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CAPÍTULO 15

Autor: Ría Luxuria
last update Fecha de publicación: 2022-02-21 13:49:03

Ángela abandonó el local, a su lado, Jade miraba con temerosa sorpresa a su amiga, mientras se dejaban atrás a una Laura a punto de un colapso.

La pelirroja chilló histérica, abrazándose a sí misma. Había ido al club con la intensión de drenar su estrés, que se apilaba sobre ella como pesadas rocas; de hecho, la indiferencia de David tras su última conversación solo despertó más dudas, qué recordó de esos seis años, que pusieron esa expresión en su cara.

…veamos si a David le gusta la idea de dormir con la asesina del amor de su vida…

Las palabras de aquella odiosa mujer reverberaron en su cabeza.

Sin importar si lo negaba, Laura sabía que tenía razón. David la amaba, nunca dejó de hacerlo, y él dejó de ocultarlo cuando descubrió todo lo que hizo para conseguir que se casara con ella.

¿Por qué no podía amarla a ella?

¿Qué tenía de especial esa m*****a mujer que la hacía mejor ante los ojos del hombre que ella había amado desde su adolescencia?

Laura quería que él la mirara como solía ver a Ángela, con esos ojos llenos de amor y admiración; que tomara su mano con el afecto que mostró siempre cuando tocaba a su ex, expresiones que jamás tuvo vergüenza de mostrar porque eran honestas y profundas.

Pero en esos últimos dos años, si él respondía a sus saludos, podía sentirse afortunada. El único modo en que David le sonreía a la pelirroja era que estuviesen frente a la prensa, porque ni siquiera en la oficina se cuidaba de ocultar su descontento y asco.

Una parte de Laura añoraba el tacto cariñoso de sus manos, y sentirlo sobre su cuerpo haciéndole el amor; por eso recurría a los hombres del club, incluso tomó a algunos durante un tiempo prolongado, pagándole operaciones cosméticas para que se parecieran un poco más al verdadero objeto de sus afectos.

―¿Laura, estás bien?

La voz masculina llamó su atención, un tono grave y varonil, que minutos antes había estado susurrándole palabras de amor a medida que estaban teniendo sexo de manera discreta en su cubículo.

Levantó la mirada y encontró unos ojos ambarinos que no eran del todo del mismo tono que ella deseaba ver, pero al menos le daban algo de consuelo.

―¿Por qué no me amas, David? ―preguntó con voz quejumbrosa, mientras se secaba las lágrimas―. Soy más bonita que ella, más exitosa, mejor en todo… pero no me amas… ¿Por qué?

El anfitrión no sabía qué decir, solo la abrazó con fuerza y acarició sus cabellos de manera cariñosa, tratando de consolarla.

Desde que empezó a trabajar allí se encontró con peticiones extrañas, lo más sorprendente fue encontrar mujeres de todas las edades que buscaban compañía discreta y sin compromisos; al principio pensó que tuvo suerte, apenas con veintiún años consiguió la atención de aquella mujer que, sin dudar, le pagó todo lo necesario durante un año para convertirlo en el epitome del hombre ideal. Gimnasio, estilistas, cirugía y ropa; no solo ganaba dinero, también conseguía cosas adicionales, entre eso, contactos para abandonar ese lugar y obtener su sueño de ser actor.

También, si lo miraba en perspectiva, Laura era una mujer joven, atractiva, lo que hacía su trabajo más sencillo. Al menos no tenía que satisfacer mujeres que le recordaran a su abuela o madre.

En realidad, era un trabajo bastante sencillo con enormes ganancias.

Incluso pensó, de manera un tanto egoísta, que seguirle la corriente era un modo de entrenar su talento histriónico, lo cual le ayudaría a la hora de ir a las audiciones. Le faltaba poco, solo un año más de universidad y lo conseguiría; sin embargo, jamás previó que terminaría enredado con una mujer tan trastornada como esa.

Pero incluso eso perdió peso cuando supo quién era, su codicia aumentó, para tener ambiciones también hay que tener agallas; y al mismo tiempo era cierto que le puso los pelos de punta al ver que todo lo que ella hacía era convertirlo en un sustituto de su esposo.

―Vamos, cariño ―le susurró, procurando mantener la calma―. Volvamos a la cita.

Iba a ser complicado volver a entrar en ambiente, pero tenía que hacerlo. Eso era lo que ella había exigido para esa noche: una cita romántica, un esposo deseoso y seductor, que no podía esperar llegar a la casa para hacerle el amor.

Miró las marcas rojas alrededor de su cuello, sintió escalofríos solo de pensar quién podría ser esa mujer de ojos verdes tan fríos y cabello oscuro, que no tenía miedo de meterse con una de las mujeres más poderosas e influyentes del país.

«Aunque… no está mal… quiero decir, no se compara con Laura, pero en perspectiva, yo también podría dejar a esta loca por una mujer como esa…»

―¡David! ¡Promete que no me vas a dejar! ―exigió Laura, con su voz pastosa debido al alcohol, por un momento el hombre sintió escalofríos, porque parecía que había leído sus pensamientos―. ¡Promete que no lo vas a hacer! ¡Que nunca te vas a ir! ¡¡Promételo!! 

―Está bien, querida ―respondió al ver los ojos cargados de locura, controlando el tono de su voz para que no notara su nerviosismo, en verdad empezaba a sentir miedo―. No me iré a ningún lado.

―¡Sí! ¡A ningún lado! ―Enterró el rostro en el pecho de él y aspiró el perfume de su ropa―. Si te vas, no sé qué podría hacer… incluso… incluso…

»Podría matarte, David… ¿lo entiendes?

Laura estaba perdida en su psicosis, aferrada a las solapas de la chaqueta, sus ojos tenían un brillo demencial.

La obsesión de esa mujer por su esposo era algo aterrador. En realidad, él creía que sí iba a ser capaz de asesinarlo en caso de que la abandonara; por un instante consideró comentarle al gerente sobre la situación, para que lo alejara de esa cliente que, estando en semejante estado, no parecía discernir entre la realidad y la fantasía. Adicional a eso, temía por su propia vida, al fin y al cabo, cuando la gente caía en las garras de la locura, podía destruir todo a su paso.

No quería terminar siendo la víctima sustituta en sus delirios, como era el sustituto de sus anhelos.

―No es necesario, querida ―dijo él tras aclararse la garganta de manera nerviosa―. Yo no soy nadie sin ti, tú eres mi vida…

Escuchar esas simples palabras terminó de aplacar su histeria, Laura sonrió, suavizando la expresión encolerizada de su rostro.

―Te amo, David ―susurró, depositando luego un beso en los labios masculinos―. Yo tampoco podría vivir sin ti…

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Último capítulo

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   EPÍLOGO

    ―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 117

    El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 116

    Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 115

    Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 114

    David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 113

    David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres

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