MasukLos fines de semana era el derecho de Mark quedarse con Lizzie, pocos días después era viernes y en la tarde Mark pasó con Irina al penthouse de John a buscarla, Anabella trataba de contener las ganas de llorar para no preocupar a Lizzie o dar satisfacción a Irina, pero le costaba mucho, sería la primera vez que se separara de su hija y aunque fuera solo un fin de semana el miedo de que solo fuera el comienzo de algo que debía aceptar la aterraba.
En cuanto escucharon el timbre John fue a abrir la puerta.
—Buenas tardes —saludó Mark, Irina sonrió con su habitual cara tierna que solo busca burlarse.
—Te daremos el fin de semana para que disfrutes con tu esposa, primo —ironizó Irina.
Lizzie miró a su madre cuando Anabella se arrodilló frente a ella.
—Me harás mucha falta Lizzie, sabes que para John y yo preferimos estar contigo, no nos sentiremos felices porque no estás.
—Yo lo sé mami, y si vas a llorar entonces no iré.
Anabella sonrió tratando de esconder sus sentimientos.
—No te preocupes mi amor, sé que te hace falta tu papá, así que aquí estaré esperando que el domingo tu papá te traiga de vuelta.
Lizzie afirmó con la cabeza y le dio un abrazo a su madre y Anabella la besó varias veces, como si quisiera darle los besos que no le dará el día sábado, la niña lloró porque no le gusta separarse de su madre tampoco.
Anabella tragando sus lágrimas le puso el bolso en los hombros y la empujó amablemente, Mark se puso de cuclillas en el pasillo y la niña fue a sus brazos.
Mark le quitó las lágrimas del rostro.
—Hola patita —le dijo cariñoso—, verás que te divertirás con papá, ¿o prefieres quedarte con tu mami?
La niña miró a su madre y luego a su padre.
—Mi mamá me dijo que a ti te hacía falta como tú a mí, si me traes el domingo John acompañara a mi mami.
Mark sonrió con amor a su hija.
—Si me haces falta, quisiera estar todos los días contigo, ¿sabes que tú eres lo más grande que tiene papá?
Lizzie afirmó con la cabeza y Mark le dio otro abrazo.
—En el bolso de Lizzie he colocado sus cosas, recuerda sus alergias —dijo Anabella a Mark con voz que aparenta ser casual, pero Mark ve sus ojos y la conoce, sabe que está muerta de miedo.
Mark se levanta, carga a Lizzie y estira la mano y toma el brazo de Anabella.
—Te prometo que la cuidaré y si necesito saber algo o Lizzie Dios no quiera se enferma, te llamaré.
—Gracias, me dejas más tranquila.
Anabella correspondió al apretón de mano que le dio Mark cuando soltó su brazo y tomó su mano; Lizzie se despidió de John con una sonrisa agitando su manita e Irina tomó la cinta de la cachorra.
—Que hermoso perrito, ¿cómo se llama Lizzie? —preguntó Irina sonriendo haciendo cariño a la perrita.
—Es hembra y se llama Laila.
La cara de Mark fue un poema y Anabella hubiera reído si no se sintiera tan mal.
Mark con la cara roja les dio la espalda y se concentró en su hija y caminó en dirección al ascensor.
—Caramba, espero que no le pongan mi nombre a la siguiente mascota de la niña —emitió Irina con ironía.
—No te preocupes, no le daremos una serpiente a Lizzie —espetó John desafiante y se echó a reír.
— ¡Ja ja ja!, imbécil…
Irina cargó a la cachorra y se fue, John cerró la puerta.
—No debiste meterte con ella —le amonestó Anabella.
—Bueno, me dio la oportunidad y no lo pude dejar pasar, no pasa nada.
—Temo que esa mujer por rencor le haga daño a mi hija —musitó Anabella y John caminó hacia ella y la tomó por los antebrazos.
— ¡Hey! Irina es una condenada bruja despreciable, pero no es loca, si Lizzie no estuviera segura con ellos hubiera peleado para quitar los fines de semana del acuerdo.
Anabella no resistió más y lloró por su hija.
—Me mata dejarla ir —Anabella gimoteó y lloró con mucho dolor y John la abrazó.
—No te pongas así, apenas es un día que no la verás, mañana, el domingo a esta hora estará de nuevo con nosotros.
—Lo sé, pero no puedo evitar sentir el vacío.
—Tengo un buen remedio para que las horas se pasen volando.
Anabella lo miró con mala cara.
—No estoy para eso, John.
— ¡Oh! ¿Entonces cancelo nuestra cita con Olivia Fox?
Anabella abrió mucho los ojos.
— ¿Te refieres a Olivia Fox, la mejor forense en medicina legal de New York?
—Yo le digo tía, acaba de regresar de un corto viaje y la invite a cenar.
—John, cuando comience a estudiar, ella me dará clases.
—Mi intención es que le demuestres que tienes mucha determinación y ganas de aprender para que te dé la oportunidad de apadrinarte.
Anabella tuvo que sentarse.
—Dame un minuto, muchas emociones para mí —expresó Anabella moviendo las manos, continuó llorando porque sus emociones están a flor de piel—. John, la doctora Olivia Fox toma un pequeño grupo de alumnos cada año y bajo su asesoramiento se convierten en los mejores médicos forenses del país.
—Lo sé, cuando en la firma necesitamos de forenses conseguimos a los que ella entrenó.
—Pero yo estoy muy oxidada, no he vuelto a abrir un libro, ay Dios mío, debo prepararme ¿qué hora es?
Anabella se levantó del sofá con energía.
—Anabella es una cena, no te hará preguntas de medicina.
—Para personas como Olivia Fox la primera impresión es lo que cuenta, un momento ¿tú le dices tía?
John levantó los hombros con las manos en los bolsillos.
—Estudió con mi papá, es amiga de mi mamá desde antes que mis padres se conocieran porque trabajaron en algunos casos siendo novatas, ella es madrina de su matrimonio y bueno, me adora.
—Ay Dios bendito, me evaluará también como tu esposa —Anabella mordió sus uñas nerviosa—, yo me quedé rezagada, conseguir la oportunidad de ser del selecto grupo de Olivia Fox me garantizaría trabajo y buenas oportunidades para brindar calidad de vida a Lizzie, es casi imposible de lograr para los miles de forenses que por lo general pasan en laboratorios del estado viendo jefes burócratas pasar por encima de ellos toda su carrera.
—Ya yo te he garantizado calidad de vida para Lizzie.
Anabella lo miró haciendo un mohín, para ella era claro que este matrimonio era algo pasajero.
—Sabes a lo que me refiero —Anabella pasó por su lado para ir a la habitación y John la detuvo agarrando su brazo.
—Ella te adorará —susurró John pegado a ella—, la conquistarás como me conquistaste a mí.
Anabella rehuyó su mirada.
—Debo buscar mis apuntes y qué ponerme para la cena.
John la soltó y Anabella caminó rápido, pero volteó antes de perderse en el pasillo, John la miró con ojos tristes, esperando que diría.
—Gracias por esta oportunidad John, sé que lo haces con buena intención y porque quieres contar conmigo como forense, te prometo que como secretaria lo haré lo mejor posible y si en el futuro me buscas como forense con gusto trabajaré para ti sin cobrarte.
—Muchas gracias, pero el cliente es el que paga, así que puedes cobrar no te preocupes.
Anabella sonrió.
—Entonces te cobraré completo…
Anabella se perdió de su vista y John se quedó mirando el pasillo por donde se fue.
—No necesitaré buscarte como forense, te conseguiré a mi lado, no te dejaré alejarte de mí Anabella —susurró su determinación, después de todo él era un hombre de metas y su meta de vida era reconquistar a su esposa.
Anabella entró a la habitación donde estaba la caja con sus apuntes, no tenía libros, eran muy costosos, pero había hecho copias de los mejores e incluso había escrito cuando se quedaba con poco dinero para encuadernar fotocopias, muchas veces incluso se quedó sin almuerzo para conseguir esta biblioteca de edición única. Anabella sonrió al recordar esos tiempos tan duros mientras estudió medicina.
—Lo conseguiré, por Lizzie, por mi mamá; muy pronto tendré que despedirme de John y cuando eso pase necesito no ser el caos que era cuando me conoció, aunque mi corazón estará de nuevo roto.
Anabella acarició el brazo donde John la tocó; Mark la había tomado por el mismo brazo y sintió algo que no era desagradable, por lo contrario, con Mark tenía una conexión, como familia, ese lazo que los mantenía unidos por ser padres de Lizzie, pero cuando John la tocaba ella ardía.
—Yo no aprendo y en definitiva me encanta el drama, debo empezar a alejarme de John, encontrar la manera de no alimentar mis sentimientos por él que es aún más dañino que Mark.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







