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Capítulo 6: Reflexión

Author: Natu_Kharis
last update publish date: 2026-09-08 20:41:16

Una hora más tarde, después de que su madre finalmente abandonara la mansión, Salma subió las escaleras para darse un largo baño caliente. El cuarto de baño se llenó de un vapor espeso y perfumado mientras ella se sumergía en la profunda bañera llena de espuma. El agua caliente no hizo nada por aliviar el repentino dolor que sentía en el pecho.

Contempló su teléfono durante un largo rato antes de decidirse finalmente a marcar el número de Aria. La voz dulce y esperanzada de Aria llegó de inmediato a través del altavoz.

—Cariño, ¿cómo fue la reunión? ¿Qué tal salió todo?

Salma apoyó la cabeza contra el borde de la bañera mientras observaba cómo las burbujas estallaban. No estaba preparada para el giro que había dado el testamento de su padre, así que no sabía qué decirle a Aria.

Por un desesperado instante, consideró contarle la verdad allí mismo. Quería hablarle de los tres hombres increíblemente atractivos que ahora dormían bajo su mismo techo y de cómo las esposas desquiciadas de su padre habían perdido por completo la cabeza al enterarse del contenido del testamento. Quería compartir con ella todo aquel peso.

Pero antes de que pudiera hablar, la voz emocionada de Aria volvió a interrumpirla.

—No veo la hora de que asumas oficialmente el cargo de CEO, cariño. Ya empecé a contactar a los mejores diseñadores para mi propio vestido de novia. Y en cuanto a la planificación... me pondré al día en cuanto vuelva a casa. ¡Sammy está deseando empezar conmigo las pruebas del vestido! —rio Aria, refiriéndose a su mejor amiga.

Salma no pudo evitar recordar cómo Sammy la había amenazado cuando empezó a salir con Aria. Aquella diminuta muchacha de apenas un metro treinta y cinco le había dicho que le rompería las piernas si alguna vez hacía sufrir a Aria. Salma se lo había tomado a broma porque, en aquel entonces, estaba sinceramente convencida de que jamás haría algo que pudiera lastimarla.

—Ya está actuando como si fuera la dama de honor —continuó Aria.

Salma tragó con dificultad. Las palabras que contenían la verdad se le murieron en la garganta.

No podía romperle el corazón. No hoy.

No cuando Aria llevaba meses planificando meticulosamente la boda de sus sueños desde el momento en que Salma le había pedido matrimonio el año anterior durante aquella elegante cena a la luz de las velas.

—Todo salió bien, cariño —respondió Salma en su lugar, forzando la voz para que sonara normal mientras elegía el refugio de una mentira.

—¿De verdad? —preguntó Aria, acercándose más al teléfono.

—Sí. Mis madrastras solo recibieron las asignaciones habituales... —mintió Salma con naturalidad, omitiendo deliberadamente su propia parte de la historia mientras su corazón se quebraba un poco más—. Pero mi verdadera herencia... yo... eh... no entrará completamente en vigor hasta dentro de un año. Eh...

—Cariño, ¿qué te pasa? —La voz de Aria cambió al instante, cargándose de profunda preocupación a través de la línea.

Salma dejó escapar un suspiro silencioso y entrecortado en el baño vacío.

—Es que te extraño, cariño. Han sido un par de días realmente largos. Encontraré un momento para ir a visitarte al santuario cuando pueda, mi amor... Pero ¿puedes hacerme un favor? ¿Podrías dejar en pausa todo lo de la planificación de la boda por un poquito? Quiero decir... mi padre acaba de morir y la empresa es un desastre.

Del otro lado de la línea se escuchó un suave suspiro de decepción.

—Oh. Lo entiendo, Salma. Es solo que... no importa. —Su tono se volvió repentinamente distante y cortante—. Eh... Sammy acaba de llegar para recogerme. Creo que voy a salir a almorzar con ella. ¿Podemos hablar después?

Salma cerró los ojos.

Conocía perfectamente aquellas excusas. Aria nunca quería hablar de los temas amargos y difíciles. En cuanto las cosas se volvían incómodas o demasiado pesadas, de repente siempre tenía algo urgente que hacer con Sammy.

—Está bien, Arry —susurró Salma, sintiendo que el viejo apodo le sabía a ceniza en la lengua—. De todos modos, necesito salir de esta bañera. Hablamos después, cariño.

La llamada quedó completamente en silencio.

Salma dejó caer el teléfono sobre la alfombrilla del baño. Se llevó las rodillas contra el pecho y finalmente dejó que las lágrimas calientes cayeran libremente sobre el agua mientras la herida abierta y desgarradora de la muerte de su padre, junto con la enorme red de mentiras que acababa de tejer, le desgarraba toda el alma.

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