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Capítulo 2. Lo que Leonardo no se atrevía a decir

مؤلف: ARYO
last update تاريخ النشر: 2026-10-24 13:13:21

La puerta se abrió antes de que Camila pudiera decidir si debía entrar o marcharse.

Leonardo apareció frente a ella. Su expresión cambió apenas la reconoció, pero sus ojos descendieron inmediatamente hacia el bolso que Camila sujetaba contra su cuerpo.

—¿Qué haces aquí? Creí que te habías marchado.

—Olvidé algo.

—¿Qué cosa?

Camila sostuvo su mirada. Detrás de Leonardo, Victoria permanecía junto al escritorio, con una tranquilidad que comenzaba a resultarle sospechosa.

—Una explicación —respondió Camila—. Y creo que aquí puedo encontrarla.

Leonardo no se movió.

—Mañana hablamos en la oficina.

—No. Llevo tres años trabajando para ti y nunca te había pedido explicaciones sobre tu familia. Pero acabo de escuchar que mi padre dejó pruebas y que tú sabes más de su muerte de lo que me has contado.

La expresión de Victoria se endureció.

—Estabas escuchando una conversación privada.

—Una conversación sobre mi padre.

—No sabes de qué estás hablando, Camila.

—Entonces será fácil explicármelo.

Victoria miró a su hijo, esperando que interviniera. Leonardo, sin embargo, mantuvo los ojos fijos en Camila.

—Déjanos solos, madre.

—Leonardo…

—Por favor.

Victoria recogió su bolso. Antes de salir, se detuvo frente a Camila.

—Hay preguntas que pueden destruir mucho más de lo que imaginas. Ten cuidado con lo que deseas descubrir.

Camila no respondió. Esperó hasta que la mujer desapareció por el pasillo y escuchó cómo se cerraba la puerta.

Entonces sacó el sobre.

—¿Reconoces esta fotografía?

Leonardo la tomó. Durante un instante, su rostro perdió toda expresión. Después observó la fecha escrita en el reverso y dejó la imagen sobre el escritorio con demasiado cuidado.

—¿Quién te la dio?

—Eso no responde a mi pregunta.

—Camila, necesito saber quién te entregó esto.

—Y yo necesito saber por qué aparece mi padre junto al tuyo. Necesito saber qué ocurrió el catorce de junio y por qué acabas de decirle a tu madre que debemos encontrar unas pruebas antes que yo.

Leonardo se pasó una mano por el cabello. Por primera vez desde que ella lo conocía, parecía estar buscando las palabras adecuadas y no una manera de imponer su voluntad.

—Tu padre descubrió irregularidades en las cuentas de la empresa hace varios años. No eran simples errores contables. Había transferencias a compañías que no existían y documentos que autorizaban operaciones sin el consentimiento de los socios.

—¿Y qué tenía que ver contigo?

—Trabajaba con algunos de esos informes. Mi padre me había pedido que revisara las cuentas antes de que los auditores externos comenzaran su investigación.

—¿Mi padre trabajaba para tu familia?

—Era asesor financiero de una de las empresas vinculadas al grupo. Encontró las irregularidades y empezó a reunir pruebas.

Camila sintió que el suelo parecía moverse bajo sus pies. Su padre le había hablado de su trabajo, pero nunca le había mencionado una investigación contra los Salvatierra.

—¿Por qué no me lo contó?

—Tal vez intentaba protegerte.

—No vuelvas a utilizar esa palabra conmigo como si justificara todas las mentiras. Mi padre está muerto, Leonardo. No puedes preguntarle por qué guardó silencio.

Él aceptó el reproche sin defenderse.

—La última vez que hablé con él, estaba convencido de que alguien de mi familia quería recuperar los documentos. Me pidió ayuda.

—¿Y se la diste?

Leonardo tardó demasiado en responder.

—Intenté hacerlo.

Camila sintió que la rabia le subía por el pecho.

—¿Intentaste?

—Me llamó la noche en que murió. Dijo que tenía algo que podía demostrar quién estaba detrás de las transferencias. Quedamos en encontrarnos, pero cuando llegué al lugar acordado, él ya no estaba.

—¿Y no avisaste a la policía?

—Cuando llegué, encontré su vehículo abandonado y algunos papeles en el interior. No sabía si podía confiar en las autoridades porque no sabía hasta dónde llegaba la corrupción. Me llevé los documentos.

—¿Te llevaste pruebas de la escena donde después encontraron a mi padre muerto?

—No sabía que había muerto. Cuando me enteré, ya era demasiado tarde.

Camila lo miró, intentando distinguir la verdad de otra mentira cuidadosamente preparada.

—¿Dónde están esos documentos?

Leonardo bajó la mirada hacia la fotografía.

—Mi padre los encontró antes que yo pudiera revisarlos. Se los llevó y se negó a devolverlos.

—Entonces sabes quién mató al mío.

—No. Sé que tu padre estaba investigando a alguien poderoso. Sé que desaparecieron documentos importantes y que mi padre estuvo involucrado en todo aquello. Pero no tengo pruebas suficientes para acusarlo de asesinato.

Camila quiso creer que aquella incertidumbre era real. Sin embargo, la imagen de Victoria advirtiéndole que dejara de hacer preguntas seguía presente en su memoria.

—¿Qué ocurrió el catorce de junio?

Leonardo abrió un cajón y sacó una carpeta delgada. La dejó frente a ella, pero mantuvo una mano encima.

—Ese día se firmó un documento relacionado con la custodia de un menor.

—¿Qué menor?

—Nicolás. Mi sobrino.

Camila recordaba haber escuchado aquel nombre en conversaciones familiares que nunca parecían tener un final claro. Sabía que Leonardo tenía un hermano menor, Julián, pero nadie hablaba de él abiertamente.

—¿Dónde está Nicolás?

—No lo sé.

—¿Y Julián?

Leonardo retiró la mano de la carpeta.

—Desapareció la misma noche en que murió tu padre.

Camila abrió la carpeta. Solo había una copia parcial de un documento, con varias líneas tachadas y una firma que no alcanzaba a distinguir por completo.

En la parte inferior podía leerse una frase:

La responsabilidad sobre el menor será transferida hasta nuevo aviso.

No había nombres completos, ni dirección, ni una explicación de por qué el documento estaba relacionado con la investigación de su padre.

—¿Qué tiene que ver un niño con las cuentas de tu empresa?

—Eso es lo que llevo años intentando averiguar.

—¿Y esperabas que yo siguiera trabajando aquí sin saber nada?

—Esperaba encontrar las pruebas antes de involucrarte.

Camila soltó una risa amarga.

—No me involucraste tú. Ya estaba involucrada desde el momento en que alguien decidió que mi padre debía morir.

Leonardo no respondió. Su silencio le pareció más sincero que cualquier promesa.

El teléfono de Camila vibró dentro de su bolso. Era un mensaje de un número desconocido.

No confíes en Leonardo. Él recibió el segundo informe y sabe quién se llevó a Nicolás.

Camila levantó la mirada.

—¿Qué es el segundo informe?

El rostro de Leonardo cambió.

—¿Quién te escribió eso?

—Otra vez estás haciendo la pregunta equivocada.

Él se acercó a la ventana, como si necesitara ordenar sus pensamientos antes de responder.

—Tu padre preparó dos informes. El primero contenía los movimientos financieros. El segundo identificaba a las personas que habían autorizado las operaciones y explicaba por qué Nicolás fue trasladado. Nunca conseguí recuperar la versión completa.

—Pero acabas de decir que mi padre tenía pruebas.

—Tenía una parte. Alguien se llevó la página final antes de que pudiera entregarla.

Camila guardó el teléfono y tomó la fotografía.

—Voy a encontrar ese informe.

—No sabes con quién estás tratando.

—Y tú no sabes hasta dónde estoy dispuesta a llegar.

Se dirigió hacia la puerta. Leonardo no intentó detenerla, pero su voz la alcanzó antes de que saliera.

—Camila, si descubres quién estaba detrás de todo esto, puede que la persona a la que más necesites enfrentar no sea mi padre.

Ella se volvió lentamente.

—¿Quién, entonces?

Leonardo abrió la boca, pero no llegó a responder.

Su teléfono comenzó a sonar sobre el escritorio. En la pantalla apareció un nombre que hizo desaparecer el color de su rostro.

Julián Salvatierra.

Camila miró el teléfono y después a Leonardo.

—Creía que tu hermano había desaparecido.

Leonardo no apartó los ojos de la pantalla.

—Eso creía yo también.

La llamada se cortó.

Un segundo después llegó un mensaje desde el mismo número.

Deja de buscar el segundo informe. Si Camila descubre lo que ocurrió antes de su nacimiento, todos estaremos perdidos.

Camila sintió un frío repentino.

Aquello ya no se trataba solamente de la muerte de su padre, de documentos desaparecidos o de una familia poderosa que escondía sus secretos.

Alguien sabía quién era ella antes incluso de que hubiera nacido.

Y estaba dispuesto a impedir que lo descubriera.

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