INICIAR SESIÓN―¿¡Mérida!? ¡Mérida! ―Patrick grita con un desespero que le da demasiada importancia a lo que ha pasado. Sofi tiene una pésima puntería, solo me ha rozado la pierna ¡Genial! Tendré que usar un maldito bastón hasta recuperarme; me veré como un anciano.
Patrick pone sus manos sobre la herida y presiona causándome un dolor de m****a.
―¿Dónde está Adrien? ¡Mérida! ¿Dónde está Adrien? ―Patrick sigue gritándole a quien cree que es Mérida, pero ella sigue ignorándolo, mirando lo que ha hecho con esa estúpida cara de satisfacción.
―Está en tu departamento, está con Paulette ―responde ella y no logro descifrar su tono, no estoy seguro, pero me parece que no miente.
―Deja el arma en mi auto y vete de aquí Mérida, ve a tu departamento. Yo me encargaré de esto ―Sofi deja el arma en el piso sin pisca de remordimiento en sus ojos, me mira de forma amenazadora, camina hacia su auto y se va así como ha llegado. ¡Maldita! Sabe que no tengo forma de hacerle daño.
―Ya deja de presionar la herida y ayúdame a levantarme ―le digo a Patrick estirando mis brazos, él me levanta de golpe y no puedo evitar soltar un grito al sentir un tirón en mi pierna herida― ¡joder! al menos pudiste contar hasta tres
―Te iba a doler de todas formas
―Sí, buen punto
Me lleva casi arrastras hasta el auto.
―Dame tu billetera ―se asoma desde el asiento delantero y me mira de arriba abajo― y tu reloj ―agrega, y vuelve su cuerpo hacia el frente― diremos que te han robado, has forcejeado por el teléfono y te han disparado. Trata de pensar en lo que dirás, si te preguntan si recuerdas algún detalle importante, les dirás que estabas muy nervioso, que tu atacante llevaba una máscara y que no puedes recordar nada más ¿has entendido?
― ¡Joder! ¿Te la pasas viendo La Ley y el Orden o qué? ¿De verdad harás esto por ella?
―Mérida no está bien, necesita ayuda.
―¿Tú crees?
―No lo digo por esto, bueno esto ha sido la gota que derramó el vaso, pero tú y yo sabemos que se ha estado comportando de forma muy extraña últimamente
―¡¿Ultimamente?! ―pregunto y me rio a carcajadas. Patrick me mira en el espejo de reverso con cara de desconcierto debe estar pensando que se trata de un efecto secundario por la pérdida de sangre. Pero es que Mérida se ha estado comportando rara desde hace ya muchos años.
Cuando fuimos juntos al baile de graduación, tenía años sin ver a Mérida, sin saber de ella, sin hablarle, pero al volver, sentí que era la misma chica sencilla, un poco torpe y con un extraordinario humor basado en el sarcasmo. Los dos habíamos sido aceptados en la universidad de Seattle y aunque estábamos en carreras diferentes, el primer año coincidíamos en muchas clases y pasábamos bastante tiempo juntos. Fue ahí cuando comencé a notar que Mérida ya no era tan ermitaña como solía serlo antes. Le gustaba ir de fiestas, pasar la noche bebiendo y fumando hierba y aparecer al día siguiente en clases como si nada hubiese pasado. Yo me dediqué a ir a cada fiesta, reunión social o evento al que Mérida iba solo por tratar de estar al pendiente de ella.
La noche que Mérida conoció a Patrick, ella había ido a una fiesta de la fraternidad a la que pertenecía Carl; los Kappa Alpha. Yo también estaba ahí, como tantas otras veces.
Carl tenía un carácter explosivo y celaba a Mérida incluso del aire que respiraba. Esa noche el muy maldito coqueteaba con cuanta chica se le cruzaba en el camino y Mérida había salido a liberar la tensión que eso le producía. No regresó sola, entró con Carl que la llevaba sujeta del brazo. Mérida ya estaba ebria y Carl seguía dándole un trago tras otro. Me abrí paso entre el gentío para llegar hasta ellos
―Mérida, deberíamos irnos ―le susurré cuando la tuve cerca
Mérida parecía fuera de sí, se recostaba de Carl para poder mantenerse en pie
―¡Oh! ¡no! ¡no, no, no Johnny! ¡joder! No seas aguafiestas. Me quedaré con Carl, en su habitación, ya somos grandes, sabes ―las palabras se tropezaban entre sí cuando salían de su boca
―Vamos, Mérida, te quedarás con Carl en otro momento ―dije más que autoritario, soné aterrado, de verdad lo estaba. Pelear nunca ha sido mi punto fuerte y de seguro tratar de sacar a Mérida de ahí acabaría en pelea. Mis piernas temblaban. Antes de que pudiera decir algo más, el puño de Carl chocó contra mi nariz. Tendido en el piso me palpé el tabique ¡joder! Mi nariz quedará chueca, pensé. Podía levantarme y hacerle frente, pero preferí quedarme en el piso gimiendo de dolor. Eso resultó peor, mucho pero; Carl me pateo dos veces en el estómago.
Mérida intentó agacharse a mí lado y más bien cayó sobre mí
― ¡Por Dios Carl! Esto no era necesario. ―dijo acomodándose a mi lado
―Vamos Mérida ―dijo Carl, y Mérida se puso de pie de inmediato. No podía entender por qué Carl tenía este tipo de dominio sobre ella.
―Vamos nena, tu amigo es un niño grande, vayamos a mi habitación ya ¿sí?
Elevé la mirada para ver cómo se marchaban. Carl le hizo una seña a su séquito de hermanos idiotas de Kappa Alpha, ellos le siguieron. Temí por lo que era obvio que planeaban hacerle a Mérida
En lo que pude ponerme de pie, los busqué por toda la maldita casa, abrí cada habitación hasta que la encontré. Solo estaba ella; Mérida, desnuda, inconsciente, tirada sobre sábanas ensangrentadas como un pedazo de carne. Sentí que metían la mano en el pecho y apretaban mi corazón. Ver a una persona que quieres tanto, en esas condiciones, te destroza, pero no se quedaría así, los denunciaría ante el consejo de la universidad, pensé en tomarle fotos, a ella, a todo en la habitación, palpé mis bolsillos, pero mi teléfono no estaba ¡Joder!
Me senté a orillas de la cama, me llevé las palmas de la mano a la cara y empecé a llorar de la frustración, lloraba como un crío y recordé la primera vez que vi a Mérida. Mi madre me había dejado temprano en el jardín de infancia y desde entonces yo no había parado de llorar, pero cuando la vi a ella llorando, sentí la necesidad de consolarla, seque mis lágrimas, arrastré las dos manos en mis pantalones para limpiar los mocos que se me habían quedado pegados y caminé hacia ella.
El recuerdo de haber sido el salvador de Mérida en ese entonces me hizo levantarme. La apé con una de las sábanas y cuando la iba a levantar un tropel sonó a mis espaldas, era un chico que había caído recostado de la puerta obstruyendo la salida
―Ey, quítate del medio, necesito salir
―¿ A ddóndeee te lleeevas a eso… aaa esa chica? Ven ven ven, te ayudo ponla aquí, en mi espalda ―estaba como una cuba, se dio la vuelta, dobló su rodillas y me señaló su espalda
―Estás loco ―le dije y se cayó― se me ocurrió que si tenía un teléfono tomaría las fotos que necesitaba como prueba, luego me llevaría a Mérida de ese lugar y al día siguiente presentaría una denuncia formal.
Revisé los bolsillos del chico y ¡Lotería! Conseguí su móvil. Tomarle las fotos a Mérida me costó más de lo que imaginaba, verla desnuda no me causaba ninguna sensación de las que cualquier hombre pudiera tener, siempre la vi como una amiga, la verdad, yo tenía otras preferencias. Lo que me producía verla así era un sentimiento de lástima, de que frustración, de culpa al saber que pude haber evitado esto. Cuando tomaba la última foto Mérida abrió los ojos, reaccionó por unos segundos, su expresión era de terror.
―¿Qué haces? ―el tipo al que le había quitado el teléfono había despertado. Me giré para verlo
―¿Quién es tu amigo? ―La voz de Mérida me desconcertó; se había incorporado y actuaba con total normalidad, como si estar en la habitación de Carl, conmigo y con un extraño, fuese una situación normal. Y lo que pasó después me dejó pasmado, en shock, no lo pude procesar.
―Johnny nos podrías dejar solos a mí y a tu amigo
¡Joder! ¡¿Qué m****a pasa aquí!? Pensé, no comprendía lo que le ocurría Mérida, ni siquiera parecía ebria.
―Vamos Mérida, estás ebria. No sabes lo que dices. Tápate, te llevaré a tu residencia
― ¡Maldita sea Johnny! ¡Vete tú, déjame a solas con… disculpa ¿cómo te llamas? ―se puso de pie exponiéndose desnuda como si nada.
―¿Sabes qué? me cansé de hacer esto Mérida. Eres grande, puedes cuidarte sola.
―¡Hola! Me..me llamo Patrick ―dijo el chico levantándose del piso, no dejaba de ver a Mérida de pies a cabeza, se le salía la baba.
Salí de la habitación hecho una furia.
―Hola Mérida ―el doctor Black me saluda en cuanto entro en la habitación ―¿cómo han estado?― Hemos estado mejor ―le contesto―¿Alguno quiere hablar hoy?―Anya. Anya siempre quiere hablarle, pero ya sabe cómo se pone―Pues escuchemos a Anya.La sesión con el doctor Blake transcurre con normalidad, he podido desahogarme respecto a la ansiedad que me ha causado el viaje que haré hoy. Anya se ha quejado de que no ha tenido sexo en mucho tiempo, habló de Harley otra vez y de cómo lo rechacé cuando se me declaró.―Quise que fuera solo sexo, pero siento que no puedo estar sin ti, Mérida. Dame una oportunidad, que tengas un hijo con Patrick no quiere decir que tengas que estar con él ―fueron las palabras de Harley. Pero yo fui tajante―Lo siento Harley, amo a Patrick y no sé si pueda amar a alguien más de esa fo
Regreso los álbumes a su lugar y cierro la casa. Harley permanece aún sentado en las escaleras que dan del porche hacia la salida.―Vamos ―le digo con autoridad y el se levanta enseguida.Harley ha estacionado su auto justo enfrente de mi casa. Espero a que el suba para que abra el seguro y subo en el asiento de adelante. He guardado la foto de Johnny en mi bolsillo.―Y ¿a dónde vamos?―A casa de Johnny―¿y eso dónde es?―tú conduce, yo te guío.Harley se limita aconducir sin hacer más preguntas. Por lo menos le advertí que me comportaría de forma extraña. En mi cabeza se gesta una discusión entre Sofía y Dante―¿Sabías de esto? ―le pregunta Sofía a Dante.―¿Cómo iba a saberlo? Esto es tan extraño para mí como para ti. Pensé que Johnny nos cuidaba
―Llévame a mi departamento por favor ―le digo a Patrick mientras me pongo el cinturón de seguridad. Él me mira confundido ―quiero estar sola, por favor― le lanzo una mirada un poco borde.No sé por qué me siento de esta forma. Solo quiero llegar a casa, dormir un poco y olvidarme de las personas por un buen rato.*******Estoy en mi departamento, sola, tal como quería. Pero estar sola no me ha hecho sentir mejor, al contrario. No puedo dormir, cambio de canal cada dos minutos y me muerdo las uñas sin parar. Me fulmino a mí misma con preguntas como ¿Por qué el arma que guardaba en mi departamento es de Johnny? ¿Se la he pedido yo? ¿Él me ha sugerido tenerla? Y si es así ¿con qué intención?―No ha hecho nada malo ―dice Dante mientras yo me planteo todas estas incógnitas―¿Quién?
Escucho pasos ingresando a la casa al trote. Abro los ojos y veo a cinco uniformados entrar. Apuntan sus armas hacia Olivia por un par de segundos. Ella todavía apunta el arma hacia el cadáver de Ryan, pero en cuanto nota la presencia de los oficiales, se asusta, tira el arma y se sienta en el piso. Llora con desespero.Una mujer del grupo de policías enfunda su arma y se acerca Olivia, se pone a su nivel arrodillándose frente a ella―Tranquila nena, todo estará bien ―le susurra y la abraza. Otro ofivial se acerca al arma tirada en el piso y la patea lejos de Olivia.Dos personas alejan a Patrick de mí y me revisan. Miro el cadáver de Ryan, no puedo dejar de verlo, hasta que apuntan a mis ojos una pequeña linterna.Ryan ha muerto y pensar en ello hace que me recorra un aire de satisfacción. No solo me alegra que Ryan esté muerto, también siento alivio por no hab
Camino por la vereda que da hacia una casa descuidada. No recuerdo haber estado aquí antes. Todos los recuerdos de Ryan que han venido a mi mente hasta ahora, ocurrieron en mi casa, donde se supone que debía estar segura.Me detengo frente a la casa sin saber qué hacer. Golpeo a la puerta y no sale nadie. Golpeo una vez más y en un par de minutos sale Ryan. Me observa con cara de satisfacción.―Creí que ya no vendrías más ¿Estás sola? ―recorre el panorama con su mirada y se detiene en el auto―Es mi auto, es nuevo ―le digo. Y con un ademán me indica que entre ―Cambié de opinión ―le digo estando dentro de la casa, fuerzo la voz para que se escuche grave, cómo la de Sofi.La idea principal era que Sofi se acercara a Ryan. Mi forma de actuar tal vez no se parezca a la de ella y eso podría causar suspicacia en Ryan. Pero Sofi está aterra
Salgo de mi departamento y al dar un par de pasos hacia las escaleras recuerdo que se me ha pasado por alto un pequeño detalle. No tengo auto. No tengo idea de dónde está mi auto. Camino de regreso a mi departamento. Lo último que recuerdo es haber estado en el departamento de Patrick, llegué ahí en mi auto nuevo. No tengo idea de cómo llegué casa de Ryan , solo sé que volví en el auto de Patrick . ¡Joder! “tomaré un taxi” pienso antes de poner la mano en la manilla de la puerta, me doy media vuelta y avanzo hacia las escaleras, me detengo frente a una puerta. No he querido detenerme, mi cuerpo se ha plantado ahí sin mi consentimiento.―Creemos que un auto prestado sería mejor que un taxi ―dice Anya. He sabido que es ella, su voz, es diferente a la de Dante y a la de Sofi; tiene una calma y despreocupación impregnada en cada una de sus palabras. Comp