登入Lucian dio un paso al frente, ciego de furia, con la vena del cuello a punto de reventar. La calma desafiante de Clarissa lo había sacado por completo de sus casillas.—¡A mí no me amenazas, descarada! —rugió Lucian, alzando el brazo con la clara intención de sujetarla del hombro para sacudirla.No alcanzó a rozar la tela de su vestido.Una sombra imponente se proyectó sobre el sendero a una velocidad brutal. Un puño cerrado, firme como una masa de granito, cruzó el aire y se estrelló de lleno contra la mandíbula de Lucian.El impacto resonó en el jardín con el chasquido seco de un hueso crujiendo.Lucian salió despedido hacia atrás, perdiendo el equilibrio por completo. Rodó sobre la grava de los rosedales y cayó de espaldas contra la hierba, soltando un gemido de dolor ahogado. Verónica dejó escapar un chillido desgarrador, tapándose la boca con ambas manos mientras se arrinconaba contra el muro de piedra, aterrorizada.Bastian permanecía de pie en el centro del camino. Acomodó los
La suave iluminación del vestíbulo secundario del hotel de lujo reflejaba la insatisfacción en el rostro de Verónica. Con el asa de su bolso de diseñador firmemente sujeta, observaba el movimiento constante del personal con los brazos cruzados, mientras Lucian terminaba de resolver el registro en el mostrador, tras haber dejado la villa asignada a la delegación secundaria.—Ese hospedaje corporativo era una porquería ordinaria, Lucian —protestó la mujer con fastidio, ajustándose el abrigo de piel—. No pienso pasar tres días en una habitación estándar mientras la muerta de hambre de tu exesposa se pasea por los pasillos VIP como si fuera la dueña del imperio.—Tranquilízate —respondió Lucian con un gruñido, guardando las tarjetas magnéticas en el bolsillo del saco—. Pagué la tarifa de esta suite de mi propio bolsillo. No voy a permitir que nadie en la junta directiva piense que no tengo la solvencia para alojarme en la sede principal del evento. Mañana nos encargaremos de poner a Clari
La inmensa cama king-size, vestida con sábanas de seda blanca, dominaba el centro del dormitorio principal.Clarissa, vistiendo un conjunto de pijama de satén holgado pero elegante, acomodó con minuciosidad tres almohadones de plumas a lo largo del colchón, trazando una línea divisoria impecable justo en la mitad de la superficie.Bastian emergió del vestidor abrochándose los botones del pantalón de descanso, con la camisa entreabierta sobre el pecho. Se detuvo a la orilla del mueble, observando la barricada textil con una ceja ligeramente arqueada.—¿Una muralla de almohadones, Clarissa? —inquirió Bastian con una voz grave, impregnada de una diversión contenida.—Es una frontera preventiva —respondió ella, dándole un último golpe con el puño a la última almohada para afianzarla—. Un acuerdo tácito para evitar invasiones territoriales durante la noche.Bastian contempló la barrera y luego clavó sus ojos oscuros en el rostro de la joven. Dejó escapar un suspiro pausado, un aliento pesa
La fresca brisa del atardecer movía las cortinas de la terraza del parador cuando el móvil empezó a sonar con un zumbido metálico y persistente. Clarissa miró la pantalla. El número no estaba guardado en su lista de contactos, pero la combinación de cifras le causó un inmediato rechazo en el estómago.Presionó la pantalla táctil y se llevó el auricular al oído con serena tranquilidad.—¿Tienes alguna pizca de vergüenza en la sangre, Clarissa? —espetó la voz chillona de Verónica, cargada de una histeria sofocante—. Mírate nada más, ridícula. Alojándote en la misma suite que el presidente de la multinacional. ¿Acaso no te importa guardar las apariencias mientras el proceso legal de la separación sigue su curso?Clarissa escuchó la respiración agitada al otro lado de la línea, sosteniendo la compostura con una frialdad matemática.“Sigue creyendo que sus chillidos tienen el poder de acobardarme”, razonó la joven, apretando con fuerza la funda del dispositivo que llevaba en su bolsillo. O
La voz de Teodora cortó el aire de la piscina con la nitidez de un cristal al romperse. La prestigiada matrona ni siquiera se inmutó cuando Natalia y sus amigas la miraron con incredulidad.—Si no se retiran inmediatamente de esta zona, me aseguraré de que la dirección del hotel invalide sus pases y agregue sus nombres a la lista negra de la cadena —sentenció Teodora, dando un paso al frente con una compostura aristocrática—. La discriminación barata y la vulgaridad no son toleradas entre personas con auténtica educación.Natalia sintió que la sangre se le congelaba en las venas. Camila agachó la vista, incapaz de sostener la mirada de una mujer tan influyente, mientras Thiago daba dos pasos hacia atrás en silencio. Sin atreverse a articular una sola objeción, el grupo recogió sus pertenencias y se retiró a toda prisa por el pasillo lateral, tragándose la humillación.Clarissa nadó hacia la orilla con brazadas limpias. Apoyó las manos sobre el borde de mármol y salió del agua con una
Apenas el elevador privado cerró sus puertas doradas llevándose a Bastian, Natalia dejó escapar un resoplido cargado de veneno, frotándose la muñeca enrojecida. Se volvió hacia su círculo cercano con la mirada inyectada en furia.—¡Es ridículo! —exclamó Natalia, alzando la voz para que las personas más cercanas escucharan su indignación—. ¿De verdad tenemos que creernos esta farsa? ¿Desde cuándo una muerta de hambre como Clarissa tiene derecho a usar la suite VIP por mérito propio?—Por favor, Natalia, todos sabemos cómo consiguen esas facilidades las mujeres como ella —intervino Camila, una de sus amigas, acomodándose las gafas de sol con gesto despectivo—. Un hombre con semejante posición no lleva a una cualquiera a la suite presidencial de gratis.—Exacto —añadió Thiago, cruzándose de brazos mientras soltaba una risotada burlesca—. En la facultad no tenía ni para pagar las copias de los exámenes. ¿Y ahora resulta que se pasea por el hotel más exclusivo de Canadá?—Se vendió al mejo







