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71. Operación silenciosa en Zúrich

last update Veröffentlichungsdatum: 01.11.2026 23:16:57

Noah abrió la puerta de la habitación VIP. Su mirada se posó de inmediato en el hombre sentado, recostado sobre la cama médica. La bata de hospital no restaba un ápice a la imponente postura de Nathan.

—¿Cómo te fue en la visita a la cárcel? —preguntó Nathan, clavando los ojos en ella.

—Tristan no podrá contratar a ningún abogado —respondió Noah con serenidad mientras acercaba una silla de metal a la cama—. Ya congelé todos sus activos y los fondos de su empresa. La familia Vance quedó formalme
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    La luz del sol matutino se filtraba por las rendijas de las cortinas de la recámara. Su cálido resplandor acariciaba despacio el rostro de Noah. La mujer abrió los ojos. Su cabeza aún descansaba plácidamente sobre el ancho pecho de Nathan. Movió la mano izquierda para acomodar la sábana y sintió un objeto frío que le rozaba el dedo anular.Noah alzó la mano en el aire. Un anillo con un diamante negro se ajustaba a la perfección a su dedo. La pieza lucía increíblemente elegante y costosa.—¿Ya despertaste?La voz ronca de recién despierto sobresaltó a Noah. Alzó la mirada: Nathan la observaba con una sutil sonrisa en los labios.—¿Desde cuándo está este anillo en mi dedo? —preguntó Noah, desconcertada, mostrándole la mano para que pudiera verla.—Desde anoche —respondió Nathan con total calma—. Te quedaste profundamente dormida después de que terminamos.Las mejillas de Noah se encendieron al oírlo. Le dio un suave golpe en el pecho.—Me lo pusiste a escondidas, como un ladrón.—No me

  • El Guardaespaldas que Jamás Olvidé   Capítulo 74: Sin distancia

    El agitado compás de sus respiraciones resonaba con nitidez en el recibidor del penthouse. El cuerpo de Noah permanecía atrapado entre la pared de mármol y el pecho de Nathan. El calor que emanaba del cuerpo del hombre traspasaba con facilidad la tela de cachemira que ella llevaba puesta.—Me miras como si quisieras devorarme —dijo Noah en voz baja, sosteniéndole la mirada sin parpadear.—Y es justo lo que pienso hacer esta noche —respondió Nathan con una voz profundamente ronca.—¿Y entonces por qué sigues ahí parado? —lo desafió ella.—Estoy esperando que me des la orden —Nathan le acarició la mejilla con delicadeza—. Quiero asegurarme de que de verdad estés lista para dejarlo todo atrás.—Todo quedó destruido desde el momento en que recibiste ese disparo en el puerto —Noah posó la mano sobre el pecho del hombre con lentitud—. Despídete tú mismo de tu puesto de guardaespaldas en este preciso instante, Nathan.—Dejé de trabajar desde el segundo en que puse un pie en este lugar.—Bien

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    Una semana después, el vestíbulo principal del Hospital Central de Chicago lucía mucho más tranquilo. Noah esperaba de pie cerca del mostrador de admisiones. Había cambiado sus rígidos trajes de oficina por un cálido suéter de cachemira. Sus ojos no se apartaban de las puertas del ascensor.Las puertas de metal se abrieron y Nathan salió. Llevaba una camisa negra informal que se ceñía a su complexión robusta. Su rostro ya no denotaba palidez alguna.—¿Ya terminaron con los trámites del alta? —preguntó Noah, recibiéndolo con una sutil sonrisa.—El médico ya dio la autorización oficial —respondió Nathan, deteniéndose justo frente a ella—. Por fin me libré de este nauseabundo olor a hospital, jefa.—Deja de llamarme así —le reprochó Noah en tono dulce—. Destruí tu contrato de guardaespaldas hace dos días.—Las viejas costumbres son difíciles de erradicar —Nathan sonrió con diversión.—Pues tendrás que empezar a acostumbrarte desde ahora.Caminaron hombro a hombro hacia la salida del hosp

  • El Guardaespaldas que Jamás Olvidé   Capítulo 72: La caída de Marcus Alistair

    La mansión se sentía mucho más tranquila después de que la policía colocara la cinta amarilla en la reja principal. Noah caminaba con paso tranquilo por el solárium de cristal de la planta baja. No llevaba consigo a ningún guardaespaldas esta mañana; había venido completamente sola.Marcus Alistair estaba sentado, rígido en su silla de ruedas en medio de la estancia. El lado izquierdo del rostro de aquel hombre maduro lucía caído. La noticia del arresto de Sebastian y la quiebra absoluta del día anterior le habían provocado un derrame cerebral leve a su desgastado cuerpo.—¿Vienes a burlarte de mí, Noah? —la increpó Marcus con una voz ronca y arrastrada.—Vengo a resolver nuestros asuntos pendientes —respondió Noah. Acercó una silla de madera y se sentó frente a su padre.—¿Qué queda por resolver? —Marcus miró a su hija con los últimos vestigios de su resentimiento—. Ya te adueñaste de mi empresa. Encerraste a tu propio hermano en una prisión federal.—Todavía hay algo que me estás oc

  • El Guardaespaldas que Jamás Olvidé   71. Operación silenciosa en Zúrich

    Noah abrió la puerta de la habitación VIP. Su mirada se posó de inmediato en el hombre sentado, recostado sobre la cama médica. La bata de hospital no restaba un ápice a la imponente postura de Nathan.—¿Cómo te fue en la visita a la cárcel? —preguntó Nathan, clavando los ojos en ella.—Tristan no podrá contratar a ningún abogado —respondió Noah con serenidad mientras acercaba una silla de metal a la cama—. Ya congelé todos sus activos y los fondos de su empresa. La familia Vance quedó formalmente destruida hoy.—No te ves tranquila —Nathan notó un leve temblor en las manos de la mujer—. ¿Qué te dijo ese arrogante?—Tiene un plan de contingencia demencial, Nathan —Noah se inclinó hacia adelante—. El expediente con las pruebas del homicidio de hace diez años no se destruyó en el mar. Tristan lo guardó en la caja fuerte de un banco secreto en Zúrich.—¿Y entonces?—Tristan programó un sistema automatizado para el envío de los documentos —la voz de Noah comenzó a temblar—. Si no sale de

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    El cielo vespertino de la ciudad de Chicago se veía gris a través de los barrotes de hierro del Tribunal de Distrito. El aire dentro de aquella celda de detención temporal se sentía sumamente sofocante. El olor a desinfectante barato mezclado con el sudor provocado por el miedo llenaba los pulmones. El pasillo de la prisión estaba invadido por el eco de las botas de los guardias.Noah caminó a lo largo de aquel sucio pasillo con la cabeza en alto. Llevaba puesto a propósito un traje completamente negro que irradiaba un aura de luto. El repiqueteo de sus tacones altos rasgó el silencio del bloque de máxima seguridad sin el menor titubeo. Dos oficiales uniformados le abrieron la puerta de la sala de visitas con paredes de cristal.

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