ログインCapítulo 35: —No quise decir eso... es que…—Si soy lo que soy hoy en día, es porque me tendieron la mano, me dieron herramientas, estudios, una persona me dijo que tenía talento... Solo quiero devolverle a otra persona con talento algo de lo que yo mismo recibí.—Nicolás, yo... estoy soñando. —¿Cuándo hiciste todo esto? —preguntó ella con la voz temblorosa de emoción.—Ayer. Mientras estuviste en la tienda de Valeria —respondió él con una media sonrisa.—Pero…—Quería darte una sorpresa anoche mismo, pero ya sabes lo que pasó, así que pensé que este sería un buen modo de despertar, bueno, aunque me gustaría pensar que el mejor despertar fue el que te di —añadió él con un brillo divertido y cómplice en la mirada.Amara se soltó con suavidad de su abrazo y caminó hacia el rincón que él le había señalado antes. Al acercarse, descubrió que no era solo una mesa con ordenadores; era un espacio de diseño digital de última generación perfectamente integrado en el taller.Sobre la superficie
Capítulo 34 El beso no fue más que la mecha que encendió la hoguera.Las manos de Nicolás se volvieron impacientes, recorriendo su silueta con tal urgencia que hizo que el aliento se le escapara a Amara en un suspiro tembloroso.Sin romper el contacto de sus labios, él la levantó de la banca con una facilidad pasmosa, envolviéndola por completo contra su cuerpo mientras la guiaba fuera de la estancia.Para cuando llegaron a la habitación principal, la paciencia de ambos se había agotado.La oscuridad del dormitorio principal, apenas iluminada por la pálida luz de la luna que se filtraba a través de los ventanales, los envolvió como un santuario privado. Nicolás la depositó de pie sobre el suelo, pero no le dio un solo segundo de respiro antes de acorralarla contra la madera sólida de la puerta recién cerrada.—Amada... —murmuró él con la voz ronca, una vibración profunda que le recorrió la piel como una descarga eléctrica—.Sus labios buscaron los de ella con una desesperación conte
Capítulo 33—¿No quieres ir? —inquirió él, notando su vacilación.—Yo no sé si… Debo aclararte que antes hubo dificultades... Ellos, los padres de Edward, nunca estuvieron de acuerdo con nuestra relación —confesó Amara con la voz llena de amargura, recordando los viejos agravios. —En los contados encuentros ocasionales que tuvimos, aprovechaban para recordarle mi estatus social y le exigían a Edward que disfrutara de mí como una distracción; pero que no se exhibiera conmigo en los sitios públicos.—No me compares con él, ni con esa gente —la interrumpió Nicolás con voz firme, acortando cualquier distancia mental—. Eres mi esposa, y tu papel en mi vida ese día quedará claro para todos. Te necesito allí… Es mi regreso triunfal a la familia, y quiero que estés a mi lado.Amara se quedó pensativa, con la mirada perdida, sopesando el peso de la exposición pública y las sombras del pasado. Finalmente, exhaló un suspiro resignado.—Está bien. Acepto, aun sin saber del todo qué estoy aceptand
Capítulo 32En el interior del automóvil no se escuchaba ningún ruido. Durante un buen rato, ni Amara ni Nicolás dijeron una palabra. El único sonido perceptible era el zumbido del motor y el ruido de la calleNicolás mantenía la mirada al frente, con la mandíbula sutilmente tensa, procesando cada segundo del altercado que acababa de presenciar. Finalmente, rompió el silencio con una voz grave, directa y sin rodeos:—¿Todavía sientes algo por él?Amara giró el rostro hacia él, un tanto sorprendida por la pregunta, aunque reconociendo la corriente de intensidad contenida que siempre lo acompañaba.—¿Por Edward? —respondió ella, exhalando un suspiro lento—.—¿Por quién más?—No siento nada.Nicolás la miró de soslayo, evaluando cada facción de su rostro con una fijeza analítica antes de replicar:—Entendería que aún te sintieras herida. Fueron pareja un tiempo. El amor no muere tan rápido... hace solo pocos días que rompiste con él.Amara negó con la cabeza, volviendo la vista hacia la
Capítulo 31Amara se detuvo en seco. El tacón de su zapato resonó con un eco seco sobre el pavimento pulido de la entrada. Su primera reacción fue de incredulidad; luego, una sensación de frialdad recorrió su cuerpo. ¿Cómo se atrevía a presentarse allí, acechándola como si tuviera derecho?Edward dio un paso hacia ella. Su apariencia se veía inusualmente desaliñada: la corbata ligeramente floja, el abrigo abierto de cualquier manera y una expresión de angustia que en otro tiempo le habría encogido el corazón, pero que ahora solo le inspiraba repulsión.—Por favor, Amara, ya fue suficiente, tenemos que hablar —insistió él, intentando acortar la distancia con un gesto suplicante—. Sé que estás molesta; no sé por qué no quieres entender que Rebeca me tendió una trampa y manipuló la situación. Te juro que ella no significa nada para mí. No nos hagas esto...—Aléjate, Edward —interrumpió Amara. Su voz no fue un grito, sino un susurro cortante que lo hizo frenar en seco.Sostuvo su mirada s
Capítulo 30Amara no mostró expresión alguna ante las palabras de Angelina.Su corazón latía rápidamente. Su mente estaba enfocada en la victoria que acababa de lograr, aunque sabía de sobra que no podía cantar victoria del todo; mucho menos cuando frente a ella tenía a Rebeca mirándola fijamente con un odio visceral.Sabía que Rebeca no se quedaría de brazos cruzados. Ella jamás doblaría su orgullo.—¡Te vas a arrepentir, Angelina! ¡Esta mujer solo es una costurera de remiendos! Jamás podría crear diseños de alta costura; ¡harás el ridículo ante toda la alta sociedad! —bufó Rebeca, fuera de sí, lanzando sus últimas amenazas antes de que la ira la ahogara.—¡Ya basta! —exclamó Valeria, interrumpiéndola con una autoridad feroz—. Estoy harta de sus escandalosas quejas, señorita Barret. Le agradezco que salga de aquí ahora mismo.—¡Tú... tú te arrepentirás, Valeria! Tu reputación quedará por los suelos. No sabes con quién te metes; ¡mi familia no te perdonará que me humilles de esta form







