LOGINDavid despertó sintiendo que había sido arrollado por un auto, todo su cuerpo dolía y por unos pocos minutos estuvo mareado por el dolor en su cuello. Dormir en el sofá de su estudio no fue tan buena idea, en especial porque no poseía las mismas dimensiones que, en su cabeza, creía tener.
Seis años atrás él era un atractivo y encantador hombre, delgado pero atlético; decidido a hacerse de una carrera que le permitiese ganar dinero, no le dio más importancia de la necesaria a ejercitarse. Lo único rebelde de su personalidad se tradujo en un tatuaje que se hizo en la pierna izquierda y cubría desde la rodilla hasta el tobillo.
Sin embargo, en algún punto de esos años que no recordaba, se volvió un asiduo amante del fitness, su cuerpo atlético pasó a ser definido, con hombros más anchos, brazos más gruesos y un abdomen marcado, sin rayar en lo grotesco. También su parte baja, donde unas piernas fuertes y torneadas se escondían dentro de la tela del pantalón.
Era por esa razón que se sentía tan entumecido al despertar, porque a pesar de haber dormido profundamente, lo hizo en posiciones incómodas en el reducido tamaño del sofá.
Después de suspirar y que el mareo inicial se disipara, David miró por la ventana, descubriendo que apenas empezaba a clarear el día. Las nubes se teñían de dorado, contrastando de manera armoniosa con el azul celeste.
Por suerte, después de aquel sueño del pasado no volvió a soñar con nada similar, así que el agradable ambiente matutino hizo eco dentro de él, generándole buen humor.
Salió de allí directo a su habitación, trazando planes para poder librarse, de una buena vez, del yugo de la familia Miller, era evidente que antes de que su condición apareciera estaba preparándose para ello, y solo necesitaba confirmar ―o encontrar las pruebas― que Noah era su hijo, para continuar con el proceso.
No importaban las lagunas entre todas las evidencias, más pronto que tarde, encontraría lo que quería y nada ni nadie podría detenerlo.
―Oh… por todos los cielos… ―masculló con desagrado.
Para ir del estudio a la habitación debía pasar por la sala, la disposición de los muebles hacía que desde esa dirección se vieran los asientos, y por ende a las personas que se sentaran en ellos.
La desagradable imagen agrió su humor, el estado de Laura era deplorable, hasta el punto que sintió asco. Aún no se desvanecían los rastros de labial alrededor de su boca, parte de la máscara en sus pestañas se había esparcido alrededor de sus ojos, haciéndola lucir como un mapache. La camisa que llevaba estaba arrugada y abierta casi hasta el ombligo y uno de sus pechos estaba expuesto de manera vulgar, mostrando marcas de chupones que contrastaban notoriamente contra la piel blanca.
Para completar la composición el aroma que desprendía era asqueroso, no solo olía fuertemente a alcohol, también podía percibir el olor agrio del vómito y el acre de la orina.
―¡Esto es inaudito! ―exclamó entre dientes.
A David no le importaba lo que Laura hiciera, entre más se hundiera en sus aventuras mejor para él; pero sí le preocupaba el impacto en el hijo de ambos. Recordó las veces que, siendo un niño pequeño, encontró a su padre en un estado similar, y procuraba no mirar a su madre llorosa que intentaba arrastrarlo hasta la habitación.
Escuchó un rumor de pasos y voces que se aproximaban desde la cocina, sus ojos se dirigieron hacia el amplio pasillo, dos de las sirvientas se acercaban conversando en voz baja, discutiendo cómo iban a distribuirse el trabajo de esa jornada.
Ambas mujeres se detuvieron al verlo, le saludaron con cortesía, pero sus ojos se abrieron por el estupor al ver a la señora de la casa yaciendo de una forma tan ominosa en medio del salón.
―Oh… ah… ―farfulló la mayor de las mujeres, era la ama de llaves y la que administraba todo en la casa―. Señor…
David suspiró con cansancio y negó con severidad.
―Solo procura que Noah no se despierte y si lo hace, que no salga de su habitación hasta que me lleve a Laura al cuarto ―ordenó con voz fría―. Tú ―señaló a la otra mujer, que respingó bajo la adusta mirada del señor de la casa―. Verifica que no haya ningún desastre. ―Soltó una exhalación―. Revisa hasta el elevador, incluso el auto, puede que haya vomitado en alguno de estos sitios.
―Sí, señor ―respondieron al unísono, alejándose en direcciones diferentes.
David recortó el espacio entre ambos, estando más cerca el olor era más penetrante y nauseabundo, porque aún podía percibir la fragancia dulzona del perfume mezclándose con el tufo de los demás.
―Laura ―llamó con voz firme y algo impaciente―. Laura, ¡Laura! ―Sacudió sus brazos y hombros.
La pelirroja gimoteó, pero no abrió los ojos, de hecho, su cuerpo laxo se movía sin resistencia ante los intentos de David por despertarla.
«Maldita sea…»
Justo en el momento en que él se resignó a cargarla, las puertas del elevador se abrieron y una mujer de edad madura apareció en el umbral. Era una versión mayor de Laura, solo que su aspecto tenía un toque más delicado. David maldijo de nuevo en su cabeza.
―Buenos días, David ―saludó con su voz suave, el tono era frío, y la mirada que le lanzó iba cargada de desaprobación. Sus ojos se vieron atraídos por la terrible estampa de su hija, frunció el ceño, haciendo que su rostro se deformara con desagrado―. ¿Qué se supone que significa esto?
―Es algo que no puedo responder ―dijo él, con el mismo tono de voz. Se inclinó para alzar a Laura―. Es demasiado temprano para que esté aquí, groseramente temprano ―recalcó con sospecha, mirándola por sobre su hombro.
Se alejó hasta la habitación, depositó a Laura sobre la cama y se encaminó al baño, a arreglarse.
Media hora después estaba listo, se vistió de manera casual y se dirigió a la cocina por algo de desayunar y una buena taza de café. Para su desgracia, Pilar continuaba allí.
La mujer lo observó con frialdad, y soltó un bufido silencioso al ver que este la ignoraba de manera deliberada.
―Deberías ser más considerado con mi hija, sin ella no serías nadie ―dijo al fin, impregnando cada palabra de crueldad―. Definitivamente hay gente que no sabe ser agradecida.
―¿Con qué parte debo ser agradecido? ―preguntó él con ironía, tomando la taza de café que la mujer del servicio depositó en la mesa de manera apresurada―. ¿Con que Laura me manipulara, se embarazara y solo cuando pudo tenerme me dejara progresar en mi carrera? ―Dio un sorbo de la infusión amarga y sonrió tras tragar el líquido caliente―. O tal vez, debo darle las gracias por interferir con mi vida laboral para jugar conmigo como si fuese un juguete, sin respetar todo el esfuerzo que hecho toda mi vida para conseguir mis metas sin aprovecharme de nadie…
Pilar apretó los labios en una fina línea, era evidente su desagrado. Nunca le gustó ese hombre, no comprendía por qué su hija estaba tan obsesionada con él; no negaba que era atractivo y talentoso, pero carecía de prestigio, autoridad y elegancia, algo que solo se obtenía al venir de una familia poderosa.
―Sea como sea, ahora es tu esposa, deberías atesorarla… ―evadió la respuesta―. Sin importar los medios, lo que importa es el resultado y este es que tú eres quien eres gracias a mi hija y la familia Miller…
―Si su hija quería un marido trofeo entonces debió decantarse por algún modelo, cantante de tercera o actor de películas de bajo presupuesto… ―contestó David con mordacidad―. En fin, señora Murphy, ¿a qué debo el honor de su visita a estas horas tan tempranas? ―inquirió dejando la taza vacía en la mesa―. Como vio, su hija no está en condiciones de recibirla…
―Vine a ver a mi nieto ―explicó con frialdad, desviando la mirada a la entrada del comedor.
Ambos escucharon la voz infantil que se acercaba, se notaba que apenas se había despertado y le costaba modular las palabras. La ama de llaves se apareció con el niño en brazos, este sonrió al ver a David.
―¡Buen día, papá! ―saludó Noah, estirando los brazos hacia su padre. Él lo recibió y comenzó a darle palmaditas en la espalda.
―Buenos días, amiguito ―saludó con cariño―. Sé cortés y saluda a tu abuela ―pidió, dejándolo en el suelo.
Noah abrió los ojos con sorpresa, luego corrió con entusiasmo hacia la mujer.
Los saludos fueron efusivos, David comprobó que, al menos, Pilar no era fría con el niño. Mientras ellos dos charlaban el desayuno fue servido, y los tres comieron sin interrupciones.
―¿Quieres venir a casa y jugar con tu abuelo el día de hoy? ―invitó Pilar, miró de reojo a David, que comía con parsimonia. Noah asintió con entusiasmo.
―¡¡Sííííííí!! ¿Puedo, papá? ―David asintió sin problema, en perspectiva era mejor que no estuviera allí y viera el deplorable estado de Laura.
―No hay problema, Noah. Si ya terminaste, ve a arreglarte ―le indicó amablemente.
Cuando el niño abandonó el comedor, Pilar lo miró con abierta hostilidad.
―Me llevaré a Noah por el fin de semana ―informó la mujer―. Aprovechen estos días para discutir su relación ―exigió―. No encontrarás a una mejor mujer en el mundo, Laura es lo mejor que pudo haberte pasado, David.
―Discrepo con usted respecto a eso, pero estoy de acuerdo en que se lleve al niño ―respondió con indiferencia―. Noah no se merece ver a su madre de ese modo… Pasan los años, pero Laura sigue actuando como una niña malcriada y consentida que hace un berrinche cuando no consigue lo que quiere…
―¡Cómo te atreves a hablar así de mi hija!
―No veo por qué se molesta, “suegra” ―se mofó él―. No estoy diciendo mentiras… Si tanto problema tiene conmigo, convenza a su hija de que se divorcie de mí… con gusto firmaré los papeles…
―Insolente… ―musitó Pilar, su rostro estaba lívido―. Después de todo lo que Laura ha hecho por ti… tal vez no lo recuerdes, pero ella ha sido el pilar de tu vida, tu mayor soporte…
Se detuvo al escuchar la risa cínica de David, este la miró de una manera siniestra, que la hizo callar de inmediato.
―Sabe que es lo realmente malo de perder la memoria… ―No era una pregunta, David entrelazó sus dedos frente a la boca mientras apoyaba ambos codos en la mesa―. Que cada vez que recuerdo algo es volver a vivirlo de nuevo…
»Ya sabe… La decepción, el desconcierto, la rabia, el asco, el autodesprecio…
Pilar abrió la boca para hablar pero se contuvo, negó con incredulidad…
―¿Recuperaste la memoria? ―inquirió con desagrado. David, negó.
―No, pero anoche recordé algo… ―explicó con frialdad―. Justo la noche en que debía disfrutar los resultados de mi esfuerzo y, en vez de ello, descubrí que mi esposa estuvo frenando mi desempeño profesional solo para que estuviera lo suficientemente desesperado para aceptar lo que me ofrecía…
»Ahora… después de tantos años en esta familia, no estoy muy seguro si esas artimañas tan bajas las aprendió de los Miller o los Murphy… ¿Usted qué opina?
―¡Desgraciado! ¡Tú no eres nadie par…
―¡Estoy listo! ―anunció Noah con exaltación mientras corría en dirección al comedor―. Ya podemos irnos, abuela… ¡Adiós, papá!
El niño se despidió dándole un beso en la mejilla, Pilar se puso de pie y no continuó hablando, pensando que era mejor no perder los estribos con el marido de su hija. Se marchó del lugar, llevando de la mano a Noah, y sin decir una sola palabra de adiós.
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







