Masuk—No estás arrepentida, lo que pasa es que perdiste el juego. Eres tan soberbia que jurabas que tenías todo bajo control, pero ahora que te estrellaste contra la pared y no sabes cómo levantarte, vienes a buscarme. Es porque sabes perfectamente que soy lo mejor que te pudo pasar en la vida. Pero lo que hiciste no tiene nombre, y punto. ¿De verdad crees que después de toda tu basura te iba a dar otra oportunidad?Ivana agachó la cabeza, sin atreverse a sostenerme la mirada, y solo negaba con la cabeza una y otra vez.—¿Tienes idea de lo que siento? Que todo el amor que te desperdicié, mejor se lo hubiera dado a un perro. Al menos él me movería la cola agradecido, pero para ti nunca nada fue suficiente.Y así, sin más, pasé de largo. Con esas palabras solté toda la amargura que traía cargando. No tenía idea de qué le habrá pasado por la mente a Ivana después de eso.Los días que siguieron, se la pasaba diario en la puerta de la empresa esperándome con un ramo de flores. Cuando me quedab
Ella se asustó de inmediato y sacó un pañuelo para secarme las lágrimas. Pero antes de que pudiera decir nada, alguien le soltó una bofetada seca en pleno rostro.Ivana apareció de la nada. Tras derribar a Fiona, se giró hacia mí con angustia:—¿Estaba intentando seducirte para estafarte? No tengas miedo, yo estoy aquí.Sin prestarle atención a Ivana, me apresuré a ayudarla a levantarse mientras le pedía disculpas una y otra vez.—No tienes por qué disculparte. Lo de ese entonces fue un trato que nos convino a ambos, no fue ningún insulto. Al contrario, te agradezco que todavía te acuerdes.Ella se quejó del dolor, pero me hizo una seña con la mano para que me calmara.Ivana intentó acercarse otra vez, pero por puro instinto me puse frente a Fiona para protegerla.La miré con fastidio. Estaba demacrada, hecha un manojo de nervios.—¿Qué haces aquí? —le solté con total indiferencia.Ivana me sostuvo la mirada desde abajo y dijo en voz baja:—Yo... pedí un permiso especial para salir de
Su voz continuó:—Tranquila, nena, a la que de verdad quiero es a ti.Me enderecé de un salto y le di play al video una vez más.Me solté riendo y llorando al mismo tiempo... era de locos. Resulta que todo lo que Ivana había planeado con tanto cuidado no era más que una farsa.Pero para ese entonces, yo ya estaba agotado.El que la hace, la paga.Y desde el momento en que Ivana decidió traicionarme, decidí dejar que el destino hiciera lo suyo.Me tomó tres días obligarme a dejarlo ir, y este último regalo llegó justo a tiempo.Al ver a Ivana irse a toda prisa, mi amigo me miró y me levantó el pulgar.—Eres increíble. Por cierto, ¿no se te pasa por la cabeza ni un poquito volver con ella? No me gustaría que fueras de esos que pierden la cabeza por amor.Sacudí la cabeza y respondí con firmeza:—No tengo la menor intención de volver con ella.Haciendo cuentas, después del numerito de la boda, Lucas también debía estar moviendo sus piezas. Pero los dos estaban destinados a destruirse en
Se quedó callada porque sabía de sobra que todo eran puros cuentos.Ivana intentó hablar, desesperada, pero solo alcanzó a decir una frase vacía:—No me casé.¿Y qué? ¿Acaso el no haberse casado era motivo suficiente para perdonarla? Sería demasiado fácil, y para alguien como yo, nunca han existido las medias tintas.Sentía una decepción cada vez más profunda.Ivana ahora me parecía una completa desconocida.La Ivana de antes, la que se me lanzaba a los brazos emocionada cuando veía una boda en algún jardín... esa mujer ya no existía.Me decía que esa felicidad se le pegaba, que quería envejecer conmigo y que yo era su único amor.Pero la gente cambia. Las promesas pueden ser reales en su momento, pero tienen fecha de vencimiento. Son como un chispazo que se apaga de golpe.Ivana ahí seguía parada, aferrada a no irse, como si el no haber dicho "sí, acepto" fuera su pase libre para el perdón.Saqué mi celular, busqué el chat con Lucas y reproduje un video. Esos sonidos llenaron el luga
El maestro de ceremonias le insistía con señas para que pronunciara sus votos, pero Ivana estaba pálida, con la mirada fija en el video que el repartidor le había mostrado. De pronto, se le doblaron las piernas y cayó de rodillas en pleno escenario, sin soltar la tarjeta ni un segundo.Los invitados notaron que algo andaba mal y empezaron los murmullos. Lucas, que ya no sabía dónde meter la cara de la vergüenza, trató de levantarla a la fuerza mientras le siseaba al oído:—¿Pero qué te pasa? ¡No me importa qué sea, tienes que terminar la ceremonia conmigo ahora mismo!Como si presintiera algo, Lucas le clavó la mirada al ramo y trató de arrebatárselo para quitarlo de vista.Pero en cuanto estiró la mano, Ivana le dio un fuerte manotazo. Lo empujó con fuerza y, al ver el miedo en sus ojos, le gritó con furia:—¡Te advertí que no le dijeras ni una maldita palabra! ¿Qué quieres, que te mate?El grito de Ivana retumbó en el micrófono y se escuchó hasta en el último rincón del salón.Al v
Lloraban a más no poder mientras se besaban, dejándose llevar por la emoción.En ese momento se me llenaron los ojos de lágrimas y no pude evitar bajar la mirada para frotarme los párpados cansados. Alguien del personal, como si hubiera encontrado con quién platicar, me dijo con entusiasmo:—¡Qué tierno, ¿verdad?! La verdad, yo pensé que entre la gente rica no existía el amor del bueno. Se nota que se adoran; la mirada no miente.Forcé una sonrisa:—Sí... se ve que se quieren mucho.Ivana, como si hubiera sentido mi mirada, volteó de golpe hacia donde yo estaba. Por puro instinto, me bajé la gorra hasta los ojos y agaché la cabeza.Lucas también miró hacia acá con una sonrisa triunfal:—¿Qué pasa, Ivana? ¿Viste a alguien conocido?Ivana se quedó desconcertada un segundo y luego respondió:—Nada, me confundí.Volví a levantar la vista, miré los trajes que llevaban puestos y susurré:—Bueno... al menos mi sueño se cumplió.Aunque no fuera yo quien vestía el esmoquin ni el que caminaba h
—No hace falta confirmar con ellos, que sea una sorpresa de un amigo.Después de dejar todo listo, me llegó un mensaje de Lucas. Me mandó una ubicación con un tono de lo más provocador: "Mañana es el ensayo de la boda con mi mujer. Esta noche te tengo un regalito... a ver si tienes los pantalones de
Sin decir más, me di la vuelta y me alejé. Pero Lucas me gritó a mis espaldas, con mucha arrogancia:—No importa cuánto tiempo lleven juntos, lo que cuenta es que una mujer acepte casarse contigo. Ahora ella es mi esposa, así que mejor no te le acerques.No me detuve. Mantuve la espalda bien recta y
Tras recibir la respuesta de mi jefe, me apoyé contra la pared. Sentía que las fuerzas me abandonaban. La voz de Lucas volvió a resonar en mis oídos:—Ya, párale con los besos, que si Marcos vuelve y nos cacha, te vas a meter en un buen lío. Por cierto, todavía ni sospecha que me pasaste los diseño







