LOGINDarren, a pesar de quedarse en silencio por un instante, no colgó la llamada; al contrario, se rió con fastidio.
—¿Estás jugando conmigo, amigo? —Bufó irritado. —No soy hombre de bromas, Darren Hall. —Al escuchar su nombre completo, frunció el ceño. —Una gran cantidad de dinero por simple información. ¿No crees que es generoso de mi parte? —¿Para qué quieres información de Mel? —Quiso saber. —¿Cómo fue que conseguiste mi nombre y mi número? —Nada de eso importa, Darren. —Selim ya estaba perdiendo la paciencia. —Lo único que te debe importar es el dinero. Si me envías tu número de cuenta, probaré que voy en serio. —Darren guardó silencio nuevamente. —No tienes nada que perder. —Bien. —Darren le dio la cuenta y a escasos segundos 250k de dólares estaban en su cuenta. —Vaya, sí es verdad. —En su cabeza no hubo otro pensamiento que no fuera la otra parte del dinero. —Bien, te diré todo lo que quieras saber. —Aceptó el trato. Assim estaba todavía en esa cama de hospital, pero ahora entre sus manos tenía una foto borrosa de Melat. Fue captada por una cámara de seguridad del hospital donde ahora estaba; su calidad era pésima, pero aun así pudo ver su silueta y su cabellera rubia empapada. —Señor. —Selim entró a la habitación con una carpeta en manos. —Aquí está todo lo que necesita. —Assim rápidamente dejó la foto a un lado y se centró en el expediente que su mano derecha le había entregado. Ahora tenía en su poder todas las armas que necesitaba para que esa mujer fuera suya. En cada página que pasaba, algo más fascinante veía. —Melat... —Susurró el nombre solo para él y la sola mención le supo como el más dulce manjar. —Melat. —Volvió a repetir para su deleite y placer. Ahora lo sabía absolutamente todo de ella: dónde trabaja, quiénes son sus padres, cuánto dinero deben al hospital y cuánto ama a su prometido. —¿Señor? —Selim, quien jamás había visto un gesto de descontrol en su jefe, se asombró al verlo enfurecerse. —¿Cómo obtuviste todo esto? —La voz le salió ronca y demasiado forzada, como si deseara gritar y maldecir, cosa que él jamás hace, pues nunca pierde el control. —Seguí su consejo, rastreé a quien la podía conocer bien. —Le mostró la cuenta. —Me dijo todo lo que quise por medio millón. —¿El hijo de perrä la vendió por míseros medio millón? —Selim apretó la mandíbula para contener la pregunta que tenía en la punta de la lengua. Aquella reacción de su jefe solo tenía una explicación: de alguna manera se había obsesionado con esa mujer con la que ni siquiera había tratado. —¿Necesita algo más, jefe? —Assim lo miró y asintió. —Quiero que te prepares, hoy mismo daré el primer paso. —Selim lo escuchó atentamente y no se le hizo extraño nada de lo que su jefe decía. Después de todo, él jamás se consideraba un hombre bueno; su moral era gris. Melat, ignorante de todo lo que se estaba moviendo a sus espaldas, disfrutaba de la cena con su padre y su adorado prometido. Las cosas estaban bien, animadas y divertidas hasta que el teléfono de la casa sonó. —Yo voy. —Se levantó de la mesa. —Tengo que conseguir un teléfono nuevo, no puedo estar así. —Se quejó antes de abrir la llamada. —Familia Blacach, ¿En qué puedo ayudarle? —¡Tienes que venir a la panadería ya mismo! —Nora dejó los rodeos. —Así que agarra ese coche viejo que tienes y vuélvete una rápida y furiosa. —Pero, ¿Qué pasa, mujer? —Melat se preocupó. —No me digas que has matado a alguien. —Melat, por favor. —Que la llamara por su nombre encendió todas las alarmas en Mel. —Voy para allá. —Cerró la llamada. —¿Qué sucede? —Paul se preocupó al ver correr a su hija tan inquieta. —No lo sé. —Se detuvo un segundo para mirarlo. —Nora me ha pedido que vaya a la panadería, así que iré. —Voy contigo. —Se ofreció Darren, sintiendo algo de culpa. —No, tú ayuda a mi padre a limpiarlo todo. —Le dio un beso en los labios. —Por lo menos sé que esa loca no ha matado a nadie. —Sonrió para no preocupar de más a su padre. —No te preocupes, papá, volveré pronto. —Tras darle un beso en la mejilla, corrió a la puerta. Miles de pensamientos cruzaron su cabeza: ¿Se había dañado el horno por completo? ¿Había una plaga de ratas? ¿Acaso un cliente tuvo un problema? No sabía ya qué pensar; ya se imaginaba todos los problemas posibles. —Quiero que respires. —Nora la interceptó en la puerta y la arrastró hasta una mesa para que pudiera sentarse. —Te preparé este té, bébelo. —Nora, me estás asustando. —Melat apenas podía hablar; ya quería llorar. —¿Qué ha pasado? —Recorrió el lugar con la mirada y cuando estuvo a punto de ponerse en pie, Nora la detuvo. —He recibido una llamada. —La miró a los ojos por unos segundos; no sabía cómo darle la noticia. —¿Recuerdas la famosa cadena esa de catering que realiza muchos eventos gigantes? —Melat, un poco confundida, asintió. —Han cancelado el contrato que tenías con ellos. —¡¿Qué?! —Melat se sintió morir. —Pero si eso ya era para el próximo mes, ¿Cómo pudieron cancelar? —Se puso en pie y se llevó las manos a la cabeza. —¿Por qué lo hicieron? ¿Qué te dijeron? —No lo sé. —Nora sintió su desesperación. —Cancelaron sin dar explicaciones. Yo pregunté, pero no me dijeron nada. —Le acarició el hombro. —Esa venta nos sacaría de apuros, Nora... —Lo sé, lo sé, cariño. —La consoló. —Oh, Dios. —Melat se agitó y el colapso apareció. —¿Qué haré ahora? ¿Cómo vamos a pagar las cuentas de la panadería y el hospital de mi madre? ¡Ese contrato lo era todo, Nora! ¿Qué carajøs voy a hacer ahora? —Oye, cálmate. —Nora le apretó los hombros para que se quedara quieta. Cuando Melat dice grosería, es porque la situación la está pasando. —No puedes rendirte y ponerte histérica. —La miró a los ojos. —Eres Melat Blacach y tú siempre puedes, no lo olvides. —Logró sentarla. —Esa no es la única cadena que existe y, si pudiste conseguir un contrato con ellos, podrás hacerlo con cualquiera. —Le sonrió. —Ellos se pierden tu buen trabajo. Desde mañana iniciaremos a ofrecer nuestras delicias y verás que nos contratan y será mejor. —¿Tú crees? —Melat sollozó. —Por supuesto que sí. —La abrazó con fuerza —Esto solo ha sido un contratiempo; saldremos adelante. —Dios. —Melat sonrió entre lágrimas. —No sé lo que haría sin ti, mi mitad. —Nora puso una sonrisa socarrona. —Nada, no serías feliz en lo absoluto. —Fue arrogante. —Tu vida hubiera sido un desastre y esa preciosa boquita no soltaría grosería alguna porque no las hubiera aprendido. —Melat carcajeó por las ocurrencias de su amiga. —¿Estás bien? —Darren llegó lleno de preocupación. —¿Qué fue lo que pasó? ¿La panadería está bien? —Melat corrió hacia él. —Todo está bien. —Susurró refugiándose en sus brazos. Selim, que tenía la tarea de seguir cada paso que Melat daba, aprovechó que estaban en la entrada del lugar, tomó una foto de la escena y negó antes de enviarla. —¡Malditø! —Assim gritó tan fuerte que la herida de su abdomen dolió, pero eso no le importó. —¿Cómo puede seguir con ella después de haberla vendido? —Apretó la mandíbula tanto que sus dientes dolieron. —Señor, ¿Está bien? —Uno de los guardaespaldas entró a la habitación al escuchar el estropicio. —Déjame solo. —Ordenó con dientes apretados. —Me voy a deshacer de ti, Darren Hall.Desde que recibió el mensaje, Melat había estado pensativa y dudando de todo. El día en el que debía reunirse con el empresario que la citó había llegado y ella no sabía si ir, pues desconfiaba bastante. La panadería familiar era pequeña, algo modesta y hogareña. ¿Por qué un empresario se interesaría en salvar algo que no le daría bastante dinero? Cansada de pensar y cuestionarse sola, decidió llamar a su mejor amiga. Nora podía ser impulsiva y todo lo demás, pero también podía ser una muy buena consejera. —¡Aquí estoy, mi mitad! —Entró a la casa como si fuera suya, tenía llave. —¿Qué es lo que te acongoja, vida mía? —Se echó al sofá. —Me llegó una propuesta días atrás. —Le mostró el mensaje. —Pero no sé qué hacer, ¿Y si es alguien malo? ¿Si solo se quiere aprovechar de la situación? ¿Qué tal si es un tratante de personas? —Entonces vamos a investigar el lugar de la dirección a ver si es legítimo. —Nora se puso manos a la obra, no dejó sitio web que buscar y, cuando las cosas
Había pasado un mes, mes en el que el mundo de Melat se derrumbaba poco a poco de manera inexplicable. Estaban pasando tantas cosas que no sabía a cuál prestarle atención, pero justo en ese momento su corazón había decidido iniciar el día con algo que le estaba doliendo demasiado. Las cosas con Darren parecían estar mal; ella no se lo podía explicar y cada vez que lo intentaba, él simplemente pasaba de la conversación. —Hola. —Le sonrió una vez la puerta se abrió. —¿Cómo estás? —Darren la miró sin mucha emoción. —Estoy bien. —Respondió con simpleza. —Cariño, ¿Qué está pasando? —Melat no lo soportó más, ni le importó estar del otro lado de la puerta. —Has estado extraño las últimas semanas y no quieres hablar las cosas. —Sus ojos se cristalizaron. —Necesito que hables conmigo. —Su corazón, por alguna extraña razón, se aceleró, pues por su mente pasó una pregunta que jamás se había planteado. —No tengo tiempo. —Darren hizo lo de siempre. —Estoy un poco ocupado y... —¿Hay algui
Darren, a pesar de quedarse en silencio por un instante, no colgó la llamada; al contrario, se rió con fastidio. —¿Estás jugando conmigo, amigo? —Bufó irritado. —No soy hombre de bromas, Darren Hall. —Al escuchar su nombre completo, frunció el ceño. —Una gran cantidad de dinero por simple información. ¿No crees que es generoso de mi parte? —¿Para qué quieres información de Mel? —Quiso saber. —¿Cómo fue que conseguiste mi nombre y mi número? —Nada de eso importa, Darren. —Selim ya estaba perdiendo la paciencia. —Lo único que te debe importar es el dinero. Si me envías tu número de cuenta, probaré que voy en serio. —Darren guardó silencio nuevamente. —No tienes nada que perder. —Bien. —Darren le dio la cuenta y a escasos segundos 250k de dólares estaban en su cuenta. —Vaya, sí es verdad. —En su cabeza no hubo otro pensamiento que no fuera la otra parte del dinero. —Bien, te diré todo lo que quieras saber. —Aceptó el trato. Assim estaba todavía en esa cama de hospital, pero ahora
El gruñido que llenó el espacio los dejó a todos inmóviles y mirando en una sola dirección. En la cama de aquella habitación blanca, fría y llena de hombres intimidantes, trajeados y serios, se movió una figura corpulenta y malhumorada. Assim Arslan, heredero de una de las familias más poderosas y antiguas de Turquía, ligada discretamente a la realeza y a una élite financiera intocable. Aunque públicamente es conocido como empresario e inversionista internacional, en las sombras controla negocios, influencias políticas y redes de poder que pocos se atreven siquiera a mencionar. Él es el tipo de hombres que paraliza respiraciones, acelera corazones y llena de miedo hasta el alma más fuerte que pueda existir, a pesar de su silencio. —Señor. —Salim, su mano derecha y jefe de seguridad, se acercó inmediatamente a la cama. —Ha pasado cinco días, estamos con la investigación de lo sucedido y estamos teniendo avances. —Lo puso al tanto; Assim es hombre de resultados, no de sentimental
La lluvia caía con tanta fuerza que parecía querer partir la ciudad en dos. Melat ajustó el agarre sobre las bolsas de pan recién horneado mientras corría bajo el pequeño paraguas negro que apenas la protegía. Sus zapatos chapoteaban sobre los charcos y el viento frío de Nueva York le golpeaba el rostro con violencia. —Perfecto, ¡Justo lo que me faltaba! —Murmuró entre dientes. Había sido un día horrible. La panadería apenas había vendido lo suficiente para cubrir los gastos básicos, el horno principal seguía dañándose cada dos días y su padre llevaba semanas fingiendo que su madre estaba mejorando. Melat suspiró cansada mientras caminaba por la carretera secundaria que conectaba el pueblo con la avenida principal. A esa hora casi no pasaban autos y las luces de los postes apenas lograban atravesar la tormenta. Entonces, algo llamó fuertemente su atención. Un auto negro, lujoso, estaba estropeado y más en la puerta del conductor. Ella miró a su alrededor y no había nadie, ni am







