로그인CAITLINAceptar su plan no significaba que de verdad fuera a llevarlo a cabo. Por mucho que quisiera vengarme, algo no se sentía bien. Era como si me estuviera perdiendo muchísimo.Además, llevar a Esteban a su muerte ya no parecía tan satisfactorio como alguna vez lo había sido en mi imaginación.—¿Cómo sé que no te vas a rajar? —pregunté en voz baja.Su expresión permaneció calmada. Caspian se levantó de su asiento y comenzó a alejarse de la cámara. En la pantalla solo quedó un espacio vacío. Cerré los ojos, preguntándome por qué el efecto de la droga seguía pesándome tanto. Mantener los ojos abiertos había sido una batalla difícil.Momentos después, oí pasos. Se acercaban. No les di importancia, ya que había algunas otras personas en el cuarto. De repente, noté una sombra sobre mí. Unos dedos me rozaron la mejilla.Sobresaltada, abrí los ojos y encontré a Caspian justo frente a mí. —Ahora sabes que estoy listo. —Me sonrió con suficiencia.—Esteban te va a encontrar —dije.—No si lo
ESTEBANApoyé la cabeza contra la pared y cerré los ojos. Sentí que me iba quedando dormido.Sentí aire frío en la cara, luego algo me hizo cosquillas en la piel. Abrí los ojos y encontré una imagen borrosa de Caitlin... no, de Laura.Estaba tan risueña como solía estarlo. Se sentía extraño. No recordaba la última vez que tuve esas visiones de Laura.Frunció el ceño y luego extendió la mano hacia mí. Su mano atravesó mi rostro. Traté de obligarme a despertar. Se sentía mal. Aunque todavía cargaba con la culpa, tenía que soltarla, entonces ¿por qué?Mi tono de llamada me devolvió a la realidad. Tenía los ojos pesados. No había dormido bien en días. Y la mayor parte era culpa mía.—¿Caitlin? —murmuré mientras miraba el identificador de llamada en la pantalla.Sonreí. Nunca me había llamado antes. Supongo que nunca había habido razón para hacerlo. Preguntándome si el tobillo le dolía más, deslicé el ícono de contestar.—¿Ya me extrañas, Gatita? —dije arrastrando las palabras.—D–Don, no
CAITLINHabía sonidos apagados de fondo. No lograba distinguir las palabras, pero las voces me eran familiares.Un escalofrío me recorrió la espalda. Me estremecí. El cuarto estaba frío... tan frío que el piso se sentía como acero helado bajo mis pies.—Caspian —dije arrastrando las palabras, aspirando hondo. El aire frío me golpeó los pulmones, y solté una tos fuerte.—Qué gusto verte a ti también, Caitlin.Giré la cabeza hacia su voz. Forzando los párpados a abrirse, hice una mueca cuando la luz de la pantalla se filtró. Mi vista estaba borrosa. Apreté los ojos con fuerza y los abrí lentamente.—Cobarde —escupí.Frunció la frente, luego la relajó. El insulto le había llegado, pero fue lo bastante rápido para disimularlo. Mantener los ojos abiertos era una lucha.—Al contrario, Caitlin. Puede que te haya salvado la vida. Te has convertido en todo un trofeo —dijo con indiferencia.Entrecerré los ojos hacia él. Su expresión estaba en blanco.—¿Qué quieres decir? —pregunté.—No es ningú
CAITLINEsteban había insistido en que me fuera a casa. Durante el trayecto de regreso, miré por la ventana, contemplando el paisaje.Las farolas iluminaban las calles. Era hermoso. Casi había olvidado lo que se sentía dar un paseo por la tarde.Sonreí, recordando cómo solía caminar de regreso a mi departamento por las tardes después del trabajo, aferrando una navaja pequeña dentro de mi sudadera o mi chamarra.No había notado ninguno de los edificios de camino al hospital. Sonreí para mis adentros, aliviada por cómo habían salido las cosas.Aunque habría preferido que no hubiera pasado nada malo para empezar. Todos estaban a salvo. Eso era lo más importante. Lamentablemente, el bebé Carlos no estaría en casa por mucho tiempo.—No puedo esperar a llegar a casa —suspiré.—Debe de dolerle mucho —dijo Rosio, estudiándome—. Necesita descansar.Me dolía, pero no mucho. Era una sensación incómoda. Nada más. Esteban solo había exagerado.—No, tenemos que limpiar cada rincón del cuarto de Eli
ESTEBANMientras sacaban a Ellie en la camilla, levanté los ojos, esperando que Dios me escuchara.—Por favor, Dios —dije en voz baja.En momentos críticos como estos, lo único que puedes hacer es esperar que tu ser querido no vaya cubierto de pies a cabeza con una sábana. Noté lo tenso que estaba Scott.Cuando pasaron la camilla y su rostro quedó visible, con una mascarilla de oxígeno sobre la nariz, el alivio me invadió.Scott soltó un fuerte suspiro.—¡Gracias a Dios!En efecto, gracias a Dios. Habíamos perdido tanto a lo largo de los años. Perder más significaría que el mismísimo Señor era un adversario.Cuando Scott me jaló hacia un abrazo, me quedé inmóvil. Me dio palmadas en la espalda, murmurando "Gracias a Dios" una y otra vez.Con cuidado de no lastimarlo, apoyé una mano suavemente en su espalda.—Gracias, hermano —dijo.—No hice nada.—Tú y yo sabemos que has hecho muchísimo por mí... por mi familia. Dios sabe qué habría pasado si hubiera estado encerrada en su cuarto sola.
CAITLINLa culpa me carcomió por lo que pareció una eternidad. Pensar que ella había confiado lo suficiente en mí como para compartir sus miedos, y que yo había resultado igual de inútil que los doctores que intentaron hacerle creer que era normal.La puerta sonó. Scott se obligó a levantarse, probablemente esperando noticias de su esposa.El equipo neonatal sacó al bebé en una pequeña incubadora de transporte. Cuando Scott la vio, los ojos le brillaron. Tantas emociones cruzaron su rostro a la vez.Digo, ese era su bebé. Un doctor siguió detrás del equipo de enfermeras.—¿M-mi esposa? —preguntó Scott, con la voz apenas un susurro. Se aferró al hombro del doctor.El doctor le quitó la mano. —Con permiso, por favor. El bebé necesita atención urgente. —Y siguió su camino a toda prisa.Luego, nada. La puerta se cerró, y la luz sobre ella seguía encendida. Ella seguía ahí dentro. Todavía luchando. Miranda iba justo detrás del equipo. Por alguna razón, me uní a ella.Nos detuvimos en el co







