LOGINDe repente, Noelia recordó algo:—La última vez que fui a firmar el contrato, me siguieron.Catalina se sorprendió:—¿Qué?—Ese día, cuando fui al supermercado, alguien me siguió. —Pensé que era alguien de los otros, pero cuando lo atrapé y lo interrogué, resultó que lo había enviado Laura.Noelia se asustó en ese momento, temiendo que fuera esa persona. Pero al descubrir que era Laura, se sintió más tranquila.Catalina dijo:—Debe haber mandado a alguien para seguir a Siete.Sintió remordimiento por haber dejado que Noelia fuera a firmar el contrato en su lugar:—No salgas por un tiempo. —Si necesitas algo, dímelo directamente.Noelia asintió. Pensó que, efectivamente, se había expuesto demasiado últimamente.***Por la noche, Catalina regresó a Residencia Oro.Quería encontrar un cabello de Leo en la cama, pero las sábanas estaban todas cambiadas, impecables.Seguro que María las había limpiado.María era de carácter dulce y muy trabajadora. Había entrado a trabajar al mismo tie
Catalina sintió que tenía la muñeca sucia. La frotó una y otra vez con una servilleta.De repente, una voz familiar sonó a su lado:—Eres tú.Se quedó tiesa.Era Ernesto Drusila. El hombre que había intentado violarla la otra vez.Ernesto dijo:—La otra vez le falté al respeto, lo siento. —No sabía que conocías al Sr. Torres.Catalina lo vio humillarse y solo le pareció ridículo.Ernesto continuó, con tono cortés y sumiso:—¿Vino al banquete? —Pues entremos juntos, aprovecho para disculparme en persona con el Sr. Torres.Catalina negó con la cabeza:—No, me voy.Sin ganas de añadir ni una palabra más, se dio la vuelta y se fue.Ernesto siguió con la mirada su figura esbelta y curvilínea, sin poder evitar recrearse unos segundos más. Una mujer con semejante físico era una pena no poder llevársela a la cama al menos una vez en la vida. Lástima que tuviera apoyo. Carlos ya lo había advertido. Estaba a punto de ascender, no era momento para meterse en líos. Enfadar a Carlos sería
Rara vez se enfada, a menos que tenga que ver con Laura.Miró a Cecilia y luego lanzó una breve mirada a Valeria. Sin necesidad de preguntar, supo que el gesto de la niña había sido enseñado por Valeria. La pequeña se parecía mucho a él en carácter, pero al fin y al cabo era una niña.No se atrevería a manchar a su propio padre, a quien apenas conocía.Se acercó y levantó la mano.Valeria protegió a Cecilia en sus brazos al instante.Carlos seguía sonriendo.Dejó caer la mano con suavidad sobre la cabeza de su hija:—Bien hecho. —Eres mi hija, sin duda. —Hasta sabes defender a los débiles.Luego, fijando la mirada en Valeria, dijo con tono frío:—Ya ajustaremos cuentas en casa.Catalina también se puso delante de Cecilia.Miró a Carlos:—Sr. Torres, será mejor que te cambia de ropa, no vayas a resfriarte.—No me resfrío tan fácilmente. —En cuanto a resistencia física, mejor preocúpese por su esposo.Carlos estaba tan cerca de Catalina que parecían ellos dos la pareja.Leo se acerc
Catalina acababa de terminar su mousse de chocolate y se limpiaba la boca con una servilleta, pensando en ir al baño a retocarse el pintalabios.Una figura alta le bloqueó el paso. Alzó la vista y, al reconocer a Carlos, dio un paso atrás para esquivarlo.No quería toparse con ese loco. Menos aún después de aquella noche.La marca de mordisco en la nuca le daba asco.—¿Por qué te escondes, Sra. Cantú? Si no te he hecho nada.Catalina se detuvo y lo miró:—¿Que no me has hecho nada?Soltó una risa sarcástica:—Carlos, tú sabes bien lo que hiciste.Carlos se inclinó ligeramente:—¿Acaso me echas la culpa de lo que te hizo Leo?Ella se quedó quieta y frunció el ceño:—¿Qué quieres decir?Él se encogió de hombros:—Nada.Levantó su copa y chocó con la de Catalina. Luego miró hacia donde estaba Leo, y cuando Leo devolvió la mirada, Carlos le hizo un gesto con la cabeza hacia Catalina.Catalina dejó la copa. Después de ese brindis forzado, ya no quería ni probar el vino.Iba a girarse pa
Allí mismo estaba Catalina.Manuel frunció el ceño y le preguntó a Polo:—Ese día, ¿hiciste algo más? Aparte de lo de Laura.Polo se quedó pensativo:—¿Qué más iba a hacer? No hice nada. Leo se enfadó de repente.Manuel miró a los otros presentes.Todos tenían cara de desconcierto:—Ese día Polo no hizo nada raro.—Catalina lo acusó de gustarle Laura y de querer quitársela a Leo. —Luego, Polo rozó a Laura sin querer, y Leo se enfadó y le pegó.Manuel cambió de expresión. Tuvo un presentimiento.Quizás Leo no sentía por Catalina lo que aparentaba.Sabía bien que Catalina quería el divorcio. Si llevaban tanto tiempo sin divorciarse era porque Leo no quería. ¿Pero por qué?A su lado, Polo se quedó de repente pensativo, como si hubiera recordado algo. Frunció el ceño con incredulidad:—No puede ser.Manuel lo miró:—¿Qué?Polo dijo:—No me digas que fue porque insulté a Catalina. —Aparte de eso, no hice nada más.—Seguro que no. —Leo nunca se había enfadado conmigo por algo así.Man
Catalina llegó al salón de banquetes con un vestido color marfil, elegante y discreto. Saludó con una sonrisa a los invitados importantes, y Leo la acompañaba a su lado. Cualquiera que los viera pensaría que eran esposos.Manuel entró desde afuera y sus ojos se cruzaron un instante con los de Catalina. Ambos sabían que con tanta gente alrededor, no era apropiado saludarse dada su relación, así que ninguno habló.Polo vio a Manuel y le hizo un gesto:—Manuel.Antes, Polo y Manuel eran los que más despreciaban a Catalina. Pero desde que Javier le hizo aquel comentario la última vez, Polo no podía sacarse esa sensación rara de la cabeza.Llevaba tiempo queriendo hablar con Manuel, pero don Bruno lo había enviado al ejército.Polo y Leo habían crecido juntos en el cuartel y estudiado en la escuela militar. Sus abuelos eran generales del mismo rango, con la misma antigüedad y estatus. Solo que ahora los jóvenes de los Cantú se dedicaban en su mayoría a los negocios, mientras que el nú







