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CAPÍTULO 100

Penulis: Ría Luxuria
last update Tanggal publikasi: 2022-05-26 12:00:31

Ángela sostuvo a Noah entre sus brazos todo el trayecto, el pequeño niño pelirrojo recostó su cabeza en el hombro de ella y sollozó en silencio durante el viaje.

―Estarás bien, Noah ―le aseguró la morena, dándole palmaditas en la espalda―. Llamaremos a tu papá cuando lleguemos a mi trabajo. ¿Te gustaría comer torta de chocolate? ―preguntó con suavidad―. También hay helado, si quieres, podemos comer brownies con helado y jarabe de chocolate.

Él no dijo nada, solo se estremeció un poco y ella pensó que podía tener frío; Ángela lo abrazó con un poco más de fuerza y frotó sus brazos de manera delicada.

―¿Te gustaría ver otras fotografías? ―insistió en hablarle―. Puedo mostrarte todas las fotos que he tomado, también puedo enseñarte a usar mi cámara… ¿qué te parece?

Eso pareció animar más a Noah, que se levantó un poco y la miró a los ojos.

―¿En serio puedo usar tu cámara? ―Ángela asintió, sonriéndole.

―Por supuesto, te enseñaré algunos de mis trucos… ―respondió de manera cordial. Al verlo menos alterado, prosiguió―. ¿Quieres que hablemos con tu papá? ¿Lo llamamos de una vez para hables con él?

Noah dudó por un momento, recordó las palabras de su madre, si su papá se enteraba de lo que había pasado iba a abandonarlos a los dos, eso lo llenó de miedo, sus ojos se aguaron por las lágrimas y su rostro se deformó por el llanto.

―¡No quiero! ¡Si mi papá se entera me va a dejar! ―expresó con dolor. Luego se abrazó al cuello de Ángela, a pesar de que solo la había visto una vez, recordaba muy bien la manera amable en que lo trato, y en ese momento, fue la única persona que lo defendió―. Yo prometo ser bueno… buuuu… no quiero que mi papá me deje… buuu… no hice nada malo, de verdad… buuuu… por qué me pega mi mamá… buuuu… buuuu… 

Alex abrió los ojos con asombro y rabia, él vio las marcas en el brazo del pelirrojo, eso trajo recuerdos de las incontables veces que se encontró con su mejor amigo lleno de moretones producto del abuso de su padre alcohólico. El moreno apretó con fuerza el volante, hasta el punto en que sus nudillos palidecieron.

Al otro lado, Ángela se encargaba de consolar a Noah, le susurraba que todo iba a estar bien, que no tenía que estar asustado.

―Tu papá nunca te va a dejar, Noah ―le dijo con la voz un poco quebrada―. No importa qué, David te ama demasiado, eres lo más importante de tu vida, él te ama y jamás se marcharía de tu lado…

Llegar al café no les tomó demasiado tiempo, Ángela salió del auto, diciéndole a su amigo que la esperara en el café; ella se encaminó a la entrada lateral del edificio, subió las escaleras hasta su departamento y entró en él, todo eso cargando a Noah en sus brazos.

―Vamos, siéntate aquí un momento ―le pidió, depositándolo sobre el sofá―. Voy a buscar banditas para curar esas heridas, ¿de acuerdo? ―Él asintió. Ángela se movió con rapidez a la cocina, donde guardaba un pequeño botiquín para accidentes pequeños, regresó con la caja en la mano, junto con un vaso de agua. Se sentó frente al niño, le hizo beber un poco de agua y mientras él tomaba, sacó todos los implementos para curarlo―. Esto va a doler un poquito, pero cuando acabemos, bajaremos al café y tomaremos chocolate caliente, comeremos postres y te dejaré usar la cámara.

Noah asintió, apretó los dientes cuando ella pasó el algodón con antiséptico para limpiar las medias lunas que dejaron las uñas de Laura y luego aplicó una crema cicatrizante. Dejó a manos las banditas, y regresó a dejar todo en su lugar.

Retornó pocos minutos después, en sus manos llevaba un pañuelo húmedo con el cual limpió el rostro de Noah, y de su hombro colgaba el bolso con su cámara y portátil. La morena se apresuró y colocó las dos curitas.

―¿Vamos? ―preguntó con cordialidad, siempre sonriéndole, extendiendo su palma. No quería obligarlo, si él no deseaba bajar, podría pedir la comida y que se la subieran, luego cuando él estuviese más tranquilo, llamarían a David―. Parece que va a llover, ¿sabes qué es bueno cuando llueve? Chocolate caliente con malvaviscos… ¿te gustaría una taza?

Noah dudó solo un momento, luego aferró la mano de ella con fuerza y bajaron en silencio.

Apenas entraron al café vieron a Alex, estaba sentado a una mesa cerca de la barra. Ángela caminó en su dirección y ayudó a Noah a sentarse en una silla.

Le llevó alrededor de diez o quince minutos sacar todo y mostrarle a Noah, cuando él estuvo concentrado en las imágenes de la pantalla le pidió que lo esperara, que iba ir por las bebidas.

―¿Puedo tener cuatro malvaviscos en mi chocolate? ―preguntó el pelirrojo con un ruego, Ángela sonrió con dulzura y asintió.

―También tengo galletas… Espéranos un momento, tu tío Alex y yo vamos por todo y ya venimos ―le explicó―. No iremos muy lejos, siempre podrás verme, ¿te parece bien?

Luego de eso el moreno la siguió hacia la barra, ambos portaban expresiones sombrías.

―¿Qué pasó? ―la interrogó en voz baja. Podía hacerse una idea, pero prefería oírlo de ella.

―Detuve a Laura antes de que lastimara más a Noah, me cabreé al punto de que tome al niño y lo saqué de allí… ―respondió, él se mantuvo del lado del público mientras ella estaba sirviendo las tazas de chocolate―. No preguntes por el resto, en este momento no quiero hablar de por qué estaba allí… ¿Llamaste a David?

―Sí, ya viene en camino ―informó―. ¿Pero qué m****a tiene esa mujer en la cabeza? ―preguntó entre dientes, apretando los puños―. Cuando David se entere… ¡joder! No me extrañaría que la matara con sus propias manos…

Ángela revisó su móvil que vibró en ese instante, un número desconocido la llamaba pero se negó a responderle; en la pantalla se mostró la aplicación de cámara, frunció el ceño al ver que había un nuevo video en la memoria, y le dio a reproducir.

Cuando escuchó la voz de Laura se apresuró a bajar el volumen para no asustar a Noah, sin embargo, se sorprendió al darse cuenta que tenía una grabación de todo lo sucedido.

Tanto como Noah y Laura salían del cuadro de vez en cuando, y la cámara se movía de forma errática, pero las voces se escuchaban por completo, incluso los ruegos del niño. Esa primera parte se veía perfectamente: el momento en que la pelirroja elevó su mano para golpear a su hijo estaba en el video.

Ángela estaba asqueada, sentía la furia como algo efervescente dentro de sus venas.

Esa familia estaba enferma.

Cuando pensó en la conversación con el viejo se enfureció mucho más, supuso que Alex no había tenido tiempo de ver el video que ella le envió apenas abandonó el estudio; le tendió su móvil a Alex que frunció el ceño al verlo y ella se alejó con la bandeja donde las tazas llenas con chocolate, expelían un agradable perfume.

Después de veinte minutos Ángela vio a dos hombres entrar al café, por sus atuendos fue demasiado evidente que eran policías. Caminaron en dirección a la mesa, sin dejar de mirarla fijamente. Ella no evadió su escrutinio, tampoco se mostró nerviosa por su presencia; en realidad, la morena estaba esperando su aparición en cualquier momento, sabía que Laura iba a tomar represalias de un modo u otro.

―¿Es usted Ángela Lee? ―preguntó la mujer, ella sacó su placa, enseñándosela a todos.

―Sí, soy yo ―respondió con calma―. Sé de lo que quieren hablar, y no tengo problemas, pero me gustaría que lo hiciéramos donde el niño no pueda escuchar… ―solicitó, posando una mano protectora sobre el hombro.

―Tía Ángela… ―llamó Noah, asustado.

En esos minutos que estuvieron con la computadora, la cámara y los postres, ella le explicó la relación entre Alex y su papá, lo que consiguió que Noah se sintiese más a gusto y relajado. Después de la horrible experiencia con Laura, no quería alterarlo más de la cuenta. Se puso de pie, apuntó una mesa vacía del otro lado del local.

―Tranquilo, Noah… ―le sonrió―. Estaré allí, podrás verme todo el tiempo.

Los detectives notaron la extraña situación, el niño no se encontraba asustado, por el contrario, parecía haber creado un vínculo con la acusada. Ambos se miraron de forma suspicaz, siguieron a la morena hasta la mesa, tomando asiento frente a ella.

Alex no alcanzaba a escuchar lo que conversaban, pero su amiga le tendió el móvil a los detectives, los dos se concentraron en la pantalla, fruncieron el ceño a medida que escuchaban las voces en el video.

«Maldición, David, ¿dónde estás?» se preguntó el moreno, sintiendo cómo sus nervios crecían al ver la escena.

―Entiendo la situación, pero señorita Lee, es un delito llevarse a un menor sin el consentimiento de sus padres ―explicó el detective, su compañera devolvió el celular, su cara demostraba que estaba desagradada por el contenido del video.

―Lo sé, pero Noah no está aquí sin el consentimiento de su papá ―anunció ella―. Si necesitan que vaya a la estación a declarar y todo eso, no tengo inconvenientes, solo pido que esperemos a que el señor Hansen llegue ―exigió con amabilidad, sus ojos se posaron en Noah que miraba con ansiedad en dirección a ellos―. El niño presenta síntomas psicológicos de abuso físico y emocional, la única figura con la que se siente segura es su padre, si lo llevamos en este momento a la comisaría, podría crear un trauma más grande…

―¿Es usted psicóloga? ―pregunto la detective, ella negó.

―Soy médico… ―Negó con su cabeza―. Era médico ―se corrigió―. Vi el mismo comportamiento en muchos niños en el departamento de pediatría… solo no quiero que él pase por algo tan delicado sin su papá.

Apenas dijo eso la puerta se abrió y David apareció en el umbral, corrió de inmediato hacia su hijo, alzándolo en brazos. Las emociones intensas de Noah se desbordaron de nuevo, se largó a llorar aferrado a su cuello, musitando que lo perdonara, que iba a ser un niño bueno y que, por favor, no lo dejara.

Fue bastante chocante para los dos policías el presenciar la escena, en especial cuando la denuncia hecha por la madre del infante mencionó que el niño había sido abducido de manera violenta.

Ellos tardaron un par de minutos en encontrar la información pertinente, y cuando llegaron a la entrada del local, esperando una escena diferente, solo vieron al niño y la supuesta secuestradora, comiendo postres, entretenidos mirando la pantalla de la laptop.

―Señor Hansen, necesitamos un minuto para hablar… ―pidió el detective―. Señorita Lee, ¿podría prestarnos su teléfono para mostrar el video?

―Sí, no hay problema. ―Le tendió el móvil, luego se giró hacia Noah―. ¿Vienes conmigo solo un ratito? ―Extendió los brazos para que fuese con ella―. Tu papá tiene que hablar con los señores, estará allí en la mesa y siempre podrás verlo, será solo un minuto.

Noah estaba renuente pero al final accedió, Ángela lo sostuvo con firmeza y caminó hacia la mesa donde estaba la portátil.

La policía le explicó todo a David, incluso le mostraron el video; tanto ellos como Ángela y Alex se percataron de la terrible verdad, él no sabía nada.

David no pudo ocultar su estado emocional, la rabia era tal que el detective tuvo que pedirle que se calmara porque iba a asustar mucho más a su hijo. Al final, David accedió a ir a la comisaría con ellos para verificar el estado físico de Noah, e identificar hasta qué punto había llegado el abuso de su madre.

Ángela los ayudó con todo, envió el video, calmó a Noah y despidió a Alex que se fue con ellos para hacerle compañía a David. Con el testimonio del padre más la evidencia, era obvio que la morena no había secuestrado al niño.

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Brunilda Maria Man
si por fin la loca salió a flote y dió la cara, cara dura del abuelo que quiere que los lo slave
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Kenis Duran
Me encanto este capítulo, pero lo único que creo que faltó algo, espero que el próximo capítulo nos dé más pista ...
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