เข้าสู่ระบบTres meses después, la banda de Lina anunció su separación.La ruptura no tuvo que ver con Alejandro ni con ningún escándalo. Las tensiones acumuladas durante años entre la vocalista y el productor terminaron por estallar después de la etapa de la gira en Bellacosta, y varios integrantes optaron por seguir sus propios caminos.Tal como indicaba la declaración, el fragmento con mis votos fue eliminado de todas las versiones del video que se difundieron después.Alejandro pagó la indemnización por incumplimiento contractual y explicó ante la prensa de dónde provenía el fragmento que había incorporado a la versión traducida. No habló de mi diagnóstico ni utilizó mi sordera para conseguir que lo perdonaran.Cuando mi docente del centro de rehabilitación me mostró la noticia, solo la leí una vez antes de cerrar la página.Después de aquello, Alejandro comenzó a enviarme una carta escrita a mano cada mes.No me pedía que volviéramos ni enumeraba todo lo que había hecho para reparar el daño.
Lina estaba en el pasillo.No llevaba el maquillaje del escenario y se veía agotada.Alejandro se levantó para impedirle el paso, pero ella dejó una carpeta junto a la puerta.—No vine a quitártelo.Yo no podía oírla, pero logré leerle los labios porque articuló las palabras con lentitud.Alejandro se colocó de lado para impedirme verla. Le indiqué que se apartara.Lina me miró y pronunció cada palabra por separado.—Esas palabras no fueron escritas para mí. Pero él estuvo dispuesto a incorporarlas a la versión traducida que se interpretó durante mi presentación, y yo creí que todavía podía hacer que volviera a ser quien era antes.Sonrió apenas.—No me necesita a mí. Solo necesitaba demostrarse que ya no era el hombre al que abandoné años atrás y que ahora podía hacer que yo dependiera de él.El rostro de Alejandro se ensombreció y le indicó que se marchara.Lina, sin embargo, volvió la mirada hacia él.—Tampoco regresaste a mi lado porque me amaras. Te gustaba que dependiera de ti, p
Bajé al vestíbulo porque mi abogado me había avisado que Alejandro había ido a entregarme personalmente el audífono. Allí lo encontré esperándome.No me cerró el paso ni corrió hacia mí. Se limitó a observarme desde más de diez metros de distancia.Solo habían pasado unos días, pero tenía la barba crecida y aún mostraba junto a la oreja la herida de la noche del festival. No llevaba flores ni regalos. En la mano sostenía el audífono que había guardado bajo llave en el cajón.Pronunció mi nombre.Lo reconocí por el movimiento de sus labios, pero no me detuve.Alejandro dio un par de pasos para alcanzarme y luego se obligó a detenerse. Sacó el celular y escribió con rapidez:"Te llevaré a hacerte nuevos estudios. Conseguí una cita con un equipo de especialistas en otorrinolaringología para determinar si eres candidata a un implante coclear. Primero confirmarán la causa y luego evaluaremos las opciones".Tomé una pizarra portátil, escribí en ella y se la tendí:"¿Firmaste el convenio de d
El video duraba poco más de veinte segundos.Alejandro permaneció frente a la puerta, como si no hubiera entendido lo que acababan de decirle. Miró hacia el interior del apartamento y luego levantó el celular para llamar a mi número una y otra vez.Yo no lo había bloqueado. Por eso, mientras el tren salía de la ciudad, la pantalla se iluminó sin descanso.No podía oír el estruendo de las ruedas contra los rieles. Solo veía mi reflejo en la ventana, interrumpido una y otra vez por la oscuridad de los túneles.Alejandro envió varias notas de voz. La aplicación las transcribió automáticamente:"¿Por qué vendiste el apartamento?""¿Adónde vas?""Rebeca, contesta".Finalmente le respondí:"No puedo oírte".El indicador de "escribiendo…" permaneció en la parte superior de la conversación durante mucho tiempo. Después me llamó por video.Rechacé la llamada, así que volvió a los mensajes:"Tengo tu audífono. Te lo llevaré ahora mismo"."Ya no lo necesito"."Está hecho a la medida. No puedes es
Deslicé el convenio firmado frente a Alejandro.Él permaneció de pie junto a la mesa.—Enciéndelo.Negué con la cabeza, saqué el celular y escribí:"Firma".Alejandro echó un vistazo al documento, pero no lo tomó. Comenzó a hablar y apenas conseguí leerle los labios.—Aunque no puedas oír, seguirás siendo mi esposa.Apartó el rostro mientras terminaba la frase y no pude entender el resto.Volví a escribir:"No busco que sientas lástima. Ya pagué mi parte de todos los gastos de Bellacosta. Los bienes que tenemos en nuestro país se repartirán conforme al acuerdo prenupcial. Cuando firmes, mi abogado se encargará de lo demás".Tomó el convenio y fue directamente a la sección patrimonial. Su rostro se ensombreció más con cada página.—¿No quieres nada?Leí la pregunta en sus labios y asentí.Alejandro se inclinó sobre la mesa, apoyando las manos para obligarme a mirarlo.—Dime qué quieres. Repetiremos la ceremonia, recuperaré la entrada y te acompañaré al médico. Pero no aceptaré el divorc
En el momento en que apareció la confirmación en la pantalla, el zumbido de mis oídos ahogó cualquier otro sonido. Solo vi que Alejandro apretaba los labios.Tomó una de las tarjetas de la suite y deslizó la otra hacia mí.—Descansa esta noche. Mañana volveré para que hablemos.Cuando se marchó con Lina, apagó el equipo de sonido antes de cerrar la puerta. La habitación quedó nuevamente en silencio.Por primera vez comprendí que, aunque Alejandro realmente sufría con el ruido, por Lina estaba dispuesto a soportar algo que conmigo siempre había considerado imposible. Simplemente yo nunca había merecido esa excepción.A la mañana siguiente, el audífono emitió la alerta de batería baja. Aunque el sonido era débil y se perdía entre una espesa interferencia, el pitido agudo me provocó un dolor punzante en las sienes.En la sala, Alejandro hablaba por celular con Lina.—Anoche le dolían demasiado los oídos; no podrá ir al concierto. No dejes su asiento vacío; dale la entrada al tecladista. ¿







