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Capítulo 3. Una Leona.

ผู้เขียน: Alana Aguilar
last update วันที่เผยแพร่: 2026-09-10 03:16:48

— ¡Ese maldito viejo!— Gritó Natalia sirviendo dos tragos de tequila y le da uno a Elena.

Ella asiente.

— Si, solo necesitaba una oportunidad— dice ya agarrándose al vasito de tequila para tomar uno completo hasta el fondo de un trago. 

El líquido le quema la garganta y ella sacude la cabeza. 

— ¿Sabes qué es lo que me da coraje? ¿Sabes qué cosa no se me sale de la cabeza? Que Tomás, después de haber estado ahí por meses, de hacerme creer que él era el único que me veía tal cual soy, ahora resulta que me dice que soy la niña del patrón. ¡Una niña!— Grita ella. 

— ¿Qué? ¿Una niña? ¡Si eres de las mejores publicistas de la ciudad!—responde Natalia sacando otros vasos de su cocina llenos de agua. 

Elena pone los ojos en blanco siempre había luchado con ese sentimiento de ser inútil ante los ojos de los demás.

 “La niña del patrón, la niña del patrón.” 

— Lo que quiero es saber que me oculta Tomás, y puedo descubrir el rostro de Diego Montemayor para presentárselo a mi padre.

Su estómago se encoge solo al pensar en la posibilidad, rumores de todo tipo corrían por las calles, que se ocultaba porque era un hombre deforme por la bomba que les arrancó a su madre, o que era un hombre tan  extraño que olía a muerte con cada paso que daba…

Ella se relame  los labios, las posibilidades se vuelven infinitas si ella lo descubría, mira la hora.

Siete cuarenta y cinco.

—  La cita es a las ocho…— Dice en voz alta.

— ¿Y?

— Que quiero saber la verdad y por lo visto nadie va a dármela por las buenas.

Elena se levanta aunque su mundo se mueve a sus pies y toma las llaves de su auto, aunque Natalia es más rápida y se las quita.

— Yo no tomé prácticamente, yo debo manejar, el hotel queda del otro lado de la ciudad, así que tardaremos.

Elena asiente y se dirigen al hotel.

Cuando llegan ella avanza a la entrada, todo lleno de cámaras, y con tarjetas de acceso.

— Ya veo por qué todos los hombres de tu padre se reúnen aquí.

Elena asiente.

— Parece una  fortaleza. ¿Cómo conseguiremos que nos den el número de habitación?

Natalia hace una llamada y cinco minutos después llega un hombre atractivo vestido con traje y elegante.

— Nat… Tanto tiempo.— El hombre se deshace mirando a su amiga.

Ella sonríe.

— Eliot, que bueno que estás en horario. Quería saber si puedes ayudarme con una cosa.

El hombre sonrió mostrándose capaz ante la joven que le pedía ayuda.

— Mi amiga debe entregar un mensaje a un empleado de su padre, y se dejó el teléfono en casa… ¿Me puedes dar el número de habitación y una tarjeta para que suba?

En joven endurece su rostro y la toma por el brazo hasta llevarlas a un pasillo solo.

— Nat, sabes que haría cualquier cosa por ti, pero también te he dicho la clase de personas que se quedan aquí. Una imprudencia y no solo me costaría el trabajo.

La amenaza estaba implícita, y Elena se muerde un labio tratando de olvidarse de la culpa.

— No diré nada, ninguna de las dos lo hará, por favor… Te deberé un favor.

Él sonríe y eso es todo lo que ellas necesitan.

Cinco minutos después llega Eliot.

— La habitación de Tomás es  en el piso ocho.

— ¿Y la habitación?

— No te la puedo dar, pero en unos minutos dos mujeres de servicio subirán por el ascensor de servicio deben subirse, pasarán la llave para que se abra en ese nivel es todo lo que puedo hacer por ti.

— Muchas gracias.— Nat le sonríe y toma a Elena de la mano.— Yo no puedo ir pero… mucha suerte.

Elena asiente, y entiende a lo que se refiere, esto es algo que ella debe enfrentar sola, como si las llamaran dos mujeres jóvenes de servicio pasan la tarjeta en la entrada del ascensor.

— Disculpen este es solo para personal del hotel.— Dice una poniendo su tarjeta de acceso, y las puertas del elevador se abren.

— No tendré que esperar de nuevo a que llegue otro.— Dice Elena— ¿A qué nivel van?

Las mujeres se miran entre ellas y meten los carritos de limpieza.

— Al octavo.— Responde una de las mujeres.

— Ella también no creo que sea necesario llamar al gerente para estas cosas ¿verdad?— Natalia sonríe. Pero consigue que las mujeres pasen la tarjeta para el octavo nivel.

El corazón de Elena está acelerado.

¿Cómo debería llegar? La reunión había comenzado, mira la hora y ya eran casi las diez de la noche… A este paso llegaría con él al amanecer.

— ¿Ya miraste al cliente VIP? Es tan atractivo. Definitivamente es mi tipo— dice una de las mujeres.

Elena trata de ignorarlas.

— Sí, ya conseguí su nombre.— susurra la otra con tono de complicidad.— se llama Tomás, el cuerpo tan fuerte y su piel morena me encantan pero su porte eriza mis vellos del cuerpo.

Eso llama la atención de Elena.

— Podemos tratar de limpiar la habitación ochocientos cuarenta y cinco fuera de horario. 

“Es ochocientos cuarenta y cinco” piensa ella.

— Yo limpio demasiadas, esa lo que quiero es ensuciarla.

Risas con doble sentido llenan el lugar. 

Ella se concentra en agarrarse del posa manos, había tomado más de lo que pensó.

Las puertas del ascensor se abren y Elena baja del elevador.

Busca la habitación con cuidado de no ser seguida por las mujeres y comienza a tocar.

— Ya estoy aquí Tomás— los golpes son fuertes y concisos.— ¡Necesito hablar contigo!

Espera un momento  pero no recibe respuesta.

— Tomás sé que estás ahí, sé quién eres en verdad. Solo ábreme, ábreme. 

El tiempo pasa y la puerta no se abre, el rostro de ella se pone caliente. 

Tal vez sí le digo que voy a confesarle a mi padre que todas sus ideas han sido mías, y que los estudios los analizo yo. Él reaccione, cómo debe de hacerlo.

Elena respira profundo y se saca el chicle poniéndolo en un pequeño bote de basura.

— Sé quién eres, les diré a todos la verdad. Entiendes, dejaré de ocultar cada uno de tus secretos y cuando todo explote, no quiero que te quejes por pagar las... 

La puerta se abre. 

La esencia de un olor masculino amaderado y arrollador hace que ella sienta que su cuerpo se estremece al instante, la oscuridad de la habitación cubre la mayor parte del hombre. 

Su visión está un poco borrosa, pero da un paso hacia él y pone ambas manos en su firme pecho. 

Se siente cálido, suave…

—Tranquilo, tranquilo Tomás. Estoy decidida. Vengo a probarte todo de lo que soy capaz.

Su cuerpo pierde el equilibrio y comienza a marearse y un par de manos fuertes la rodean evitando que caiga.

Ella sonríe.

—¿Lo ves? Nuestro secreto puede quedar entre nosotros.

Ella se abraza a su cuello para susurrar. 

— Soy una leona, no una cachorra. Y las leonas cazan y no sueltan la sorpresa.— Susurra ella.

Pero el hombre la detiene.

— No soy Tomás.

— Entonces ¿quién eres?

Él la agarra con más fuerza de la cintura para que no se resbalara de sus manos.

— Dime si sabes quién eres tú.

Ella sonrió confiada.

— Claro que sí, una mujer inteligente, estratégica que sabe todos tus secretos y que exige que la escuches…

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