Share

Capítulo 2

Penulis: Dolores Lozano
Un segundo después, Óscar me llamó. No contesté. Insistió tres veces y al final me envió varios mensajes de voz.

"¿Puedes dejar de hacer berrinche? Esas son las reglas. Yo perdí, así que harás pareja con Antonio por un rato. Mañana tú y Antonio van a cumplir los tres retos y ahí se acaba todo. Todos vamos a estudiar en la misma universidad. No hagas nada que me deje en ridículo."

Me reí de pura rabia. Me entregaba como si fuera un objeto y luego me culpaba por hacerlo quedar mal.

Los supuestos retos de pareja eran tres. Primero, darnos de comer pastel; segundo, tomarnos de la mano para una foto y publicarla en el grupo; y tercero, que Antonio me cargara en brazos durante diez segundos.

En el grupo ya empezaban a dar el pésame a Antonio.

"¿A quién se le ocurrió el tercero? ¿Quieren matarlo?"

"Ni aunque mida más de un metro ochenta podrá cargar cien kilos."

"No pasa nada. Perdió el juego; en el peor de los casos, acabará con la espalda destrozada."

Antonio seguía sin decir una sola palabra. Su foto de perfil era completamente negra y no tenía publicaciones visibles, pero todos parecían tratarlo con cierta cautela. Se envalentonaban al burlarse de mí, pero cuando lo etiquetaban a él se limitaban a provocarlo, sin atreverse a exigirle una respuesta.

Estaba a punto de salir del chat cuando mi mejor amiga, Frida Cruz, me hizo una videollamada. En cuanto contesté, explotó:

—¿Ese desgraciado de Óscar piensa con el trasero? ¿Poner a su novia como apuesta en un juego con un amigo? ¿Qué sigue? ¿Van a intercambiarse a las mujeres como si fueran objetos?

Me quedé desconcertada.

—¿Cómo te enteraste?

—¡Las capturas ya llegaron al chat de nuestra promoción de secundaria!

Frida iba y venía frente a la cámara, furiosa.

—Ya memoricé el nombre del tipo que publicó tu foto. Cuando empiecen las clases, yo le pongo una bolsa en la cabeza y tú vigilas que no venga nadie.

No pude evitar reírme. Al verme todavía capaz de reír, se preocupó aún más por mí.

—¿Qué piensas hacer? ¿Publicar una foto actual y cerrarles la boca con ella?

—No.

—¿Por qué?

Abrí el armario y recorrí con la mirada los vestidos colgados dentro.

—¿Qué gracia tendría una foto?

Podían decir que estaba editada, que la había sacado de internet o que había puesto mi cara sobre el cuerpo de otra persona. Si no querían creer, siempre encontrarían cien excusas.

Yo quería presentarme en persona y verles la cara cuando descubrieran la verdad.

Frida lo entendió de inmediato y se le iluminaron los ojos.

—¿De verdad vas a ir?

—Claro. Ya aposté seiscientos dólares.

—¡Entonces tienes que ir!

Golpeó la mesa con la palma.

—Y no basta con presentarte. Tienes que llegar tan hermosa que todos se queden mudos. ¿Óscar no apostó cuatro mil dólares a que no te atreverías? Primero haces que pierda la apuesta y después hacemos que todo el mundo vea lo idiota que es.

En cuanto terminó de hablar, llamaron a la puerta. Mi madre entró con un plato de fruta cortada. Al ver el vestido extendido sobre la cama, se detuvo.

—¿Tienes una reunión mañana?

—Sí.

Vaciló unos segundos antes de preguntar con cuidado:

—¿Vas a conocer al muchacho de internet?

Guardé silencio.

Llevaba casi un año adelgazando por Óscar. En mi peor momento, casi no comía más que verduras. Por las noches, el hambre me provocaba fuertes retortijones.

Después, un chequeo médico reveló varios problemas de salud y una nutricionista me obligó a abandonar aquel método extremo. Solo entonces empecé a moderar el consumo de azúcar y a hacer ejercicios de fuerza.

Pasé de cien kilos a ochenta y cinco, luego a sesenta y cinco y, al final, a cincuenta.

Mi madre me había acompañado mientras bajaba siete tallas. También me había visto subirme a la báscula incontables veces, siempre temiendo lo que fuera a marcar. Sabía cuánto había esperado aquel encuentro, pero no que toda aquella ilusión ya se había venido abajo.

Dejó el plato de fruta y, antes de salir, me acarició la cabeza.

—No importa lo que diga nadie. Delgada o no, bonita o no, siempre vas a ser mi niña.

En ese momento vibró el celular. Antonio acababa de aparecer por fin en el chat. Sin responder a las provocaciones de nadie, escribió una sola frase:

"Ella no es una apuesta."

El grupo quedó en silencio.

Unos segundos después me etiquetó.

"Si mañana no quieres ir, no tienes que hacerlo."

Óscar apareció de inmediato.

"Antonio, solo es un juego. No te lo tomes en serio."

Antonio no le respondió.

Yo me quedé mirando aquellas palabras —ella no es una apuesta— y abrí su perfil por primera vez. No sabía por qué, pero aquel gesto me produjo una extraña sensación de cercanía.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • Me Apostó por Gorda, Ahora Me Suplica   Capítulo 10

    Esa noche no pude dormir. Di vueltas en la cama, incapaz de dejar de pensar en lo que Antonio había dicho.Yo no recordaba aquel episodio, pero él había guardado ese recuerdo durante diez años.El celular se iluminó de pronto. Era un mensaje de Antonio."¿Llegaste a casa?""Sí.""No olvides aplicarte algo en la muñeca."Miré la pantalla. Después de vacilar un momento, pregunté lo que de verdad me intrigaba."Entonces, ¿cómo lograste reconocerme en esa foto de la secundaria?"Su respuesta llegó de inmediato."No has cambiado tanto."Miré aquella foto del grupo, en la que mis facciones apenas se distinguían.¿A eso le llamaba no haber cambiado tanto?Empecé a sospechar seriamente que Antonio me veía con un filtro de belleza incorporado."¿Fuiste a la reunión para ayudarme?""No."Me desconcerté. Un segundo después envió otro mensaje:"Fui porque quería verte."El corazón me dio un vuelco.Antes de que respondiera, Antonio me envió una foto antigua. En ella, yo aparecía de niña frente a l

  • Me Apostó por Gorda, Ahora Me Suplica   Capítulo 9

    —¿De verdad te vas a tomar el juego tan en serio? Carmen y yo llevamos once meses juntos. No tienes derecho a entrometerte.—¿Once meses? —Antonio lo miró con frialdad—. ¿Después de once meses todavía fuiste capaz de usarla como apuesta?Óscar se quedó sin palabras. Nadie a nuestro alrededor se atrevió a intervenir, pero las miradas que le dirigían lo decían todo.Apretó la mandíbula y se volvió hacia mí.—Admito que esta noche me pasé un poco, pero nunca quise terminar contigo. Solo era un juego entre amigos. ¿Tenías que llevar las cosas hasta este punto?Me froté la muñeca enrojecida y, de pronto, todo aquello me pareció absurdo.Incluso entonces seguía sin creer que hubiera hecho algo malo. Para él, el problema era que yo no había sido lo bastante comprensiva.Si todavía fuera la muchacha de cien kilos de la foto, jamás se habría molestado en dar tantas explicaciones. Probablemente hasta se habría irritado al verme llorar.—¿No fuiste tú quien me usó como apuesta y perdió contra Ant

  • Me Apostó por Gorda, Ahora Me Suplica   Capítulo 8

    En cuanto Antonio dio la orden, todos empezaron a contar a gritos.—¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho!Los gritos resonaron en todo el salón.Ya en sus brazos, sentí cómo se tensaban los músculos de sus hombros y su espalda bajo la fina tela de la camisa.Aun así, me sostenía con firmeza y sin mostrar el menor esfuerzo; ni siquiera se alteró su respiración.Andrés se acercó con el celular en alto.—¡Antonio, mira a la cámara! Hay que guardar un recuerdo de esto.Antonio le lanzó una mirada fría.—Baja el celular.Andrés levantó las manos en señal de rendición, aunque siguió sonriendo.—Entendido. Nada de fotos de Carmen sin permiso.Las palabras provocaron más carcajadas.Óscar, en cambio, perdió la paciencia.—¡Ya basta!Alzó la voz por encima de la cuenta y extendió una mano hacia mí.—El reto terminó. Bájala.Antonio se apartó sin soltarme. Óscar no logró tocarme y se irritó aún más.—¿Qué pretendes, Antonio?—Ahora ella es mi pareja para el reto —respondió él con calma—. Si la cargo o no, no es

  • Me Apostó por Gorda, Ahora Me Suplica   Capítulo 7

    Después de mis palabras, todos miraron a Antonio.Cuando habían ideado los retos de pareja, estaban entusiasmados. Se imaginaban a Antonio dándole de comer pastel a una mujer de cien kilos, tomándola de la mano para una foto y cargándola en brazos al final. Para ellos, el espectáculo prometía ser ridículo.Ahora ya nadie se burlaba. En cambio, alguien comentó con evidente envidia:—Antonio acaba de ganar el premio mayor.—Si hubiera sabido que Carmen se veía así, yo habría tirado los dados en su lugar.—Sigue soñando. ¿Crees que ella te elegiría?Óscar se puso cada vez más tenso.Antonio ignoró a los demás y me preguntó en voz baja:—¿No te arrepentirás?—¿De qué tendría que arrepentirme?Miré la lista sobre la mesa.—El primero es darnos de comer pastel.Andrés intentó esconder el pastel que habían preparado para burlarse de mí.—Este no cuenta. Pediré otro al hotel ahora mismo.—No hace falta —dijo Antonio, deteniéndolo.Tomó un pastelito intacto que había al borde de la mesa, le qui

  • Me Apostó por Gorda, Ahora Me Suplica   Capítulo 6

    Al oír mi nombre, todos los presentes quedaron paralizados.—¿Qué dijiste?—¿Carmen? ¿La misma del grupo…?—¿Hablas en serio?Andrés se quedó sin palabras. Sacó la foto de la secundaria y empezó a compararla conmigo.En aquella imagen, mi rostro se veía mucho más redondo y mi figura era completamente distinta. En persona, en cambio, mis facciones se veían mucho más definidas.Tragó saliva.—¿De verdad son la misma persona?Nadie contestó: todos alternaban la mirada entre la foto y mi rostro.Desde un rincón, una muchacha susurró:—Los ojos y la nariz son los mismos. Es solo que, después de adelgazar…No terminó la frase. Alguien a su lado lo hizo por ella.—Parece otra persona.Los chicos que más se habían burlado ahora parecían querer desaparecer. El que propuso hacer volar a un cerdo se ocultó detrás de su copa. El del camión de carga desarrolló de pronto un profundo interés por el techo.Y, a mi derecha, el pastel seguía sobre la mesa.Alguien reaccionó con rapidez e intentó retirar

  • Me Apostó por Gorda, Ahora Me Suplica   Capítulo 5

    La puerta se abrió justo antes de que terminara la cuenta regresiva.El salón quedó en silencio. Decenas de miradas cayeron sobre mí al mismo tiempo. Algunos se quedaron con la copa suspendida a medio camino de la boca; otros todavía tenían la sonrisa congelada en el rostro.Andrés Gallegos, el chico rapado que estaba más cerca de la puerta, tardó varios segundos en reaccionar.—Hola, linda. ¿A quién buscas? ¿Te equivocaste de salón?Otro joven intervino enseguida:—Aunque te hayas equivocado, no importa. Quédate con nosotros.—Sí, ven a sentarte.El chico acercó una silla a toda prisa.—Puedes sentarte aquí, a mi lado.Los mismos que antes se quejaban de que faltaban lugares competían ahora por ofrecerme asiento y hablarme.No me moví. Miré el centro de la mesa, donde las letras rojas del pastel blanco resultaban imposibles de ignorar:"Bienvenida, Carmen, la de cien kilos"A su lado habían colocado dos sillas juntas, evidentemente reservadas para mí.Alguien siguió mi mirada y empujó

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status