로그인Dominic golpeó la frente contra el suelo una y otra vez. El ruido seco de cada golpe retumbó en el patio. Al tercero, la piel se le abrió y la sangre empezó a correrle por el rostro.La Reina Madre lo miró sin conmoverse. Hizo una seña y le llevaron un decreto.—Ahora que lo mencionas, casi lo olvido —comentó con frialdad—. Jemima ya solicitó el divorcio y el Rey lo aprobó. Howard, lee el decreto.Dominic se quedó paralizado. Levantó la cabeza despacio. La sangre le bajó por la frente hasta el rabillo del ojo, pero él ni siquiera pareció sentirla.—¿El divorcio? —preguntó casi sin voz—. ¿Ella… quiere dejarme?Howard abrió el decreto y lo leyó frente a todos.—Por orden de Su Majestad, se declara que el matrimonio entre el general Dominic Stone y Lady Fairhaven ha llegado a su fin —anunció con voz firme—. ¡El divorcio queda aprobado y entra en vigor a partir de este momento!Me obligué a levantarme aunque todo el cuerpo me ardía y avancé con pasos inestables para recibir el decre
Nina se puso pálida.—¡Tú…! —balbuceó, aterrada.El exorcista le entregó a Dominic el comprobante sellado de la orden bancaria con la que Nina le había pagado. Su nombre y su firma aparecían en el documento.—En mi trabajo siempre conviene tener un as bajo la manga —explicó sin apartar la mirada de Nina.Nina estiró la mano para arrebatarle el comprobante.—¡Dominic, no le creas! ¡Está mintiendo! —gritó, desesperada.Pero con ese intento acababa de delatarse.Los ojos de Dominic se enrojecieron. Le dio un empujón a Nina y la apartó de su camino.—¡¿Está mintiendo?! —rugió—. ¡Entonces, ¿por qué estás tan desesperada?! ¡¿Por qué intentaste arrebatarme el comprobante?! ¡Nina, yo confiaba en ti! ¡Y te rebajaste a usar una trampa tan sucia solo para culpar a Jemima!Dominic apretó el documento hasta arrugarlo. Al recordar el envenenamiento, apretó la mandíbula y volvió a mirar a Nina.—¿Y lo del veneno? —preguntó entre dientes—. ¿Tú también fuiste responsable?Nina tardó demasiad
Al ver lo que estaba pasando frente a mí, sentí que por fin se me quitaba un peso de encima. Por primera vez desde que regresé a esta vida, Dominic y Nina ya no tenían el control.En mi vida pasada, los tres habíamos quedado atrapados en un enredo sin salida. Pero después de que encarcelaron a mi familia, por fin abrí los ojos. Ya no me importaba si conseguía el divorcio o si Dominic me echaba de su lado. Solo quería salvar a mi familia.Cuando le conté mi decisión, Dominic enloqueció de la ira.—¡Todo error tiene un precio! —me gritó fuera de sí—. ¡Si te niegas a pagarlo, un inocente lo hará por ti! ¡Así aprenderás a asumir las consecuencias! ¡No habrá divorcio! ¡Nunca, mientras yo siga vivo!La desesperación me destrozó. Durante esos días, ni siquiera podía salir de la mansión. Cuando por fin logré llegar a las puertas del palacio con la insignia para ver a la Reina Madre, me encontré con Nina.El título de Lady Fairhaven era conocido en todo el reino, pero casi nadie sabía que
Dominic palideció y casi dejó caer el tazón.—¿Su Majestad? —repitió, alarmado, mientras avanzaba para recibir a Howard—. Señor Sterling, ¿qué asunto puede ser tan importante para que Su Majestad haya venido en persona?Howard ni siquiera respondió a su saludo. Se detuvo frente a él solo para darle una orden.—General Stone, Su Majestad lo espera en el salón —le informó con tono seco—. Vaya para allá. Ah, y ¿dónde está su esposa? Ella también tendrá que estar presente.Dominic frunció el ceño y aferró el tazón con ambas manos. Cada vez entendía menos y empezaba a temer que algo grave estuviera por pasar.—¿Jemima? —preguntó, desconcertado—. ¿Por qué Su Majestad quiere verla?Howard volvió a ignorarlo. Recorrió el patio con la mirada y entonces percibió el fuerte olor a sangre. Avanzó unos pasos hasta que me vio casi cubierta de sangre, medio oculta detrás de un árbol. Al reconocerme, palideció y echó a correr hacia mí.—¡¿Cómo se atreven?! ¡Qué barbaridad! —gritó mientras corría
Todavía tenía las manos cubiertas de tierra y seguía arrodillada junto a la tumba, intentando entender qué estaba pasando, cuando un exorcista apareció corriendo. Dominic lo seguía de cerca junto a Nina, que apenas podía mantenerse en pie.El exorcista señaló el montículo detrás de mí.—El espíritu maligno está enterrado ahí —declaró con total seguridad—. Solo tenemos que quemarlo en una gran hoguera y azotar veinte veces a la señora Stone para que recupere la razón. En cuanto beba el agua bendita, el espíritu dejará de atormentar a la señorita Lowe.Dominic hizo una seña a los guardias que estaban detrás de él.—¡Desentiérrenlo! —ordenó—. ¡Quiero ver qué hay ahí!—¡No! —grité mientras me lanzaba hacia el montículo.No llegué muy lejos. Dominic me levantó a la fuerza. Su mano se cerró sobre mi garganta y me obligó a alzar la cabeza. El aire volvió a faltarme.—¡¿Por qué hiciste esto?! —me gritó mientras me apretaba el cuello—. ¡Fingiste que ya no te importábamos y nos apartaste
Pasé todo el día siguiente encerrada en la cocina. No tuve ni un minuto para descansar. Tenía la ropa empapada de sudor y me ardían los pies de tanto estar frente a los fogones.Apenas terminé la cena, la puerta se abrió de un empujón y Dominic entró cegado por la ira. Antes de que pudiera reaccionar, me agarró del cuello. Sus dedos se cerraron sobre mi garganta y me cortaron el aire.—¡Creí que solo hacías esto por despecho! —me gritó en la cara—. ¡No sabía que eras una maldita desgraciada! ¡¿Cómo te atreviste a envenenar la comida de Nina?! ¡Esta vez sí te pasaste, Jemima!Solo entonces aflojó los dedos y retiró la mano de mi cuello. Tomé aire y me cubrí la garganta, que todavía me ardía, pero no bajé la mirada. Ya había entendido lo que ocurría. Igual que en mi vida pasada, Dominic creía todo lo que Nina decía. Cuando ella aseguró que yo casi le había hecho perder a su bebé, él mandó a encerrar a toda mi familia. Cuando dijo que quería convertirse en su esposa, Dominic usó la vid







