.

Algo se estaba abriendo. Algo que quemaba y brillaba.

Entre lágrimas vio una línea pálida cruzándole la piel. Curva, delgada, como una luna partida. Cada latido la hacía brillar más.

—Marcada por el rechazo —murmuró una mujer riéndose bajito—. Qué vergüenza.

Ivara levantó la cara llena de lágrimas. Buscó a Dorian. Como se busca la orilla cuando te estás ahogando.

Él ya se estaba yendo. Espalda recta, sin voltear. A su lado Bram, su beta, tenía la cara blanca y los puños cerrados, mirando a su Alfa como si le quisiera gritar algo.

No le dijo nada.

Kaela sí. Seguía sonriendo.

Ivara se quedó en el suelo, temblando, con los ojos ardiendo y la humillación atravesada en la garganta. Alrededor los lobos empezaron a irse. Nadie se acercó. Nadie le dio la mano.

No lloro más. Esta es la última vez que lloro por alguien que no me eligió.

Entonces lo vio.

Cuando Dorian pasó al lado de la piedra, con la cara de hielo, algo oscuro le cayó de la mano al suelo. Otra gota.

Sangre.

Había apretado tanto el puño que se había clavado las uñas en la palma.

Y abajo del dolor, abajo de la vergüenza, algo se movió muy leve dentro de Ivara. Algo que no debería existir en una chica sin lobo.

Un latido. Uno solo. Lejano.

Como si en algún lugar de su pecho, algo acabara de abrir los ojos.

Fin del capítulo 1

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