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Me Perdió por Elegir a Mi Mejor Amiga
Me Perdió por Elegir a Mi Mejor Amiga
Author: Rebeca Rangel

Capítulo 1

Author: Rebeca Rangel
Esteban tardó otras dos horas en descubrir que yo ya no estaba allí.

El tono de llamada de su celular era una canción de rock extranjera que estaba de moda. Nunca me había gustado. Una vez incluso le pedí con cariño que la cambiara por la melodía suave que tanto me gustaba. Su reacción fue tan hostil que todavía recordaba cada palabra.

—¿Acaso tengo que hacer todo lo que tú quieras?

Me sentí tan avergonzada que me disculpé de inmediato.

Sin embargo, hacía apenas unos minutos, Renata había publicado algo nuevo:

"No puedo creerlo. Le recomendé esta canción a cierto tonto hace tres meses. Yo ya me cansé de escucharla y él todavía la usa".

Esteban había comentado tres minutos antes:

"¿A quién llamas tonto?"

Renata respondió enseguida:

"El tonto eres tú".

Mi celular no dejaba de sonar. De pronto me dieron ganas de reír. ¿Cómo podía repartir su atención entre dos mujeres como si nada?

Al ver que no contestaba, dejó de llamarme y empezó a bombardearme con mensajes.

"¿Dónde estás? Deja de hacer drama. Es muy tarde y estoy agotado".

No paraba de quejarse. En ese momento, el conductor volvió a hablar, todavía alterado por haberme encontrado sola.

—Quizá no lo sepa, pero anteayer violaron a una mujer en esa terminal. No sobrevivió. Toda la ciudad sigue conmocionada. Por eso me asusté tanto al verla allí. Si yo fuera su padre, me pasaría la noche entera sin poder dormir de la preocupación.

Apreté el celular con fuerza y volví a mirar la pantalla.

"¿Por qué no puedes ser razonable? Solo tardé un poco en ir por ti. Renata está de visita y también es tu mejor amiga. ¿Qué te costaba ceder esta vez?"

La mano con la que sostenía el celular empezó a temblarme. Sentí un dolor agudo en el pecho.

El conductor se puso nervioso y trató de consolarme.

—No se angustie. Ya no diré nada.

Negué con la cabeza y, de pronto, sentí que se me quitaba un peso de encima.

—Tengo que darle las gracias.

Poco después llegó otro mensaje de Esteban:

"Ya no sé qué hacer para que estés contenta. Mejor cálmate tú sola".

Incluso su último mensaje sonaba a reproche.

El cansancio me venció. Apagué el celular, cerré los ojos y me quedé dormida. El conductor me dejó descansar durante las tres horas de trayecto y solo me despertó cuando llegamos a casa.

Le dejé veinte dólares extra de propina. Se puso muy contento y, antes de irse, me recordó:

—Cámbiese esos zapatos en cuanto entre. Están empapados.

Conmovida, le prometí que lo haría.

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