تسجيل الدخولDesde hacía años, cada vez que se acercaba nuestro aniversario, mi novio, Nicolás Padilla, le seguía la corriente a su amiga de la infancia, Beatriz Aguirre, y fingía pedirme matrimonio como parte de una broma. El año pasado, cuando me puse el anillo llena de ilusión, el mecanismo del anillo de utilería se trabó de golpe y me apretó tanto el dedo que grité de dolor. Nicolás me pidió perdón y me prometió que este año sí me pediría matrimonio en serio. Me arreglé con todo cuidado y llegué al lugar donde Nicolás me había pedido que fuera su novia seis años atrás, pero lo primero que recibí fue una capa de crema en plena cara. Nicolás se acercó y me limpió los restos de crema con ternura. Pero yo di un paso atrás. Después de tantas decepciones acumuladas durante seis años, decidí terminar con él. Entonces, ¿por qué Nicolás enloqueció de arrepentimiento?
عرض المزيدAsentí por cortesía y estaba por responder, cuando mi compañera me tomó del brazo.—Vamos rápido. Todavía hay que comprar cosas para el camino.Mi atención se desvió.Como si acabara de cruzarme con un desconocido, después de una sola mirada lo olvidé por completo.A finales de ese año, cuando la empresa lanzó una convocatoria para un programa de movilidad profesional en otra ciudad, me inscribí sin dudarlo.Al año siguiente, después de pasar las fiestas de Año Nuevo viajando, terminé instalándome directamente en la ciudad asignada y ya no volví a la sede central.Así que Nicolás, que había decidido no volver a casa para las fiestas y se había aferrado a la idea absurda de que yo volvería a verlo, compró un montón de ingredientes para preparar una cena de Año Nuevo conmigo. Esperó hasta que la comida se echó a perder.Lo único que recibió fue la noticia de que yo me había ido a una ciudad que él ni siquiera sabía ubicar, por un programa de movilidad profesional.En el segundo mes de mi
Esa misma mañana, por haberse quedado toda la noche en el frío, terminó resfriado. Empezó a hacerse la víctima, intentando que yo, por sentirme culpable, lo acompañara un rato en el hospital.Estaba envuelto en su abrigo, temblando.—Auri, ¿te vas?Yo empujé mi maleta y seguí caminando sin hacerle caso.Él continuó hablando por su cuenta.—Anoche pasé toda la noche pensando. Sé que estás enojada porque siempre dejé que Beatriz te lastimara, pero ya no va a volver a pasar. No supe poner límites. Fue mi culpa. Voy a tomar distancia de ella. Dame una oportunidad. No te pido que me perdones, solo te pido que no me rechaces…Se oyó un golpe seco y sus palabras se cortaron de pronto.Detrás de mí lo oí soltar un quejido ahogado.También se escuchó la voz preocupada del guardia.—¡Ay! ¿Está bien?Por el rabillo del ojo, alcancé a ver que, al intentar alcanzarme, había tropezado y caído al suelo.Volteé a mirarlo. Tenía raspada la mejilla izquierda y el labio hinchado.También tenía la cara la
Yo solo dije que habíamos terminado.Él pareció notar que mi ánimo no estaba bien y no preguntó más. Me consoló con unas palabras y terminó la llamada.Había pensado que Nicolás quizá vendría a buscarme, pero no imaginé que sería tan rápido.Más tarde supe que mi compañero de la sucursal le había dicho en qué hotel me estaba quedando. Como me había ayudado a coordinar el alojamiento temporal con la sede central, creyó que Nicolás seguía siendo mi novio y que solo venía a disculparse. Yo acababa de volver de un hospital cercano, donde me habían cambiado el vendaje del rostro, cuando me lo encontré en la entrada.Se le notaban el cansancio y la prisa del viaje. Sus ojos, que siempre habían sido tranquilos y serenos, ahora se veían temblorosos.—Auri… ¿por qué no me lo dijiste?Al verlo así, tan preocupado, de pronto me dieron ganas de reír.—Porque ya terminamos. Así que no tenía por qué decírtelo.Intenté esquivarlo para irme, pero él me sujetó la muñeca con fuerza.—¡Yo no acepté! ¡No
Beatriz soltó una risa breve, molesta.—¿De verdad es para tanto? Tú también estás exagerando un poco…Nicolás perdió los estribos de golpe.Con solo recordar la mirada decepcionada de Aurora, se le encogía el pecho.Nunca había tenido tanto miedo de perder a alguien.—¡Sí, es para tanto! Te lo digo claro: de ahora en adelante no vuelvas a hacerle bromas pesadas, y tampoco vuelvas a hablar mal de ella. Ella es la mujer con la que quiero casarme. Si de verdad me consideras tu amigo, trátala con respeto.Dicho eso, Nicolás se zafó de Beatriz y se fue de prisa.Cada vez que Aurora discutía con él y no quería volver a casa, terminaba yendo a la oficina a trabajar horas extra.Condujo a toda velocidad hasta la empresa de ella.Como no tenía tarjeta de acceso, el guardia lo detuvo en la recepción. Nicolás insistió una y otra vez hasta que, al final, un compañero de Aurora en la sucursal bajó para ver qué ocurría.—Disculpe, ¿usted sabe dónde está Aurora?El compañero lo miró con desconfianza












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