MasukEsa noche no pude dormir. Di vueltas en la cama, incapaz de dejar de pensar en lo que Antonio había dicho.Yo no recordaba aquel episodio, pero él había guardado ese recuerdo durante diez años.El celular se iluminó de pronto. Era un mensaje de Antonio."¿Llegaste a casa?""Sí.""No olvides aplicarte algo en la muñeca."Miré la pantalla. Después de vacilar un momento, pregunté lo que de verdad me intrigaba."Entonces, ¿cómo lograste reconocerme en esa foto de la secundaria?"Su respuesta llegó de inmediato."No has cambiado tanto."Miré aquella foto del grupo, en la que mis facciones apenas se distinguían.¿A eso le llamaba no haber cambiado tanto?Empecé a sospechar seriamente que Antonio me veía con un filtro de belleza incorporado."¿Fuiste a la reunión para ayudarme?""No."Me desconcerté. Un segundo después envió otro mensaje:"Fui porque quería verte."El corazón me dio un vuelco.Antes de que respondiera, Antonio me envió una foto antigua. En ella, yo aparecía de niña frente a l
—¿De verdad te vas a tomar el juego tan en serio? Carmen y yo llevamos once meses juntos. No tienes derecho a entrometerte.—¿Once meses? —Antonio lo miró con frialdad—. ¿Después de once meses todavía fuiste capaz de usarla como apuesta?Óscar se quedó sin palabras. Nadie a nuestro alrededor se atrevió a intervenir, pero las miradas que le dirigían lo decían todo.Apretó la mandíbula y se volvió hacia mí.—Admito que esta noche me pasé un poco, pero nunca quise terminar contigo. Solo era un juego entre amigos. ¿Tenías que llevar las cosas hasta este punto?Me froté la muñeca enrojecida y, de pronto, todo aquello me pareció absurdo.Incluso entonces seguía sin creer que hubiera hecho algo malo. Para él, el problema era que yo no había sido lo bastante comprensiva.Si todavía fuera la muchacha de cien kilos de la foto, jamás se habría molestado en dar tantas explicaciones. Probablemente hasta se habría irritado al verme llorar.—¿No fuiste tú quien me usó como apuesta y perdió contra Ant
En cuanto Antonio dio la orden, todos empezaron a contar a gritos.—¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho!Los gritos resonaron en todo el salón.Ya en sus brazos, sentí cómo se tensaban los músculos de sus hombros y su espalda bajo la fina tela de la camisa.Aun así, me sostenía con firmeza y sin mostrar el menor esfuerzo; ni siquiera se alteró su respiración.Andrés se acercó con el celular en alto.—¡Antonio, mira a la cámara! Hay que guardar un recuerdo de esto.Antonio le lanzó una mirada fría.—Baja el celular.Andrés levantó las manos en señal de rendición, aunque siguió sonriendo.—Entendido. Nada de fotos de Carmen sin permiso.Las palabras provocaron más carcajadas.Óscar, en cambio, perdió la paciencia.—¡Ya basta!Alzó la voz por encima de la cuenta y extendió una mano hacia mí.—El reto terminó. Bájala.Antonio se apartó sin soltarme. Óscar no logró tocarme y se irritó aún más.—¿Qué pretendes, Antonio?—Ahora ella es mi pareja para el reto —respondió él con calma—. Si la cargo o no, no es
Después de mis palabras, todos miraron a Antonio.Cuando habían ideado los retos de pareja, estaban entusiasmados. Se imaginaban a Antonio dándole de comer pastel a una mujer de cien kilos, tomándola de la mano para una foto y cargándola en brazos al final. Para ellos, el espectáculo prometía ser ridículo.Ahora ya nadie se burlaba. En cambio, alguien comentó con evidente envidia:—Antonio acaba de ganar el premio mayor.—Si hubiera sabido que Carmen se veía así, yo habría tirado los dados en su lugar.—Sigue soñando. ¿Crees que ella te elegiría?Óscar se puso cada vez más tenso.Antonio ignoró a los demás y me preguntó en voz baja:—¿No te arrepentirás?—¿De qué tendría que arrepentirme?Miré la lista sobre la mesa.—El primero es darnos de comer pastel.Andrés intentó esconder el pastel que habían preparado para burlarse de mí.—Este no cuenta. Pediré otro al hotel ahora mismo.—No hace falta —dijo Antonio, deteniéndolo.Tomó un pastelito intacto que había al borde de la mesa, le qui
Al oír mi nombre, todos los presentes quedaron paralizados.—¿Qué dijiste?—¿Carmen? ¿La misma del grupo…?—¿Hablas en serio?Andrés se quedó sin palabras. Sacó la foto de la secundaria y empezó a compararla conmigo.En aquella imagen, mi rostro se veía mucho más redondo y mi figura era completamente distinta. En persona, en cambio, mis facciones se veían mucho más definidas.Tragó saliva.—¿De verdad son la misma persona?Nadie contestó: todos alternaban la mirada entre la foto y mi rostro.Desde un rincón, una muchacha susurró:—Los ojos y la nariz son los mismos. Es solo que, después de adelgazar…No terminó la frase. Alguien a su lado lo hizo por ella.—Parece otra persona.Los chicos que más se habían burlado ahora parecían querer desaparecer. El que propuso hacer volar a un cerdo se ocultó detrás de su copa. El del camión de carga desarrolló de pronto un profundo interés por el techo.Y, a mi derecha, el pastel seguía sobre la mesa.Alguien reaccionó con rapidez e intentó retirar
La puerta se abrió justo antes de que terminara la cuenta regresiva.El salón quedó en silencio. Decenas de miradas cayeron sobre mí al mismo tiempo. Algunos se quedaron con la copa suspendida a medio camino de la boca; otros todavía tenían la sonrisa congelada en el rostro.Andrés Gallegos, el chico rapado que estaba más cerca de la puerta, tardó varios segundos en reaccionar.—Hola, linda. ¿A quién buscas? ¿Te equivocaste de salón?Otro joven intervino enseguida:—Aunque te hayas equivocado, no importa. Quédate con nosotros.—Sí, ven a sentarte.El chico acercó una silla a toda prisa.—Puedes sentarte aquí, a mi lado.Los mismos que antes se quejaban de que faltaban lugares competían ahora por ofrecerme asiento y hablarme.No me moví. Miré el centro de la mesa, donde las letras rojas del pastel blanco resultaban imposibles de ignorar:"Bienvenida, Carmen, la de cien kilos"A su lado habían colocado dos sillas juntas, evidentemente reservadas para mí.Alguien siguió mi mirada y empujó







