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CAPÍTULO 11

Autor: Sasa Roand
last update Fecha de publicación: 2021-05-17 05:37:12

―Mérida. Lo siento. El rollo no es contigo. Veo que ya conociste a mi hermano y espero que no hallas caído en sus “encantos” dice Amy haciendo comillas con los dedos al pronunciar la última palabra.

―¿Es tu hermano? ―pregunto con notable alivio. Harley sonríe al notar lo que había pasado por mi mente.

―Sí. Para mi desgracia, este soquete es  mi hermano y había dicho que iría por mí al aeropuerto, aunque le dejé claro que no era necesario. Pero algunos creen que por ser mujer necesito siempre de un hombre que me haga la vida más fácil ―dice Amy acerándose a Harley y viéndolo con reproche. Él la abraza y le da un beso en la mejilla.

―Ya cálmate enana. Al final decidí dejarte probar tu punto de la autosuficiencia y todo eso. Veo que pudiste tomar un taxy. Te felicito ―Ella le da una palmada en el pecho. Y dirige la vista a los trastes en la pila.

―Veo que haces limpieza de última hora.

―Ah sí. Mérida me ayudaba.

―¡Pero que sin vergüenza eres! Encárgate tú solo de arreglar tus desastres. Ven Mérida, vamos a sentarnos a conversar mientras esperamos a que este soquete nos prepare un café ―dice mientras me sujeta la muñeca. Salimos de la cocina.

―Dime, ¿hace cuánto se conocen tú y Harley? ¿Están saliendo? Nah, no creo; Harley nunca sale con nadie. ―Amy enciende un cigarrillo, se sienta en el sofá de cuero y le da un par de palmaditas al espacio vacío a su lado. Yo acepto su invitación a sentarme.

―De hecho nos acabamos de conocer.

―¿Cómo rayos has conseguido que esta chica limpiara tu desorden a unos minutos de haberte conocido? ―le grita a Harley―. No te dejes engañar por esa carita de yo no fui ―susurra luego, dirigiéndose a mí.

―Pues tu amiga es muy amable y considerada a diferencia de ti ―dice Harley entrando a la sala con el filtro de la cafetera en la mano.

―¿se supone que aquí es dónde debo poner el café? ―pregunta

 Amy y yo nos miramos y reímos. Amy pone los ojos en blanco y se da un toquecito en la frente con la palma de la mano exagerando de manera juguetona su frustración. Se levanta y dice:

―Eres un inútil Harley ―Le quita el filtro de la cafetera de las manos y agrega―: yo prepararé el café, tú hazle compañía a Mérida mientras tanto, pero no intentes meterte en sus bragas

Harley se sienta muy cerca de mí, recostándose y extendiendo ambos brazos en el respaldo del pequeño sofá, luego apoya el pie derecho sobre su rodilla izquierda.

―A ver Mérida, cuéntame de ti. ¿Cómo es que una chica como tú es amiga de mi odiosa hermana?

―¿¡Una chica como yo? ¿Cómo se supone que es una chica como yo, según tú?

Harley saca una cajetilla de cigarros y un encendedor del bolsillo delantero de sus vaqueros. Yo espero que conteste mi pregunta, pero él se toma su tiempo, pone el cigarro entre sus labios y me mira mientras lo enciende, le da una inhalada y por fin dice:

―Es que, no te pareces a Amy. No pareciera que congeniaran

―¿Oh, y por qué crees que no congeniaría con Amy? ¿Por qué no tengo tatuajes o perforaciones en la cara? ―le digo casi susurrando, pero ya un poco sacada de mis casillas.

―No, no es eso es que ―Hace una pausa y continúa― Amy es tan intensa con eso de ser independiente y autosuficiente. Es tremendamente osada, es muy intrépida; imagínate, irse al otro lado del mundo sola y con poco dinero solo porque sí, es algo…

―Ah ¡¿entonces crees que yo no soy osada e intrépida, autosuficiente y toda esa mierda!―, le pregunto indignada. ¡Ni siquiera me conoces!

―No, no te conozco, pero…―Me mira de arriba abajo ―eres la típica chica aburrida

―Eres un capullo Harley ―digo mientras me levanto.

 Amy entra a la sala con una taza en cada mano.

―¿No te quedaras Mérida? ―me pregunta

―No Amy, ya me iba. Lo siento. Solo venía a darte un mensaje de mi jefa: quiere tu colaboración para unos proyectos de la revista. Llámale si te interesa ―Saco de mi bolso una tarjeta de Eleonor.  Por lo general encontrar cualquier cosa en mi bolso resulta una misión imposible. Ha sido una suerte haber encontrado la tarjeta tan rápido.

―¡Carajo Harley! ¿¡Qué coño le has dicho!? ―Alcanzo a escuchar cuando cierro la puerta tras de mí.

Entro a mi departamento, tiro mi bolso en el sofá y me voy al cuarto. Me quito la chaqueta y la camiseta. Entonces llaman a la puerta. Camino hacia la sala.

―Déjalo estar Harley. Fue un placer conocerte. Pero no necesito que un capullo como tú me diga lo aburrida que soy ―grito como loca a la puerta.

Tocan nuevamente. Resoplo irritada y voy a abrir sin importarme estar en brasier. A ver si eso le parece algo osado.

―¿Quién es Harley y por qué le abrirías la puerta estando casi desnuda? ―pregunta Patrick. Tiene el ceño fruncido.

Abro los ojos como platos y lo miro, sus pupilas se clavan en las mías, su expresión se suaviza. Quiero saltarle encima y besarlo. Pero la sorpresa y la emoción se desvanecen y dan paso a la ira.

―¿Y por qué tendría que darte explicaciones?

Él se queda sin palabras ante mi respuesta. Después de un incómodo silencio me dice:

―Si, tienes razón; no es asunto mío. Había venido a ver como estabas, por lo de tu papá, mi madre me ha contado. Pero veo que estás bien, lo superas rápido.

―¿Y has venido desde Francia a ver si estoy bien? Pues no debiste hacerlo. No necesito que vengas a rescatarme Patrick.

―Está bien. Lo siento, me iré.

El da media vuelta y después de dar solo un par de pasos se cruza con Harley que viene a mi departamento.

―Mérida, lo siento. Dice Harley.

Sé que Patrick ha alcanzado a escucharlo pues enseguida voltea a verlo, me ve con reproche y continúa su camino. Entonces recuerdo que no llevo camiseta así que corro al cuarto a ponérmela. Salgo ya vestida y Harley está en la sala de pie.

―No te preocupes, no pasa nada ―le digo. Ahora puedes irte por favor, tengo mucho que hacer.

―Sigues enojada. No fue mi intensión ofenderte. Mira, para que veas que quiero arreglarlo salgamos hoy ―Lo miro con los ojos entrecerrados y el aclara― No me refiero a tú y yo, o sea, no como una cita. Saldremos con Amy y sus amigos, ella quiere que vayas.

―¿A dónde irán?

―No lo sé, aun cementerio a desenterrar cadáveres o algo así

Abro ojos como platos. Él sonríe

―Bromeo. No sé a dónde iremos, pero la pasaremos bien. Acompáñanos, a menos que… ―sea demasiada acción para tu estilo de vida.

―Claro que iré. Le respondí enseguida.

―¡Genial. Paso por ti en una hora ―dice Harley antes de irse.

Me pongo unos jeans rasgados negros que había comprado hacía mucho tiempo pero que no usaba nunca, tenis vans rojas, una camiseta negra con franjas blancas y una chaqueta negra. Me hago un delineado en los parpados superiores, me pongo rímel, sombreo mis cejas como de costumbre y me pongo labial rojo.

******

―Detente, compraré cerveza. Le dice Amy a Harley.

Harley detiene el coche y Amy baja. Estoy en el asiento trasero, él me mira por el retrovisor, yo le hago una mueca; casi una sonrisa. Permanecemos en un silencio sepulcral hasta que Amy vuelve.  Durante la siguiente media hora Amy nos relata sus aventuras en la India.

Llegamos a una casa bastante lujosa en un vecindario rico. No soy buena para ubicarme, pero definitivamente un lugar como este no se olvida, ya había estado por aquí antes. Estamos muy cerca de la casa de mi padre, bueno, mi casa; aún no he decidido qué hacer con ella, por los momentos le he pedido al señor Carmony (el mayordomo con trje de pingüino)  que se encargue de cuidarla y que mantenga en sus puestos a todos los que ya trabajaban para mi padre. No sé qué hacer, a Johnny le ha tocado más fácil, si decide vender la casa del lago no dejará sin empleo a media docena de personas, aunque les correspondería una buena liquidación siento que les quitaría algo importante.

 Harley estaciona el coche. Mientras caminamos a la entrada, Amy saluda a unos cuantos chicos y chicas. Ni bien entramos, de la nada alguien pone un vaso con licor en mi mano y en la de Amy, también le ofrecen a Harley pero este se niega.

Todos son muy jóvenes; contemporáneos con Amy. Calculo que la mayoría no debe pasar de los veinte, a lo mucho veintidós. Es la típica fiesta de universitarios; un grupo aquí haciendo juegos de ebrios, otro grupo por allá fumando hierba y unas cuantas parejas manoseándose. Mis escasos ciento sesenta y dos centímetros de altura y la forma en que voy vestida, me hacen ver menor de lo que soy; fácilmente podría pasar por uno de ellos, pero igual me siento algo vieja, este no es el tipo de ambiente que prefiero. No es que no me guste ir de fiestas, me encanta ir de fiesta (aunque, después de lo de Jada no he vuelto a quedar con las chicas) pero prefiero los sitios sofisticados, una barra en la que sentarme y tomar un trago. Pero en este momento me importa demostrar que no soy una chica aburrida, que puedo ser atrevida y todo eso. ¡Por dios! Me estoy comportando como una adolescente queriendo encajar en un grupo nuevo de amigos, sé que es algo estúpido, pero aun así, siento la necesidad de acoplarme. Para mi sorpresa Harley se ve tan incómodo como yo, pero Amy está en lo suyo.

Harley y yo seguimos a Amy, ella se acerca a los chicos que fuman hierba en el sofá. Una chica sonríe en cuanto la ve, se levanta y la saluda con un beso en la mejilla y un efusivo abrazo.

―¡J.J has venido! ―grita Amy mientras el abrazo continúa―, pensé que no podrías ―agrega.

JJ tiene una melena azabache larga y rizada. Su piel es pálida, va vestida con ropa de oficina; traje de chaqueta y pantalón negros, está descalza y al menos tres botones de su blusa están desabrochados de manera que dejan ver su generoso pecho lleno de pecas.

―Cómo crees que me lo perdería sabiendo que vendrías ―le responde la chica terminando con el abrazo, pero dejando su mano en la cintura de Amy.

―Oigan chicos; ella es Amy ―le dice JJ al resto.

―Hola Amy ―responde uno de ellos levantando la mano y agitándola.

―Hola Amy soy Zack ―dice otro de los chicos sentados en el sofá. Preséntame a tu amiga.

―Ella es Mérida ―le responde Harley con tono hostil

―¡Joder JJ! ¿Que no puedes invitar chicas sin novio? ―dice el chico llamado Zack en tono juguetón.

―No somos novios ―le aclaro, él me mira de pies a cabeza, yo miro a Harley. Se le ve tenso.

―Vengan todos, sientense aún hay sitio ―dice Zack haciendo espacio

Harley me sujeta la mano. Yo me suelto y me siento al lado de Zack, Amy y JJ también toman asiento.

Uno de los chicos le pasa a Amy un bong de bambú, ella coloca su boca en uno de sus extremos e inhala, se lo pasa a JJ, JJ hace lo mismo y se lo pasa a otro chico, el chico a Zack y Zack a mí, yo niego con la cabeza. En un rato estoy terriblemente aburrida de las conversaciones y los juegos tontos de este grupo de chicos y me cuesta creer que unos años atrás yo era como cualquiera de ellos. Me levanto y me voy a la cocina, ahí está una chica sirviendo tragos.

―¿Puedo tomar uno?

―Puedes tomar los que quieras ―contesta.

Me acabo unos cinco vasos. Saco mi celular del bolsillo trasero de mis vaqueros. Y sin pensarlo le escribo a Patrick.

…¿Cuánto tiempo te quedarás?

…Un par de días. ¿Qué haces despierta a esta hora?

No me he fijado en la hora, ¿en qué momento se hicieron las dos de la madrugada? Pienso.

…Pues ¿Qué crees? ¿Estoy en una fiesta?

…¿con ese Harley?

…Eso no es asunto tuyo. Pero de hecho sí, estoy con Harley.

Miro la pantalla de mi teléfono esperando a que Patrick responda ese último mensaje, pero no lo hace.

Salgo de la cocina y veo a Harley subir las escaleras. Lo sigo hasta que entra en una de las habitaciones del segundo piso. Quiero averiguar qué hace ahí, pero no sé si tocar o simplemente abrir la puerta y entrar. Me alejo de aquella habitación y empiezo a bajar las escaleras, pero la curiosidad puede más que mis modales, el alcohol en mi organismo ya ha hecho efecto y me siento desinhibida, así que subo de vuelta, me acerco a la puerta y simplemente la abro y entro.

Hay una chica en ropa interior acostada boca abajo en una camilla de masajes. Harley está de espaldas a mí, parado frente a la chica con su cuerpo levemente inclinado hacia ella.

Hay música a bajo volumen y un zumbido suave y constante se mezcla con esta. La chica me mira y no se muestra sorprendida de que hubiera una completa extraña en la habitación.

―Tienes que esperar tu turno amiga.  Pero puedes mirar si quieres ―dice amablemente.

 Harley permanece sin moverse.

―Eh, claro. Esperaré ―digo sin saber de qué se trata.

Aún no he terminado de hablar cuando el zumbido se detiene y Harley gira rápidamente hacia mí.

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