LOGINEl encuentro y la verdad
006. La camioneta atravesaba Roma a toda velocidad. Las ruedas golpeaban los adoquines y el motor rugía. Cada curva lanzaba a Asia contra el respaldo. Asia permanecía pegada al cristal trasero. —¿Quiénes son los Ferraro? —preguntó con temor. El hombre no aparto la vista de la carretera. —En cuanto lleguemos a la villa, el Don Ferraro se lo explicara. —¿A dónde me llevan? —A un lugar seguro —dijo el hombre, mirándola a través de retrovisor —. ¿De quien huyen? —¿Qué te importa? —respondió Rita enfurecida. —Usted no me importa en lo absoluto, pero la señorita Asia si. Asia miraba a través de la ventanilla trasera. La belleza de Roma se deslizaba por el cristal. Intentaba respirar con normalidad, pero tenia el pecho oprimido, llena de miedo. Entonces, al doblar la camioneta, en una esquina lo vio. La figura de Lorenzo Costello, permanecía inmóvil al otro lado de la calle, con pistola en mano. Asia dejo de respirar. Su cuerpo firme la expresión endurecida y aquellos ojos verdes que parecían atravesarlo todo. Sus miradas se cruzaron a través del cristal. Durante un instante, el brillo de la ciudad desapareció, no hubo motores, bocinas. Solo el rostro de Lorenzo y la intensidad de sus ojos clavados en ella. Parecía furioso, pero había algo mas en su expresión. Algo que Asia no supo identificar: ¿dolor? ¿miedo? ¿desesperación? Durante un segundo, todo pareció detenerse. Asia sintió el golpe de la realidad. Tal vez Lorenzo había llegado para llevársela. Tal vez para matarla. Pero la camioneta volvió a girar y la imagen de Lorenzo desapareció. Asia lo miro una última vez. Lorenzo seguía allí, contemplándola mientras la distancia crecía entre ambos. Después, una fila de vehículos se interpuso entre ellos y lo borro de su vista. Asia se quedo mirando el vacío. No sabia qué la aterraba más: que Lorenzo la hubiera encontrado o que, por un instante, ella hubiera querido que lo hiciera. Minutos después llegaron a la majestuosa villa Ferraro. El camino privado, estaba protegido por grandes muros de piedra, la mansión se alzaba al fondo. Su belleza era imponente, pero a Asia le produjo una sensación extraña, casi opresiva. Como si aquel lugar hubiera estado esperándola. —Sera que otro mafioso se enamoro de ti —susurró Rita. Asia se encogió de hombros, no sabia que estaba sucediendo, pero hacia mucho tiempo no se sentía protegida. Alessandro y Elena aguardaban frente a la entrada. Elena fue la primera en acercarse. Tenia los ojos húmedos y las manos entrelazadas contra el pecho. Intento sonreír, pero la emoción le quebró el gesto. —Has llegado a casa, hija. Asia se quedo inmóvil. —¿Qué ha dicho? Elena palideció. —Hija… —Creo que se han confundido —dijo Asia. Su voz tembló. —Alessandro avanzo despacio, como si temiera asustarla. Llevaba un álbum de fotografías antiguas entre las manos. —Soy Alessandro Ferraro, ella es Elena mi esposa. Llevamos veintidós años buscando a nuestra hija. Asia sintió un zumbido en los oídos. Había crecido en un orfanato en Sicilia junto a su supuesto hermano mellizo. —¿Su hija? —preguntó confundida. —No los conozco. Esas palabras fueron dolorosas para Elena y Alessandro. —Tienes razón, no nos conoces, pero nosotros si te conocemos, … o, al menos conocemos a la niña que perdimos. —¿Entonces que quieren de mi?. No puedo ser su hija, tengo un hermano mellizo. Alessandro avanzo un paso, abrió el álbum con manos temblorosas. En la primera página había una fotografía. Una pareja joven sostenía a una niña de unos dos años. La pequeña llevaba dos coletas, un vestido claro y una expresión seria, casi desafiante. Asia se inclinó sin querer. El parecido era innegable. La forma de los ojos. La pequeña cicatriz junto a la ceja izquierda. Incluso aquella manera de sonreír con picardía. Había más fotografías. Asia en brazos de Elena, dormida sobre el pecho de su padre, sentada junto a una fuente con un lazo blanco en el cabello. En todas aparecía la misma mirada seria, la misma pequeña cicatriz junto a la ceja izquierda. Asia sintió que el suelo se volvía inestable. —No… —susurró —. Esto no puede ser. Elena se acerco de espacio. —Te llamas Isabella. Asia levantó la mirada. —Yo siempre me he llamado Asia. —Ese fue el nombre que te dieron después de desaparecer —dijo Alessandro—.Hace veintidós años, alguien entro a nuestra casa del lago. Mataron a la seguridad, a las nanas, a la servidumbre, y se llevaron a nuestra hija. Nunca encontramos un cuerpo, nunca recibimos una llamada de rescate. —¿Quién la robó? —pregunto Rita mientras observaba las fotografías. —No lo sabemos. Tengo muchos enemigos, durante años buscamos en cada familia, en cada refugio y en cada territorio relacionado con los clanes. Preguntamos a nuestros aliados, a nuestros enemigos, pero nunca dejamos de buscar. Asia miro a Rita ella siempre revisaba la oficina de la madre superiora en el orfanato en busca de información que sirviera para el futuro. —En el orfanato, la madre superiora siempre tuvo el informe de Asia escondido en los clasificados —dijo Rita —. Esto es beneficioso para ti Asia —susurró al oído de su amiga confundida —. Lorenzo no te podrá tocar nunca mas. —¿Y mi hermano? —No sabemos nada de él, pero fue una buena estrategia para que no lográramos hallarte. —Soy lo único que tiene, se aferra a mi presencia para dejar sus vicios. —Solo es un idiota que ha hecho meterte en problemas por sus tonterías —reclamo Rita. —Eres nuestra hija y a partir de ahora, todo lo que ves delante de ti, te pertenece. Eres la hija de uno de los hombre mas respetado de Roma, de Italia, de Europa y nada ni nadie podrá volverte a lastimar —dijo Elena. Algo dentro de Asia reconocía aquella casa, aquel jardín, incluso el aroma tenue de las rosas que flotaban por el aire. Como si su cuerpo recordara lo que su memoria había olvidado. *** Lorenzo arrojó el teléfono sobre el escritorio. El aparato rebotó contra la madera y cayo al suelo con un sonido seco. Nadie en la habitación se atrevió a moverse. Asia había vuelvo a escapar. Por segunda vez.El encuentro y la verdad006. La camioneta atravesaba Roma a toda velocidad. Las ruedas golpeaban los adoquines y el motor rugía. Cada curva lanzaba a Asia contra el respaldo. Asia permanecía pegada al cristal trasero.—¿Quiénes son los Ferraro? —preguntó con temor.El hombre no aparto la vista de la carretera.—En cuanto lleguemos a la villa, el Don Ferraro se lo explicara.—¿A dónde me llevan?—A un lugar seguro —dijo el hombre, mirándola a través de retrovisor —. ¿De quien huyen?—¿Qué te importa? —respondió Rita enfurecida.—Usted no me importa en lo absoluto, pero la señorita Asia si.Asia miraba a través de la ventanilla trasera. La belleza de Roma se deslizaba por el cristal. Intentaba respirar con normalidad, pero tenia el pecho oprimido, llena de miedo.Entonces, al doblar la camioneta, en una esquina lo vio.La figura de Lorenzo Costello, permanecía inmóvil al otro lado de la calle, con pistola en mano.Asia dejo de respirar.Su cuerpo firme la expresión endurecida y aquel
Te encontré, pequeña.Capítulo 005El automóvil negro se detuvo frente a un restaurante privado en el centro de la ciudad . Lorenzo bajó sín prisa, acompañado por Matteo y dos hombres de confianza.Había llegado a Roma hace dos horas.Bajo hasta el sótano del lujoso restaurante.El primer hombre cayo al suelo antes de comprender que Lorenzo había cruzado la habitación.—Dos semanas dijo Lorenzo, quitándose lentamente los guantes—. Dos semanas en Roma y todavía no saben dónde esta.El hombre se llevó una mano a la mandíbula.—Don Lorenzo, tenemos vigiladas las zonas cercanas a la universidad. la señorita Asia comenzara sus estudios dentro de diez días. Creemos que aparecerá entonces.—¿Creen?La palabra salió tan fría que nadie respiró. Lorenzo recorrió con la mirada el sótano donde sus hombres habían instalado su centro de operaciones. Había mapas de Roma pegados en las paredes, Fotografías, direcciones, horarios. Pero Asia no aparecía en ninguna parte.Eso lo enfurecía. No porque
El rostro perdido.Capítulo 004Roma las recibió con un cielo despejado y una brisa suave que arrastraba el aroma del café recién hecho. Asia caminaba junto a Rita por una de las calles empedradas del centro histórico, observándolo todo con una mezcla de asombro y cautela.Habían llegado hace una semana y, por primera vez en mucho tiempo, Asia sentía que podía respirar sin mirar constantemente por encima del hombro.—No puedo creer que de verdad estemos aquí —dijo Rita, girando sobre sí misma para contemplar los edificios antiguos—. Roma es mucho más hermosa de lo que imaginaba.Asia sonrió levemente.—Es hermosa… y demasiado grande.—Eso es precisamente lo que necesitamos. Un lugar donde nadie nos encuentre.Asia bajó la mirada. No quería mencionar a Lorenzo. No quería pensar en Sicilia, en su mirada, en su voz ni en la forma en que había pronunciado sus órdenes. Sin embargo, cuanto más intentaba olvidarlo, más presente lo sentía.Rita la observó en silencio.—¿Estás pensando en él?
La sorpresa.Capítulo 003A través de la ventanilla del avión Asia observo como Sicilia se convertía poco a poco en una sucesión de sombras y reflejos. Había vivido allí durante años, pero nunca había sentido que aquel lugar le perteneciera. Todos parecía estar bajo el control de Lorenzo: los edificios, los negocios, los hombres que vigilaban cada esquina. Todo le pertenecía a él.Lorenzo Costello tenia una forma de entrar en la vida de los demás sin pedir permiso. Su presencia llenaba cualquier habitación. Su voz podía convertir una orden sencilla en una amenaza. Y sus ojos… sus ojos parecían descubrir todo aquello que ella intentaba ocultar.—¿Estas segura de que no quieres apagar el teléfono? —preguntó Rita, sentada a su lado.Asia observo la pantalla. No había mensajes de Lorenzo. Ni una llamada perdida. Nada.Durante unos segundos se quedo contemplando el fondo oscuro del celular, como si pudiera encontrar una respuesta. Tal ves una señal de que había notado su ausencia. Tal ves
La huidaCapítulo 002Una risa breve y sin humor escapó de sus labios.—¿Quieres conocer la peor parte del escorpión?Asia sintió que el miedo le subía por la espalda.—Ya conozco la peor parte de usted.La expresión de él se volvió letal.—No, solo conoces la parte que te he permitido ver —se inclinó hasta quedar a pocos centímetros de su rostro—. Soy cruel, Asia. Muy cruel. Tan letal como el veneno de un Escorpión, Y esto termina cuando yo quiera.Ella sostuvo su mirada, aunque el corazón le golpeaba con tanta fuerza que temió que él pudiera escucharlo.¿Más cruel que durante esos dos años?No había mostrado interés por ella. No la había tratado como a una mujer, mucho menos como a alguien importante. Asia había cumplido cada condición del acuerdo. Había soportado sus ausencias, sus humillaciones y aquella relación sin nombre. Hoy era su último día.—No puede obligarme a quedarme.Los ojos de Lorenzo destellaron.—¿Quieres comprobarlo?Asia se quedó sola, con la respiración entre
El pactoCapítulo 001—Ah… De verdad extrañaba esto, Asia —susurró Lorenzo, bombeando con fuerza sobre el cuerpo tembloroso de ella. Cada movimiento era un vaivén poderoso, un latido salvaje que hacía vibrar cada fibra de su piel, mientras un gemido contenido se escapaba de los labios de Asia.La delgada mano de ella se aferraba con desesperación a su espalda, hundiendo los dedos en la piel cálida y sudorosa, percibiendo la tensión de sus músculos firmes, como si fueran cuerdas a punto de romperse.—Dilo —ordenó con voz ronca, sintiendo cómo el cuerpo de Asia se rendía al suyo, envolviéndose en una danza rítmica—. ¡Ah! ¡Maldita sea! Me encanta —jadeó, respirando entrecortado; sus ojos verdes brillaban con un deseo profundo.—Sí, así, señor… Ah… Eres increíble —susurró ella.La piel de Lorenzo, brillante por el sudor como si estuviera cubierta de aceite, se reflejaba bajo la luz tenue del pent-house; cada gota acentuaba la fuerza brutal de sus músculos.El clímax llegó como una ola imp







