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Capítulo 4

Author: Iraida
last update Petsa ng paglalathala: 2026-04-17 08:29:30

Punto de vista de Chloe

—Perra de boca estrecha, llévame al clímax con eso —gruñó él, con la mano presionando mi cabeza, obligándome a tragar más de su verga.

Antes solo había tomado la punta, apenas la corona ensanchando mis labios, pero ahora me empujaba hasta el fondo. Tuve arcadas mientras mi garganta luchaba por abrirse y mis ojos se llenaban de lágrimas.

—¡Joder! Chúpala... sí, ¡ahí! ¡Hazlo como si tu vida dependiera de ello!

Sus palabras sucias me prendían fuego. Mi lengua se deslizaba sobre las gruesas venas de su miembro y gemí contra él, sorprendida por mi propia reacción.

—Usa esas manos en mis bolas, perra. No te quedes ahí sentada. Juega con ellas —exigió.

Dios, ¿por qué sus órdenes me ponían más húmeda? Obedecí sin pensar, con una palma rodeando sus pesados testículos mientras la otra mano acariciaba la base.

—¡Mierda! ¡Eso es! —gruñó.

Pasé mi lengua alrededor de la cabeza, babeándola, y luego me forcé a tomar más. Me dolía la mandíbula, pero la forma en que él gemía sobre mí hacía que mi coño palpitara con más fuerza.

De repente, me tiró del pelo y solté un quejido. En lugar de odiarlo, me puse más cachonda.

—Quiero follarme ese coño tuyo —dijo, poniéndose de pie y dejando que su enorme polla rebotara contra sus abdominales duros.

Gemí sin vergüenza. —Por favor, fóllame el coño. Quiero que papito me folle.

Él me miró con suficiencia, con su verga gruesa en la mano, pajeándose mientras sus ojos se clavaban en los míos. Me empujó de espaldas sobre la cama, abriéndome las piernas con brusquedad. Mi vestido ya estaba empapado por mis jugos y mis bragas se me pegaban. Podía sentir mi propia excitación goteando.

Agarró mi ropa interior y la rompió de un tirón. Mi corazón se aceleró. Era el momento. Estaba a punto de dejar que un extraño —no, no solo un extraño, sino un hombre maduro y poderoso— me follara.

Se arrodilló entre mis piernas, con su polla pesada apuntando a mi entrada. Mi cuerpo temblaba de necesidad y miedo.

Justo entonces—

¡Riiing! ¡Riiing!

El sonido agudo de un teléfono rompió el calor que nos envolvía.

Él maldijo en voz alta, agarró su teléfono de la mesita de noche y frunció el ceño al ver la pantalla. Su rostro se ensombreció.

—¡Joder! —escupió, poniéndose de pie—. Tengo que contestar esto.

Respondió a la llamada con un tono repentinamente cortante y autoritario. Su voz emanaba un poder que hizo que mi pecho se apretara.

Me quedé allí congelada, con las piernas aún abiertas y mi cuerpo suplicando por lo que casi habíamos tenido. Mi respiración era inestable, mi corazón estaba roto por la frustración.

Él me dio la espalda, caminando por la habitación mientras hablaba en voz baja. No alcanzaba a entender sus palabras, pero sabía que era algo serio. Su lenguaje corporal lo decía todo.

Me bajé el vestido rápidamente, limpiándome la boca con el dorso de la mano. La vergüenza me golpeó como una tormenta. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué diablos estaba a punto de hacer?

El hombre seguía al teléfono, ignorándome por completo, con voz dura y controlada.

Me levanté en silencio, agarré mi bolso del suelo y salí corriendo de la habitación sin decir una palabra más.

Mis piernas temblaban mientras caminaba por el pasillo del hotel. Sentía ganas de llorar otra vez. ¿Qué me pasaba? Traicionada por mi novio, y allí estaba yo, lista para abrirle las piernas a alguien que ni siquiera conocía.

Las lágrimas me escocían los ojos mientras salía del edificio hacia la noche fría.

Para cuando llegué a casa, me sentía agotada. Mi hermana Hilda estaba en la sala viendo la tele, pero en cuanto me vio, se incorporó de inmediato.

—¿Chloe? ¿Qué te pasó? Tienes los ojos rojos, has estado llorando —dijo, levantándose.

Me derrumbé. —Hilda... pillé a Jack... con Sylvia.

Se le cayó la mandíbula. —¡¿Qué?! ¡¿Sylvia?! ¡¿Tu mejor amiga Sylvia?!

—Sí —solté entre sollozos, con nuevas lágrimas rodando—. Entré y los vi... estaban... estaban follando.

El rostro de Hilda se transformó por la rabia. —¡Ese bastardo! ¡Esa perra! ¡Voy para allá ahora mismo! —agarró sus llaves y su teléfono.

Me lancé hacia adelante y la agarré del brazo. —¡No! Hilda, por favor, no lo hagas. No lo empeores, no valen la pena.

—¿Estás de broma? ¡Te engañó con tu mejor amiga! ¡Te humilló! ¿Y quieres que me quede sentada? —gritó.

Negué con la cabeza, sollozando. —Por favor... no quiero peleas. Que se pudran juntos, yo solo... solo necesito sanar.

Hilda suspiró y me abrazó con fuerza. —No te mereces esto, Chloe. Le diste todo. Es basura. Y Sylvia... ella es peor que la basura.

Sorber la nariz, con el corazón todavía sangrando.

—Escucha —dijo Hilda suavemente, alejándose un poco—. Olvídalo a él, olvídalos a los dos. Te presentaré a alguien mejor. Un hombre de verdad. Guapo, rico, responsable. No como ese desgraciado.

Forcé una sonrisa débil. —Tú y tus ganas de emparejarme...

—Hablo en serio, Chloe. Eres hermosa, inteligente y buena. Cualquier hombre tendría suerte de tenerte. Jack no te merecía. Te buscaré a alguien que sí lo haga —dijo con firmeza.

La abracé de nuevo, agradecida por tenerla.

Pero en el fondo, sabía que el hombre que acababa de conocer en esa habitación de hotel seguía en mi cabeza. La forma en que me dominaba, la forma en que mi cuerpo me traicionó por él. No podía dejar de pensar en él.

Poco sabía yo... que el destino estaba a punto de sacudirme otra vez.

Al día siguiente, salí para despejar la mente. Mis pies me llevaron a la plaza de la ciudad donde suele ir mucha gente. No estaba preparada, pero la vida tenía otros planes.

Me quedé helada al verlo.

Jack.

Estaba allí, riendo con unos amigos. Mi pecho se apretó. Pero entonces vi quién estaba a su lado.

Se me heló la sangre.

Era él.

El hombre de la habitación del hotel.

El hombre cuya polla acababa de chupar la noche anterior.

Y al lado de Jack, riendo con ellos, estaba otro tipo que conocía vagamente, un amigo cercano de Jack.

Mi corazón casi se detuvo.

El amigo de Jack me vio primero. —¡Chloe! Vaya, qué alegría verte. Ha pasado tiempo. Te ves muy bien.

Forcé una sonrisa tiesa, con los ojos saltando de Jack... al hombre que se alzaba imponente a su lado. Parecía la versión madura de mi estúpido exnovio, Jack.

Lo supuse bien, ¿verdad?

El parecido era una locura impactante. ¿Cómo no me di cuenta esa noche?

El extraño poderoso y dominante al que casi me entrego por completo.

Y por la mirada que cruzó con la mía, supe que él también me había reconocido.
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Mga Comments (4)
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Iraida
Me alegra que estés disfrutando la historia. Muchas gracias por leer. Lo aprecio mucho.
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Norma Calandria
que momentos tan facinantes, muy stresante pobre chica
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Iraida
Muchas gracias por leer. Lo aprecio mucho.
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