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Capítulo 003

Author: Agatha
last update publish date: 2026-09-13 09:16:02

La sorpresa.

Capítulo 003

A través de la ventanilla del avión Asia observo como Sicilia se convertía poco a poco en una sucesión de sombras y reflejos. Había vivido allí durante años, pero nunca había sentido que aquel lugar le perteneciera. Todos parecía estar bajo el control de Lorenzo: los edificios, los negocios, los hombres que vigilaban cada esquina. Todo le pertenecía a él.

Lorenzo Costello tenia una forma de entrar en la vida de los demás sin pedir permiso. Su presencia llenaba cualquier habitación. Su voz podía convertir una orden sencilla en una amenaza. Y sus ojos… sus ojos parecían descubrir todo aquello que ella intentaba ocultar.

—¿Estas segura de que no quieres apagar el teléfono? —preguntó Rita, sentada a su lado.

Asia observo la pantalla. No había mensajes de Lorenzo. Ni una llamada perdida. Nada.

Durante unos segundos se quedo contemplando el fondo oscuro del celular, como si pudiera encontrar una respuesta. Tal ves una señal de que había notado su ausencia. Tal ves una orden. Tal ves, simplemente, una pregunta.

Pero el teléfono permaneció en silencio.´

Apretó los labios para contener el temblor que le recorría el cuerpo y deslizo el dedo en la pantalla antes de apagarlo.

Por eso tenia que marcharse.

—Ni cuenta se habría dado de mi ausencia en el casino.

Rita lanzo una mirada rápida hacia ella. La conocía demasiado bien para no reconocer el dolor escondido detrás de aquellas palabras.

—No subestimes a un hombre como él.

—No lo subestimo—respondió, guardando el celular en el bolso —. Por eso me voy.

—En Roma nadie sabrá quien eres —continuo Rita, intentando tranquilizarla—. Nadie conocerá tus secretos. Podrás empezar de cero.

Asia apoyo la cabeza contra el respaldo y cerro los ojos. Aquellas palabras eran exactamente lo que necesitaba escuchar.

Empezar de cero.

La frase sonaba hermosa, casi imposible. En Roma no tendría que caminar mirando por encima del hombro. No tendría que preguntarse quien estaba siguiendo sus pasos o si alguno de los empleados del casino informaba a Lorenzo sobre cada uno de sus movimientos. Podría buscar un trabajo normal, terminar sus estudios y construir una vida que no dependiera de las decisiones de un hombre poderoso.

Podría volver a ser Asia.

No la chica que trabajaba para Lorenzo. No la mujer que esperaba sus mensajes. No la persona que conocía sus secretos y que, a pesar de todo, había permitido que él se colara en su corazón, como un veneno letal que la avenenaba lentamente.

—¿Tienes miedo? —pregunto Rita.

—Si.

La sinceridad de su respuesta hizo que Rita guardara silencio.

—Pero tengo mas miedo de quedarme.

Rita tomo su mano y la apretó con fuerza.

—No vas a estar sola.

Asia bajo la mirada hacia sus dedos entrelazados. Quería creerle. Necesitaba hacerlo. Aun así, una parte de ella sabia que escapar de Lorenzo no seria tan sencillo como subir a un avión. El tenia contactos, dinero, y una influencia que se extendía mucho mas allá de Sicilia. Si descubría que ella se había ido, no tardaría en encontrarla.

—¿Quieres volver? —preguntó Rita en voz baja.

Asia pensó en Lorenzo.

En su voz.

En sus manos.

En la manera en que la miraba cuando creía que ella no se daba cuenta.

Después negó con la cabeza.

—Espero no volverlo a ver —dijo, con un dolor insoportable.

El avión aterrizó poco después del amanecer. A través de la ventanilla, Asia contemplo las primeras luces de Roma, extendiéndose sobre la ciudad como una promesa.

Sin embargo a cientos de kilómetros de allí, Lorenzo Costello observaba el reloj de su despacho.

Las once y cincuenta y siete.

Asia siempre llegaba antes de la media noche. Nunca se retrasaba, nunca lo hacia esperar.

A las doce en punto, el silencio de la habitación se volvió insoportable.

Lorenzo dejó el vaso sobre el escritorio con un golpe seco.

—¿Dónde está? —preguntó.

Su hombre de confianza, Matteo, permanecía de pie frente a él, rígido.

—No lo sabemos, don. Su apartamento está vacío.

Los ojos verdes de Lorenzo se endurecieron.

—¿Vacío?

—Se llevó sus pertenencias. También retiró el dinero de sus cuentas y canceló el contrato del casino.

Por primera vez en mucho tiempo, algo parecido a la sorpresa atravesó el rostro de Lorenzo. Fue apenas un destello, rápidamente reemplazado por una furia fría.

—¿Y nadie la vio salir?

—Tomó un taxi hacia el aeropuerto. Tenemos confirmado que abordó un vuelo a Roma.

El silencio cayó entre ambos.

Lorenzo se levantó despacio. La silla retrocedió sobre el suelo de mármol mientras él caminaba hacia el ventanal. Desde allí, Sicilia parecía un reino bajo su dominio: las luces del puerto, las mansiones, los casinos y las calles donde todos conocían su nombre.

Asia se había ido.

Sin pedir permiso.

Sin despedirse.

Sin siquiera dejarle la oportunidad de recordarle que le pertenecía.

Su mandíbula se tensó.

—Encuéntrala.

—¿Quiere que la traigamos de regreso?

Lorenzo no respondió de inmediato. En su mente apareció el rostro de Asia, sus ojos oscuros llenos de miedo y orgullo. Recordó la forma en la que había pronunciado que ese era su último día. Recordó también la expresión herida que intentó ocultar cuando él le habló de su esposa.

Había creído que se marcharía llorando y volvería al día siguiente.

Había creído que no tenía otra opción.

—No —dijo finalmente—. Solo quiero saber dónde está.

Matteo lo observó con cautela.

—Don, si me permite decirlo… ella parece no querer regresar.

Lorenzo giró la cabeza.

—No te permito decir nada.

—Sí, señor. Disculpe mi atrevimiento.

Lorenzo tomó el teléfono y marcó un número.

—Quiero todos los movimientos de Asia Bianchi desde que salió del edificio. Sus cuentas, sus contactos, su universidad, sus amigos, su familia. Todo.

—¿Y si intenta ocultarse? —preguntó Matteo.

Una sonrisa peligrosa curvó sus labios.

—Entonces será más interesante encontrarla.

En Roma, Asia no sabía que su huida había despertado algo mucho más peligroso que la ira de Lorenzo.

Había herido su orgullo.

Y, para un hombre como el Escorpión, eso era una declaración de guerra.

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