로그인Olivia lo pensó un momento y decidió que era mejor no hacer las cosas a las prisas.Le daba mucho miedo pedirle el divorcio en ese momento; si Adrián se negaba de nuevo, al final no podría irse.Decidió aprovechar esos días para escribirle una carta de divorcio muy sincera y dejársela el día que se marchara. Así le daría todo un mes para pensar bien las cosas y calmarse. Al regresar tramitarían todo; ese mes de espera sería el tiempo perfecto para tener el acta de divorcio oficial en sus manos justo antes de irse a estudiar.Al atardecer, se dispuso a prepararse una sopa para cenar.Cuando Adrián regresó, ella estaba calentando agua en la cocina. De pronto, la voz de su esposo resonó a sus espaldas:—Al entrar sentí que había viajado en el tiempo. De espaldas te ves exactamente igual que en la preparatoria.Olivia volteó a verlo. Él estaba recargado en el marco de la puerta, mirándola. ¿Tenía una sonrisa en los ojos? No lograba distinguirlo. La luz del atardecer entraba por la ventana
A estas alturas, ya no tenía ganas de seguir hablando. Lo principal era que solo faltaban dos días para su partida y no quería ninguna complicación innecesaria; debía evitar a toda costa cualquier factor que pudiera alterar sus planes.—Siempre hay que mirar hacia adelante; no puedes quedarte en el pasado. Si no, ¿cómo vas a vivir? —dijo ella, tras pensarlo un momento.—Qué bueno que pienses así. —Adrián dejó escapar un suspiro de alivio e, inusualmente, le dedicó una sonrisa mientras le acariciaba el cabello—. Pase lo que pase, vamos a pasar el resto de nuestras vidas juntos. Lo más importante es que estemos felices y seamos comprensivos.Olivia asintió. Por supuesto, le daba la razón en que estar feliz era lo más importante, no en lo de pasar el resto de sus vidas juntos. ¿Quién iba a querer pasar la vida entera con él?—Me voy a trabajar. —Adrián sacó su celular—. En cuanto me desocupe en un par de días, tendré tiempo libre. Iremos a buscar a la abuela y nos iremos de viaje.En ese
Olivia se mantuvo muy tranquila en todo momento.No gritó, no armó ningún escándalo, ni tampoco lo ignoró a propósito. Guardó sus cosas en el hotel, entregó la habitación y se fue a casa con Adrián.Estaba tan tranquila que parecía que no hubiera pasado nada; tan indiferente como si fuera una completa desconocida.En el camino a casa, cada vez que el auto se detenía en un semáforo en rojo, Adrián se le quedaba viendo. Su reacción le parecía increíble. Se había preparado mentalmente para darle un sinfín de explicaciones y, al final, ¿todo quedaba así?Cuando se llevaron a Olivia, la puerta de la casa se había quedado abierta y la comida a domicilio seguía apilada en la entrada. Ahora, todo estaba ordenado. Alguien había metido las cosas, incluyendo dos cajas de fresas frescas. Olivia sabía que las había traído Julián.No dijo ni una sola palabra. Se cambió los zapatos, se lavó la cara, se puso ropa cómoda, lavó un plato de fresas y guardó el resto en el refrigerador. Luego, se sentó a c
Adrián abrazó a Olivia.No dijo nada, solo la sostuvo entre sus brazos.Olivia no se resistió; ya ni siquiera tenía la energía para hacerlo.Después de un largo rato, Olivia por fin dijo:—¿Ya terminaste de abrazarme? Me duele la pierna.Adrián la soltó.—Fue mi culpa. —La tomó en brazos y la recostó en la cama—. ¿Estás cansada? ¿Quieres descansar un rato más?Olivia no respondió.Adrián se puso serio.—Olivia, sé que lo que pasó hoy te duele, pero... dadas las circunstancias, me fue muy difícil elegir.—¿Elegir? —Se rio Olivia con amargura. “¿En serio te crees con el derecho de hablar de elecciones? ¿Cómo te atreves a usar esa palabra?”, pensó.—Olivia... —suspiró él—. A Paulina le importa muchísimo su apariencia...—¿Y a mí no?Adrián se quedó sin palabras.—No es eso, Olivia... —dijo él—. Paulina trabaja; si le desfiguran la cara, su vida se acaba. Además, ella todavía no se ha casado, así que su físico es vital para ella.Olivia lo comprendió todo a la perfección.—Ah, ya veo. Quie
Era un intento de provocarlo.Pero Julián no cayó en la trampa.Julián, de pie a espaldas de Olivia, se limitó a sonreír.—La responsabilidad de un hombre es proteger a la persona que más ama, y no abandonarla en el momento de mayor peligro —declaró.Olivia rio con un toque de sarcasmo.—Te equivocas, el señor Vargas es todo un hombre. ¡A quien protegió hoy fue precisamente a la persona que más ama! —exclamó.Dejando a un lado el título de su gran amor, la verdad era que Adrián jamás la había amado ni un poco.Si antes intentaba engañarse a sí misma y se aferraba a salvar las apariencias porque le daba vergüenza que los demás lo supieran, ahora ya no quedaba nada por ocultar.Adrián cerró los ojos con fuerza y, al abrirlos, su mirada reflejaba dolor.—Olivia, no digas eso, no tuve otra opción... —murmuró.—Claro, no tuviste otra opción. No te quedó de otra más que estar de coqueto con otra mujer, pasearte con ella como si fueran pareja hasta el punto de que los secuestradores se equivo
—Julián —masculló Adrián, apretando los dientes—. Tienes que entender algo: con quién estés nos tiene sin cuidado a Olivia y a mí. ¡Ella es mi esposa! ¡No tienes por qué estar rondándola!—¿Ah, sí? —cuestionó Julián, sin ceder ni un milímetro—. Si yo no hubiera estado con Olivia, hoy se habría tirado por la ventana o le habrían desfigurado la cara. ¿Eso es lo que querías ver?—Tú... —gruñó Adrián, y lo agarró por el cuello de la camisa—. Mocoso infeliz, no me importa cuánto dinero tenga tu familia, ¡ni se te ocurra fijarte en mi mujer!Julián le sujetó el puño, mirándolo con dureza.—Señor Vargas, le pido que tenga algo muy claro: ella se llama Olivia, tiene nombre y apellido. Es una bailarina profesional, no es la mujer de nadie, la esposa de nadie, ¡ni el accesorio de nadie!Adrián, cegado por el coraje, le dio un puñetazo a la mandíbula.—¡Pregúntale! —rugió—. ¡Pregúntale a ella quién es! ¡Pregúntale si no es mi mujer!Al ver esto, Olivia corrió a interponerse entre los dos para pro
Olivia tenía los ojos cerrados, como si estuviera a punto de quedarse dormida.—Mh, ya sé.Hacía tiempo que había silenciado las notificaciones de Paulina; no importaba lo que esa mujer publicara, ella no vería nada.—¿Qué pasa? ¿Te vas a dormir tan temprano? —Adrián arrugó la frente—. ¿Te sientes m
—Olivia.La detuvo Adrián.Fiorella Reyes, la hermana, no los conocía, así que le preguntó a Olivia:—¿Son tus amigos?Lo miró y soltó una risita seca.—No los conozco bien, la verdad.Estaba haciendo lo que querían: mantenerse al margen para no arruinarles sus planes.—Ah, bueno, vamos entonces —di
Tal vez sí... En la prepa le gustaba mucho, pero nunca tuvo el valor de acercarse a preguntarle nada. Si llegó a hacerlo, debió ser por pura necesidad en alguna situación muy específica.Parecía divertirle el tema.—¿Te acuerdas? ¿En qué momento viniste a buscarme? Recuerdo que casi no hablabas, era
Como él seguía convencido de que ella se moría de celos, Olivia prefirió ahorrarse las explicaciones.Se puso los audífonos de nuevo y, media hora después, el auto entró al estacionamiento subterráneo de la casa.Su anillo seguía ahí, olvidado sobre el tablero. No hizo el menor intento por tomarlo y







