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Capítulo 9

مؤلف: Melinda
A Gabriela le importaba mucho la higiene personal; incluso esos días en que había estado en cama sin poder moverse, siempre insistía en asearse todos los días.

Como sabía que el dueño de la casa no estaba, y no le pareció correcto irse sin despedirse, decidió volver a su habitación y darse un baño antes. Como no había nadie más en el cuarto, no se puso sostén, solo se colocó un camisón y salió.

En esta última etapa del embarazo, a Gabriela le dolían y se le hinchaban los pechos de vez en cuando,
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  • Mi marido me embarazó de otro hombre   Capítulo 30

    El cuerpo de Gabriela se puso tenso por completo. Ella podía aceptar que su bebé no tuviera padre, pero eso no significaba que estuviera lista para compartir ese tema con otra persona, así, sin más.Santiago pareció adivinar lo que pasaba por su cabeza y dijo:—Tranquila, solo quiero que veas a alguien.Con eso, Gabriela no se movió, pero su cuerpo siguió tenso. La grabación mostraba que eran más de las nueve de la noche; el pasillo del hotel ya casi no tenía gente.Unos minutos después, apareció en la grabación una figura conocida que entraba a la habitación 1811, justo frente a la de Gabriela. Ella frunció el ceño.¿Qué hacía su suegro, Rodrigo, ahí esa noche?Pero era evidente que Santiago no la había llamado solo para mostrarle eso; la grabación seguía corriendo. Minutos después, apareció otra figura, cubierta de pies a cabeza, que también entró a la habitación 1811.Al ver esa silueta, Gabriela se quedó paralizada al instante, sin poder creer lo que veía en la pantalla.Aunque esa

  • Mi marido me embarazó de otro hombre   Capítulo 29

    —Yo adopté a Gabriela en su momento con la idea de que algún día nos sirviera para un matrimonio conveniente, para que le diera un impulso a los negocios de los Mendoza. Si van a culpar a alguien, cúlpense a ustedes mismas, ustedes fueron las que los juntaron a los dos. Ahora ya no tienen a quién echarle la culpa —dijo Miguel.—¿Y qué otra opción teníamos? —Natalia le lanzó una mirada dura a Miguel, aunque se notaba que ella misma no estaba muy convencida de su propio argumento.Si en su momento no hubiera pasado aquello con Camila, jamás se le habría ocurrido semejante plan tan sucio.—Mamá, ayúdame a pensar en algo.Camila, durante la comida, había estado a punto de revelar directamente que el bebé de Gabriela no era de Carlos. Pero después de que él la detuviera, al pensarlo con calma, se dio cuenta de que había hecho bien en callarse: si la familia Pérez llegaba a sospechar del origen del bebé, tarde o temprano podían empezar a preguntarse lo mismo sobre Lucía.Así que, aunque fuer

  • Mi marido me embarazó de otro hombre   Capítulo 28

    —Ay, Gabriela, hasta cuándo con esas cosas. Eso que pasa entre tu esposo y tú es asunto de ustedes dos, tendrían que resolverlo solos, no venir a ponerle este problema encima a tu suegra.Natalia lo decía como si la estuviera regañando, pero por dentro ya le había dicho de todo a Gabriela con las peores palabras. Justo tenía que armar este drama ahora, cuando lo único que quería era sacarle dinero del bolsillo a su querida hija Camila.Gabriela apartó la mano de la de Melissa.—Fue culpa mía, los puse a todos en un aprieto. En cuanto al bebé, pues que sea lo que tenga que ser.—¡No hables así, con tanta negatividad!Melissa, que conocía a su hijo mejor que nadie, ya se había dado cuenta de que la tarjeta adicional debía estar en poder de Camila, así que fue directo a mirarla, con un tono que dejaba ver su molestia:—Todavía nos queda mucho camino juntas. No me hagas quedar mal.Con las cosas dichas de esa manera tan directa, Camila ya no tuvo forma de seguir escondiéndolo. Tragándose e

  • Mi marido me embarazó de otro hombre   Capítulo 27

    Le sonrió apenas a Antonella, con los labios apretados, y cuando volvió a mirar a todos los demás, esa calidez en sus ojos ya había desaparecido por completo.—¿Qué significa todo esto?Nadie esperaba que Gabriela interrumpiera así, de repente, y con un tono tan frío. El ambiente se congeló al instante.Gabriela recorrió con la mirada a todos los presentes, y finalmente la dejó fija en Carlos y Camila.—Carlos, todavía ni siquiera te has divorciado de mí, y ya te atreves a traer a tu amante aquí, a provocarme delante de todos. ¿Qué crees que soy yo?Melissa miró a Miguel y a Natalia con frialdad.—Estuvieron dando tantas vueltas y resulta que ni siquiera habían hablado con su propia hija antes de venir aquí a proponer que le cambiemos la esposa a Carlos. ¿Qué se creen que es esta familia?—Melissa, no te enojes. Es que a Gaby por el momento no le entra en la cabeza, déjame que hable con ella...—¿Hablar de qué? Ahora mismo lleva en el vientre a un nieto mío, de sangre Pérez. ¿O esperas

  • Mi marido me embarazó de otro hombre   Capítulo 26

    —Señor, señora, soy Camila. Perdonen que llegué tarde.Carlos y Camila entraron por la puerta cargando varias bolsas de regalos. A esa hora y con tantas cosas encima, seguramente alguien les había avisado antes que vinieran.Carlos dejó los regalos a un lado y, sin detenerse en Gabriela, fue directo a saludar a Rodrigo y Melissa.—Papá, mamá, en el departamento de investigación acaban de sacar productos nuevos, y Camila se la ha pasado trabajando horas extra estos días. Estos regalos son cosa de ella, los tenía preparados desde hace rato.Rodrigo lo recibió con una sonrisa amplia:—Camila, ven, siéntate junto a Carlos a comer.Cuando Gabriela había llegado, Rodrigo ni siquiera le había dirigido la palabra, mucho menos una mirada. Pero en cuanto vio entrar a Camila, cambió por completo: se le suavizó la expresión, esa cara seria que siempre tenía desapareció de golpe.Gabriela se quedó un poco desconcertada. Su suegro, que en su antiguo trabajo había sido director, era de los que tratab

  • Mi marido me embarazó de otro hombre   Capítulo 25

    —Gaby, hoy tienes que tener mucho cuidado. Siento que algo raro está pasando con tus papás, como que están tramando algo...—Está bien, ya entendí.Gabriela sabía perfectamente que, si hasta Antonella, una chica joven que apenas conocía el mundo, había notado algo raro, entonces sin duda había gato encerrado.Antonella acababa de graduarse de la universidad ese año, y tal vez por no estar tan seguido en casa, nunca había desarrollado esa frialdad calculadora que caracterizaba a los demás miembros de la familia Pérez; al contrario, siempre había sido ingenua y alegre.Gabriela todavía recordaba la primera vez que había llegado a la casa de los Pérez: sus suegros la habían recibido con caras frías, y solo esa muchacha, con las mejillas sonrojadas, se le había acercado a escondidas para regalarle, con timidez, una escultura muy bien hecha.—Gabriela, como era la primera vez que nos veíamos, no sabía qué te gustaría, así que te traje esta obra con la que gané un premio en la escuela. Esper

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