INICIAR SESIÓNPov Bianca
Pov BiancaCaminé entre los invitados con paso firme, sintiendo la mirada pesada de Valentino ardiendo en mi espalda, y me detuve junto a Lorenzo, quien charlaba animadamente con unos socios.Me acerqué a su oído, rozando su mejilla con los labios y adoptando el tono más seductor y susurrante que pude encontrar.—Es hora de irnos... Me muero por hacer el amor con mi esposo.Lorenzo soltó una risa ronca y encantada, mirándome con un deseo evidente en los ojos. Dejó un beso suave y posesivo en mis labios antes de responder:—¿Cómo decirle que no a mi esposa?Me dio un apretón cariñoso en la cintura y continuó:—Ve a cambiarte.Miré el voluminoso y pesado vestido de tul blanco que llevaba puesto.—Claro...—Pues sube y nos vemos en la entrada —añadió él con una sonrisa cómplice—. Las maletas ya están en la limusina.Subí las escaleras a toda prisa, esquivando a los últimos invitados que merodeaban por el pasillo, y me encerré en la habitación.Me quite el pesado vestido de novia y lo dej
Pov BiancaUna mano cálida se posó con suavidad en mi espalda, sacándome de golpe de mis pensamientos.Me giré sobresaltada y me encontré con la sonrisa amable de Lorenzo.—Aquí estás, mi amor —dijo con esa ternura que de repente me supo a culpa—. La música ya empezó y los invitados nos esperan para el primer baile. ¿Me concedes esta pieza?Tragué saliva, obligando a mis músculos a relajarse y forzando una sonrisa que me costó la vida.—Claro que sí... vamos.Me condujo hasta el centro de la pista iluminada bajo las tenues luces de la mansión. Me rodeó la cintura con firmeza, atrayéndome hacia su pecho, y comencé a moverme al compás de la melodía romántica, fingiendo ser la esposa perfecta.Pero mientras apoyaba la cabeza en su hombro, mis ojos se desviaron involuntariamente hacia la esquina del salón.Valentino estaba allí, bailando con Sofía.La tenía pegada al cuerpo, con una mano apoyada en su cadera y una expresión de fría indiferencia, hasta que levantó la vista y me encontró mi
BiancaLa ceremonia civil transcurrió con impecable perfección. Firmé el acta, sonreí y acepté el beso de Lorenzo ante los aplausos de todos.Pero bajo el tul blanco, mi cuerpo ardía.Sentía el rastro tibio de Valentino escurriéndose entre mis muslos, recordándome a quién pertenecía realmente. Durante el brindis, busqué sus ojos entre la gente; él me miraba desde una esquina con una sonrisa lenta y posesiva.La fiesta apenas comenzaba, pero lo único que deseaba era que Lorenzo se durmiera para correr a buscarlo.La recepción avanzaba entre copas y felicitaciones. Estaba de pie junto a Lorenzo, fingiendo atender a los invitados, cuando escuché pasos firmes a nuestras espaldas.Alcé la vista para encontrarme con Valentino. Lo miré un segundo, traicionada por el deseo que aún me quemaba por dentro, hasta que bajé la mirada y vi su mano entrelazada con otra.Detrás de su hombro apareció una chica rubia, de facciones delicadas y una sonrisa angelical, con aire de no romper un plato.Me que
Pov BiancaLa mañana de la boda se extendía con una calma extraña sobre la mansión.Estaba frente al espejo contemplando mi vestido clásico de novia. Faltaban cuarenta y cinco minutos para la firma y Lorenzo se terminaba de arreglar en otra habitación.Un clic seco rompió el silencio. La puerta se abrió despacio.Alcé la vista en el reflejo.Valentino estaba en el umbral, con el traje oscuro ligeramente desalineado y una sonrisa peligrosa. Me recorrió de arriba a abajo con la mirada.Cerró la puerta tras él y dio un paso al frente.—Ya regresé, mami —susurró con voz ronca.Lo miré a través del espejo, cruzando los brazos sobre la tela blanca del vestido.Una sonrisa cínica se dibujó en mis labios.—No me digas que vienes a pedirme que no me case y que escape contigo...Valentino soltó una risa baja, cargada de burla. Dio un paso más hasta quedar a espaldas mías, reflejándose a mi lado.—Jamás le haría eso a mi padre.Lo miré de reojo, sintiendo cómo el sarcasmo me quemaba en la lengua
Pov BiancaLos días siguientes fueron raros. Lorenzo estaba más presente en la casa por los preparativos de la boda, y Valentino se movía con una normalidad que me ponía nerviosa. No me buscaba de forma obvia. No me escribía.No me miraba de más cuando estábamos los tres. Pero cada vez que pasaba cerca de mí, aunque fuera en la cocina o en el pasillo, sentía esa tensión silenciosa.Una tarde Lorenzo tuvo que salir a una reunión con el abogado. Me quedé en el estudio revisando unos contratos de los proveedores cuando Valentino entró sin tocar. Cerró la puerta detrás de él y se apoyó en ella.—¿Estás ocupada? —preguntó, con esa voz baja.—Sí —contesté, sin levantar mucho la vista de los papeles—. Y tu padre puede volver en cualquier momento.Él no se movió. Se quedó ahí, mirándome.—No vine a cogerte —dijo, casi divertido—. Solo quería ver si seguías fingiendo que no piensas en mí.Levanté la mirada. Él sonrió de lado, se acercó solo un poco y dejó una mano sobre el escritorio, cerca de
Pov BiancaValentino se quedó completamente quieto dentro de mí. Su mano seguía tapándome la boca, pero ahora la presión era distinta, más de advertencia que de placer. El agua seguía cayendo, cubriendo un poco el sonido de nuestra respiración.Desde la habitación, Lorenzo volvió a hablar, más cerca.—¿Bianca? ¿Estás bien?Valentino acercó la boca a mi oído y me susurró, muy bajo:—Dile que no. Que ya casi sales.Tragué saliva. Él sacó la mano de mi boca despacio. Yo respiré hondo, tratando de que la voz me saliera normal.—Estoy bien —dije, un poco más alto—. Ya casi termino. No hace falta que entres, cariño. Salgo en un minuto.Hubo un segundo de silencio. Valentino no se movió. Seguía dentro de mí, duro, el pecho pegado a mi espalda.—Está bien —contestó Lorenzo desde el otro lado de la puerta—. Te espero abajo. Quiero mostrarte algo de la boda.Escuchamos sus pasos alejarse. Valentino soltó el aire despacio contra mi cuello. No se apartó.—Buena chica —me murmuró.Yo seguía con la